La presentación de ¡Luz! en el Parlamento de Canarias, entrevistas al presidente de la CIGLU y al Gran Maestro de la GLDF, y los fundamentos del Rito Escocés Antiguo y Aceptado.
¡Luz!, la revista de la Gran Logia de Canarias, se presentó ante el Parlamento canario el 27 de enero, considerándose como un nexo de comunicación masónica y un espacio democrático intercontinental.
Este número recoge aquella jornada y la completa con dos entrevistas mayores y un bloque dedicado a los fundamentos históricos y éticos del Rito Escocés Antiguo y Aceptado.
Asistieron al acto figuras relevantes de la masonería continental e insular, así como representantes de la Comunidad canaria.
¡Luz!, la revista de la Gran Logia de Canarias, se presentó ante el Parlamento insular el pasado 27 de enero, considerándose como un nexo de comunicación masónica y un espacio democrático intercontinental. Abrió el acto la vicepresidenta primera del organismo, Ana Oramas, quien compartió la mesa con Gustavo Matos, vicepresidente segundo del Parlamento canario, Carlos Berástegui, Muy Respetable Gran Maestro de la Logia de Canarias, Pierre Zaveroni, Gran Maestro de la Gran Logia de Francia y Pierre Marie Adam, Presidente de la Confederación Internacional de las Grandes Logias Unidas del Rito Escocés Antiguo y Aceptado (CIGLU). En la sala también estuvieron presentes el Venerable Maestro de la Logia Añaza nº: 1 de Santa Cruz de Tenerife, Christian Vila, la Diputada del Común y diversos cargos públicos de la Comunidad, entre otros.
¡Luz! es “un nuevo puente de conexión entre los masones de América, Europa y África”
En su intervención, Oramas dijo que “en un mundo cada vez más enfrentado entre sí, resulta esperanzador el que una institución, como la Gran Logia de Canarias, mantenga y refuerce sus valores de tolerancia, justicia y esperanza. Mientras algunos se empeñan en romper el mundo enfrentando a los seres humanos por sus diferentes formas de creer o pensar, ustedes mantienen encendida, con más fuerza que nunca, Esperanza Díaz la luz, ese símbolo que centra y ha guiado siempre a la masonería, evitando el alejamiento de unos con otros y potenciando la comunicación y el entendimiento”. Se refirió al nuevo formato de la histórica revista, ahora digital, y aseguró que es un magnífico ejemplo de difusión del conocimiento y las ideas desde la comprensión y el respeto, “un nuevo puente de conexión entre los masones de América, Europa y África”.
Parlamento de Canarias Oramas le cedió la palabra a Carlos Berasategui, quien hizo alusión a la reciente firma del Acuerdo de Cesión de Datos por el que la Gran Logia de Francia aportará a la de Canarias su rico patrimonio documental traducido, a fin de que el mismo se publique en la revista.
Berástegui aseguró que, “si hay algo que los masones deseamos para nosotros mismos y para el resto de la humanidad, si hay algo que queramos recibir y repartir, es la luz”, haciendo referencia tanto al objetivo último masónico como al título de la publicación. Berástegui reflexionó sobre la importancia de este elemento simbólico y expuso que “hay algo peor que la oscuridad, en contraposición a ella, y es la penumbra, dado que no deja percibir dónde empieza la una y acaba la otra. “Nuestra sociedad contemporánea parece haberse sumido en una peligrosa penumbra” –dijo“La falta de claridad sobre cuestiones fundamentales genera una cultura de relativismo donde todo parece negociable y todo es un eufemismo”, aseguró.
Mesa Presidencial Presentación Revista ¡LUZ!
En este sentido, ratificó la importancia de la revista, diciendo que su publicación responde, “no solo a un compromiso para elevar los valores de la sociedad, sino también a una misión estratégica de orden interno, esto es, llegar a los masones hispanoamericanos para explicar nuestra visión social, adogmática y deísta de la masonería”.
Finalizó su intervención con una frase del poeta Paul Celan: “(...) así que hay templos todavía; una estrella tiene todavía luz. Nada, nada está perdido”, dando paso, así, al Gran Maestro de la Gran Logia de Francia.
Pierre Zaveroni explicó que la francmasonería trabaja para el crecimiento intelectual y espiritual de sus componentes, así como para la evolución progresiva y pacífica de la humanidad, “de tal modo que democracia y francmasonería siempre van juntas”. La Gran Logia de Francia, con sus 31.000 miembros, “cultiva el humanismo y la fraternidad entre las naciones que, respetando las especificaciones étnicas y culturales, reacciona solamente ante la vulneración de la libertad de pensamiento y de acción, tal como defiende la ética humanista a la que está ligada”. Aunque sea muy discreta, “la francmasonería está presente en el paisaje nacional cuando alguna acción puede estar condicionada por la ética. De esta forma, entra en el debate de la inteligencia artificial, el fin de vida oel planeta”, aseguró. Zaveroni, quien añadió que “las reflexiones sobre estos temas han permitido publicar el Libro Blanco que los contiene. Las mujeres y los hombres de buena voluntad tienen que estar perfectamente informados del espíritu de un orden”, aseguró con rotundidad, al tiempo que recordó los lazos privilegiados entre los francmasones de Francia y los de Canarias.
La francmasonería trabaja para el crecimiento intelectual y espiritual de sus componentes, así como para la evolución progresiva y pacífica de la humanidad, “de tal modo que democracia y francmasonería siempre van juntas”
Para Zaveroni, el acto prolongó y cerró el proyecto de despertar, 87 años después, el espíritu de una revista masónica en lengua española, ¡Luz!, y dijo que, para un francmasón, su título “es el símbolo del requerimiento intelectual y moral. La luz ilumina al iniciado, y, a su vez, este tiene que iluminar a la sociedad en la que habita. La luz es un estado de conciencia al que acceder a un estado superior tras la muerte. En este sentido, la publicación de esta revista colaborará en la integración de los masones de los otros continentes con el europeo. Todos los francmasones estarán satisfechos de poder leer a sus compañeros trasatlánticos”. “Se trata –dijo-, del encuentro de estas dos obediencias, es un proyecto en común, un nuevo campo para expandir y fortalecer los lazos entre la Gran Logia de Francia y la de Canarias, poniendo en valor el lema de la Revolución Francesa coincidente con el de la francmasonería”. Por su parte, Pierre Adam, “garante de la firma de convenio entre la Gran Logia de Francia y la de Canarias”, y presidente de la CIGLU, una estructura formada por 38 obediencias que opera en cuatro continentes practicantes exclusivamente del Rito Escocés Antiguo y Aceptado, dijo sentirse “satisfecho por la firma de un manifiesto de colaboración con la Gran Logia de Canarias para la difusión del contenido de este Rito”. Además, explicó que se había firmado el convenio con la Gran Logia de Canarias porque había quedado probada la calidad de sus Trabajos y manifestado su voluntad de difundir con más fuerza todavía la realidad masónica con la publicación de la revista, que va a expandir el Rito Mesa Presidencial Parlamento de Canarias Escocés Antiguo y Aceptado en el mundo hispanohablante y entre los miembros de la CIGLU”, así como entre todas las obediencias que practican este Rito, pero que aún no están incluidas, con el objetivo de “ser un puente entre las culturas europeas e hispanoamericanas. Es una forma de reanudar unos lazos entre las dos instituciones”. Para la CIGLU, se trata de “una gran oportunidad y al mismo tiempo es una prueba del gran dinamismo de la Gran Logia de Canarias. La Confederación apoya esta iniciativa, y, por tanto, “es lógico que esté pendiente del acontecer de este proyecto. La publicación será también un ejemplo para otros continentes que no están federados en el Movimiento, acrecentando, así, la espiritualidad de la masonería, tal como está concebida”. Adam considera que será un ejemplo del trabajo iniciado en el año 2000 y una difusión del Rito. “Es un honor y una alegría el estar aquí presente y haber sido testigo de esta unión entre la Gran Logia de Franciy la de Canarias con este proyecto”, concluyó el presidente de la Confederación.
Matos, Hermano masón, cerró al acto agradeciendo la presencia de los dignatarios presentes, e hizo mención a la coincidencia del evento con la celebración del 80º aniversario de la liberación del campo de concentración nazi de Auschwitz. De esta manera, “ambos hechos coinciden como actos de plena libertad, de tolerancia y de respeto en el sitio donde reside la representación de la ciudadanía canaria” –dijo-. “Hoy -continuó-, la amenaza de la oscuridad se cierne nuevamente, por tanto, hoy necesitamos luz más que nunca. Quienes creemos en ella tenemos una enorme responsabilidad en estos tiempos, de ahí que no deje de ser muy oportuna la presentación de esta revista, precisamente hoy, en el Parlamento de Canarias”.
La Gran Logia Francesa firmó el convenio con la Gran Logia de Canarias tras haber quedado probada la calidad de sus Trabajos y manifestado su voluntad de difundir con más fuerza todavía la realidad masónica con la publicación de la revista, que va a expandir el Rito Escocés Antiguo y Aceptado en el mundo hispanohablante y entre los miembros de la CIGLU Cerró la intervención enalteciendo las tres palabras que resumen la base de las acciones masónicas y lema de la Revolución francesa: “libertad, igualdad, fraternidad”.
Verdadera Luz
Entrevista a Pierre M. Adam (CIGLU)
Por Esperanza Díaz
Pierre Marie Adam es el actual presidente de la Confederación Internacional de Logias Masónicas Unidas del Rito Escocés Antiguo Y Aceptado (CIGLU), que acoge en su seno a 38 obediencias. Su función principal es agruparlas a todas y a los masones que trabajan bajo este rito específico. Gracias a la existencia de la CIGLU, se posibilitan grandes eventos, como la presentación de la revista, se facilitan encuentros que de otro modo serían difíciles de organizar, y permite establecer relaciones que podrían no darse por diversos obstáculos logísticos o geográficos.
Pierre Marie Adam (Presidente de la CIGLU)
¡Luz!. En la presentación de la revista en el Parlamento de Canarias se expresó la importancia que tiene esta nueva publicación para la masonería en su conjunto, y en especial para la CIGLU.
Esperanza Díaz P.M. Adam. La publicación de ¡Luz!, una revista en castellano sobre el Rito Escocés Antiguo y Aceptado, es una gran oportunidad para todos. Tanto para la Gran Logia de Francia como para la Gran Logia de Canarias es una vía para difundir nuestro mensaje en América Latina. Además, permite a la CIGLU acercarse a estas obediencias latinoamericanas a través de Canarias y de la propia revista.
“La publicación de ¡Luz!, una revista en castellano sobre el Rito Escocés Antiguo y Aceptado, es una gran oportunidad para todos”
¡Luz!. Siendo una herramienta importante, ¿por qué la CIGLU no tiene un proyecto similar?
P.M. Adam. Porque la iniciativa debe surgir de las obediencias que son miembros de la CIGLU. Nosotros actuamos como facilitadores, promoviendo conexiones, pero sin imponer nada. Este proyecto canario con el mundo hispanohablante puede servir de inspiración. Por ejemplo, una obediencia africana podría replicarlo en el ámbito francófono. La CIGLU podría apoyar un proyecto así en Marruecos y el resto de África, igual que ha hecho con Canarias y Latinoamérica. En este sentido, la Gran Logia de Canarias es pionera: este es el primer acuerdo y la primera revista de este tipo. Pero son las obediencias, no la CIGLU, las que deben impulsar estas iniciativas.
¡Luz!. ¿Qué representa la membresía de la Gran Logia de Canarias para la CIGLU? ¿Cómo afecta esto a ambas instituciones?
P.M. Adam. Para la Confederación, cada obediencia es importante porque fortalece la difusión del Rito Escocés Antiguo y Aceptado. Nuestro objetivo es reunir progresivamente todas las obediencias que practican este rito. Para la Gran Logia de Canarias, esta membresía significa un reconocimiento internacional de su trabajo, la oportunidad de colaborar con otras obediencias afines y una mayor proyección del Rito Escocés en su ámbito geográfico. La CIGLU acoge con entusiasmo a todas las obediencias que comparten esta línea de trabajo, siempre que cumplan con los principios fundamentales del rito. Permítame aclarar por qué la Gran Logia de Canarias es muy significativa. Aunque Canarias es un territorio geográficamente pequeño, su importancia masónica es considerable. La Gran Logia de Canarias ya formaba parte de una estructura internacional anterior, y la creación de la CIGLU viene a ser, en cierta forma, la continuación y evolución de esa misma tradición. Somos, y esto es relevante, practicantes exclusivos del Rito Escocés Antiguo y Aceptado. Precisamente, de este compromiso común nació el proyecto que hemos formalizado aquí. Este acuerdo no solo nos permitirá fortalecer nuestra labor, sino también dar a conocer nuestros valores en otros continentes, ampliando así nuestro alcance.
¡Luz!. En la presentación de la revista, se mencionó que la CIGLU está presente en cuatro continentes. ¿Por qué Oceanía no está incluida?
P. M. Adam. Efectivamente, en el discurso se habló de cuatro continentes. El que queda fuera es Oceanía, aunque esto podría considerarse un error de formulación. La razón es la siguiente: en un territorio como Tahití, las logias dependen directamente de la Gran Logia de Francia, no existen obediencias independientes practicando el Rito Escocés Antiguo y Aceptado. Por tanto, técnicamente ya están representadas en la CIGLU a través de su vínculo con la Gran Logia de Francia. El caso de Australia es diferente. Allí, las obediencias son mayoritariamente anglosajonas y están afiliadas a la Gran Logia de Oceanía, lo que hace prácticamente imposible su integración en la CIGLU. En resumen, Oceanía es el continente que actualmente no está representado de forma directa en la CIGLU.
¡Luz!. También se comentó la tolerancia y la multiculturalidad en Canarias, destacando su respeto hacia esta diversidad. ¿Ha detectado la CIGLU problemas de intolerancia en otros contextos, como hacia la cultura islámica en Francia, por ejemplo?
P.M. Adam. Sí. La CIGLU ha observado ciertas actitudes de intolerancia, particularmente hacia el islam. En Francia, este es un tema relevante, no tanto para la CIGLU como institución, sino para los masones franceses, en general.
Combatir la discriminación es una lucha prioritaria, y el mensaje que promueve la CIGLU es el mismo que defienden las obediencias que son miembros: la inclusión y el rechazo a toda forma de exclusión. De hecho, no se admitiría en la CIGLU a ninguna obediencia que no compartiera estos principios. Respecto a posibles enfrentamientos de otras culturas hacia la masonería, no hay un ataque directo, pero históricamente han existido ciertas distancias e incluso reticencias. Esto es especialmente visible en sectores como la extrema derecha, donde el rechazo a la masonería es más marcado, aunque no es algo nuevo ni ha variado significativamente en los últimos tiempos.
¡Luz!. ¿La tendencia a la discreción de la masonería ha disminuido, o este aspecto se mantiene, a pesar de que estemos asistiendo a la Industria 4.0, basada en la interacción de sistemas físicos y cibernéticos, y en la que el flujo de información es inmediato?
P. M. Adam. Por más que hoy circulen libros, vídeos o reportajes sobre la masonería, la percepción pública no cambia radicalmente. Siempre persiste cierta desconfianza o ideas preconcebidas. La masonería no es secreta, pero hay aspectos que, por su naturaleza, pertenecen al ámbito interno y no se comparten públicamente.
¡Luz!. Actualmente, existe un intenso debate sobre la inteligencia artificial (IA). ¿Cómo cree que afecta o podría afectar su crecimiento a la masonería?
P.M. Adam. La esencia de la masonería reside en la reflexión personal y en el intercambio físico y cultural entre sus miembros. Aquí, en nuestras reuniones, nos miramos, nos escuchamos, percibimos los tonos de voz, las miradas… La inteligencia artificial podría influir en aspectos del conocimiento, pero nunca podrá sustituir las relaciones humanas. El verdadero riesgo de la IA, como vemos con herramientas como ChatGPT, es que al facilitar la creación de textos o respuestas inmediatas, puede empobrecer el proceso cultural y personal de reflexión. Hoy vivimos en una sociedad cada vez más líquida: las relaciones son volátiles, los matrimonios más inestables, todo cambia con rapidez. Antes, las estructuras sociales eran más sólidas; hoy prima cierta superficialidad.
¡Luz!. ¿Y la masonería, participa de esta fluidez social?
P. M. Adam. Los principios fundamentales de la masonería son inmutables. La sociedad no puede alterar los cimientos que se establecieron siglos atrás. Nuestro deber es meditar las preguntas y buscar el conocimiento. La CIGLU, en este sentido, actúa como facilitadora: supervisa, promueve el intercambio de experiencias entre obediencias y ayuda a extender estos lazos a otros continentes, pero no dirige el trabajo de las logias. Su rol es potenciar acuerdos, como el firmado entre Francia y Canarias, para difundir los ritos y enriquecer la práctica masónica a nivel global.
¡Luz!. ¿Pueden las organizaciones masónicas adaptarse y aprovechar los avances tecnológicos sin perder su esencia iniciática, manteniendo así intacta su identidad fundamental?
M. Adam. Permítame distinguir dos aspectos cruciales en esta cuestión. Primero, en cuanto a la comunicación y coordinación: herramientas como las videoconferencias han demostrado ser extremadamente valiosas para mantener el contacto entre obediencias y Hermanos. Segundo, y esto es lo más importante: estas tecnologías son meros instrumentos que facilitan nuestra labor, pero en ningún caso alteran ni pueden alterar la esencia iniciática de nuestra práctica. Cada obediencia miembro sigue manteniendo su trabajo ritualista exactamente igual que siempre. La tecnología no modifica nuestros principios, solo optimiza nuestros medios de comunicación. En definitiva, en la CIGLU vemos estas innovaciones tecnológicas como herramientas complementarias que nos permiten estar más conectados y ser más eficientes, pero nunca podrán sustituir ni menoscabar la experiencia iniciática, que es el corazón de nuestra tradición masónica.
¡Luz!. Entonces, podemos decir que la masonería se ha adaptado a las nuevas realidades tecnológicas manteniendo intactos sus rituales centenarios?
M. Adam. Permítame explicarlo con claridad. Cada obediencia miembro mantiene su práctica ritual dentro de su propia estructura, y esto no cambiará en absoluto. Lo que sí evoluciona es la capacidad de conexión entre nosotros. Gracias a la tecnología, las obediencias europeas y las hispanoparlantes de América, por ejemplo, pueden relacionarse con mayor facilidad y mantener un contacto más estrecho. Las videoconferencias a través de internet son un perfecto ejemplo de este avance. Esta herramienta no altera nuestra esencia, pero sí facilita la comunicación entre quienes practicamos este rito, superando las limitaciones de los métodos tradicionales. En este sentido, representa un beneficio claro. Para ilustrarlo mejor: actualmente, cada seis semanas, los presidentes continentales mantenemos reuniones de trabajo con el presidente de la CIGLU, el secretario general y el tesorero. Esto sería impensable sin los avances tecnológicos actuales. Internet ha hecho posible lo que antes era logísticamente muy complicado. Pero quiero subrayar que, aunque los canales de comunicación evolucionan, el núcleo de nuestra práctica permanece inalterado. Cambian los medios, no los fundamentos.
“La esencia de la masonería reside en la reflexión personal y en el intercambio físico y cultural entre sus miembros”
Verdadera Luz
Entrevista a Thierry Zaveroni (GLDF)
Por Esperanza Díaz
Thierre Zaveroni es el Gran Maestro de la Gran Logia de Francia (GLDF) e integrante de la comitiva que asistió a la presentación de la revista en el Parlamento de Canarias. La GLDF, integrante de la CIGLU, es una de las principales obediencias masónicas regulares de Francia y de Europa, contando actualmente con más de 32.000 miembros.
Thierry Zaveroni (Gran Maestro de la GLDF)
¡Luz!. ¿Podría una mayor visibilidad pública de la masonería influir positivamente en los valores e ideas de nuestra sociedad globalizada?
¿Contribuiría esta mayor exposición a una mejor comprensión de la institución y, en consecuencia, a una mejora social?
Esperanza Díaz T.Zaveroni. La Gran Logia de Francia ha intensificado sus actividades culturales públicas. Un ejemplo destacado es nuestra participación activa en las Jornadas Europeas del Patrimonio, donde abrimos nuestras puertas a los no iniciados, permitiendo el acceso a espacios como nuestro Gran Templo en París. En estas ocasiones, organizamos conferencias abiertas al público, exposiciones didácticas y encuentros directos entre masones y profanos. Además, aprovechamos plenamente las redes sociales y medios digitales para desmitificar la masonería, promover su conocimiento y facilitar el acercamiento a la institución.
¡Luz!. En este sentido, ¿qué nos puede decir sobre el Libro Blanco?
T.Zaveroni. Como representante de la Gran Logia de Francia, puedo afirmar que nuestra institución lleva más de un siglo reflexionando sobre temas sociales relevantes y continuaremos haciéndolo.
Tenemos iniciativas que demuestran nuestro compromiso con el análisis de los desafíos contemporáneos y nuestra voluntad de contribuir al debate público desde una perspectiva masónica.
Algunos ejemplos concretos de este trabajo son el debate sobre la eutanasia con la elaboración de un Libro Blanco en diciembre de 2023 que se remitió a las máximas autoridades del país (Presidencia, Gobierno, Ministerio de Salud), fue distribuido a todos los parlamentarios y está disponible para consulta pública en nuestra página web. Asimismo, hemos demostrado nuestra preocupación por la inteligencia artificial con un trabajo desarrollado durante el último año masónico, del que resultó un manifiesto público accesible a toda la sociedad.
¡Luz!. ¿Cuál es la posición oficial de la Gran Logia de Francia respecto a la inteligencia artificial? Y este tercer año de su mandato como Gran Maestro, ¿sobre qué aspectos humanistas están trabajando, especialmente en relación con la vida y el planeta?
T.Zaveroni. Durante este tercer año de mandato, estamos centrando nuestros trabajos en tres ejes fundamentales que tienen como denominador común al ser humano: el humanismo, la vida y el planeta. Particularmente, estamos analizando la relación entre la neurología y la inteligencia artificial, siempre con el foco puesto en la dimensión humana. Es importante precisar que, cuando hablamos de documentos como el Libro Blanco, debemos aclarar que no existe un único Libro Blanco, sino que se trata de una serie de publicaciones específicas sobre cada tema que abordamos.
¡Luz!. ¿Desde su posición como Gran Maestro de la Logia de Francia, considera que el pensamiento masónico y sus Trabajos pueden influir en la política francesa, o se mantiene inquebrantable su postura imparcial?
T.Zaveroni. Absolutamente, no. La Gran Logia de Francia mantiene una posición clara: no intervenimos en asuntos políticos o religiosos, nuestra vocación no es inmiscuirse en el Estado, solo respondemos cuando las autoridades nos solicitan estudios u opiniones; el flujo es siempre desde las instituciones hacia nosotros, nunca al revés.
En un entorno donde la CARLOS BERÁSTEGUI masonería se encuentra ante el desafío de adaptarse al MRGM GLC ___________ mundo contemporáneo, surge la urgente necesidad de reflexionar sobre cómo mantener intacto el profundo significado de sus símbolos y doctrinas. Cómo avanzar sin descuidar las enseñanzas iniciáticas del Rito Escocés Antiguo y Aceptado (REAA). Un buen comienzo sería realizar un análisis crítico sobre la importancia de preservar los principios fundamentales de la masonería en un mundo caracterizado por el secularismo, el relativismo simbólico y la pérdida del enfoque en los métodos interpretativos tradicionales. Además, hay que encontrar un equilibrio entre la riqueza simbólica ancestral y las exigencias del presente. Promover una nueva interpretación hermenéutica que honre la tradición sin descuidar la necesaria actualización.
Gran Logia
El riesgo de banalizar lo sagrado: un equilibrio posible entre lo ancestral y lo contemporáneo en el Rito Escocés Antiguo y Aceptado
Como indica Peré Sánchez (2025), uno de los problemas actuales de la masonería es que “al aspirar a convertirse en la abanderada de las libertades y de la secularización social, fue más víctima que protagonista de este proceso, pues terminó introduciendo valores y significados profanos en sus símbolos y doctrinas”, diluyendo su contenido iniciático e incurriendo en una banalidad de los sagrado (1).
Introducción La masonería, con sus raíces que se hunden en tiempos remotos y en una tradición simbólica que abarca desde la antigüedad, ha sido durante siglos el espacio propicio para la exploración del ser, el conocimiento interior y el entendimiento del mundo mediante un lenguaje alegórico y hermético. En sus diferentes ritos, y en particular en el Rito Escocés Antiguo y Aceptado (REAA), estos contenidos iniciáticos son fundamentales en la instrucción transmitida mediante símbolos rituales. Estas enseñanzas aspiran a guiar al iniciado hacia una comprensión más profunda de su ser interior y su conexión con lo divino.
Sin embargo, en la actualidad la francmasonería se encuentra frente a un desafío doble: de un lado, está la tendencia a la secularización que ha provocado la depreciación y en ocasiones la distorsión de los contenidos originales. Y de otro, la necesidad de permanecer relevantes en un mundo que avanza científica y tecnológicamente, relegando lo simbólico y lo trascendental a un plano secundario. Entonces, surge la interrogante de cómo podemos preservar y comunicar los principios iniciales fundamentales del REAA sin descartar los progresos y necesidades de la actualidad.
La solución radica en adoptar un enfoque hermenéutico actualizado que respete la tradición y al mismo tiempo pueda interpretar sus símbolos y enseñanzas en el contexto actual sin perder su significado esencial.
La importancia de los contenidos iniciáticos en la masonería Los contenidos iniciáticos se pueden entender como las enseñanzas, símbolos y rituales que abren al aspirante a una transformación interior. Desde la antigüedad, estas enseñanzas han sido transmitidas de forma críptica, mediante alegorías que implican una búsqueda personal, un proceso de muerte y resurrección simbólica, y la realización de un compromiso con uno mismo y con lo divino. En el REAA, estos contenidos están presentes en los grados simbólicos, en especial en el grado de Maestro, donde la interpretación de símbolos (como la escuadra, el compás, el significado de la Piedra Bruta o de la Piedra Tallada) toman un carácter iniciático que motiva al masón a explorar más profundamente su autoconocimiento y su conexión con el Todo.
Sin embargo, hay que tener en cuenta la advertencia que hace Sánchez Ferré (2025) sobre la pérdida del significado original de estos símbolos y doctrinas. Lo que se debe al distanciamiento del método exegético y al relativismo interpretativo característico del mundo moderna. Como resultado muchos de estos contenidos tienden a ser trivializados o interpretados profana y superficialmente (2).
La problemática de la secularización y la banalización de lo sagrado Uno de los cambios más notables que ha experimentado la masonería en su proceso de actualización es la inclinación por descartar o redefinir los significados iniciáticos desde una perspectiva profana y contemporánea. Como señala Foucault (2000), en la puesta en marcha de las nuevas hermenéuticas, las palabras se disociaron de sus objetos originales, permitiendo la reinterpretación arbitraria de símbolos y textos, con la pérdida del vínculo original que tenían estos elementos.
Este fenómeno impacta profundamente en la transmisión de los contenidos iniciáticos: los símbolos dejan de ser portadores de una verdad profunda y se convierten en herramientas decorativas o meramente tradicionales.
La banalización de lo sagrado, muy vinculada a la tendencia del pensamiento moderno a separar lo material de lo espiritual, contribuye a que la masonería pierda, en cierto modo, su capacidad de transmisión auténtica y su función de vehículo de conocimiento en un sentido trascendente.
Por tanto, la preocupación actual no solo consiste en resguardar los símbolos sino también en recuperar y preservar la esencia original de sus enseñanzas que apuntan hacia un camino para el desarrollo completo del ser humano.
La necesidad de una hermenéutica renovada Para mantener los fundamentos esenciales intactos, la masonería necesita abrazar un enfoque interpretativo que posibilite la reconsideración de sus símbolos y enseñanzas en el entorno actual sin menoscabar su verdadero significado.
Este método implicaría dos aspectos clave: en primer lugar, el reconocimiento del valor de los métodos exegéticos tradicionales -como la interpretación alegórica, la analogía y la simbólicalos cuales permiten un acercamiento profundo y respetuoso a los textos y símbolos. En segundo lugar, promover una postura abierta hacia disciplinas modernas como la psicología o las ciencias sociales, para brindar interpretaciones útiles y pertinentes para el contexto actual.
Tal como plantea Sánchez Ferré (2025), reencontrar el sentido original implica un proceso de investigación profunda y formación hermenéutica respetuosa de la tradición recibida, pero capaz de adaptarla al contexto actual sin distorsionarla. Es así, como la francmasonería puede surgir como un espacio de intercambio entre lo antiguo y lo contemporáneo, donde los símbolos continúen siendo medios para la transformación interna y la comprensión universal.
La educación hermenéutica y la transmisión de los contenidos iniciáticos El compromiso con la conservación de los contenidos iniciáticos no es solo una cuestión intelectual, sino también una tarea educativa. La masonería debe fortalecer su formación en hermenéutica clásica y moderna, para que sus miembros interpreten los símbolos con profundidad y fidelidad. La lectura, el estudio de los textos fundacionales y el diálogo filosófico son instrumentos esenciales en este proceso.
De igual manera, las logias pueden organizar talleres, cursos y estudios que contextualicen los símbolos en el marco histórico, filosófico y espiritual. Todo ello, para mostrar cómo sus significados han perdurado en el tiempo y cómo pueden ser relevantes en nuestra actualidad. La clave, reside en la comprensión práctica y en la transmisión de conocimientos que beneficien tanto el crecimiento individual como el colectivo.
Este enfoque promovería que los hermanos no solo aprendan de memoria símbolos y rituales, sino que los incorporen en su significado más profundo para mantener viva la llama iniciática que contienen.
La integración de lo ancestral y lo moderno: un camino viable El desafío de conservar los valores tradicionales sin perder de vista la contemporaneidad implica comprender que la tradición no representa una carga, sino un patrimonio vivo que debe ser reinterpretado desde la sensibilidad actual. La masonería, especialmente en el REAA, ofrece un terreno fértil para esta tarea, pues sus símbolos y enseñanzas están diseñados para ser interpretados en diferentes épocas.
El diálogo entre lo ancestral y lo contemporáneo también requiere una conciencia de que la renovación no implica abandonar los valores fundamentales, sino profundizar en ellos y adaptarlos con respeto y prudencia. De esta manera la masonería puede continuar siendo un ámbito de sabiduría, introspección y cambio en el cual los conocimientos iniciáticos constituyen el cimiento sobre el cual construir un Templo interior conectado con el Todo y al mismo tiempo aspirar a un mundo profano más igualitario y mejor.
Conclusión Mantener vivos los contenidos iniciáticos en la masonería moderna, en particular en el Rito Escocés Antiguo y Aceptado, exige un compromiso consciente con la historia, la interpretación profunda de los símbolos y un enfoque hermenéutico renovado. La secularización y el relativismo cultural no deben representar una renuncia a la tradición, sino una oportunidad para reinterpretarla y revitalizarla en clave contemporánea.
La masonería puede y debe ser un lugar donde sus miembros tengan la posibilidad de acceder a un conocimiento profundo que vaya más allá de las tendencias temporales. Mantener los significados originales, pero adecuados a la actualidad. Esta adaptación no puede implicar la asunción per se de valores sociales profanos que sin duda son esenciales para el desarrollo de una sociedad más justa e igualitaria en todos sus ámbitos – valores a los que profanamente nos adherimos por estar sin duda presentes en nuestro ADN constitucional a través de la triple divisa -pero que desde el punto de vista iniciático no dejan de ser meramente temporales y ajenos a nuestra esencia de trascendentalidad-.
Solo de esta manera podremos lograr nuestra misión de fomentar el crecimiento espiritual y moral manteniendo un equilibrio saludable entre tradición e innovación, entre lo venerable y lo actual. Entender lo contrario es confundir a la masonería con una organización social profana a la que es legítimo que el masón pertenezca, sin embargo no es en absoluto apropiado intentar adoptar sus valores y prácticas mientras abandonamos los nuestros en detrimento de nuestra auténtica y esencial naturaleza iniciática. Referencias Foucault, M. (2000). El orden del discurso. Fondo de Cultura Económica.
Sánchez Ferré, P. (2025). Resignificación de los contenidos iniciáticos en la masonería española contemporánea. Revista REHMLAC, 17(1), 1-19. Notas a pie de página ¹ Sánchez Ferré (2025) destaca la importancia de la interpretación hermenéutica para conservar la autenticidad de los símbolos masónicos.
² La pérdida del sentido original de los símbolos, según Sánchez Ferré, ha derivado en interpretaciones superficiales.
Gran Logia
Editorial
En este segundo número de la revista ¡LUZ!, celebramos nuestra propia existencia. Nos echamos al mar con la aparición del primer número en el mes de enero de 2025. Habíamos meditado mucho para emprender este viaje, pero no dejaba de ser una aventura. Afortunadamente, tenemos la suerte de contar con el apoyo incondicional de la Gran Logia de Francia y de la Confederación Internacional de Grandes Logias Unidas del Rito Escocés Antiguo y Aceptado, representadas respectivamente por Thierry Zaveroni y Pierre Marie Adam. Desde aquí queremos darles las gracias por su generosidad y fraternidad; también por el honor que nos han hecho al asistir a la presentación de la revista.
“En este número dos hemos tenido muy presente que en este año 2025 se conmemora el 150 aniversario del Convento de Lausana”
En esta singladura, que para nosotros es el número 2 de ¡LUZ!, hemos tenido muy presente que en 2025 se conmemora el 150 aniversario del Convento de Lausana, un acontecimiento crucial en la configuración del Rito Escocés Antiguo y Aceptado.
Una parte sustancial de este número está relacionada con diversos aspectos tanto históricos como doctrinales vinculados con ese histórico acontecimiento ocurrido en 1875.
Este número 2 de ¡LUZ!, incluye la conversación que la redacción sostuvo con dos personas entregadas plenamente a la difusión del escocismo: Thierry Zaveroni y Pierre Marie Adam. Sus opiniones sobre diversos aspectos de la masonería en el mundo actual son de interés para todos los masones y el público en general.
La revista ¡LUZ! solo es posible por la entrega desinteresada de nuestros colaboradores que con sus diversos y valiosos puntos de vista enriquecen la visión de una masonería con múltiples matices. Paisaje de Lausana (Suiza)
Por último, y lo más importante, la revista solo tiene sentido por los lectores y es a ellos a los que la redacción quiere agradecer la acogida que ha tenido el N.º 1 en el mundo hispanohablante.
"Con constancia y tenacidad se obtiene lo que se desea; la palabra imposible no tiene significado”
Venerable Maestro
El Rito Escocés Antiguo y Aceptado en Europa a principios del siglo XIX
Por Jean-Pierre Thomas
Las Lecturas Escocesas me han hecho el gran honor de confiarme una de sus conferencias hablándoles hoy de un tema elegido por el Gran Canciller de la Gran Logia de Francia: la propagación del Rito Escocés Antiguo y Aceptado y sus valores, por Grasse-Tilly, a principios del siglo XIX y, por lo tanto, voy a intentar -¡digo intentar!tratarlo, porque en historia en general, y más aún en historia masónica, siempre hay que ser no sólo prudente, sino también humilde, sobre todo porque aún no lo sabemos todo, aunque la historia masónica haya progresado mucho en los últimos años.
Cada uno de ustedes conoce, si no los detalles de su vida, al menos la singular saga de Augusto de Grasse-Tilly (1765-1845), de este gentilhombre francés, admitido a los honores de la Corte casi al Auguste de Grasse-Tilly final del Antiguo régimen, quien partió a las Antillas en 1789, con el fin de tomar en posesión las plantaciones de su padre, vivió de Santo Domingo Jean-Pierre Thomas a los Estados Unidos una serie de aventuras bastante extraordinarias -su barco saqueado por un corsario, su instalación en Carolina del Sur, su regreso a Santo Domingo en el ejército de Leclerc, cuñado de Bonaparte, su captura por los insurgentes, su liberación, la sala de armas que dirigió durante un tiempo en Charleston- (todas esas aventuras) que podrían haber sido el argumento de una de esas novelas de las que los anglosajones tienen el secreto, o incluso la sinopsis de una película de Hollywood, si se hubiera encontrado un novelista para escribirla o un director para rodarla, y que, sin embargo, fueron muy reales.
Recordemos solamente, en materia masónica, si no biográfica, que el 21 de febrero de 1802, el hijo único del almirante que había figurado entre los artesanos esenciales de la victoria americana sobre los británicos, algunos años antes, fue cooptado, en Charleston, por el Supremo Consejo de los Estados Unidos-Jurisdicción del Sur, la Jurisdicción más antigua del mundo, es decir, dos décadas después de su iniciación en la logia madre escocesa “Somos ciudadanos del mundo entero. Allá donde vayamos, encontraremos hermanos.”
de Francia y del Contrato Social, en el Oriente de París. Y ese mismo año creó el Supremo Consejo de las Antillas Francesas, llamado más tarde Supremo Consejo de América de las Islas de Barlovento y Sotavento, del que tomó el título de Gran Comendador, antes de regresar a la Francia metropolitana en 1804, debido a las circunstancias geopolíticas tras el asunto de Santo Domingo.
Allí, por una parte, se alistó en el Ejército Imperial, con el fin de retomar su servicio como oficial -pues éste era su estado y su medio de vida, ya que la revuelta de los esclavos en la isla lo había arruinado totalmente- y, por otra parte, fundó, en octubre, el Supremo Consejo de Francia, del que fue el primer Gran Comendador. Fue, pues, él quien introdujo oficialmente, primero en las Antillas, luego en Francia y finalmente en Europa, la práctica del Rito Escocés Antiguo y Aceptado, tal como se utiliza en el siglo XXI, a pesar de algunas modificaciones a lo largo de los siglos, y a pesar también de que su competidor Germain Hacquet, del Gran Oriente, quien reivindicaba la misma introducción, aunque él, de hecho, sólo trajo el Rito del Secreto Real... Esta iniciativa, sin embargo, no le valió a GrasseTilly el reconocimiento oficial, ya que fue sustituido muy rápidamente al frente de la Jurisdicción por Cambaceres, políticamente mucho mejor situado que él en la jerarquía del poder imperial.
“Fue él quien introdujo oficialmente, primero en las Antillas, luego en Francia y finalmente en Europa, la práctica del Rito Escocés Antiguo y Aceptado, tal como se utiliza en el siglo XXI”
No volveré sobre la vida de Grasse-Tilly, remitiéndoles a las numerosas obras sobre el tema, salvo para recordar que, al final de una segunda parte de su vida, tan novelesca como la primera con su participación en batallas en Europa, su captura por los ingleses, el inicuo proceso masónico que sus adversarios le hicieron, la renuncia a su cargo al frente del Consejo Supremo de las Islas de Barlovento y Sotavento en favor de Decazes... Este francmasón escocés, aristócrata hasta la médula, terminó su vida en una gran pobreza, con apenas el grado de comandante, las cruces de Oficial de la Legión de Honor y Caballero de San Luis. Todo ello antes de morir, a los ochenta años, en la enfermería de los Inválidos el mismo día de su ingreso, y ser enterrado en la fosa común del cementerio de Montparnasse. Una vida, en resumen, inversamente proporcional a la fuerza de su compromiso iniciático y, naturalmente, a su memoria, aún viva, entre los practicantes del Rito Escocés Antiguo y Aceptado, y no sólo en Francia, de hecho, fascinados por este ser complejo, del que probablemente nunca lo sabremos todo realmente, pero del que se puede decir, sin exagerar, que fue realmente el hombre providencial de la Masonería Escocesa, aunque, tal vez, otra persona hubiera podido llevar a cabo esta tarea, si él no hubiera existido, aunque quizás no con la misma energía ni la misma determinación. Marqués de Grasse-Tilly en la ciudad de Grasse Augusto de Grasse-Tilly fue pues, después del de Barlovento y Sotavento, el fundador del Supremo Consejo de Francia, el 21 de octubre de 1804, el tercero del mundo por orden de antigüedad, y luego el segundo después de 1821, cuando el anterior desapareció y se unió al Supremo Consejo de Francia. Pero también fue, en el mismo año 1804, el fundador de la Gran Logia de Francia del Rito Antiguo para administrar las logias simbólicas que quisieran unirse a la Jurisdicción, una Obediencia que, sin embargo, sólo tuvo cuatro meses de existencia, ya que la decisión de Napoleón de imponer el Concordato con el Gran Oriente de Francia condujo a su desaparición. Esta Gran Logia de Francia, la segunda de la historia, ya que hubo una primera, de 1743 a 1799, precedió unos años a la tercera, la Gran Logia Central de Francia, de 1822 a 1894, cuyas logias iban a obtener del Consejo Supremo de Francia su autonomía administrativa, en 1895, bajo el nombre de Gran Logia de Francia, la cuarta, y naturalmente la actual.
Castillo de Tilly Preciso que, si hablamos siempre de Supremo Consejo, no debemos olvidar las logias simbólicas que constituyen la base del Escocismo. Por ello, la creación de estos Supremos Consejos fue acompañada de las de Obediencias encargadas, bajo la autoridad de estos últimos, de gestionar los tres primeros grados, ya que las Jurisdicciones no lo hacían directamente. En cualquier caso, éste es el caso de Francia, ya que, además de todo lo que podría haber ocupado toda una vida, Grasse-Tilly fundó también, en el trascurso de sus atribuciones militares como comandante de Estado Mayor, otros cuatro Supremos Consejos en Europa, lo que le convirtió verdaderamente en el padre del Escocismo en el viejo mundo.
El primero fue el Consejo Supremo de Milán, y no de Italia, como decimos hoy, o al menos como se convirtió más tarde, porque en aquella época no existía Italia, la Península estaba dividida entre varios reinos, incluido el del Papa, en el centro. Por supuesto, Grasse-Tilly no fue el introductor de la Francmasonería en Italia, que ya existía desde el siglo XVIII en las principales ciudades, sino del primer Supremo Consejo, creado el 5 de mayo de 1805, en Milán, pocos días antes de que Napoleón fuera coronado Rey de Italia, en la misma ciudad, con su yerno Eugenio de Beauharnais como virrey, miembro eminente de esta Jurisdicción, huelga decirlo, y su primer Soberano-Gran Comendador. Para desarrollar las logias simbólicas puestas bajo su autoridad, se fundó al mismo tiempo una Gran Logia de Italia, con el nombre de Gran Oriente del Rito Escocés Antiguo y Aceptado. Cuatro años más tarde, el 11 de junio de 1809, Grasse-Tilly creó, esta vez en Nápoles el Consejo Supremo del Reino de las Dos Sicilias, es decir, después del norte, el sur, un reino que incluía Nápoles y Sicilia, ya que Cerdeña formaba parte del anterior, con el Mariscal-Conde Perignon, jefe de las tropas francesas al pie del Vesubio, como su Muy Poderoso Soberano-Gran Comendador. No cabe duda de que estas dos estructuras, que se fusionarían en 1875, desempeñaron un papel evidente en la preparación de las mentes para la unificación de la península italiana medio siglo más tarde, bajo el impulso del movimiento conocido como el Risorgimento, animado por numerosos masones, el más emblemático de los cuales sigue siendo, entre otros, Garibaldi.
“El 4 de julio de 1811, Grasse-Tilly crea en Madrid el Supremo Consejo del Gran Oriente de España e Indias”
Paralelamente, el 4 de julio de 1811, Grasse-Tilly crea en Madrid el Supremo Consejo del Gran Oriente de España e Indias. Por supuesto que la masonería había existido anteriormente en España, pero había sido prohibida en 1751 por Fernando VI por orden de la Inquisición. No obstante, seguía existiendo una Gran Logia de España, pero bajo control británico que, desde el Tratado de París tras la Guerra de América, controlaba a Gibraltar. Con la entrada de los franceses en la península en 1809 y la instalación en el trono de Madrid de José Bonaparte, hermano mayor de Napoleón, renació un Gran Oriente de España, seguido de un Supremo Consejo, cuyo primer Gran Comendador fue Miguel-José de Azanza. Este último desapareció en 1814 con el regreso al trono de Fernando VII y el restablecimiento de la Inquisición. No iba a renacer que hasta mucho más tarde, junto con las Obediencias que administraban las logias simbólicas.
Escena cotidiana ciudad antillana Finalmente, el 16 de marzo de 1817, Grasse-Tilly creó en Bruselas el Supremo Consejo de Bélgica, pocos meses después de la fundación de un Gran Oriente de Bélgica, así como de la fundación de otro Supremo Consejo, pero éste de carácter militar, llamado de los Países Bajos, ya que lo que hoy llamamos Bélgica y Holanda, después de haber formado parte del Imperio napoleónico, estaban administrados por el mismo soberano. Estas dos Jurisdicciones se fusionaron el 23 de julio de 1817, bajo el título de Supremo Consejo de Bélgica, en los albores de una larga historia jalonada de metamorfosis, hasta nuestros días, demasiado complejas para ser mencionadas aquí, haciendo posible que todavía exista, en esta nación, una Masonería Escocesa muy dinámica. Hasta aquí los principales rasgos de la cronología institucional, que limito deliberadamente a este período, pero que, como bien pueden imaginar, podría ser objeto de desarrollos más importantes.
Esta difusión del Rito Escocés Antiguo y Aceptado, finalmente considerable para un solo hombre, que de americano pasó a ser europeo, fue muy rápidamente comprendida por los primeros historiadores de la Orden, en particular el primero, Claude Thory, escribiendo en 1812: en 1804 llegaron a la capital, masones que traían de América el antiguo rito que había sido introducido allí por Stephen Morin, en virtud de los poderes que le habían sido otorgados en 1761. A su cabeza se encontraba un hermano revestido de los más altos grados de ese rito, y jefe de un Consejo llamado del Trigésimo Tercer Grado existente en Charleston, que ostentaba como Gran Comendador vitalicio.... Tal era el infatigable Grasse-Tilly que, del viejo mundo al nuevo mundo, luego del nuevo mundo al viejo mundo, de Francia a Italia y de España a los Países Bajos, del Supremo Consejo de Charleston al Supremo Consejo de Francia, trabajó incansablemente para difundir la Luz y sus valores por todas partes. Esto le convierte en un ser excepcional, precursor de Europa y de la Europa masónica.
“Trabajó incansablemente para difundir la Luz y sus valores por todas partes. Esto le convierte en un ser excepcional, precursor de Europa y de la Europa masónica.”
No se les habrá escapado que el título de esta lectura menciona también los valores del Rito Escocés Antiguo y Aceptado. Este punto constituirá la segunda parte del tema, a saber: ¿cuáles eran esos valores en aquella época? En primer lugar, es obvio subrayar que, en los años 1804-1820, que vieron el nacimiento y el desarrollo del Rito Escocés Antiguo y Aceptado, los valores comúnmente aceptados hoy no eran los mismos. En aquella época, aún no se hablaba de derechos humanos, libertad de ser, emancipación femenina, Autodeterminación de los pueblos y - ¿no sé qué más añadir?- es decir, todo lo que vendría después. Pero de todos modos, un cierto número de principios ya habían entrado en las ideas y en la moral, en gran parte como resultado de la legislación del período revolucionario, heredera a su vez del pensamiento de la Ilustración, y de los cuales retendré un cierto número ya que no es erróneo sugerir que la práctica del escocés contribuyó a la difusión de esos mismos principios en Europa. Mencionaré también el hecho de que el régimen imperial extrajo de la Francmasonería algunos de los pilares ejecutivos llamados a administrar las naciones anexionadas al Gran Imperio, en particular Italia, España, los Países Bajos, de los que acabo de hablar, e incluso la Confederación Germánica, es decir, en grosso modo, con algunos otros, la Europa actual.
Sello Conmemorativo Estados Unidos de América El primero fue, por supuesto, el Universalismo, recordado desde el principio con la Circular a los Dos hemisferios, que, a partir de 1802, constituyó la verdadera orientación de la aventura escocesa, definida desde el principio como una estructura universal, es decir, buena para todos los hombres en cualquier lugar del planeta, aunque, por supuesto, en aquella época se trataba sobre todo de las dos orillas del Atlántico. Todos los que viajaban en barco de un lado a otro se repetían el adagio tantas veces formulado durante la Ilustración: somos ciudadanos del mundo entero; allá donde vayamos, encontraremos hermanos. En el plano teórico de la filosofía y en el plano práctico de la ética, ¿para qué habría servido un Rito universal, si no para propagar valores universales, como los de la democracia americana y los regímenes que siguieron a la Revolución Francesa? Y ésta es quizás, en mi humilde opinión, una de las interpretaciones que podrían proponerse de nuestro lema: Ordo Ab Chao. Del desorden nace el orden, por supuesto, pero, si miramos más profundamente, ¿no es el caos el único pensamiento filosófico o incluso jurídico que, a su pesar, dio origen al terror revolucionario que deshonró a dicha Revolución y, posteriormente, a las incesantes guerras napoleónicas, y que es el único que puede corregirlo? ¿el Ordo, es decir, el pensamiento iniciático en general, incluso masónico, que, en 1804, se organizó en torno al Rito Escocés Antiguo y Aceptado y, con él, este orden armonioso tanto para la buena vida interna de los Estados como, por extensión, de las relaciones internacionales que rigen sus relaciones entre sí?
“El primer pilar de la Masonería es el Universalismo, que a partir de 1802, constituyó la verdadera orientación de la aventura escocesa”
La segunda fue la igualdad de los hombres en derechos; proclamada primero por la constitución americana y luego por la declaración de los Derechos Humanos, que constituyó una ruptura radical en la ley entre el pasado y los nuevos tiempos, pero también en la historia de las mentalidades, que fue retomada por el Rito Escocés Antiguo y Aceptado, que la tradujo en la noción de fraternidad. Todos los hombres son iguales, jurídicamente, y hermanos, moralmente, lo que nos obliga a amarnos los unos a los otros y, por tanto, a vivir en buen entendimiento.
La tercera fue la tolerancia religiosa, también consecuencia de la Revolución que concedió los mismos derechos a católicos, protestantes y judíos -en aquella época se trataba principalmente de los tres- ya que la cuestión de los musulmanes no se plantearía hasta mucho más tarde que, de nuevo, el Rito Escocés Antiguo y Aceptado asumió a través de su referencia al Gran Arquitecto del Universo, aunque la regla general de su interpretación no se instituyera realmente hasta el Convento de Lausana, medio siglo más tarde. Aunque no cabe duda de que el método masónico se inspira en gran medida, por una parte, en el protestantismo y, por otra, en el judaísmo, a través de la libre interpretación y comentario del Libro Sagrado, la Biblia, por una parte, y la Torá por otra, la idea de igualdad religiosa se instauró así en la Orden masónica, como en la Ciudad, paralelamente a la organización de las tres confesiones por el régimen napoleónico. La ausencia de antisemitismo, que hasta entonces no siempre había sido evidente, era una característica de la masonería de la época, ya que sólo los cristianos podían ser iniciados en la masonería.
“La segunda fue la igualdad de los hombres en derechos”
Esto se invirtió, primero bajo Luis XVI, con Malesherbes, y luego bajo la Revolución, con Grégoire, que permitió tanto a los judíos como a los protestantes beneficiarse del estado civil. Y este punto era coherente con lo que Grasse-Tilly había observado en 1802 en Charleston, en Estados Unidos, ya que la mitad de los miembros del primer Consejo Supremo eran judíos. De ahí, con toda seguridad, la idea -por estúpida que fuera- de la conspiración judeo-masónica, que ya se estaba gestando en los escritos del abate Barruel, y que iba a tener cada vez más éxito a lo largo del siglo XIX e incluso parte del XX. Hay que tener en cuenta que el Consejo Supremo de Francia, en la segunda mitad del siglo XIX, iba a ser dirigido por dos judíos, Bénédict- Baruch Allégri, y luego Adolphe-Isaac Crémieux, cabe decir, aunque sea un cliché, del segundo que no sólo fue un faro de la historia escocesa, sino también de la historia política francesa, ya que, en aplicación de lo que he dicho más arriba, fue, entre otras muchas batallas, el iniciador de la noción de derechos humanos. Y no olvidemos, por una parte, que Crémieux era un niño cuando Grasse-Tilly organizó los Supremos Consejos de Europa y, por otra, que fue él quien pronunció el elogio del abate Grégoire, uno de los textos más bellos, sin duda, de la época romántica.
Placa Conmemorativa al marqués de Grasse-Tilly El cuarto, finalmente, fue el humanismo, que resume y aplica todo lo que acabo de decir. Y este fue el caso desde el principio de la aventura escocesa en Francia, ya que en 1804, Grasse-Tilly, al fundar la Grande Logia General Escocesa de Francia de Rito Antiguo , había previsto confiar la Gran Maestría a Lucien Bonaparte, quien, de todos los hombres de su linaje, era sin duda no sólo el más independiente, sino también el más progresista, lo que iba a conducirlo a pelearse muy pronto con su hermano mayor, Napoleón y vivir durante todo el periodo del primer imperio, en su exilio romano. Y cuando este mismo Grasse-Tilly fundó el Consejo Supremo de España, tras las conquistas del Gran Imperio, ¿no lo instaló, muy simbólicamente, en los locales de la antigua Inquisición? Como escribiría más tarde Gabriel Hanotaux en su Histoire de la France Contemporaine (historia de la Francia contemporánea) -¡y esto era especialmente cierto para la Orden Escocista!- En efecto, la Masonería, desde hace más de un siglo, desde que tomó toda su extensión en Europa, se ha consagrado a la defensa de la causa liberal, o, más exactamente, ha sido el asilo inviolable e inexpugnable del librepensamiento acosado y de la idea reformadora adormecida. Este pensamiento libre -que les ruego no confundan con el libre pensamiento- ha seguido siendo, incluso hoy, una de las señas de identidad de la Gran Logia de Francia, es decir, independiente y democrática en su gestión, pero profundamente espiritualista en su práctica del Rito.
Un quinto valor, raramente evocado, es el del romanticismo que, precisamente, nació y se desarrolló a lo largo de los años en que el Rito Escocés Antiguo y Aceptado se consolidaba y desarrollaba en Francia.
“El tercer pilar de la Masonería es la Igualdad que concedió los mismos derechos a católicos, protestantes y judíos -en aquella época se trataba principalmente de los tres- ya que la cuestión de los musulmanes no se plantearía hasta mucho más tarde”
Por romanticismo, huelga decirlo, no entiendo el uso que hoy se hace de este término, entre otros en el cine, a saber, el disparate sentimental anglosajón, tampoco una corriente literaria y artística, sino un poderoso movimiento de emancipación humana. No cabe duda de que, a principios del siglo XIX, la Francmasonería, que floreció al final del Antiguo Régimen, cuando aún era innovadora, fue adormecida durante la Revolución, porque rechazaba la libertad de asociación, y caporalizada durante el Imperio, en nombre del rechazo del pensamiento individual, quiso, (con una real recuperación de energía entre las jóvenes generaciones por las sociedades secretas, el iluminismo y el neotemplarismo,) renacer y desarrollarse de una manera diferente, marcada por ideales trascendentales, en particular la irresistible búsqueda de la filosofía, del Conocimiento y de la Verdad, mediante el intercambio y el diálogo, el rechazo del dogma, la afirmación del relativismo y la práctica de la tolerancia, que caracteriza a la libertad de pensamiento. Un corpus que deseaba a partir de entonces que la historia fuese hecha por los individuos y no por los sistemas religiosos y políticos, más o menos estancados y que en lo sucesivo podían ser cuestionados o puestos en tela de juicio.
Placa en memoria del marqués de Grasse-Tilly Una de las principales lecciones del Romanticismo fue que el hombre quería ser dueño de su propio destino, dispuesto a vivir su vida en acción y no ya el siervo pasivo de un sistema, probablemente porque, entre otras razones, al pasar del siglo XVIII al XIX, el mundo se había abierto totalmente, no sólo en su realidad física, sino también en su plenitud intelectual y filosófica. Todo ello condujo probablemente a la creación de la Gran Logia Central de Francia, obra conjunta de la aristocracia liberal y la burguesía ilustrada, de la que pronto surgirían, como de una crisálida inesperada, la mayoría de las ideologías políticas y filosóficas del siglo XIX. Y éste era el sentido de todas esas individualidades románticas que pudieron ser masones en aquella época, como Lucien de Rubempré de Las ilusiones perdidas de Balzac (hijo de un masón, por cierto), Edmond Dantès de El conde de Montecristo de Dumas, o Fabrice Del Dongo de La cartuja de Parma de Stendhal, quien, quisiera recordar de paso, era un hermano, y por tanto quizá su héroe como él. En efecto, ¿no era necesaria una buena dosis de idealismo, de coraje y de libertad en un joven de la época post napoleónica para iniciarse en la masonería y desafiar así a una Iglesia particularmente reaccionaria que acompañaba los comienzos de lo que se llamaría el Orden Moral, y para asociarse con hombres al margen de las conveniencias, hoy simpatizantes del carbonarismo, mañana del fourierismo, del san simonismo, del proudhonismo y de otros utopistas o socialistas? ¿Y despreciar la idea totalmente infundada de que la masonería fomentó y puso en práctica el complot de la Revolución Francesa para arrebatar el trono y el altar, que apareció y se desarrolló al mismo tiempo entre algunos eclesiásticos ultramontanos de espíritu exaltado? ¿Son hoy los francmasones escoceses de Europa los últimos románticos de nuestra sociedad contemporánea egoísta, materialista y desculturalizada?
“El cuarto pilar de la Masonería es el Humanismo”
Siempre lo he pensado y lo sigo pensando, en el sentido de que creemos ante todo que, mediante la práctica del humanismo iniciático, el hombre, con sus debilidades y sus fuerzas, es siempre perfectible.
Para concluir esta lectura, propongo un texto que, si no resume todo lo que acabo de decir, al menos lo ilustra perfectamente, a saber, los artículos primero y segundo de los estatutos del Colegio Soberano del Rito Escocés para Bélgica. Y esto, no sólo porque no quiero ser chovinista, como lo somos demasiado a menudo los franceses, siempre queriendo dar lecciones a los demás, o porque nuestra Hermana Bélgica es efectivamente el corazón de nuestra Europa actual, sino porque su redacción me parece particularmente ejemplar. Se la doy sin comentarios superfluos, en toda la pureza de su redacción: La Francmasonería es una institución que asocia fraternalmente, sin distinción de opinión filosófica o religiosa, de raza, de país, ni de rango social, a hombres de los cuales ella conoce la sinceridad, la madurez, la firmeza y la dignidad y a los que une en una comunidad de propósito, de actividad y de ideal. Su objetivo es, mediante el método iniciático y el lenguaje simbólico que le son propios, mejorar a sus adeptos y hacerlos más ilustrados, razonables y fuertes, incitarlos a la investigación e inspirarles la voluntad de trabajar juntos e individualmente por la liberación, el progreso y la felicidad de los hombres. Sin expresar ni invocar ningún dogma, forma así una sociedad selecta de probidad y libertad, que, unida por sentimientos de tolerancia, igualdad, justicia y amistad mutua, ejerce la beneficencia en el sentido más amplio. El Rito Escocés, heredero de las tradiciones masónicas cuyos principios conserva, participa así de la naturaleza y del carácter esencial de la institución, por su contribución a la evaluación del pensamiento y, en particular, a la idea de que el hombre honesto no debe aceptar más que lo que su conciencia puede admitir. La Biblia y las nociones del Gran Arquitecto del Universo y de la Inmortalidad del Alma, como cualquier libro, objeto oinstrumento que los talleres puedan utilizar, no pueden dar lugar a ninguna existencia dogmática; nada, y en particular ningún juramento, puede pretender implicarla.
*Artículo cedido por la Gran Logia de Francia
Venerable Maestro
Los fundamentos del Rito Escocés Antiguo y Aceptado
Por Jean Paul Vannouque
Qué hermosa historia que la de este rito de 25 grados, nacido en Europa, que fue a las Américas con Étienne Morin en 1762, y llevó, en 1801, a la creación, en Charleston, de un "Supremo Consejo de la jurisdicción del sur". A finales de 1804, nació en Francia el Rito Escocés Antiguo y Aceptado, enriquecido a 33 grados, cuando, a su regreso de América, nuestro hermano Grasse-Tilly creó el Supremo Consejo del grado 33º en Francia mencionado en el Concordato del 5 de Licencia otorgada a Etienne Norin diciembre de 1804. En 1808, el nombre se estableció en: "antiguo rito escocés aceptado", y se mencionó en el acta de la Constitución General de la Orden firmada el 3 de diciembre de 1804 en la casa del mariscal Jean-Paul Vannouque Kellerman. La masonería, nacida en Europa y que se fue al Nuevo Mundo, nos regresó más rica, mostrando la fuerza de la cadena de los masones a través del mundo y de las culturas, y el enriquecimiento de las fertilizaciones recíprocas que refuerzan la universalidad del Rito.
“Este Rito, el Rito Escocés Antiguo y Aceptado, constituye un "vehículo" que la Obediencia proporciona a nuestra "Alianza universal de hombres ilustrados, agrupados para trabajar juntos en el perfeccionamiento intelectual y moral de la humanidad”” La definición y codificación del Rito Escocés Antiguo y Aceptado experimentarán una gestación bastante lenta, ya que no fue hasta 1805 que se publicó la versión, calificada de francesa, de las Constituciones de 1786.
El Muy Ilustre Hermano Claude Colin señala que el término rito aparece por primera vez en el "Reglamento General de los Capítulos Escoceses" firmado en Aviñón el 26 de enero de 1775, y el concepto de rito se generalizará a principios del siglo XIX. La palabra "Ritual" se vuelve a encontrar bajo la pluma de JeanBaptiste Willermoz en 1782.
Este Rito, el Rito Escocés Antiguo y Aceptado, constituye un "vehículo" que la Obediencia proporciona a nuestra "Alianza universal de hombres ilustrados, agrupados para trabajar juntos en el perfeccionamiento intelectual y moral de la humanidad", como lo precisa la instrucción al Primer Grado. En sánscrito, la palabra Rito, "rita», significa "la fuerza del orden cósmico y mental". Los griegos lo designan como "thesmos", lo que posa, lo que establece. Y, de hecho, el Rito instaura efectivamente la Orden, una orden que trasciende el espacio y el tiempo, y que permite al iniciado, al pasar de un grado a otro, despertar en él, nuevos niveles de conciencia, y le ayuda a intentar alcanzar las metas asignadas al trabajo masónico.
Escuadra y Compás grabados en piedra Ya que, nunca olvidemos que los fundamentales son los valores e ideales de la Francmasonería. Tanto el Rito como los rituales están al servicio de estos objetivos superiores que constituyen los propósitos de nuestra búsqueda. Miembros de una orden iniciática, tradicional y universal, basada en la Hermandad, todos los Francmasones comparten el hermoso objetivo de contribuir al perfeccionamiento de la humanidad tanto a nivel espiritual, intelectual como material. Para ello, el iniciado comenzará trabajando para conocerse mejor y desarrollar, en él, ante todo, las virtudes de tolerancia, de amor y de apertura a los demás.
“El Rito instaura efectivamente la Orden, una orden que trasciende el espacio y el tiempo, y que permite al iniciado, al pasar de un grado a otro, despertar en él, nuevos niveles de conciencia, y le ayuda a intentar alcanzar las metas asignadas al trabajo masónico”
Nunca consagrando su acción en lo efímero o lo temporal, el Rito Escocés Antiguo y Aceptado muestra decididamente su apertura a lo universal; también forma parte de la milenaria tradición de los constructores y su masonería operativa, quienes realizaban en sí mismos como en sus obras el equilibrio "fuerza, sabiduría, belleza" a través de una búsqueda perpetua de la verdad. Nuestro Rito también hace suyo, en concordancia con el discurso del Caballero de Ramsay de 1736, el legado esencial de la caballería y su tradición, muy presente en el corazón de nuestros rituales.
Rico y fuerte de estos legados, el alcance atemporal del Rito Escocés Antiguo y Aceptado me parece, sobre todo, ser el fruto de una integración exitosa entre las tradiciones milenarias que fundan parte de su base, y las principales contribuciones de las múltiples corrientes de pensamiento de los filósofos del siglo de las luces. La fusión de estas huellas filosóficas y espirituales de la humanidad permite a cada Francmasón, basándose en el Rito y sus rituales, encontrar su camino único, cualquiera sea su origen social o cultural, ya sea que viva en Europa o en otro continente o que se reconozca o no en una religión.
Portador de los elementos de la iniciación, el Rito Escocés Antiguo y Aceptado se basa en la historia, en textos fundadores y en criterios de regularidad.
La referencia a los textos fundadores, reconocidos por todos los Supremos Consejos, es uno de los primeros criterios de regularidad. Los más importantes de ellos, que Philippe Langlet ha reunido en su obra homónima, son nuestra base de referencia y nuestros Supremos Consejos siguen siendo sus garantes.
“Portador de los elementos de la iniciación, el Rito Escocés Antiguo y Aceptado se basa en la historia, en textos fundadores y en criterios de regularidad”
El Rito Escocés Antiguo y Aceptado también se arraiga en la Tradición, una palabra cuya etimología remite a "tradere" que significa transmitir. Esta ocupa un lugar central en el Rito Escocés Antiguo y Aceptado, calificada, a menudo, con el adjetivo "viva" como en el ritual de instalación del Colegio de Oficiales: "Qué nuestras venerables Tradiciones puedan seguir vivas", o, más abajo, "¿Jura usted mantener viva nuestra Tradición en el trabajo de la Logia y así defender su perennidad?».
Grabado de una Tenida Masónica (siglo XVIII)
La perennidad fundamental del Rito Escocés Antiguo y Aceptado se apoya en una Tradición que debemos mantener "viva" basándose en el siguiente fondo común: el Conocimiento que los hombres se siguen transmitiendo de época en época, en un intento por responder a las preguntas, eternas para todos, del sentido de la vida. La masonería, portadora de la vida en el sentido más noble de la palabra ya que es portadora de la vida del espíritu, hace de cada iniciado el depositario de un pedazo de esta vida. Transmutado en un "relevo transmisor", el iniciado se compromete a asegurarse de su transmisión, y se convierte en el garante de la universalidad de un mensaje basado en los valores fundamentales y en los principios de un orden universal.
Si bien la vivacidad y la perennidad de la tradición son esenciales, de ninguna manera han de ser un obstáculo a las evoluciones necesarias para que el Rito Escocés Antiguo y Aceptado esté en armonía con su tiempo. Jean Jaures decía: "La tradición no consiste en conservar las cenizas, sino en preservar la llama"
y Benjamín Disraeli explicaba: "Conservar es preservar y reformar". Sin embargo, cualquier evolución tendrá que permanecer controlada, ha de constituir una "fertilización", una evolución relevante, y evitar cualquier alteración de los objetivos que subyacen en nuestra acción de Francmasón del Rito Escocés Antiguo y Aceptado.
Tenida Ritual Otro punto fundamental: la práctica del Rito, actualización de la Transmisión, se apoya en los Rituales, estos conjuntos de reglas que codifican los gestos, los movimientos de los participantes en la puesta en obra de nuestras ceremonias, por eso llevan muy bien el nombre de tenidas "rituales". A través de estos rituales, he aquí el iniciado caminante, a lo largo de sucesivas iniciaciones ricas en experiencias de vida para meditar gracias a múltiples personajes, mitos, leyendas, lugares y situaciones. Durante todo el viaje del Francmasón, hablamos de iniciación artesanal, iniciación caballeresca e iniciación sacerdotal.
“El Rito propone esclarecimientos, pero nunca ordena. Se dirige a iniciados voluntarios, que gozan de total libertad de pensamiento y de conciencia, condiciones esenciales para el progreso del iniciado”
Los rituales proporcionan un "método" que acompañará al iniciado en una progresión iniciática gradual, otro criterio fundamental de la regularidad del Rito Escocés Antiguo y Aceptado. Estos rituales, verdaderas guías prácticas, aseguran que el trabajo realizado encaje bien en el espíritu de nuestros valores morales y humanistas que deben permitir el progreso de la humanidad, a través de la obra de una cadena ininterrumpida de fraternales iniciados.
El Rito propone esclarecimientos, pero nunca ordena. Se dirige a iniciados voluntarios, que gozan de total libertad de pensamiento y de conciencia, condiciones esenciales para el progreso del iniciado. Nuestras aclamaciones proclaman en voz alta la divisa "libertad, igualdad, fraternidad".
Si no se le impone nada, al Francmasón se le asigna no obstante un deber: el de respetar, además de los objetivos y valores que componen el "centro" de nuestro trabajo, los 7 criterios de regularidad finalizados en 1996 en París, y luego en 2012 en Nápoles en la reunión de los 37 supremos consejos, y cuyo incumplimiento haría perder al Rito Escocés Antiguo y Aceptado su identidad.
La invocación del Gran Arquitecto del Universo, La presencia del Volumen de la Ley Sagrada, que en el Rito Escocés Antiguo y Aceptado es la Biblia, La referencia a los textos fundadores del rito, El uso de las divisas ardo ab chao y deus meumque jus, El respeto por el enfoque iniciático de grado en grado, La obligación de no ser mixtos, el carácter espiritual, no religioso y no dogmático del enfoque.
Detengámonos a examinar la invocación del Gran Arquitecto del Universo.
En la Europa anterior al siglo XVIII, casi exclusivamente cristiana, la referencia máxima era Dios. Los documentos originales muestran que las obligaciones de los masones “En la Europa anterior al siglo XVIII, casi exclusivamente cristiana, la referencia máxima era Dios”
operativos se juramentaban ante Dios, y sobre la Biblia. Nacida en un entorno cristiano, la Francmasonería permaneció en ese ámbito hasta aproximadamente la mitad del siglo XIX y todavía en el mundo anglosajón.
En las tradiciones auténticas, la estructura ritual implica la referencia a un Principio que trasciende el origen de todo. El Rito, forma de volver a este Principio, sólo puede ser de esencia espiritual. En él se aboga por la supremacía del Espíritu sobre la Materia, y, como dice René Guénon, "sólo puede ser verdaderamente tradicional lo que implica un elemento de orden trascendente y no humano".
Recordemos esquemáticamente que Escocia e Irlanda van a conservar los usos definidos por la masonería simbólica tradicional que llamamos habitualmente masonería de los Antiguos, la que se opondrá rápidamente a la de los ingleses, llamada masonería de los modernos, con la obra de Laurence Dermott y su obra "Ahiman Rezan", y la del pastor Anderson, este moderno quien, por primera vez, hace mención del Gran Arquitecto del Universo en sus constituciones de 1723.
La frase "A la gloria del Gran Arquitecto del Universo, que es Dios" aparece en el primer capítulo de un texto atribuido a James Anderson de título "Obligaciones de un masón", un texto a menudo citado como el origen de la llamada masonería moderna. Esta masonería, compuesta por miembros cristianos, probablemente protestantes, nació en Londres en 1717 bajo el liderazgo de Theophile Desaguliers y de la fuerte presencia intelectual de Isaac Newton y de la Royal Society.
Haciendo suya la esencia de la Gran Tradición Universal, el Rito Escocés Antiguo y Aceptado, se arraigó firmemente en la tradición escocesa, ya que se constituyó a partir de los regímenes escoceses del siglo XVII, su primer ritual conocido, el Manuscrito de los Archivos de Edimburgo, data de 1695.
La división continúa hasta nuestros días, ya que la masonería anglosajona sigue siendo teísta, mientras que la masonería del Rito Escocés Antiguo y Aceptado, abierta a la filosofía de las luces y fiel a la "Declaración de Principios" del Convento de Lausana, respeta la libertad total de conciencia de los hermanos, y permite a cada uno interpretar libremente el término Gran Arquitecto del Universo.
Al teísmo que expone la creencia en un Dios revelado, el deísmo le contrapone lo que llaman el Dios de los filósofos en lugar del Dios de las Escrituras, oponiéndose a la existencia de un poder superior, o Principio creador, por lo que no se une a ninguna creencia en un dogma en particular.
Se podría hacer la hipótesis que el sistema iniciático del Rito Escocés Antiguo y Aceptado funciona como un deísmo, o defiende que el deísmo está anclado en el Rito, ya que el Rito impone un principio superior que no vincula a ninguna creencia; el Gran Arquitecto del Universo hace eco del Principio Creativo de la filosofía del siglo XVIII, y de ninguna manera se refiere al teísmo o a una creencia en una divinidad.
Entre los textos fundamentales, después del poema Regius escrito alrededor de 1390 y que sigue siendo el documento más antiguo que traza los usos y tradiciones de la masonería operativa inglesa, el manuscrito Cooke coloca la masonería en la confluencia de la razón y de la libertad por un lado, y la búsqueda de la trascendencia por el otro.
En el Rito Escocés Antiguo y Aceptado, invocar y glorificar el Gran Arquitecto del Universo es referirse a un símbolo trascendente, cuya interpretación se deja a la libertad de conciencia de cada uno. Trabajar a la gloria del Gran Arquitecto del Universo es celebrar la gloria de un principio, Gran Arquitecto, y glorificar, en este sentido, un proceso de ordenación y armonización.
“El hombre postula la idea de un Gran Arquitecto que es la razón de ser de la naturaleza misma”
Algunos pueden verlo como el "Ser Supremo" del preámbulo de la Declaración de Derechos Humanos y Ciudadanos de 1789, o el relojero de un Voltaire a quien el universo "molesta" y quien es reacio a aceptar "que este reloj funciona sin que haya un relojero". Algunos verán el Gran Arquitecto de Emmanuel Kant en su "Crítica de la Razón Pura" cuando dice: "El hombre postula la idea de un Gran Arquitecto que es la razón de ser de la naturaleza misma". Y es también, para nosotros Francmasones, el Gran Arquitecto de la Declaración de Principios adoptada en 1875 en el Convento de los Supremos Consejos en Lausana y cuyo informe dice: "La masonería proclama, como proclamó desde su origen, la existencia de un principio creador bajo el nombre de Gran Arquitecto del Universo".
Más de un siglo después, en 1996 en París, ocho Supremos Consejos del Rito Escocés Antiguo y Aceptado reafirmaron el carácter simbólico del Gran Arquitecto del Universo como principio creador.
En total libertad de conciencia a lo largo de su búsqueda espiritual, en plena independencia de las religiones y respetando sus propias convicciones, el iniciado del Rito Escocés Antiguo y Aceptado, a diferencia de un creyente frente al dogma, no debe adoptar una actitud sumisa, sino el enfoque activo y efectivo que pusieron en prueba constructores y caballeros.
No hay necesidad de reabrir aquí la disputa de la primacía entre la existencia y la esencia, ni de tratar de decidir el debate entre Jean-Paul Sartre y los otros existencialistas, o con aquellos, como Albert Camus, que no aceptaron ser así etiquetados. La pregunta central que nos surge a nosotros Francmasones, es la de la amplitud de la libertad del iniciado en su enfoque. ¡Libre albedrío y determinismo, ojalá fuera una vieja pregunta filosófica!
Es en un enfoque totalmente adogmático, otro criterio de regularidad del Rito Escocés Antiguo y Aceptado, que trabajaremos con el simbolismo, clave para el acceso al conocimiento iniciático. El Muy Ilustre Hermano Hubert Gréven señala que el escocismo difiere de las religiones, y recuerda que "los símbolos son analizados, discutidos o incluso desafiados a veces, pero todos sabemos que estos son sólo medios para lograr el Conocimiento final.
No son reveladores directos de la Verdad. No son de ninguna manera restrictivos y jamás constituyen dogmas".
De todos modos, podemos decir que, si bien es muy posible imaginar una masonería sin Dios, no es posible pensar en la Francmasonería sin relación con la trascendencia.
La idea de trascendencia representa un desafío al pensamiento lógico y racional. En "Le Hasard et la Nécessité" (El azar y la necesidad"), Jacques Monod escribió en 1970: "Tal vez más que de una "explicación" que la ética del conocimiento no puede dar, ¿acaso el hombre necesita superación y trascendencia?" y, además, "ningún sistema de valores puede pretender constituir una verdadera ética a menos que proponga un ideal que trascienda al individuo hasta el punto de justificar, si es necesario, que esté dispuesto a sacrificarse por él." Jacques Monod concluyó: "Ni como su destino... el deber del hombre no está escrito en ninguna parte. Depende de él elegir entre el Reino y las tinieblas."
En su diccionario filosófico, André ComteSponville habla de la trascendencia como lo que es exterior y superior al mundo. En este sentido, Dios es trascendente, y sólo él puede serlo. El camino propuesto por el Rito Escocés Antiguo y Aceptado no me parece ir en esa dirección.
“André Comte-Sponville habla de la trascendencia como lo que es exterior y superior al mundo”
La trascendencia del Rito Escocés Antiguo y Aceptado no significa lo que es exterior y superior al mundo, sino lo que nos es interior, lo que está en nosotros: "Reciba este arreo que lleva la Plomada, símbolo de la búsqueda de la Verdad en las profundidades donde se esconde, así como también el de la elevación de los sentimientos masónicos hacia las alturas. Tanto arriba como abajo, descubrirá la Belleza del Espíritu y del Corazón", tal como se nos dice en el ritual de instalación del Colegio de Oficiales.
La evocación de "la búsqueda de la Verdad en las profundidades en las que se esconde" se refiere a la búsqueda de la trascendencia que va a imponerse poco a poco al hombre que toma conciencia de orientarse hacia la verdad y la perfección. Esencial en el enfoque del Rito Escocés Antiguo y Aceptado, esta búsqueda también se apoyará en un trabajo basado en el simbolismo.
Charles Baudelaire es quien escribe "Naturaleza es un templo donde vivos pilares/ dejan salir a veces sus confusas palabras; entre bosques de símbolos el ser humano cruza,/ mientras estos le observan con ojos familiares."
El simbolismo nos sirve para buscar lo universal en todas las enseñanzas, mitos, experiencias de vida, propuestos a nuestra reflexión.
El simbolismo de la construcción del templo y las herramientas permitirán al iniciado trabajar para ir "al descubrimiento de su alma" como dice Carl Gustav Jung, gracias al método masónico que combina simbolismo y pensamiento analógico.
La función del símbolo, según Mircea Eliade, es revelar una realidad inaccesible para otros medios de conocimiento.
Porque su característica es mantener un contenido abierto, capaz de múltiples significados, dependiendo del nivel de conciencia y experiencia de la persona que lo trabaja. Se asiste al paso de un objeto significante en su correspondiente significado, de la herramienta al concepto, de la herramienta al sentido iniciático que todo el mundo percibe de manera personal. Lejos de cualquier pensamiento único o enseñanza dogmática, conservamos en común el espacio y la estructura, es decir, la Logia masónica en la que se ejerce la transferencia del significante al significado, mientras que lo que cada uno percibe, le es propio, según su personalidad, su sensibilidad, su creencia o no en una religión, según su nivel de conciencia masónica, la que permanece en completa libertad, sin referencia a ningún dogma.
Si la Francmasonería del Rito Escocés Antiguo y Aceptado está libre de cualquier religión revelada, ¿por qué escoger el Volumen de la Ley Sagrada que es la Biblia como cepa, y colocarla en el altar de los juramentos de nuestras logias?
La Biblia es uno de los "libros tradicionales" aceptados para la prestación de juramento durante la ceremonia de iniciación, junto con las Vedas del Hinduismo, el Tripitaka del budismo, el Corán de los musulmanes, el Tao Te King de los taoístas, los Cuatro Libros de la Doctrina de Koung-Fou-Tseu y el Zend Avesta del zoroastrismo. La biblia se puede llamar "libro tradicional"
porque vehicula la tradición, es decir, la vida del espíritu, y, como cualquier libro tradicional, refleja las respuestas proporcionadas por un pueblo o una civilización a las preguntas universales que plantea la humanidad. Además, la Biblia proporciona a nuestra reflexión muchas leyendas y mitos que se refieren a la construcción del Templo de Salomón.
El Muy Respetable Hermano Richard Dupuy, pasado Gran Maestro de la Gran Logia de Francia, define así el significado de esta referencia a la Biblia como Volumen de la Ley Sagrada: "La Biblia no es, para el masón, ni narrativa histórica ni tratado teológico. Es el símbolo de la ley viva. No es objeto de controversias tediosas y estériles, sino una fuente de inspiración y reflexión. Representa el enfoque de la humanidad, abriéndose camino en el terreno de las realidades, gracias al motor de lo espiritual y por el esfuerzo obstinado de su razón, intuición e imaginación.»
Por lo tanto, es la Ley lo que es sagrado y no el Libro. Es con este libro, el primer libro impreso por Gutenberg, el libro más universal y conocido por las sociedades europeas que construyeron el Rito, que el profano tomará cada uno de los juramentos que marcarán su progreso como iniciado al Rito Escocés Antiguo y Aceptado.
La Biblia, el volumen de la Ley sagrada colocado en el altar de los juramentos, asociado con la escuadra y el compás para formar las tres Grandes Luces, se convierte así en una herramienta que simboliza lo finito y lo infinito, lo material y lo espiritual. En el mismo sentido, si escuadra y compás, herramientas transmitidas por los masones operativos constructores de edificios sagrados, conservan su significado como herramientas de construcción, para los especulativos que somos, la asociación de estas herramientas con la Biblia orienta esta construcción vinculándola al Principio Creador, dándole sentido y propósito iniciáticos. Escuadra, compás y Biblia se vuelven así inseparables en el enfoque del Rito Escocés Antiguo y Aceptado, y, al "trabajar juntos en el perfeccionamiento intelectual y moral de la humanidad", se nos invita pues, a construir un templo, pero un templo de piedra viva y esto, a partir de la obra de rectificación empezada en el primer grado.
Otro criterio de la regularidad del Rito Escocés Antiguo y Aceptado es el uso de las divisas Ordo ab chao y Deus Meumque jus, cuya historia parece admitir que aparecen en la Circular de los dos hemisferios del 4 de diciembre de 1802 publicada por el primer Supremo Consejo de Charleston.
Aceptada durante la organización del Rito en 1786 en Berlín, la presencia de Ordo ab Chao en todos los documentos de la Gran Logia de Francia fue decidida por el Convento de 2014. Los Reglamentos Generales especifican que "Ordo ab chao" es la divisa del Rito, y "Deus Meumque Jus" es la de todos los Supremos Consejos.
El significado de "Ordo ab Chao" difiere según la traducción dada a la preposición latina "ab". Puede significar, dependiendo del sentido convenido, "el Orden más allá del caos", "el Orden a partir del caos" o "el Orden por el caos", lo que destaca varios enfoques de los procesos que asocian orden y caos.
Cual sea el sentido convenido, encontramos en filigrana el Principio del Gran Arquitecto del Universo. La proclamación de la existencia de un Principio sobreentiende que, al nacer nuestro universo, "algo"
poseía la potencialidad para comenzar. Al elegir "Ordo ab Chao" como divisa, el Rito Escocés Antiguo y Aceptado afirma la existencia de un Principio de Orden que actúa en el universo.
Cincel Durante nuestra iniciación, nos descubrimos piedra bruta que el Rito nos invita a tallar. Se nos pide en tanto que material y artesano, a la imagen del demiurgo de Platón, que trabajemos para ordenarnos y armonizamos, tomando conciencia de que "el orden es infinitamente mejor que el desorden". Gracias a este trabajo bajo la égida de la perpendicular que recuerda el "Conócete a ti mismo y conocerás el universo y los dioses", al comenzar consigo mismo, elemento microcósmico del Gran Todo, se invita al iniciado a ir al descubrimiento de las "leyes profundas del Cosmos". Porque en filigrana se evoca la correspondencia entre el macrocosmos y el microcosmos, entre el Cosmos y el hombre que ha de interrogarse sobre la conducta debida para hacer suyo el orden y la armonía que resultan del conocimiento de estas "leyes profundas" cósmicas. Así se cierra el círculo, llegamos a ser el arquitecto de nuestra propia arquitectura interior, y hacemos operativo la divisa "Ordo ab Chao".
"Deus Meumque Jus", "Dios y mi derecho", se convierte en la divisa de la monarquía británica con la llegada al trono de Enrique V, y la lengua francesa es adoptada por la élite inglesa. El S.C.D.F. nos dice que esta divisa evoca la doble naturaleza del hombre: "divina, que deriva del Ser universal del que procede, y humana, sometiendo sus acciones a la única determinación de su conciencia como hombre libre". Si, en la época, Dios sigue siendo una referencia para muchos, desde aquel instante nos encontramos bajo los auspicios de la razón, "mi derecho" refiriéndose a un "derecho subjetivo", atributo de un sujeto de derecho, persona física o moral.
“"Deus Meumque Jus", "Dios y mi derecho", se convierte en la divisa de la monarquía británica”
Amenudo se recuerda al iniciado que sólo sabe deletrear, que la orientación espiritual de una tradición no se "da", como querían los malos compañeros, y que se necesita tiempo para llegar a ser Francmasón. Como el sentido se revela paso a paso, el Rito Escocés Antiguo y Aceptado ha adoptado, como otro criterio, que el progreso se realice paso a paso, en respeto de un enfoque iniciático de grado en grado. Para ello, propone un camino de 33 grados que permita, a través de un trabajo evolutivo, pasar de lo material a lo espiritual, dominarnos primero nosotros mismos y nuestras pasiones, para luego contribuir a la construcción del templo de la humanidad al tener acceso a la comprensión de las "leyes profundas del Cosmos" y así poder actuar entonces de acuerdo con estas leyes.
Inspirado por la construcción del Templo de Jerusalén, el enfoque conjuga la construcción de sí mismo y la construcción del templo, comprometiendo al iniciado, fiel a sus juramentos y compromisos, a seguir un largo camino de verdad, justicia y sabiduría, que paso a paso le permitirá alcanzar nuevos niveles de espiritualidad y conciencia, y progresar en "grados y cualidades". Como señala el Maestro Hiram, es perseverando en la obra que se adquiere la maestría, no por la transmisión de un conocimiento "clave en mano".
Además, la construcción personal no puede ser abstraída del colectivo, porque nuestro enfoque pone en paralelo el trabajo personal y colectivo, en un proyecto que tiene como objetivo mejorar la humanidad entera, y cuyo aspecto individual está lejos de ser lo esencial. Este trabajo colectivo sigue siendo en la Gran Logia de Francia un trabajo entre hombres, ya que la no mixticidad constituye uno de los criterios fundamentales de nuestro Rito, aunque mantengamos las mejores relaciones con nuestras hermanas de la GLFF.
Conclusión: Me pregunto en esta etapa de nuestra reflexión, si siempre nosotros, mis Muy Queridos Hermanos, prestamos atención a estas palabras del ritual de apertura: "Puesto que es la hora..., todo está conforme al Rito, ... voy a abrir los Trabajos de esta Respetable Logia". Nos recuerdan la importancia de la conformidad con el Rito, este "sistema que codifica el simbolismo masónico y su revelación gracias a la iniciación", como se afirma en la enciclopedia de la Francmasonería.
Porque es la conformidad con el Rito lo que hace de nuestras tenidas un espacio y un tiempo diferentes a las reuniones profanas, y que nos permite acceder a un espacio y tiempo sagrados que le van a dar cobijo a nuestros trabajos, creando así una transmisión vertical que forma parte del Principio que la funde, y una transmisión horizontal que se sitúa en el tiempo.
El Rito Escocés Antiguo y Aceptado está profundamente arraigado en la historia y la tradición, y esta reflexión sobre los fundamentos del Rito nos llama sobre todo a la modestia, ya que solamente seremos por siempre eternos "buscadores".
Nos encontramos en un momento en que el mundo ve tambalearse valores que creíamos inmutables: la idea del progreso en beneficio de todos, de la fraternidad, de la obstinada preservación de una paz ganada a tan alto precio tras dolorosos acontecimientos, que dieron lugar al deseo de los padres fundadores de crear una Europa unida, garantía de paz, progreso y fraternidad. De repente, tanto en el mundo como dentro de una Europa unida, aparecen los fanatismos y los deseos de supremacía, que hacen cada vez más necesario ver nuevos iniciados tomar sus puestos de eslabones en nuestras logias y en la historia del mundo, para evitar, como dice Albert Camus, "que el mundo se deshaga" y para contribuir a mejorarlo.
Sin miedo a la dualidad que nos constituye, trabajemos, cultivemos nuestro jardín interior en un trabajo de sí mismo sobre sí mismo, volvamos a encontrar nuestro centro, fortalezcamos los lazos entre nosotros, sin dogmatismo y respetando al otro, y, orgullosos de nuestra misión de trabajar en beneficio de la humanidad, continuemos fuera con orgullo, mis Muy Queridos Hermanos, la obra comenzada dentro.
*Artículo cedido por la Gran Logia de Francia Para conservar perennes los eslabones de nuestra cadena fraternal es importante dedicar un tiempo a pulir el conocimiento desde nuestra columna del Mediodía.
Venerable Maestro
El Convento de Lausana
Por Manuel Según
Elrito Escocés Antiguo y Aceptado nace en Charleston (Carolina del Sur, EEUU) en el año 1801. Su primer nombre era "Real y Militar Orden de la Antigua y Moderna Francmasonería" y reunía los grados practicados en Francia y en las Antillas.
Estos grados se rigen por un Supremo Consejo, formado por Soberanos Grandes Inspectores Generales.
Después de este, en 1804 se crea en Francia un segundo Supremo Consejo.
Creación que se debe al conde de GrasseTilly y que encuentra, desde su inicio, la oposición del Gran Oriente de Francia que quería monopolizar los ritos practicados en el país galo. A este Supremo Consejo se debe la denominación primera de Rito Escocés Antiguo y Aceptado (REAA).
El REAA tiene, a partir de este momento, una sobresaliente expansión que se caracteriza por la aparición de Supremos Consejos en los diferentes países y el reconocimiento y el mantenimiento de Manuel Según relaciones entre ellos. Así, la primera reunión internacional del REAA se produce el 23 de febrero de 1834 en París. Se la conoce como el Tratado de Alianza. Asisten los Supremos Consejos de Francia, Bélgica, Brasil y el “Unido del Hemisferio Occidental”. En este tratado se reitera “la imposibilidad de que exista más de un Supremo Consejo en el mismo país” y que ninguna potencia del REAA pueda “fusionarse con otra potencia masónica que ejerza otro rito”. Además, establece como objetivos el mantenimiento de los dogmas, de los principios y de las doctrinas del rito; mantiene la independencia de los diferentes Supremos Consejos; proclama el reconocimiento de las Grandes Constituciones, Estatutos y Reglamentos del Rito; … Al mismo, se “El rito Escocés Antiguo y Aceptado nace en Charleston (Carolina del Sur, EEUU) en el año 1801. Su primer nombre era "Real y Militar Orden de la Antigua y Moderna Francmasonería" y reunía los grados practicados en Francia y en las Antillas”
adhirieron después los Supremos de Italia, del Reino de las Dos Sicilias y de España. Sobre el año 1854, el REAA estaba consolidado. Para ello, se había visto la necesidad de depurar y revisar su doctrina y sus normas para que nadie pudiera dudar de su pureza y así terminar con leyendas mal fundadas y la existencia de una jerarquización pretenciosa que afectaba al rito.
Así se ve, como el REAA se va organizando progresivamente a través de distintos grados que se sintetizan a partir de dos fuentes principales que son consideradas sus textos fundacionales: las Constituciones y Estatutos de Burdeos (1762) y las Grandes Constituciones de Berlín (1786). Se podría decir, que estas normas son para los grados filosóficos lo que las constituciones de Anderson lo son para la masonería azul o simbólica. Como afirma Hubert Grevén, Gran Comendador del Supremo Consejo de Francia, las Grandes Constituciones de Berlín fijan “las modalidades de creación e implantación de los Supremos Consejos, pues constituían una credencial y un polo unificador en el seno de la familia Escocesa, como consecuencia, inducían al establecimiento de futuras relaciones entre cuerpos masónicos regidos por las mismas leyes”.
“El término del GADU, posiblemente entra en la masonería por influencia de la figura de Calvino sobre Anderson”
Por otro lado, los pastores James Anderson y John Theophilus Desaguliers vivían en una Inglaterra que había sufrido las divisiones religiosas cuando redactaron la "Constitution of the Freemasons" en 1723. Pero a la vez, estos sacerdotes eran miembros de una selecta minoría de intelectuales que utilizaba a la masonería para protegerse de una sociedad empañada por la superstición y en la que no había llegado a calar el racionalismo de Descartes. Por ello, no debe extrañar que el tema del Gran Arquitecto del Universo (GADU) fuera primordial desde el origen en el mundo masónico.
No se debe olvidar que el término del GADU, posiblemente entra en la masonería por influencia de la figura de Calvino sobre Anderson. Así, este último establecerá que un masón "jamás será un estúpido ateo ni libertino irreligioso".
Dios como G.A.D.U. en la Biblia de San Luis (catedral de Toledo)
Por su parte, el 4 de septiembre de 1870, finaliza, en Francia, el periodo conocido como Segundo Imperio.
Momento histórico donde se produce un acusado anticlericalismo dentro de los países católicos y fuertes debates filosóficoreligiosos que causan agitación en la sociedad. Disputas que entra en muchas logias. Así, un importante grupo de masones comienzan a plantearse, en nombre de la libertad de conciencia, la posibilidad de suprimir la obligación de la invocación al GADU.
Estos debates, que son conocidos como “la querella del Gran Arquitecto del Universo” lleva a que el Gran Oriente de Bélgica en 1872 modifique el artículo doce de sus Estatutos y Reglamentos Generales, eliminando la referencia al Gran Arquitecto del Universo y la obligación de invocarlo con el argumento de que este concepto no estaba en consonancia con los principios de libertad de pensamiento y creencia de que la masonería hacía gala. Esta postura genera un huracán dentro del mundo masónico que lleva a una profunda controversia. La posición más tradicional “En 1872 se elimina la referencia al Gran Arquitecto del Universo y la obligación de invocarlo”
afirma que “la creencia en un Ser Supremo era un pilar fundamental de la masonería y sostenían que la eliminación de esta creencia erosionaría su carácter espiritual y moral”. Por su parte, sus defensores argumentan que “la masonería debía adaptarse a un mundo cambiante y permitir la entrada de miembros con diversas perspectivas religiosas y filosóficas”. Esta controversia lleva a cuestionarse los principios más profundos y la identidad misma de la Orden, quedando en entredicho si los principios éticos y espirituales de los que hacía gala podrían, sin una creencia compartida en un Ser Supremo, ser mantenida.
En este ambiente controvertido, el Supremo Consejo de Francia convoca un Convento Universal del REAA en Lausana. Este se celebra del 6 al 22 de septiembre de 1875. La delegación francesa estaba encabezada por su Gran Comendador, Adolfo Crémieux que con sus setenta y nueve años fue el promotor de la organización. La elección de Suiza como país anfitrión se debe a que aunque su Supremo Consejo era de reciente creación, el país era uno de los lugares donde más se habían observado las tradiciones del Rito.
Adolfo Cremieux Además de esta controversia sobre la invocación del GADU, el Convento pretende solucionar las disparidades de criterio sobre no pocas cuestiones que se estaban produciendo entre los Supremos Consejos de los distintos países y llegar a un consenso que satisfaciera a todos. De este modo se revisaron las Grandes Constituciones y se definieron los Principios del REAA. Lo que lleva a que se convirtiera en un evento fundamental en la historia de la masonería.
“De España no hubo representación debido a que en ese momento disponía de Supremos antagónicos”
Sobre el desarrollo de este Convento, se puede decir que es la primera vez que se produce una cita de esta naturaleza e importancia. Se envían invitaciones a veintidós Supremos Consejos reconocidos. Asisten once (Inglaterra, Gales, Bélgica, Holanda, Colón (Cuba), Francia, Hungría, Italia, Perú, Portugal y Suiza). Chile se excusó, pero se comprometió a adherirse a sus conclusiones. Por su parte, los Supremos Consejos de la Jurisdicción Sur de los EEUU, de la República Argentina y de Colombia, que habían dado su conformidad a la conferencia, no pudieron enviar delegado. De España no hubo representación. Ello se debe a que, en ese momento, tenía varios Supremos antagónicos. Lo que provoca que los organizadores no aceptaran la asistencia de ninguno de ellos, en tanto no se dirimiera “el conflicto de legitimidad que los enfrentaba”.
En definitiva las causas que provocaron la necesidad de este convento son: -La querella sobre el Gran Arquitecto del Universo, del que se ha hablado.
La controversia que suscita las constituciones de Burdeos y de Berlín. De las que ya se había discutido en 1813, 1814, 1832 y 1834. Ambas tenían una Ciudad de Lausana en 1875 importante fragilidad histórica además de estar alejadas de la evolución espontánea que había seguido el rito a lo largo de los años. Hecho que creó un conflicto entre la realidad y estos textos constitucionales y obliga a aclarar los fines, la normativa, los usos, los rituales, las joyas, las costumbres, las palabras, los tocamientos y el universalismo del rito.
-La necesidad de que los Supremos Consejos se conocieran e intercambiaran ideas.
-Por último, actualizar el Tratado de Alianza de 1834, aprobado por los Supremos Consejos de Francia, Brasil, Bélgica y del Hemisferio Occidental. Este último de dudosa regularidad.
Durante la celebración del Convento se llevaron a cabo debates muy apasionados e intensos, se presentaron propuestas y se discutieron temas fundamentales como: -Revisión y enmienda de las Grandes Constituciones.
-Proclamación de un Tratado de alianza y Solidaridad.
-Mantenimiento y afirmación del carácter flexible del Gran Arquitecto del Universo. - Reafirmación de la tolerancia religiosa, la unidad de la Orden y la esencia del Rito y de la masonería.
La sesión más importante tuvo lugar el 13 de septiembre de 1875. Momento en el que se sancionan los principios del REAA: -Reconocer en el GADU un principio generador.
No imponer límites a la libre investigación.
-Estar abierta a los hombres de cualquier nacionalidad, raza y creencia.
-Prohibir en las logias toda discusión política y religiosa.
“La sesión más importante tuvo lugar el 13 de septiembre de 1875”
Se debe destacar que el Convento: -Afirma que "a aquellos hombres para los que la religión constituye el consuelo supremo, la Masonería les dice: Cultivad vuestra religión sin obstáculos, seguid los dictados de vuestra conciencia, la Francmasonería no es una religión, no tiene culto; por ello desea la instrucción laica, quedando toda su doctrina contenida en esta hermosa prescripción: ama a tu prójimo”.
- Recuerda que todo masón debe ser para su país "un servidor fiel y servicial; nada tienes que explicarnos. El amor a la Patria es compatible con la práctica de todas las virtudes".
Además, mantiene la divisa universal "Deus Meumque Ius", permite añadir una divisa nacional optativa por cada Supremo, celebra cada cinco años conferencias internacionales, realiza un Tratado de Alianza y de Confederación, deja “a cada Supremo Consejo la libertad para adaptar los rituales y la formulación de los juramentos a las necesidades de su Jurisdicción” y establece una lista de Supremos Consejos regularmente reconocidos: Jurisdicción Sur de los EEUU (Charleston); Jurisdicción Norte de los EEUU (Nueva York), América Central (Costa Rica), Inglaterra; Bélgica, Canadá; Chile, Cuba (Colón), Escocia, Colombia, Francia, Grecia, Hungría, Irlanda, Italia, México, Perú, Portugal, República Argentina, Suiza, Uruguay y Venezuela.
Por último, se aprueba, por unanimidad, un manifiesto, el 22 de septiembre, que incluía una “Declaración de Principios del Rito” que fue redactada por Crémieux personalmente. En síntesis establece que: -La masonería es objeto de injuriosos ataques.
- El análisis de las Antiguas Constituciones lleva a la masonería a la búsqueda de la libertad.
-Afirma que GADU ha dado al hombre el más preciado bien: “la libertad que es patrimonio de la humanidad”.
-Concilia la afirmación de un Principio Creador con el respeto a la absoluta libertad de conciencia.
-Manifiesta que no se impone límites a la búsqueda de la verdad y la exigencia de la tolerancia.
-Está abierta a hombres de todas las razas, creencias y nacionalidades.
-Tiene prohibido la discusión política o religiosa en logia.
-Proclama como fin la lucha contra la ignorancia.
-Es una escuela cuyos fines se resumen en “obedecer las leyes del país, vivir con honor, practicar la justicia, amar a los semejantes y trabajar sin desfallecer por el bien de la humanidad, persiguiendo su emancipación progresiva y pacífica”.
El Convento de Lausana establece la celebración de un nuevo convento en 1878 en Roma o en Londres. A partir de ese momento, se celebraría cada diez años. Pero la no ratificación del tratado por algunos Supremos Consejos, debido a las divergencias que surgieron a volver las delegaciones a sus países, por “la definición arreligiosa del Gran Arquitecto del Universo” que, especialmente, había “desagradado a los Supremos Consejos anglosajones” que lleva a una fractura entre las Jurisdicciones. Por otra parte, la Jurisdicción Sur de EEUU, que se consideraba "Madre de los Supremos Consejos del mundo", rechaza el Tratado de Alianza y de Confederación por considerar un peligro la creación de una superpotencia masónica que podría competir con su pretensión de asumir “la hegemonía de las relaciones internacionales y de imponer sus propios criterios de regularidad y reconocimiento”. Todo ello, hizo que no fuera hasta 1900 en París, con ocasión de la Exposición Universal, que se volviera a reunirse la Confederación Universal de Supremos Consejos del Grado Trigésimo Tercero. A esta le siguió, la de Bruselas (1907), Washington D.C. (1912), Lausana (1922), París (1929), Bruselas (1935), Boston (1939), La Habana (1956), Washington D.C. (1961), Bruselas (1967), Barranquilla (1970), Indianápolis (1975) y otras.
Me gustaría terminar este artículo con las palabras que el Gran Orador pronunció en la apertura del Convento de Lausana el 6 de septiembre. Discurso que debe estar presente en todos los miembros de la masonería y especialmente en los que practicamos el rito Escocés Antiguo y Aceptado: "La tarea de la masonería no ha acabado, sino que empieza. No olvidemos...que la tolerancia es nuestra bandera. Combatamos la ignorancia, combatamos la discordia, combatamos los vicios; pero no condenemos jamás a los hombres, ni aún a los mismos que nos condenan a nosotros. Nuestros enemigos son la ignorancia y las malas pasiones. Los hombres...nuestros hermanos..."
Primer Vigilante
Dos guantes y un mandil
Por Franck Ocaña
Voy a empezar esta plancha con una página de historia personal que me pareció un eslabón necesario, ineludible para mí. Era una fría noche de otoño, en Francia, el último día de noviembre. Mi padre acababa de morir. Esta vez, el mal había sido más fuerte que él y era un anciano exhausto al que la Parca había venido a llevarse, rápidamente, sin agonía, casi por sorpresa... todo un acto de clase... Tras el shock de la noticia, fue la inmensa angustia la que se instaló, cada vez más pesada durante el viaje en coche. Todo iba deprisa, demasiado deprisa... Tenía que llegar hasta él lo antes posible, aunque en realidad ya no me importara... De hecho, me importaba, y mucho, pero no me di cuenta hasta más tarde... Tomé sus manos entre las mías para conservar un poco de él mismo... sólo un poco más...
mientras el calor huía de su cuerpo, inevitablemente, y el frío se apoderaba de sus manos, para siempre... este paso, este Franck Ocaña relevo, me hubiera gustado más tarde, lo más tarde posible, pero estaba ahí, ahora... era el orden de las cosas y tendríamos que seguir con esta indecible sensación de vacío, soledad y tristeza… Y así se fue mi padre. Sus manos, las fieles herramientas que la vida abandonaron, nunca se habían enguantado de blanco, y sin embargo trabajaban incansablemente para alimentar a los suyos y ayudarme a volverme en quien soy; esas manos cariñosas y generosas, firmes cuando tenían que serlo y casi siempre acompañando sus palabras... de hecho, había sido bastante afortunado para mis primeros pasos en la vida. Esa noche, tuve la sensación de «tomar mi turno», no para esperar pasivamente el final del juego, sino en el sentido de una responsabilidad adicional, de la obligación de hacerlo lo mejor posible, de no desperdiciar este precioso tiempo de la vida... Algunos años más tarde, fue mi padrino en la Francmasonería quien tomó el camino del Oriente Eterno, pero ya me había tendido la mano.
Me permitió renacer simbólicamente entre vosotros, estar aquí y ahora, en la Orden, las manos enguantadas de blanco, con un mandil alrededor de la cintura, confiado y sereno, para leeros estas pocas líneas.
Me resultaba difícil empezar a hablar de los guantes blancos de los francmasones sin mencionar las manos, símbolo de la acción humana, que actúan y transmiten a lo largo de la vida. Porque, mientras que en la vida profana solemos hacer lo que podemos, en la Francmasonería debemos dar lo mejor de nosotros mismos. El gesto y la palabra son dos de las grandes conquistas de la humanidad desde el inicio de su desarrollo, y le dan un lugar muy especial en el reino animal. Para el ser humano pensante y actuante, el lenguaje es la manifestación directa de la mente y la mano es su extensión, la herramienta primaria pero esencial para actuar sobre el entorno, para bien o para mal.
“Los guantes blancos son un signo de la rectitud y honestidad de su portador”
Los guantes han formado parte del trabajo humano desde tiempos inmemoriales, y se pueden encontrar en todas las culturas, en la mayoría de los oficios artesanales e incluso en un famoso ratón americano. Por supuesto, no entraré en una lista exhaustiva de ejemplos, ya que hay muchos, y no entraría en el tema de esta plancha. ... Los guantes blancos, al igual que el mandil del que hablaré más adelante, son un signo de la rectitud y honestidad de su portador. Son una parte esencial y complementaria del atuendo francmasónico, simbolizando las exigencias de la purificación. Pero, ¿por qué el blanco? Porque el blanco es la suma de las ondas luminosas de todos los colores del espectro visible, es el portador de luz por excelencia, el omnicolor. En nuestra parte del mundo, el blanco evoca el nacimiento y la pureza, y en alquimia es uno de los tres colores que representan la resurrección, ese periodo en que el alma se libera de la materia. La blancura de los guantes simboliza el candor que debe reinar siempre en el alma de un francmasón y la pureza de sus actos. Los guantes blancos, realzados visualmente por el oxímoron tecnológico de la luz negra, se llevan en todas las logias de todas las obediencias. Más allá de su pureza, evocan el respeto francmasónico y la universalidad, contribuyen a la sensación compartida de calma, serenidad, tranquilidad que se respira en el templo. Solo nos despojamos de los guantes cuando se presta el juramento y durante la cadena de unión en que la energía fluye entre todos los eslabones humanos que somos en ese momento.
Nuestros guantes blancos están provistos de almohadillas separadas para que los dedos se adapten a la forma de la mano. Se dice que los cinco dedos reflejan los cinco sentidos y, en una dimensión cósmica, cada uno tiene un simbolismo planetario particular con su propio resplandor. El índice estaría asociado a Júpiter, el dedo corazón a Saturno y el anular al Sol; mientras que el meñique correspondería a Mercurio, el pulgar a Venus; y la batería, palma con palma, a la Luna. Símbolo del trabajo, las manos con guantes blancos permiten al iniciado alcanzar el cielo en una especie de vínculo entre el espíritu y la materia, pero sin olvidar que es un ser de carne y que sus pies permanecen en la tierra... Los guantes blancos impiden el contacto directo con la materia impura y marcan la pureza exigida por el trabajo ritual, porque los símbolos sagrados no pueden manipularse de la misma manera que los objetos profanos en la vida cotidiana: las manos de un francmasón deben permanecer puras de todo acto censurable, de todo sentimiento vil, protegiéndolas de la mediocridad. Las manos puras hacen actos puros.
“La blancura de los guantes simboliza el candor que debe reinar siempre en el alma de un francmasón y la pureza de sus actos”
En el mundo profano, los guantes aíslan las manos y las protegen de las agresiones externas mecánicas, químicas o térmicas. El aprendiz francmasón debe tallar simbólicamente su propia piedra bruta con paciencia y cuidado y encontrar la luz evitando las ampollas en las manos, pero para él los guantes tienen un papel mucho más sutil.
Las manos simbolizan la acción humana y exteriorizan el trabajo interior.
Los guantes del francmasón guardan en sus manos la energía desordenada de su ser, sus impulsos insuficientemente controlados; para que pueda dominarlos, recomponerlos y filtrarlos mejor. Esto permite trabajar la introspección. Poner en marcha la alquimia personal que le transformará.
Le hará progresar y trascenderá. Es una especie de filtraciónpurificación a través de la cual puede dar lo mejor de sí mismo contribuyendo al progreso de sus hermanos, al tiempo que elimina las virutas indeseables de su piedra bruta. Lo que emana de él, su magnetismo, será transformado, realzado, filtrado y purificado simbólicamente por este color blanco, portador de luz. Ni malas palabras, ni malos gestos, ni malas tendencias. Además, al principio de su camino, el joven francmasón será ayudado por el silencio. Antes de haber alcanzado la madurez necesaria para expresarse no hay que sobrecargarle. Cada cosa a su tiempo. A través de este proceso, cada Hermano trabaja en la edificación de su templo interior a imagen del templo común, obra colectiva. Simbolizado por la actualización de los sentidos durante los viajes y por los guantes blancos el trabajo del iniciado consistirá en romper progresivamente con esta filtración de las percepciones por un cuerpo orgánico que declina con el tiempo.
Idealmente, consistiría en una asimilación directa de la luz y un reconocimiento lúcido de los límites del cuerpo, para superarlos mejor. Quizás una vez que haya llegado al final del camino iniciático, habiendo asimilado plenamente la luz, el francmasón, ya no necesitaría guantes.
“El mandil tradicionalmente confeccionado con piel de cordero evoca la inocencia y el candor y debe ser blanco, inmaculado y puro”
Directamente heredado de las tradiciones artesanales, el mandil evoca el trabajo. Ya lo usaban en el antiguo Egipto los canteros y los constructores de catedrales, por no hablar de los numerosos oficios que lo han llevado, lo llevan hoy y lo llevarán mañana. Originalmente lo llevaban los albañiles operarios y era mucho más grande que el que llevamos en las rutas especulativas. Es inseparable de los guantes con los que hace parte del atuendo del francmasón y tiene una función identificadora porque la llevan todos los hermanos.
Tradicionalmente confeccionado con piel de cordero, que evoca la inocencia y el candor, este ornamento debe ser blanco, inmaculado y puro. Manteniéndolo así, cada uno puede alcanzar la perfección a la que aspiran todos los iniciados. Otros lo ven como el símbolo del cuerpo físico, la envoltura material de la que debe revestirse el espíritu para participar en la obra de la Construcción Universal.
Para concluir, diría que llevar el mandil marca la necesidad de unir la vía operativa con la vía especulativa, la mano con la mente. Refuerza el deseo de todos de participar en el trabajo comunitario y le confiere una identidad iniciática. La unidad del mandil y los guantes blancos, llevados con dignidad cuando se trabaja en tenida, da una impresión de calma y serenidad que favorece la calidad de nuestro trabajo y, aunque los guantes ya no sean completamente blancos al final de la tenida y los mandiles pierdan su brillo con el tiempo, siguen siendo el signo del trabajo realizado, del trabajo plenamente aceptado y nunca soportado.
Más que una institución, más que una tradición, más que una sociedad, la masonería es una de las formas de vida divina sobre la tierra.
Joseph Fort Newton Las columnas aparentemente rotas permanecen erguidas en el Taller y en el sentir de los Hermanos, de aquí y de allá, desafiando al olvido. Los nuestros nunca mueren, solo transitan hacia el Oriente Eterno por un camino de acacias.
Sus vidas quedarán reflejadas en estas páginas como tributo a sus Trabajos en pos de una Humanidad mas justa y ecuánime.
Oriente Eterno
Diego Ponte del Castillo Octavo marqués de la Quinta Roja
Por Esperanza Díaz
La presentación de ¡Luz! en el Parlamento de Canarias estuvo precedida por la visita de la comisión masónica francesa a la villa de La Orotava. Los Hermanos de la Logia Añaza 1, de Tenerife, fueron los anfitriones de la significativa excursión que ofrecieron a Thierry Zaveroni (Gran Maestro de la Gran Logia de Francia), Pierre Marie Adam (Presidente de la CIGLU), Carlos Berástegui (Gran Maestro de la Gran Logia de Canarias) y a otros altos dignatarios tanto franceses como canarios, organizaciones que promovieron el que este monumento sea considerado patrimonio cultural masónico europeo.
Dentro de los lugares orotavenses emblemáticos que visitaron, destacan Los Jardines del Marquesado de la Quinta Roja, que datan del siglo XIX, donde se yergue el mausoleo dedicado al Hermano Diego Ponte del Castillo. La importancia de este conjunto radica en que fue creado como muestra del rechazo de su familia a la intolerancia hacia el pensamiento masón. Actualmente, forma parte del patrimonio cultural masónico Esperanza Díaz europeo, tras la iniciativa promovida por la Gran Logia de Francia, La CIGLU y la Gran Logia de Canarias.
En la excursión se visitaron también varios lugares de interés, siguiendo una ruta que partió de la Plaza del Ayuntamiento, pasando por la Casa Brier, la residencia de los marqueses de la Quinta Roja y el cementerio de la ciudad.
JARDINES Y MAUSOLEO MASÓNICOS Ejemplo pétreo y vegetal de la lucha calmada de la masonería por hacer valer sus más profundas creencias y valores son los Jardines del Marquesado de la Quinta Roja, que se encuentra emplazado a los pies del Teide, en el centro de La Orotava, y dentro de la finca propiedad de los nobles. Su gran belleza no deja impasible al profano, pero para los masones es, además, un paseo en tercera dimensión por los símbolos con los que acompañan sus ritos.
Los Jardines del Marquesado de la Quinta Roja -también llamados Victoria- son unos jardines que, “más allá de su belleza, encierran un pasado repleto de controversia, poder y misticismo, un lugar donde la memoria de una familia noble, el arte funerario y la masonería confluyen en silencio”, según describe Irene Cartaya. La simbología masónica del entorno empieza desde su mismo origen, cuando el arquitecto Adolphe Coquet dibujó un círculo en el terreno a partir del cual se diseñó todo el jardín. Este diseño circular y la disposición de las terrazas contribuyen a crear una experiencia visual y espiritual única. Algunos autores interpretan este diseño como una metáfora de la realización cósmica y humana, reflejando la idea de trascendencia y ascenso hacia el cielo, hacia la “luz”, conceptos fundamentales en la masonería.
Este espacio, de gran valor simbólico y arquitectónico, se compone de siete terrazas escalonadas que culminan en el pequeño mausoleo de mármol blanco –custodiado por ocho columnas corintias-, dedicado al Venerable Maestro Diego Ponte del Castillo. Bajo él, se encuentra la cripta vacía, ya que sus tres bandejas fúnebres nunca albergaron al núcleo familiar del marquesado para el que se construyó.
El mausoleo Ubicado en el interior del jardín, fue diseñado por dos miembros de la masonería, el arquitecto francés Adolphe Coquet y el maestro de obras Nicolás Álvarez, y traído desde Lyon. El primero elaboró para el interior del templete varios bocetos en los que destacaba claramente la simbología masónica, como el emblema de la Logia Taoro 90 (a la que pertenecía Ponte), el pelícano, la escuadra y el compás, la balanza, la cruz templaria y la cuchara de albañil, pero fueron descartados por la marquesa. No obstante, pese a que esta autorizó los símbolos masones en el interior de panteón, algunos autores -tal como explica José Maza-, sostienen que el arquitecto, que además era amigo de su hijo, quiso homenajearlo colocando varios símbolos sutiles alusivos a la orden, como las hornacinas vacías, que se relacionan con el principio de que la masonería se reconoce a sí misma como adogmática y deja libertad de creencia a sus miembros; la forma de la cripta, que según algunos no es casual, o la decoración de la puerta de entrada, decorada con motivos florales que recuerdan la representación del árbol de la vida, símbolo de la existencia terrenal, y la cruz celta. Mientras, en la parte baja, resaltan la letra griega Omega, representación simbólica tanto del final de la vida como de la perfección.
El mausoleo está situado para encarar, desafiante, a las cuatro iglesias que lo circundan. Esta estratégica ubicación fue un acto de rebeldía de la madre de Diego que se enfrentó de esta manera al poder eclesiástico del momento por haberse negado a dar sepultura a su hijo en el camposanto, dadas sus creencias.
La masonería palpita por los rincones de este Jardín El carácter masónico de los Jardines también se manifiesta a través de los senderos, fuentes y vegetación que lo conforman, todos cargados de simbología. Así, la gran cantidad de caminos serpenteantes evoca los avatares de la vida, plagada de curvas y obstáculos que deben ser superados para alcanzar la verdad última. Del mismo modo, destacan las numerosas fuentes, que dejan oír su rumor según se pasea por la Quinta Roja. El agua que cae de ellas recuerda la pureza, la sabiduría y la búsqueda del conocimiento. En cuanto a la cuidada vegetación, formada especialmente por rosas, aligustre y césped, crean un ambiente de paz y tranquilidad, que invita a la reflexión y al recogimiento interior.
Una visión más detallada del conjunto permite observar algunos detalles de especial valor masónico, como la fuente ubicada en la primera terraza; se trata de un elemento crucial en la arquitectura del jardín y simboliza el punto de partida en su recorrido. Esta fuente, con una flor en su centro, representa el origen de un sistema que se expande a través del jardín en círculos concéntricos, creando un camino de iluminación.
La geometría masónica, como elemento guía Si seguimos ascendiendo, nos encontramos con lo que se ha denominado la entrada al templo, formado por bancos circulares con motivos geométricos y las dos columnas. Antes, los bancos estaban colocados delante y simbolizaban la portería, esto es, lo más exterior al templo y que no lo pisa, según la masonería.
Por su parte, los pilares representan a las columnas Jachin y Boaz, que aparecen en el ritual de esta sociedad como entrada al taller de una logia.
Entre los diversos motivos geométricos repartidos por los paseos y los bancos de mampostería, destacan los caminos que lo vertebran, decorados con piedras de colores con formas que representan la dualidad, o la integración de los contrarios, Así mismo, los círculos concéntricos que hay a lo largo de todo el jardín, y especialmente a los pies de la segunda terraza, se asocian al concepto de expansión del conocimiento.
En la zona alta, se alza la gruta o caverna de piedra sin pulir, que inicialmente contenía la figura de un cisne o pelícano sobre una tortuga (el cisne ya no está). Para algunos autores, este cisne, Hansa, sería el que puso el huevo cósmico en la Historia del Grial. Por su parte, la tortuga simbolizaría la evolución. Debajo de ellos, en la roca, hay un lirio que representa la pureza.
En la sexta terraza encontramos un cruce de caminos que se ha interpretado como una cruz simbólica. Para otros autores, este es precisamente uno de los símbolos masónicos más claros del jardín. Así, por ejemplo, el catedrático Manuel de Paz señala que, tanto las escaleras del conjunto monumental como el mausoleo mismo, habría que relacionarlos con una alegoría del grado 30 del Rito Escocés Antiguo y Aceptado. Coquet, inspirado tal vez en un edificio que aludía al Jardín de las Herpérides y al Templo de Venus, pensó también en los escalones enfrentados, que representan las siete gradas de la escalera antes de acceder al templo masónico propiamente dicho.
Coquet se ocupó personalmente de los diseños de las rejas que cercan la última terraza en la que se levanta el cenotafio e, incluso, de los pequeños detalles del enrejado donde algunos investigadores han defendido la presencia sutil de iconografía masónica. En este sentido, destacan las flores alternan de seis pétalos que coronan la valla, que se han interpretado como representaciones esquemáticas de la cruz de David.
PLAZA DEL AYUNTAMIENTO: SU AJEDREZADO PODRÍA SER MASÓN Hasta bien entrado el siglo XIX, este espacio formó parte del convento de monjas franciscanas de Santa Clara, que posteriormente pasó a ser propiedad municipal antes de ser finalmente derribado, tras el decreto desamortizador de 1836. La actual apariencia de la plaza corresponde a la reforma de principios del siglo XX. Según algunos autores, el ajedrezado del suelo es una referencia masónica al principio de dualidad, mediante la utilización de los contrarios blanco y negro. Otros consideran que es importante observar el contexto histórico, cultural y arquitectónico de la plaza para determinar el significado real de este tipo de pavimento.
Desde 1919, los más de 900 metros cuadrados de esta plaza son utilizados como lienzo sobre el que se realiza la monumental alfombra de tierras de Las Cañadas del Teide. La alfombra de esta plaza obtuvo en 2007 el Record Guinness al mayor tapiz hecho con arena procedente de Las Cañadas del Teide, y sus colores son naturales, sin ningún tipo de pigmentación posterior. Sus motivos son cristianos y se realizan durante las fiestas del Corpus Christi, entre mayo y junio.
Estas alfombras, de arte efímero, son las mayores señas de identidad de la villa, así como motivo de reconocimiento nacional e internacional.
EL CEMENTERIO DE LA OROTAVA, ENTRE LA MASONERÍA Y LA CRISTIANDAD El Cementerio de La Orotava ha sido declarado Bien de Interés Cultural con categoría de Monumento, reconociendo su importancia histórica y artística.
“Las desavenencias entre el párroco de la iglesia de Nuestra Señora de la Concepción y el Hermano masón, encontraron en el camposanto un punto de enlace. Según relata Pedro Suárez, guía y gran conocedor de la historia de La Orotava, en el cementerio municipal coinciden las sepulturas de ambos, separadas por pocos metros de distancia. Un divorcio que se hizo patente ya que, lo que la vida no unió, no lo separó la muerte”
En el siglo pasado, ocupó un lugar destacado dentro de la lucha entre la Iglesia y la masonería. La autoridad eclesiástica de la isla lo declaró “profanado”, tras ser enterrados en él los destacados masones, José Nicolás Hernández y Diego Ponte del Castillo. Como consecuencia, durante los 24 años que duró la declaración, ningún representante de la Iglesia pudo entrar al cementerio para oficiar actos litúrgicos. Diego Ponte del Castillo está enterrado en el Panteón de los Ponte, justo enfrente de la capilla del cementerio, en lo que debía ser un enterramiento provisional hasta la conclusión del mausoleo en la finca familiar. Por su parte, el joven relojero José Nicolás Hernández fue enterrado en una fosa apartada del cementerio, delimitada por una valla de madera sin distintivo religioso alguno. Ambas tumbas fueron visitadas por la comitiva francesa y los Hermanos de Añaza 1.
La placa de una madre muy combativa La madre de Diego Ponte solicitó grabar una inscripción en el panteón familiar en memoria de su hijo. Ante la negativa del concejal responsable y la tardanza en resolver por parte del alcalde, la marquesa mandó a su mayordomo al cementerio con una tarjeta escrita, que actualmente es una placa, para que todos la pudieran leer: “Sé también que jamás podías ligarte sino a lo muy noble y digno, y que para practicar con más acierto la caridad, que era el móvil de todas tus acciones, te uniste, por medio de los lazos de la fraternidad, a la base de ella. Te bendigo una y mil veces, hijo mío”.
LA CASA BRIER, MARCADA POR LOS AVATARES HISTÓRICOS Este edificio histórico destaca, entre otros motivos, por dos hechos relevantes que conciernen a Louis Fleuié y a Francisco Franco, respectivamente.
El edificio, que ha tenido varios usos diferentes, según el momento histórico que se observe, está emplazada en lo que en el siglo XVIII fue el colegio San Luis Gonzaga, de la orden de los jesuitas. Tras la desamortización, pasó a ser ayuntamiento, quemándose en un incendio en 1841. La actual Casa Brier fue entonces construida en ese solar, pasando a ser una residencia y posteriormente, un hotel. En ella se alojó el padre Louis Feuillé, quien, en 1724, a sus 64 años de edad, llevó a cabo la primera medición del Teide por encargo del rey, calculándola en 4.313 metros, considerándose entonces, la montaña más alta del mundo.
Este hecho fue el inicio de una serie de exploraciones que han permitido estudiar las peculiaridades de la flora y fauna canaria y el resto del entorno natural.
“La Orotava ostenta el título de Villa Masónica y Eucarística debido a la ingente cantidad de símbolos presentes en sus calles, edificios y monumentos, así como los numerosos Hermanos ilustres que han nacido ahí”
Dos siglos más tarde, la Casa alojó a Francisco Franco, quien, por temor a un atentado, vio la procesión del Corpus Christi desde sus balcones, en junio de 1936, un mes antes del Alzamiento Nacional.
RESIDENCIA DE LOS MARQUESES DE LA FLORIDA La visita también incluyó el paso por la residencia de los Marqueses de la Florida, también conocida como la Casa Benítez de Lugo. Construida originalmente en el siglo XVI, fue reformada en el siglo XIX, destacando por su balcón cerrado con ventanas de guillotina. El interior de la casa mantiene su estructura original, con un patio central que organiza las dependencias en varias alturas.
“Diego Ponte del Castillo nació el 15 de abril de 1840, hijo de Francisco de Ponte Llarena y Sebastiana del Castillo y Manrique de Lara, en La Orotava. En 1879 se convirtió en el octavo marqués de la Quinta Roja, sucediendo a su padre.
Además de su título nobiliario, tuvo gran influencia en la masonería de Tenerife, dado que fue miembro de dos logias (Teide, en Santa Cruz de Tenerife, y Taoro 90, en La Orotava), alcanzando el rango de Venerable Maestro.
Falleció el 5 de abril de 1880, a los 39 años de edad, tras sufrir escrofulosis crónica. Cuando murió, corrían tiempos de controversia entre la masonería y el catolicismo, por lo que su entierro no estuvo exento de conflicto.
Se cuenta que el párraco de San Pedro de Daute, José Navarro Gorrín, le visitó con frecuencia en sus últimos días buscando su arrepentimiento como masón, pero los nudillos en la puerta solo recibieron una y otra vez la misma respuesta: “el Señor no recibe”.
Al morir reafirmado en sus principios, se le negó un entierro en suelo cristiano. Tras esta negativa de la Iglesia, su madre decidió encargar un panteón para su hijo a modo de desagravio en la huerta de su casa, en lo alto de unos jardines creados ad hoc.
Aunque el conflicto se resolvió y Diego Ponte fue enterrado finalmente en el cementerio católico, el monumento quedó en pie como símbolo de independencia familiar, ruptura con el poder eclesiástico y resistencia masónica”
Es propia de los seres humanos la capacidad para entrar en sí mismos. En esta sección de la La palabra reflexión etimológicamente viene del del latín tardío, reflexio, -ōnis , acción de volver atrás.
En todas las iniciaciones masónicas está la prueba donde la persona cavila sobre el mundo viejo que va a dejar atrás.
Cámara de Reflexión
Una aproximación antropológica al Método Masónico
Por Consuelo Murillo
La moderna francmasonería especulativa es una institución que surge en los inicios del S.
XVIII en Inglaterra, si tomamos como dato la promulgación de las Constituciones de Anderson (1723).
Amada y vilipendiada con la misma intensidad, a lo largo de los 300 años de su recorrido, ha suscitado críticas, acusaciones, rechazos, prohibiciones, e incluso persecuciones políticas, sin ir más lejos en España durante el Franquismo.
La Iglesia católica ha condenado la masonería repetidas veces desde 1738. La Iglesia ortodoxa griega lo hizo en 1933 y la Iglesia anglicana en 1987. Desde el siglo XX algunos musulmanes han considerado la masonería como aliada del sionismo. El Consejo Islámico de Jurisprudencia y la Liga Musulmana Mundial emitieron una fatwa (opinión jurídica no vinculante) en contra de la masonería en 1977.
En estas condiciones tan poco favorables, la cuestión que origina esta exposición es: ¿Cuál ha Consuelo Murillo Cabrera sido y es la clave de la supervivencia durante 300 años?
En un contexto en el que distintos movimientos asociativos, incluidos partidos políticos, aparecen y se desintegran en poco tiempo, sólo en España en 2025 se estima que unas 4.000 personas están integradas en Asociaciones masónicas. En el resto del mundo serian unos 4 millones, estando presentes en la mayoría de las naciones. ¿Dónde radica la clave de su permanencia en la actualidad? En un intento de aproximación a la Masonería, según José Luis Cobos Avilés, “la Masonería se describe por un Filosofar, un Método y un Compromiso” (2012).
Filosofar hace referencia a unos de los fundamentos de la existencia del Ser Humano: el pensar. En este sentido es un universal, algo objetivable en toda la especie.
“El método masónico se caracteriza por disponer de una tradición iniciática, utilizar un lenguaje simbólico y la práctica del ritual”
El compromiso de asumir una responsabilidad, primero con uno mismo y después con el mundo, es una elección desde la Libertad individual, por lo tanto, particular o subjetivo. Un compromiso que se concreta en tres finalidades: una constructiva, otra educativa y la ética que facilite que el necesario proceso de transformación interior se opere en cada individuo.
El hecho diferencial, según Cobos (2012), de la Masonería respecto a otras instituciones sociales, culturales, políticas… es el Método Masónico que se caracteriza por disponer de una tradición iniciática, utilizar un lenguaje simbólico y la práctica del ritual. Desde aquí ya podemos entrar en el análisis antropológico. El objetivo de este análisis es constatar si el Método Masónico cumple con los tres elementos que convierten a los “ritos de paso” en herramientas eficaces para transitar los procesos de cambio de un estado a otro de los individuos, que son: lo Iniciático, lo Simbólico y lo Inefable.
Exploraremos la presencia de estos tres elementos en el Método Masónico con una mirada antropológica, encuadrada en la propuesta de una Antropología Filosófica formulada por Ernst Cassirer (1976), que pone como centro de su reflexión al ser humano como un ser que vive y sabe que vive en este mundo.
Un ser que tiene conciencia de su medio y de sí mismo, que sabe que puede transformar el mundo y transformarse a sí mismo.
“Esta hipótesis de la unidad psíquica de la humanidad hace surgir la Antropología como ciencia que se va a ocupar de estudiar y analizar el hecho religioso y los procesos rituales de distintas culturas”
Para entender esta nueva concepción del ser humano es preciso presentar el contexto que la posibilita. Desde la filosofía, como reacción al escepticismo, subjetivismo y relativismo imperantes en la filosofía a comienzos del siglo XX, surge una nueva corriente de pensamiento: la fenomenología. Fundada por Edmund Husserl y continuada por autores como Max Scheler, Martin Heidegger, entre otros; se extenderá convirtiéndose en un movimiento cultural de la mano de Jean-Paul Sartre en el último tercio del S. XX, denominado existencialismo.
La fenomenología es el estudio de la conciencia experimentada desde el punto de vista de la primera persona. De este modo emerge el Ser como solución de continuidad entre el producto de la razón (idealismo/racionalismo) y el mundo físico (realismo /empirismo), e implica asumir que el mundo tal y como lo percibimos es producto de una construcción mental. La fenomenología describe la forma en que las cosas se nos aparecen en nuestra experiencia, la forma en que experimentamos las cosas en el mundo circundante, poniendo en primer plano el valor de la experimentación del ser en el mundo. Este paradigma filosófico implicó un enorme impulso al desarrollo de la psicología y la psiquiatría.
El filósofo alemán Ernst Cassirer, (1999) en su Filosofía de las Formas Simbólicas, aborda la cultura como el conjunto de formas simbólicas a través de las cuales los seres humanos interpretan y dan sentido al mundo que les rodea. Para Cassirer, el ser humano es un "animal simbólico", lo que significa que nuestra capacidad de crear y utilizar símbolos es fundamental para nuestra comprensión de la realidad y nuestra interacción con ella.
La filosofía establece quien es el protagonista: el Ser, en su dimensión de animal simbólico, pero será la nueva ciencia Antropológica la que desarrolle y analice el contexto: la Cultura.
El antropólogo británico, JG Frazer, publicó La rama dorada en 1894, en este texto sostenía que existe una sola naturaleza humana compartida, un único motor neuronal de mitos y leyendas con imágenes y motivos comunes a la variopinta colección de todas las culturas humanas.
Esta hipótesis de la unidad psíquica de la humanidad va a fundamentar el surgimiento de la Antropología como Ciencia, que ya desde sus inicios se ha ocupado de registrar y analizar en el repertorio etnográfico el hecho religioso y los procesos rituales de distintas culturas.
La Antropología Social y Cultural se centrará en el estudio de las sociedades y culturas humanas poniendo foco en como las personas interactúan entre sí y crean normas dentro de sus sociedades. A partir de la década de los 70 emergen con fuerza dos voces (Victor Turner y Clifford Geert) que van a propiciar el nacimiento de una nueva especialidad: la Antropología Simbólica, sobre el paradigma de que los símbolos son los gestos, los objetos y el lenguaje que forman la base de la comunicación humana sobre una red de significados definidos culturalmente. De modo que, la interpretación de los símbolos puede variar según la cultura.
Para introducir el elemento o aspecto simbólico, el antropólogo social Abner Cohen (1976), establece como premisa que los símbolos son ontológicamente necesarios para los hombres a causa de dos tipos de necesidades simbólicas: la necesidad de identidad y la necesidad de comprender los problemas permanentes del ser humano (el significado de la vida, de la muerte, del bien y del mal, de la tristeza y de la felicidad). No existen respuestas empíricas para estos problemas, ni soluciones para ellos, de modo que las respuestas que siempre se ofrecerán serán en términos culturales y simbólicos. Los símbolos cumplen esta función de proporcionar identidad y sentido.
Clifford Geertz (2009) retoma la concepción parsoniana de la cultura entendida como un sistema de símbolos en virtud de los cuales el hombre da significado a su existencia, un sistema de símbolos aprendidos que orientan la interacción social; afirmando que “la cultura se presenta como una telaraña de significados que nosotros mismos hemos tejido a nuestro alrededor y dentro de la cual quedamos ineluctablemente atrapados”.
Para Geertz, el símbolo es “cualquier objeto, acto, hecho, cualidad, relación que sirva como vehículo de una concepción… la concepción es el significado del símbolo”. Para Victor Turner (1980), el símbolo es “una cosa de la que, por general consenso, se piensa que tipifica naturalmente, o representa, o recuerda a algo, ya sea por tener cualidades análogas, o por asociación de hecho o de pensamiento”.
“Los símbolos son necesarios para los hombres a causa de dos tipos de necesidades simbólicas: la necesidad de identidad y la necesidad de comprender los problemas permanentes del ser humano”
Un signo es una entidad constituida por un significante: el vehículo sensorial perceptible o forma exterior, y un significado: el sentido.
Uno de los efectos más importantes de los sistemas de símbolos es la formación de un ethos. El ethos es la forma de ser de un pueblo: su estilo estético y moral. Y es evidente que la Masonería despliega un ethos en lo que Cobos (2012) denomina sistema masónico.
Cobos (2012), destaca que “El lenguaje iniciático es, pues, simbólico, sus ritos son discursos simbólicos y alegóricos que representan una guía para adentrarnos en un mundo interior”, se recrea a través de un lenguaje propio expresado en multitud de símbolos. El elemento que permite a cada masón interpretar y dar sentido al mundo es el símbolo, porque este no establece contenidos de estudio o reflexión, sino que ofrece un sistema formal o método de indagación a través de las formas simbólicas (lenguaje, mito, arte, religión y ciencia).
El estudio de lo iniciático hasta los años 60-70 del pasado siglo se circunscribe dentro del ámbito de la religión, de lo sagrado. Será en el contexto de la Antropología Simbólica cuando salga de este ámbito extrapolándose también al ámbito cultural, de lo profano, de la mano de Víctor Turner que reelabora los ritos de paso de Arnold Van Gennep desde una perspectiva simbólica.
Para Mircea Eliade (2009) historiador experto en el estudio de las religiones, “El termino iniciación, en el sentido más amplio, denota un cuerpo de ritos y enseñanzas orales cuyo propósito es producir una alteración decisiva en la situación religiosa y social de la persona iniciada. En términos filosóficos, la iniciación es el equivalente a un cambio básico en la condición existencial; el novicio emerge de su dura experiencia dotado con un ser totalmente diferente del que poseía antes de su iniciación; se ha convertido en otro”.
“Uno de los efectos más importantes de los sistemas de símbolos es la formación de un ethos. El ethos es la forma de ser de un pueblo: su estilo estético y moral. Y la masonería despliega un ethos que denomina sistema masónico”
El modo habitual y primario en que se encuentra el ser humano en el mundo es la cotidianeidad. Su introducción a este mundo se ha hecho concienzudamente desde su más tierna infancia. Después, a través de iniciaciones más o menos explicitas se le ha preparado para afrontar cada una de las etapas de la vida: el bautismo, la escuela, la pubertad, la comunión, la universidad, el mundo laboral, el matrimonio, los hijos... a nuevas etapas de maduración, nuevas herramientas, nuevas obligaciones también...
Los ritos iniciáticos forman parte de la cultura de las sociedades, de los grupos y de las actividades humanas a lo largo de la historia, recogiendo la estrecha relación entre los ciclos humanos y los ciclos naturales o cósmicos. Formando parte siempre de una tradición iniciática.
Para la antropología, la característica definitoria de lo iniciático es que esta ritualizado. Los ritos de paso, en la medida que estructuran los procesos de cambio, constituyen una autentica necesidad para el ser humano.
La teoría clásica del ritual (Durkheim y Van Gennep) parte de la premisa de que el ritual es un mecanismo social que produce dos efectos: uno integrativo basado en las creencias colectivas compartidas y otro reproductivo de las estructuras básicas de la sociedad con el propósito de reforzar su estructura de roles y status.
Según Turner (1980), las creencias colectivas deben ser representadas periódicamente y expresadas para conservar su poder de cohesión. El ritual es la arena donde se representan y expresan las creencias colectivas. En este sentido, cabe subrayar que el trabajo masónico está sometido a un calendario que establece un tiempo (la tenida) y un espacio (el templo) para la práctica del ritual.
Turner desarrolla, también, el concepto de communitas entendida como una comunión de individuos iguales, lo que para la masonería es el taller o la logia; y, como una forma de solidaridad que se da en los grupos pequeños. El ritual es una arena privilegiada para la producción de la experiencia de communitas, que se logra a través de la presencia de símbolos en el ritual.
La unidad básica integración masónica son las logias o talleres masónicos (entre 15 y 30 individuos) se constituyen bajo la forma de una communitas normativa en la que se movilizan y organizan recursos para mantener a los miembros de un grupo vivos, bajo cierto control social entre los miembros, y con el objetivo de conseguir otros fines colectivos.
“Para la antropología, la característica definitoria de lo iniciático es que está ritualizado. Los ritos de paso, en la medida que estructuran los procesos de cambio, constituyen una auténtica necesidad para el ser humano”
El concepto clave de la teoría turneriana del ritual es el de liminalidad que expresa el hecho de que en el ritual se pasa de la vida cotidiana estructurada por las relaciones entre diferentes status-rol a un contexto social ambiguo.
Este concepto se sitúa dentro de la estructura de los ritos de paso establecida por Van Gennep en 1909 compuesta por tres fases: pre-liminar (separación), liminar (transición) y post-liminar (agregación). Etimológicamente, proviene del latín limes, "límite", "frontera" o "umbral") significa no estar en un sitio (físico o mental) ni en otro. Es estar en un umbral, entre una cosa que se ha ido y otra que está por llegar. La liminalidad constituye el espacio y el tiempo en donde los paradigmas son cuestionados o modificados.
Turner distingue entre liminilidad y liminoide, en la primera hay obligación de participar en el rito de paso, como actor o espectador; en la segunda es una elección, por lo que la masonería se inscribiría en lo liminoide, ya que ser masón es una elección. Este término también puede ser aplicado a los espacios de reunión de la logia (el templo) y el tiempo de duración (la tenida) en los que se desarrolla el ritual que se caracteriza por invocar sentimientos de communitas entre los participantes.
El Ceremonial Masónico es amplio, contiene distintos tipos de rituales, pero todos, invariablemente, se desarrollan dentro del tiempo comprendido entre la Apertura y Cierre de los Trabajos. En este periodo es cuando las estructuras normativas de la sociedad profana son temporalmente invertidas, ya que, durante la fase liminal del proceso ritual, las categorías de la vida normal tienden a disolverse. La persona liminal (el masón) no posee status o ubicación en la estructura social durante el desarrollo de los trabajos masónicos. Antes de la Apertura de los trabajos se da la fase pre-liminal, durante los trabajos la fase liminal, y tras el cierre la fase postliminal.
El método masónico es fundamentalmente iniciático, pretende provocar una experiencia interior que enmarque el comienzo de una nueva etapa en la vida del iniciado. Según Rene Guenonviii, que analiza el fenómeno iniciático desde una perspectiva esotérica, la iniciación implica la transmisión de una influencia espiritual, esta transmisión es vital y esencial para la eficacia de los Ritos.
La Ceremonia de Iniciación contiene todos los ingredientes para representar y provocar el extrañamiento necesario para que empiece a operar la transformación interior. Invita a realizar un viaje hacia el interior de uno mismo, un proceso de autorreflexión para tomar conciencia de lo que C.Jung denominada el “si-mismo”.
Según Cobos (2012), el objetivo del método masónico es orientar al iniciado en el proceso de comprenderse a si-mismo. “… la emergencia del pensar en el hombre, es decir cuando se convierte en animal simbólico, lo sume en una problemática existencial que se concreta en tres necesidades básicas: encontrarse, comprenderse y elegirse”
El método masónico está estructurado en tres grados: el grado de Aprendiz al que se accede tras haber sido iniciado y cuyo objetivo es Encontrarse, se caracteriza por la introspección que facilita la imposición del silencio en los trabajos masónicos. El objetivo del grado de Compañero es Comprenderse y se caracteriza por los “viajes”, invitándoles a explorar y confrontarse con el mundo exterior a la logia. Por último, el grado de Maestro, tiene como objetivo Elegirse, e implica el reconocimiento del nuevo estatus, el Maestro Mason que ya dispone de todos los derechos y prerrogativas masónicas.
“El mundo interior se caracteriza porque todos sus contenidos son subjetivos y experienciales, de modo que lo inefable no es algo oculto, que se pretende esconder”
Asu vez, cada Grado dispone de rituales y ceremonias especificas en las que se reproduce el mismo esquema ritual y se le entregan diferentes símbolos con el objetivo de orientar al iniciado en el proceso.
Desde la antropología, el carácter iniciático de la Masonería reside en que dispone de una tradición iniciática con capacidad para estructurar la experiencia humana a través de ritos, símbolos y narrativas que facilitan la transformación individual y la integración social, proveyendo un marco para la búsqueda de significado y el desarrollo personal a lo largo de la vida.
Para introducir el elemento inefable, la etimología del término no deja lugar a dudas. Inefable proviene del latín ineffabilis, voz moderna del adjetivo inexfabilis, que se deriva de los prefijos in, ex, y el verbo fari (“decir”). O sea, “lo que no se puede expresar”.
Hay un antiguo chiste que contiene el sentido de lo inefable, dice así: se encuentran dos hombres que hacía tiempo que no se veían por la calle, uno le dice al otro –‘Me he enterao que te has casao’- a lo que el segundo contesta –‘Lo habrás oído. El que me he enterao he sido yo’Los sacramentos católicos del bautismo, la comunión o el matrimonio pertenecen a este ámbito, son experiencias inefables a las que los miembros de una comunidad se adhieren, sin cuestionar la eficacia simbólica del rito.
“El único secreto que un masón debe observar según Cobos (2012) es no revelar la identidad de sus hermanos, ni el contenido de las conversaciones y debates cuando pudieran afectarles”
Desde esta perspectiva las vivencias personales serian inefables, ¿Cómo podemos explicar lo que para cada uno representa la libertad, el amor, el trauma…?
La experiencia iniciática es inefable, hay que vivenciarla. Cualquiera puede buscar en internet información sobre la iniciación, los ritos o las ceremonias masónicas, pero la lectura de esta información no es suficiente para entender lo iniciático y aquí pudiera estar la clave del tan denostado “secreto masónico”.
El mundo interior se caracteriza porque todos sus contenidos son subjetivos y experienciales, de modo que lo inefable no es algo oculto, que se pretende esconder. Es simplemente algo que no se puede expresar, porque la experiencia de la iniciación es algo personal, intransferible, que para cada iniciado representa algo diferente.
La primera condición para la iniciación masónica es la misma que para casarse: la voluntad del individuo. La segunda es creer, confiar en la eficacia del rito.
El único secreto que un masón debe observar según Cobos (2012) es no revelar la identidad de sus hermanos, ni el contenido de las conversaciones y debates cuando pudieran afectarles.
Abundando en el secreto o secretismo masónico, quisiera destacar que en el proceso de documentación de este trabajo se ha tenido acceso a todo tipo de información sobre masonería, tanto de masones, como de fuentes académicas varias. Aquí es de justicia destacar el amplísimo fondo documental del Centro de Estudios Históricos de la Masonería Española (CEHME) adscrito a la Universidad de Zaragoza, que cuenta con las siguientes referencias: Mas de 75.000 fichas de masones hasta el final de la guerra civil en 1939, y continúan añadiendo registros.
Contiene más de 20.000 títulos. Esta bibliografía fue publicada en tres tomos por la Fundación Universitaria Española.
El CEHME ha publicado un total de 146 libros a través de sus miembros y otras instituciones y universidades.
Los integrantes del CEHME han publicado más de 900 artículos, monografías y trabajos sobre diferentes aspectos de la masonería.
Resulta, cuanto menos paradójico, que un ámbito, como la Masonería, sobre el que se han podido reunir semejantes fondos bibliográficos sea acusado de secretismo y de ocultar su actividad. A modo de conclusión, en el contexto del ritual, el método masónico se ajusta a todos los cánones revisados desde la perspectiva de la antropología: utiliza un lenguaje simbólico, sus rituales se ajustan a la estructura de los ritos de paso, se sirve de la liminalidad y construye communitas; y, además, forma parte de una tradición iniciática que cuenta con una antigüedad de más de trescientos años. Parece que, es precisamente en la eficacia del Método Masónico donde radica la clave de su supervivencia y de su continuidad.
Las criticas sociales y las condenas recibidas desde las instituciones religiosas parecen encontrar campo libre en una de las características definitorias de lo ritual, tal y como se entiende en las sociedades modernas, para las que lo inefable se inscribe en el dominio de la experiencia religiosa. “En el contexto del ritual, el método masónico se ajusta a todos los cánones revisados desde la perspectiva de la antropología: utiliza un lenguaje simbólico, sus rituales se ajustan a la estructura de los ritos de paso, se sirve de la liminalidad y construye communitas; y, además, forma parte de una tradición iniciática que cuenta con una antigüedad de más de trescientos años”
Sin embargo, el fenómeno ritual se extiende sin parar en el ámbito de profano, uno de los últimos que a destacar es la paulatina instauración en las empresas de Protocolos de Acogida para nuevos empleados.
La literatura etnográfica ha demostrado que, en cualquier grupo humano organizado, la práctica ritual se encuentra en manos de especialistas en el ámbito de lo sagrado (chamanes, brujos, pastores, imanes, sacerdotes…) que han sido previamente iniciados. Estos especialistas ostentan status privilegiados dentro de la comunidad acaparando poder y recursos económicos. Aquí es pertinente plantear la hipótesis de que pudiera ser que el interés de las instituciones religiosas en seguir monopolizando el ritual, sea la motivación que justifica las prevenciones y condenas a la masonería por parte de las instituciones eclesiásticas cristianas e islámicas.
La siguiente cita de J.L. Cobos (2012) nos sirve para introducir la congruente relación entre los objetivos de la Antropología Filosófica de Cassirer y el Método Masónico: “Al que se inicia en Masonería se le dan, nada más entrar, dos encargos: Constrúyete a ti mismo (Pule tu piedra, Lo que tú haces te hace) y Conócete a ti mismo. Y se le dice esto solo puedes lograrlo 1) con el concurso de los demás, 2) aprendiendo a interpretar los símbolos y 3) adoptando una actitud productiva-constructiva”
La masonería tiene como objetivo provocar el cambio necesario para que los iniciados alcancen la conciencia, tal y como lo expresa Cassirer, de “un ser que vive y sabe que vive en este mundo”. Un individuo que tiene conciencia de su medio y de sí mismo, “que sabe que puede transformar el mundo y transformarse a sí mismo”.
Resulta esclarecedor comprobar como el Método Masónico se ajusta perfectamente a las condiciones necesarias establecidas por la Antropología Filosófica para que el ser humano en el ejercicio de su libertad recupere su protagonismo en el devenir de sí mismo y del mundo. Algo muy necesario en el mundo actual donde distintos fragmentos de lo humano empiezan a ser superados por la tecnología, como es el caso del impacto de IA sobre el conocimiento; o condicionados, como es el caso de la experiencia sensorial, que prácticamente queda reducida a lo visual en los contactos por RRSS, WhatsApp y otras aplicaciones de mensajería.
Recuperar lo esencial del ser humano, lo que define a cada individuo, su sentido de propósito, será lo que mantenga la superioridad del ser humano sobre lo tecnológico. Este nuevo tipo de individuos conscientes de su medio y de sí mismo, capaces de transformarse a sí mismos y al mundo, no serán fácilmente reemplazables por la tecnología.
Conviene destacar como el Método Masónico, al igual que la Antropología Filosófica, concibe al ser humano desde una perspectiva holista, desde la comprensión de que todos los diversos aspectos de la biología y la cultura humanas están necesariamente interrelacionados. A continuación, se subrayan las significativas relaciones entre ambos.
Autoconocimiento: La antropología filosófica considera la autognosis como el propósito supremo de la indagación filosófica. De manera similar, la masonería promueve la introspección y el autoexamen como herramientas fundamentales para el desarrollo personal y espiritual.
“Recuperar lo esencial del ser humano, lo que define a cada individuo, su sentido de propósito, será lo que mantenga la superioridad del ser humano sobre lo tecnológico”
Método Dialéctico y Diálogo: La antropología filosófica destaca el pensamiento dialógico o dialéctico como un medio para alcanzar el conocimiento de la naturaleza humana. En la masonería, el diálogo, el debate y la discusión son elementos esenciales para el aprendizaje y la construcción del conocimiento.
Las tenidas masónicas fomentan el intercambio de ideas y la reflexión conjunta.
Búsqueda de la Esencia Humana: La antropología filosófica busca descubrir la verdadera esencia del hombre, eliminando los rasgos externos y accidentales de su ser. La masonería también se centra en la búsqueda de la esencia humana, promoviendo la eliminación de vicios y defectos para alcanzar la perfección moral y espiritual.
Carácter Simbólico: La antropología filosófica reconoce la importancia del universo simbólico en la comprensión de la cultura y la historia. La masonería utiliza ampliamente el simbolismo en sus rituales, alegorías y enseñanzas para transmitir conceptos y valores.
Construcción de un Mundo Ideal/ Mundo Mejor: La antropología filosófica describe la cultura humana como un proceso de autoliberación del hombre, donde este edifica un mundo ideal. La masonería busca la construcción de un mundo mejor a través del perfeccionamiento individual y la promoción de valores como la libertad, la igualdad y la fraternidad.
Unidad en la Diversidad: A pesar de reconocer la multiplicidad y disparidad de las formas culturales, la antropología filosófica busca una unidad fundamental en el ser humano con el mundo. La masonería, si bien respeta la diversidad de creencias y opiniones, promueve la unidad entre sus miembros a través de la fraternidad, la tolerancia y la búsqueda de la verdad.
Progreso Moral y Ético: La antropología filosófica, influenciada por grandes filósofos éticos, busca trascender los límites del mundo material. La masonería tiene como objetivo el progreso moral y ético de sus miembros, impulsándolos a ser mejores personas y a contribuir positivamente a la sociedad.
Referencias: Cobos Avilés, J. L. ( 2012). El método masónico. Masónica.
Cassirer, E. (1999). Antropología Filosófica. Fondo de Cultura Económica.
Cohen, A. ( 1976). Two-dimensional man; an essay on the anthropology of power and Symbolism in complex society. University of California Press.
Geertz, C. (2009). La interpretación de las culturas. Gedisa.
Turner, V. (1980). La selva de los símbolos. Siglo XXI.
Eliade, M. (2009). Tratado de Historia de las Religiones. Ediciones Cristiandad.
“La metodología histórica, tal y como yo la veo, es producto del sentido común aplicado a las circunstancias”
Cámara de Reflexión
Dos pilares éticos del Rito Escocés Antiguo y Aceptado
Por Víctor Berástegui
La fórmula “Libertad, Igualdad, Fraternidad”
constituye una de las grandes expresiones de la aspiración humana por una sociedad más justa. Esta tríada, asociada con la Revolución Francesa de 1789, no surgió de la nada ni fue fruto exclusivo de ese acontecimiento histórico. Como toda idea potente, es el resultado de un largo proceso de maduración intelectual y espiritual que la precede.
Uno de los antecedentes más notables de este ideal puede encontrarse en la obra Las Aventuras de Telémaco (1699), escrita por el teólogo y pensador francés François Fénelon (1651–1715). Esta novela, que disfrazaba una crítica mordaz al absolutismo del rey Luis XIV bajo un relato mitológico, describe una sociedad utópica donde sus miembros se aman de manera pura y fraterna, viven en armonía, sin riquezas superfluas ni placeres engañosos. En ella, todos son “libres” e “iguales”, lo que permite vislumbrar un claro precedente de la divisa que, casi un siglo después, enarbolarían los revolucionarios franceses y que más tarde adoptaría la masonería.
“Nuestro mundo está en un proceso de cambio y desarrollo constante, nuestro entendimiento de la sociedad está en vertiginosa evolución. La honestidad intelectual como masones nos obliga a hacernos preguntas sobre la validez de nuestros paradigmas”
Nuestro mundo está en un proceso de cambio y desarrollo constante; nuestro entendimiento de la sociedad está en vertiginosa evolución. La Víctor Berástegui honestidad intelectual como masones nos obliga a hacernos preguntas sobre la validez de nuestros paradigmas. No es que se quiera desechar lo transmitido por la tradición, sino cuestionar los paradigmas heredados y hacernos la pregunta de si lo válido en 1789 es válido en el año 2025. La humanidad ha visto más cambios en estos últimos 200 años que en todos los 5000 años de historia escrita. ¿Es posible hacer pervivir en el mundo actual divisas del siglo XVIII? ¿Qué sentido tiene aplicar definiciones de una época pasada a la realidad actual? En mi opinión, aceptar la pervivencia de estos paradigmas solo es posible si reconocemos la existencia de valores universales que serían aplicables en todo tiempo y lugar. Además, supone aceptar la íntima conexión de la divisa libertad, igualdad y fraternidad con valores de hoy y de siempre. Esta universalidad de valores es factible cuando está relacionada con aspectos innatos a la naturaleza humana y son aplicables a en cualquier tiempo y lugar.
Llegado a este punto, es ineludible hablar de la denominada Regla de Oro, entendida como un principio que vamos a expresar así: trata a los demás como querrías que te trataran a ti o no hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti. Se encuentra bajo distintas formulaciones en prácticamente todas las culturas, religiones y filosofías. Es una regla fundamental. La mención al oro se hace por su equiparación con este metal precioso y de gran valor. La regla de oro no preconiza determinadas conductas o impone valores concretos, sino que es inspiradora de las relaciones humanas.
En el marco judeocristiano, la formulación más conocida proviene del Evangelio de Mateo (22:3740), donde se condensa la ley en el amor a Dios y al prójimo como a ti mismo. El budismo, el hinduismo, el judaísmo formulan la citada regla de oro de una forma activa o pasiva. En nuestro rito aparece igualmente la regla de oro como principio universal que debe regir la conducta del masón. La Ilustración y la filosofía moderna despojan la regla de oro de su sentido religioso, la razón desplaza a la superstición y al mandato divino. Se habla ahora de la existencia de unos principios universales de convivencia que todos los hombres pueden compartir.
El siglo XVIII marcó este giro crucial desde la autonomía racional. El filósofo Kant formula las nociones del imperativo categórico. La primera formulación del imperativo categórico es: Actúa de tal modo que puedas igualmente querer que tu máxima de acción se vuelva una ley universal. Una forma de comportamiento puede universalizarse si redunda en bien del hombre, en la totalidad de su esencia y en la situación concreta. El hombre se convierte así en la norma objetiva de moralidad. La universalidad es condición necesaria para una norma ética. Todos en algún momento hemos hecho o pretendido hacer lo correcto, o nos hemos sentido mal por no hacerlo. El concepto de imperativo categórico de Kant está profundamente vinculado a este hecho.
La segunda formulación del imperativo categórico que hace Kant es: Actúa de tal manera que tú uses la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre como fin y nunca como simple medio.
Esta segunda formulación añade el reconocimiento del ser humano como un fin en sí mismo. En su tercera formulación habla la de la autonomía de la voluntad, remite el cumplimiento a nuestra consciencia.
En esta línea, se entiende por imperativo categórico el acto o proposición que se lleva a cabo por el hecho de ser considerada necesaria, sin que existan más motivos para ser llevada a cabo que dicha consideración. Serían las construcciones que se realizan en forma de “debo”, sin estar condicionados por ninguna otra consideración, universales y de aplicación en cualquier momento osituación. El imperativo es un fin en sí mismo y no un medio para lograr un resultado determinado. El imperativo categórico no tiene por qué tener necesariamente un sentido aditivo, sino que también puede ser restrictivo. Es decir, no se trata solo de que hagamos algo, sino que también puede basarse en no hacerlo o dejar de hacerlo.
“Una forma de comportamiento puede universalizarse cuando redunda en bien del hombre, en la totalidad de su esencia, y en la situación concreta”
Es la convicción de que existen leyes universales, valores absolutos, no un medio sujeto a condición. El bien de la humanidad por encima de todo. El Rito Escocés Antiguo y Aceptado se encarna directamente con esta formulación kantiana de imperativos categóricos y, en cuanto tal, promueveen la práctica cotidiana de las logias estos valores universales vigentes en todo tiempo y lugar.
Hay tres columnas alegóricas en la masonería: sabiduría, fuerza y belleza, tres ideas en su divisa: libertad, igualdad y fraternidad, tres grados simbólicos: aprendiz, compañero y maestro.
Las columnas de este espacio contienen esos elementos para ofrecerlos envueltos en el exquisito arte de la Poesía a todos los Hermanos que se acerquen a estas páginas.
Si quieres formar parte de este espacio, puedes mandar tus inquietudes poéticas a: La poesía, con su forma tan especial de transmitir sentimientos y emociones, a menudo arroja luz sobre espíritus afines, estableciendo vínculos entre los autores y los lectores.
buzon_revista_luz@granlogiadecanarias.es EL LARGO CAMINO A ÍTACA (Víctor Berástegui)
Constantino Kaváfis (1863 –1933) es una de las figuras más importantes de la poesía del siglo XX y un modelo para la lengua griega moderna. En su poema Ítaca trasciende el viaje físico para entrar en una profunda reflexión sobre su significado simbólico, algo que no es extraño en iniciaciones y rituales de diferentes grados de la masonería. La isla de Ítaca es la patria de Odiseo/Ulises, cuyo regreso al hogar tras la guerra de Troya es el tema central de La Odisea. El héroe homérico tendrá que superar innumerables peripecias para llegar a su destino. La fuerza del poema nos hace pensar que el viaje es un símbolo universal de todo tiempo y lugar. Efectivamente, Ulises es el símbolo del ser humano que en su travesía vital es capaz de realizar desde las acciones más sublimes a las más mezquinas y que se enfrenta a las encrucijadas y aventuras de su paso por la tierra.
Ítaca Cuando emprendas tu viaje a Ítaca desea que el camino sea largo, lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes ni al colérico Poseidón, seres tales jamás hallarás en tu camino, si tu pensar es elevado, si selecta es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes ni al salvaje Poseidón encontrarás, si no los llevas dentro de tu alma, si no los yergue tu alma ante ti.
Que muchas sean las mañanas de verano en que llegues -¡con qué placer y alegría!a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia y hazte con hermosas mercancías, nácar y coral, ámbar y ébano y toda suerte de perfumes sensuales, cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias a aprender, a aprender de sus sabios.
Mejor que dure muchos años y atracar, viejo ya, en la isla, enriquecido de cuanto ganaste en el camino sin esperar a que Ítaca te enriquezca.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia, entenderás ya qué significan las Ítacas.
La Masonería es una institución para la iniciación espiritual.
Comprender el símbolo es fundamental, porque nos orienta en la investigación.
Formamos una sublime comunión, un hermoso centro de unión fraternal.
Con fe, compartimos un noble ideal: sagrada utopía plena de emoción.
Nuestra abierta y laica espiritualidad, es integradora, veraz, racional.
Nada salvífico podrás encontrar: La "hierofanía", y su sutil verdad solo es para el masón ético y moral que, lo "numinoso" es capaz de captar HIERBA (Ricardo Flores Sánchez-Pastor)
Si la hierba hablara de todas esas pisadas que la sintieron.
De sus arrugas en cuerpos enamorados gozando de sus vidas.
Pisadas de sandalias que crearon vientos de esperanza e ilusión.
Hierba empapada de sangre de tanto odio entre hermanos.
Si la hierba quisiera hablar, contaría todas las vidas que por ella abrieron caminos.
Hierbas que Whitman imaginó en su perpetua rebeldía.
Cuantas historias contaría en oraciones calladas mirando al cielo.
Como si en las nubes hubiera quien las escuchara.
MARTÍN FIERRO, JOSÉ HERNÁNDEZ Y LA MANONERÍA ARGENTINA (Ricardo Flores) José Hernández (1834-1888) es indudablemente un personaje poliédrico: militar, periodista, escritor, poeta, político. Sin embargo, uno de los aspectos menos conocido es su filiación a la masonería. En cualquier caso su fama universal es como autor del bello poema épico gauchesco Martín Fierro. Aunque Hernández conocía a los gauchos y sus costumbres porque se trasladó a la pampa al fallecer su madre en 1843, los proverbios supuestamente gauchos del Martín Fierro parecen extraídos del Antiguo Testamento, de los Evangelios, del Corán, de Confucio y de Epíteto; y es que Hernández era, como corresponde, un hombre de cultura universal.
Mientras escribía su magna obra El Gaucho Martín Fierro, José Hernández fue iniciado el 3 de marzo de 1865 en la Logia Asilo del Litoral N.º 18 cuyo templo estaba situado en la ciudad de Paraná (Provincia de Entre-Ríos). Adonde al cabo de un año ya era secretario por su habilidad escritora. De aquellos días quedó el fragmento de un discurso ofrecido por el poeta en esa logia: "...predicando la igualdad, la armonía y la concordia; enseñando a los hombres a defender la justicia, la moral y los intereses de la sociedad; enseñando la humanidad en la prosperidad, la resignación en la desgracia y la constancia en las empresas que la prudencia ha empezado; dirigiendo con sabiduría todas las pasiones humanas; en una palabra: estimulando a los hombres al cumplimiento de todos los deberes que tiene para con Dios, para con sus semejantes y para consigo mismo. Esta es la Masonería revelada por sus hechos”.
En el verano de 1867 participa en la reorganización de la Logia Constante Unión N.º 23, que trabaja en la ciudad de Corrientes y se suma a los trabajos tras ser elegido Orador de la misma hasta los años 1868-1869, momento que ocupó la presidencia de la logia y ejerció de Venerable Maestro. Ya en Buenos Aires, el 30 de diciembre de 1879, se incorpora a la Logia Obediencia a la Ley N.º 13, a la que perteneció hasta octubre de 1886.
Tras dedicarse durante veinticinco años a la realización de diversos trabajos masónicos, el poeta fue distinguido como Miembro Libre de la Masonería Argentina. Como masón de altos grados alcanzó el Grado 32 del Escocismo antes de su muerte. Por último, se debe resaltar que en la Orden Masónica de la República Argentina, ocupó el cargo de vicepresidente durante los años 1880-1881.
La trayectoria literaria de José Hernández está vinculada con la tendencia gauchesca de sus obras Vida del Chancho (1863); Los treinta y tres orientales (1867); El Gaucho Martín Fierro (1872); La vuelta de Martín Fierro (1879) e Instrucción de Estanciero (1881).
Martín Fierro (sus cuatro primeras estrofas)
Aquí me pongo a cantar al compás de la vigüela, que el hombre que lo desvela una pena extraordinaria, como la ave solitaria con el cantar se consuela.
Pido a los santos del cielo que ayuden mi pensamiento: les pido en este momento que voy a cantar mi historia me refresquen la memoria y aclaren mi entendimiento.
Vengan santos milagrosos, vengan todos en mi ayuda, que la lengua se me añuda y se me turba la vista; pido a mi Dios que me asista en una ocasión tan ruda.
Yo he visto muchos cantores, con famas bien otenidas y que después de alquiridas no las quieren sustentar: parece que sin largar se cansaron en partidas.
“Conocer el pasado para entender el presente y construir el futuro”, verdad que se hace patente en el corazón de la sociedad masónica, el Templo de Salomón, faro de sabiduría y conocimiento sobre el Rito Escocés Antiguo y Aceptado renovándose con el devenir humano. Conocer para crecer: razón del Templo desplegado en estas páginas.
Templo de Salomón
El avance de la intolerancia
Por Ferrán Nin
La intención de estas líneas es abordar los términos intolerancia/tolerancia desde algunos puntos de vista a partir del siglo XVIII a nuestros días, sin incidir en épocas históricas pretéritas. Hay un sinfín de libros y planchas en las que se abordan detalles históricos de la aparición y evolución de la tolerancia, esa actitud o virtud que puede ser tan oportuna y eficaz como flexible y subjetiva.
“El hereje no es el que arde en la hoguera, sino el que la enciende”
William Shakespeare La etimología del término tolerancia ya nos sitúa al indicarnos que el sustantivo latino tolerantia significa paciencia, toleratio alude a la capacidad para el sufrimiento, y el verbo tolerare se traduce por sostener, soportar, aguantar, resistir. Así pues, el origen del vocablo está unido a la primera acepción que señala el Diccionario de la Lengua Española: llevar con paciencia.
Yes que la noción de la tolerancia se estrena en sociedad como un valor ético que se concibe como una contención forzosa por parte de las religiones mayoritarias sobre otros conjuntos de creencias. Así, nació con un cierto sentido Ferrán Nin peyorativo pues se trataba en realidad de soportar lo que no se podía erradicar.
Desde mucho antes de que apareciese el concepto de tolerancia, lo que imperaba era la intolerancia, (como le gustaba insistir al profesor español Gustavo Bueno) que es una noción ineludiblemente ligada a la religión y a su inapelable componente, el dogma. Por lo tanto es imposible abordar los citados conceptos sin hacer mención a la religión, aunque sea simplemente desde el punto de vista histórico.
La intolerancia primaria estaba estrechamente asociada a las religiones monoteístas, en cuyo ámbito se fraguó la imagen de Dios.
La intolerancia presuponía la existencia de razones para no admitir una creencia distinta a la propia religión.
De todos los valores inherentes de la sociedad por los que ha pasado la historia de la cultura humana, el que más influencia ha tenido ha sido el religioso o teocéntrico, en el que Dios ocupa el centro del Universo. Desde esta concepción Dios, Alá, Yahvé, ha sido el referente, el generador de los valores y doctrina. Y esa doctrina transmitía valores eternos, y cualquier planteamiento crítico era considerado heterodoxo y severamente castigado. A partir del Renacimiento en Europa empieza a coexistir el teocentrismo con el antropocentrismo y se encontraron frente a frente dos verdades: la fe y la razón.
“En la masonería tradicional, podemos distinguir dos concepciones distintas en la interpretación del Gran Arquitecto del Universo: una angloamericana y la otra, francesa”
La Revolución francesa da paso al tercero de los grandes momentos o etapas, la propiamente antropocéntrica. Los valores ya no están sustentados sólo en Dios, y la persona no estaba hecha a imagen y semejanza de Dios sino que era un ser biológico.
El polímata alemán Gottfried Leibniz escribe una carta en la segunda mitad del siglo XVII en la que dice: “socinianos (una doctrina cristiana antitrinitaria de origen italiana, considerada herética), deístas, spinocistas, andan estos tiempos defendiendo el consentimiento de todas las cosas y la razón probable es que como a ellos no les consienten nada, temen que la autoridad civil les prohíba todas sus manifestaciones; quieren a toda costa que el consentimiento sea universal, y utilizan una palabra nueva, tolerancia, y también una palabra más nueva, intolerancia, que la utilizan para referirse a la Iglesia Católica”.
En ese momento ya se habían escrito varios textos sobre el asunto, entre ellos el Tratado sobre la tolerancia, de Voltaire, que fue prohibido aunque resultó extraordinariamente popular en Europa, y en donde con todo su ingenio construye frases emblemáticas y de largo recorrido como la de La tolerancia es tan necesaria en política como en la religión; lo único intolerable es el orgullo.
Pero el texto más vertebrador de todos está considerado Carta sobre la tolerancia, del filósofo empirista y teólogo protestante inglés Jhon Locke, uno de los pensadores más influyentes de la Edad Moderna.
Locke explica la necesidad de separar la Iglesia y el Estado: que el gobernante respete la libertad de conciencia y que la Iglesia no se inmiscuya en asuntos civiles, ni trate de imponer la religión por la fuerza. La Carta sobre la tolerancia se considera la formulación más valiosa de su tiempo en defensa de la tolerancia religiosa.
Tras la revolución francesa nada vuelve a ser igual. Diez años después del comienzo de la revolución, Francia es irreconocible si la comparamos con la de 1789. Se ha creado un estado completamente nuevo; de una monarquía absolutista se ha pasado a una república. Ya no hay súbditos, sino ciudadanos. La sociedad, antes capitaneada por la aristocracia y el clero, ahora tiene un nuevo motor principal que se llama burguesía.
En Europa, hasta el siglo XIX, este planteamiento antropocéntrico coexiste en muchos pensadores con una más o menos profunda moral cristiana. A lo largo de este recorrido histórico el concepto de tolerancia sufre una metamorfosis que involucra a su contenido, sus dimensiones y su alcance.
“Locke explica la necesidad de separar la Iglesia y el Estado: que el gobernante respete la libertad de conciencia y que la Iglesia no se inmiscuya en asuntos civiles, ni trate de imponer la religión por la fuerza” Como bien sabemos, la masonería que hoy conocemos nace a comienzos del siglo XVIII, pero la masonería operativa se remonta a varios siglos antes y estaba estrechamente vinculada a la Iglesia Católica. La enseñanza estaba controlada por la Iglesia y se exigía a los masones la profesión de fe católica y su afiliación a las cofradías.
Yeso no es de extrañar si tenemos en cuenta que hoy, con dos milenios de historia, la Iglesia Católica es la institución internacional más antigua del mundo y ha influido en la filosofía occidental, la ciencia, el arte y la cultura. A medida que la arquitectura se volvió más secularizada y menos enfocada en la construcción de edificios religiosos y públicos, los masones comenzaron a aplicar los principios morales y filosóficos en la construcción a sus propias vidas.
Queda ya lejos el tiempo en el que se afirmaba que la idea de la tolerancia sugería la aceptación de algo que, a pesar de ser un mal, convenía asumir. Pero la Biblia, el Corán y el Talmud han sido y continúan siendo interpretados de diferentes maneras por numerosos estudiosos y eruditos, lo que ha dado lugar a más de una forma de fe cristiana, musulmana o judía. Y todo esto no es algo especialmente bueno ni malo; es algo natural y consustancial a la naturaleza religiosa.
La fe religiosa se sustenta en fuertes ideales éticos, y en la convicción de los mandamientos divinos o de un poder superior a la razón humana. Y esto puede ocasionar un fenómeno singular y es que personas con fuertes creencias religiosas se puedan volver intensamente intolerantes.
Pero no hay que ir muy lejos ni es obligatorio referirnos sólo a la religión cuando queremos hablar del significado de tolerancia y, sobre todo, de la intolerancia. En el siglo XIX ya se concibe la tolerancia como un instrumento eficaz para favorecer el pluralismo y la competencia entre ideas. Hoy día nos encontramos en un escenario mundial en el que la tolerancia forma parte sustancial del discurso de todas las democracias.
“La fe religiosa se sustenta en fuertes ideales éticos, y en la convicción de los mandamientos divinos o de un poder superior a la razón humana”
Ya en 1931 el jurista madrileño Demófilo de Buen, que murió en el exilio mexicano, escribió un interesante artículo sobre la tolerancia en relación con el momento histórico que se estaba viviendo en España. De Buen, que fue Gran Maestre del Grande Oriente Español (GOE), - como bien explican en sus documentadísimos artículos de carácter histórico Eduardo Montagut y Manuel Según- expresó claramente que una de las condiciones más exigible a un masón era la de la virtud de la tolerancia.
En el texto, publicado en el Boletín del GOE, el hermano Demófilo explica que el concepto de tolerancia no siempre ha estado vigente, y recuerda que en los tiempos de la masonería operativa, sus integrantes tenían que ser fieles a Dios y a la Iglesia, sin poder caer en la herejía. Pero en la masonería especulativa, el masón pasó a ser fiel a la tolerancia, y cita las Constituciones de Anderson, aludiendo especialmente a la idea de una “amistad sincera” entre personas que, de otro modo permanecerían extrañas las unas a las otras.
Para Demófilo de Buen la tolerancia es, efectivamente, la capacidad de tener una amistad sincera con hombres de ideas distintas, y representa una defensa contra el impulso tiránico de pretender conformar a los hombres con arreglo al propio patrón. Recordemos que el entorno masónico en esas fechas de los años era especialmente delicado.
Una de las afirmaciones más interesantes del hermano Demófilo es el de la subjetividad de la tolerancia. “La tolerancia es una cualidad subjetiva. En el terreno social y objetivo, la fórmula de la tolerancia es la libertad. Pero la libertad no puede vivir sin la tolerancia, porque las leyes para nada sirven si los hombres no tienen educada su voluntad para cumplirlas”.
Está ampliamente consensuado que la subjetividad es la propiedad de las percepciones y argumentos basados en el punto de vista del sujeto, y por tanto están influidos por los intereses y los deseos particulares del mismo.
“Aunque parece paradójico, para mantener una sociedad tolerante, la sociedad tiene que ser intolerante con la intolerancia”
La propiedad de subjetividad de la tolerancia es un enfoque más o menos novedoso pero cristalino. La subjetividad forma parte de nuestro razonamiento y modo de entender el entorno. Los conceptos de objetivo y subjetivo han estado en discusión a lo largo de la historia; la diferencia entre ambos resultó vital para el desarrollo de la ciencia y del método científico, ya que un experimento científico puede ser replicado por científicos diferentes, de culturas diferentes y en épocas diferentes, y arrojará siempre el mismo resultado objetivo.
Pero el método científico está en las antípodas de los razonamientos morales, culturales, sociales, incluso artísticos o estéticos.
Yqué decir ya de los planteamientos religiosos o políticos… Diariamente manejamos muchos conceptos subjetivos: moral, ética, pudor, virtud, razón (como acierto en las acciones o en el pensamiento) decencia, sinceridad, integridad, austeridad, discreción, dignidad, prioridad, rápido, lento, bonito, feo, verdadero, falso, pecado…Es extraordinariamente difícil sustraerse de la subjetividad.
“Podríamos decir que la etapa superior de la intolerancia es el fanatismo, que es una actitud irracional y extrema hacia una idea o creencia, con una devoción ciega y sin límites”
En estos tiempos en los que se vive inmerso en la inseguridad y la incertidumbre, que de vez en cuando se alternan con seguridades y certezas, los psicólogos ya han normalizado el concepto de subjetividad individual y también colectiva. Esas subjetividades colectivas, que han existido siempre, hoy las encontramos de manera inherente por ejemplo, en el terreno religioso, político y deportivo.
Entornos, que son, precisamente, caldo de cultivo perfecto de la intolerancia.
Hoy día la tolerancia se comprende como la capacidad para vivir armónicamente entre personas que provienen de contextos culturales o étnicos distintos, o que profesan religiones e ideologías políticas diferentes.
En esa labor de perfilamiento y rediseño continuo se trabaja desde el mismo nacimiento del concepto. Desde Locke a John Stuart Mill, pasando por Voltaire; de Henry Bergson a Hannah Arendt, pasando por Karl Popper, y desde los actuales John Rawls, a Michael Walzer, pasando por Alasdair MacIntyre, que son autores destacados que a través del tiempo han ayudado y ayudan a rediseñar el estado del concepto de tolerancia y de ética.
Es imposible pasar por alto la conocida tesis acerca de la paradoja de la tolerancia descrita en 1945 por al filósofo austriaco Karl Popper, cuya obra abarca conceptos de filosofía política con ideas de todas las ideologías democráticas. En su obra La sociedad abierta y sus enemigos, indica que si una sociedad es ilimitadamente tolerante, su capacidad de ser tolerante finalmente será reducida o destruida por los intolerantes. Popper deduce que, aunque parece paradójico, para mantener una sociedad tolerante, la sociedad tiene que ser intolerante con la intolerancia.
Cuando extendemos la tolerancia, a aquellos que son abiertamente intolerantes, -asegura Popper-, los tolerantes terminan siendo destruidos y la tolerancia con ellos. Cualquier movimiento que predique la intolerancia y la persecución, debe estar fuera de la ley. Por más paradójico que sea, defender la tolerancia exige no tolerar lo intolerable. Karl Popper (filósofo, politólogo y profesor austriaco)
Yes que debemos insistir en la polisemia de la palabra tolerancia, en la que confluyen distintos usos y pluralidad de significados. El más común es el de la tolerancia hacia los contenidos asociados a las libertades fundamentales: expresión, pensamiento, ideología o creencias. Hay otro uso del término por el que nos referimos a aquellas cosas que hay que tolerar, incluso soportar en la vida cotidiana, aunque nos puede llegar a molestar: modos de vida, las aficiones, reglas en el vestir, normas sociales, etc. Y si seguimos observando detectamos una tercera forma de tolerancia, aunque en realidad no lo es. Se trata de la indiferencia o el pasotismo, que no conduce al pluralismo sino al relativismo. Es cuando se aceptan prácticas y situaciones que en realidad sabemos que son intolerables como es la violencia o la corrupción. Algunos estudiosos llaman a esta actitud indiferentismo moral.
“Hoy día nos encontramos en un escenario mundial en el que la tolerancia forma parte sustancial del discurso de todas las democracias”
El catedrático de Ética Pública y de la Comunicación en la Universidad CEU San Pablo, Hugo Aznar, recomienda combinar la tolerancia como deber y virtud con la indignación moral: la capacidad de indignarse y reaccionar ante los males y las injusticias. Si la tolerancia se debilita peligra nuestra vida común en libertad; pero también peligra a la larga si no somos intolerantes con los males de esa vida. ¿A que ahora comprendemos un poco mejor lo que quería expresar Popper?
Podríamos decir que la etapa superior de la intolerancia es el fanatismo, que es una actitud irracional y extrema hacia una idea ocreencia, con una devoción ciega y sin límites. De hecho, se trata de una adhesión intolerante a unos ideales (políticos, étnicos o religiosos o deportivos, entre muchos otros) que pueden llevar en algunos casos a conductas destructivas. Es muy interesante la etimología de la palabra fanático, que proviene del latín fanaticus, formada, a su vez, a partir de fanum ‘templo’, y que se usó en latín para designar a las personas que frecuentaban el templo o también a los vigilantes del mismo, y más tarde a los exaltados por el fervor religioso. El origen del vocablo fanatismo significa doctrina que sigue algún culto.
En la actitud del fanático (no confundir con lo que se denomina fan de una música, un deporte, una afición o una celebridad) hay una amalgama de exaltación emocional, el valor absoluto de las creencias y una conducta intransigente contra quienes piensan distinto. El impacto del fanatismo en la sociedad puede ser devastador, generando violencia, discriminación, manipulación y estancamiento social.
El profesor de Psicología Clínica a de la Universidad del País Vasco Enrique Echeberúa, explica que uno no es fanático ante lo evidente, sino a lo que escapa a la racionalidad. Por ello, hay personas inteligentes y racionales en diversas facetas de su vida, pero que, en cambio, pueden ser fanáticas en otras, como en religión, política o fútbol, que calman sus ansiedades personales.
“Podríamos decir que la etapa superior de la intolerancia es el fanatismo, que es una actitud irracional y extrema hacia una idea o creencia, con una devoción ciega y sin límites”
¿He dicho fútbol? Sí, claro. Se habla mucho del fanatismo político y religioso pero hay una intolerancia exacerbada, instalada de manera masiva en la sociedad, que es el fanatismo deportivo y, muy especialmente, en el fútbol. La pasión por el fútbol es un fenómeno global que une a millones de personas en todos los rincones del mundo, debido a que, sin duda, este deporte trasciende culturas, idiomas, fronteras, regímenes políticos y crisis económicas.
La violencia en el fútbol es casi tan antigua como el juego, existiendo en Inglaterra antecedentes que la remontan a 1898, cuando en un informe de la policía se utiliza por primera vez el término hooligan para designar a grupos de fanáticos que provocaban hechos de violencia. También se tiende a aceptar que el origen de los grupos organizados con la denominación de ultras, con alguna diferencias estéticas y culturales respecto a los hooligans, data de la década de los 60 en Italia, extendiéndose luego por el resto de Europa y en menor medida África del Norte, Australia y Asia.
“Las mentes pequeñas confunden la intolerancia con la sinceridad”
Jonny Lee Miller Es a partir del Mundial de Fútbol de 1982, celebrado en España, cuando la afición por este deporte empieza a ir cada vez más allá de lo racional, y se transforma en una expresión de identidad y pertenencia. Se desatan unas emociones intensas, y tanto la euforia como la desilusión se entrelazan en cada gol, fallo o decisión del árbitro.
De hecho, la predisposición a la violencia es uno de los referentes de los grupos ultras. La violencia ultra adopta, casi siempre, una forma simbólica (por ejemplo, un gesto ofensivo, un coro injurioso), pero también una forma real, que no descarta el uso de armas.
Pero todo lo malo puede empeorar: a los grupos violentos del fútbol les llega la toxicidad de las posiciones ideológicas más radicalizadas. Así tenemos que muchos grupos deportivos ultras, de cualquier parte del mundo, se sitúan en posiciones políticas también extremas, sea una ideología u otra. Y esto ocasiona fracturas en el interior de la afición y genera nuevas enemistades entre los que defienden unos mismos colores pero desde posiciones ideológicamente opuestas, con una particularidad: el que antes era amigo y hoy es enemigo, es doblemente enemigo. A pesar de su relevancia, la tolerancia enfrenta numerosos desafíos en la actualidad: las tensiones sociales, políticas y económicas a menudo generan un clima propicio para la intolerancia. Además, las plataformas digitales han amplificado el alcance de las interacciones humanas, pero también han facilitado la difusión de discursos de odio.
Los masones asumimos que la tolerancia implica el respeto profundo hacia el otro; un respeto que exige reconocer y comprender las diferencias, sean estas sociales, culturales, religiosas o políticas. Además, somos conscientes de que la tolerancia es una herramienta que nos permite construir las condiciones apropiadas para fomentar y promover una convivencia dialogante entre los seres humanos.
El deber de los masones, independientemente de obediencias, logias, ritos, coordenadas geográficas y culturales, es propiciar una convivencia respetuosa y pacífica, crucial en sociedades donde la libertad de decidir por uno mismo constituye un valor único. Esta forma de tolerancia debe constituir un deber cívico de todos, y así lo propugnan las declaraciones de los organismos de Naciones Unidas.
“Las plataformas digitales han amplificado el alcance de las interacciones humanas, pero también han facilitado la difusión de discursos de odio”
Nuestra sociedad global se ha venido caracterizando, desde el fin de la II Guerra Mundial, por la capacidad de generar convivencia entre los diferentes. En ella cada uno conserva su propio espacio personal y, al mismo tiempo, comparte, si quiere, los símbolos colectivos.
Pero debemos reconocer que cada vez hay más observadores cualificados y organismos internacionales que creen que los días que estamos viviendo, todo lo relacionado con la tolerancia y la ética se encuentra en un punto no sólo de parón evolutivo sino de regresión.
Hannah Arendt (filósofa, historiadora, politóloga, socióloga, profesora de universidad, escritora y política alemana)
Entre las reflexiones interesantes que se hacen tras el conflicto mundial hay que destacar la obra de Hannah Arendt, la pensadora judía que huyó de la Alemania nazi. Abordó materias en los años 50 y 60 que hoy día son más comprendidas y relevantes que cuando las expuso en libros y en sus polémicos artículos en la revista New Yorker sobre el juicio del dirigente nazi Adolf Eichmann. Es conocida, sobre todo, por sus reflexiones acerca de la situación de los refugiados, la violencia política, el totalitarismo y el concepto de la banalidad del mal. A través de sus heterodoxas aportaciones, la intuitiva Arendt nos brindó un marco para entender muchos de los desafíos éticos y morales de nuestra sociedad del siglo XXI.
Desde una perspectiva masónica podemos observar la evolución del concepto de tolerancia en relación a los conceptos de libertad, igualdad y fraternidad, y todo lo que vemos nos puede llevar a pensar que la sociedad global necesita un nuevo planteamiento de la tolerancia como herramienta para el desarrollo de las relaciones humanas.
“Los masones defendemos la libertad, el respeto y la dignidad de los seres humanos y nos oponemos a cualquier forma de extremismo”
Como masones no ejercemos ninguna actividad política partidaria pues creemos que eso atañe a la libertad de conciencia de cada uno de sus miembros. Pero defendemos la libertad, el respeto y la dignidad de los seres humanos y nos oponemos a cualquier forma de extremismo. Reflexionamos y actuamos en los campos de la ética y la moral, considerando que los grandes problemas de nuestras sociedades contemporáneas se encuentran en estas grandes áreas que afectan al presente y el futuro de los seres humanos.
En el ámbito religioso la masonería no pide a sus miembros que afirmen una creencia en Dios. Pero tampoco prohíbe a sus miembros creer en Dios y/o practicar una religión. Nosotros acudimos a nuestros talleres en busca una reflexión tanto individual como colectiva, respetando la sensibilidad y las convicciones de cada uno.
La masonería siempre ha tenido la misión de construir el futuro. Debemos ser conscientes de que si la masonería se desarrolla en contradicción a los Derechos Humanos, dejaría de ser masonería.
Agnes Heller (filósofa, socióloga, profesora y autora húngara)
Da la impresión de que la sociedad necesita utilizar herramientas del tipo la Valentía Cívica, tal y como propone la pensadora y socióloga húngara Ágnes Heller, una mujer que dijo algo tremendo: “odiar el presente es como odiarnos a nosotros mismos”. Y mientras observa los vaivenes de una tolerancia pacata y paralizada entre el fanatismo y la indiferencia, Heller defiende que la constitución de una vida ética y justa, radica en dos pilares: el hombre bueno y el buen ciudadano, que son los engranajes centrales de la sociedad contemporánea. Y acabo ya, recordando la lúcida reflexión sobre la tolerancia del Querido Hermano Demófilo de Buen hace ya 90 años: La tolerancia es “necesario vivirla. Vivirla con amor tan intenso, que tenga fuerza para vencer en nosotros incluso el ímpetu de la venganza, si, por un azar del destino, los intolerantes cayeren en nuestras manos...”
“Los vicios vienen como pasajeros, nos visitan como huéspedes y se quedan como amos”
Segundo Vigilante
Tradicionalidad, teísmo y deísmo
Por Pablo Bahíllo
La Masonería Universal acoge en su seno a todas aquellas organizaciones fraternales que practican el denominado Arte Real. Se trata de una hermandad laica cuya misión principal es la iniciación espiritual por medio de símbolos.
Entre las diversas corrientes masónicas existentes, todas dignas y respetables, queremos centrarnos en la denominada masonería tradicional. En ella están integradas todas las Obediencias1 y todos los Supremos Consejos2 que acatan escrupulosamente los Principios 1 Las Obediencias tradicionales angloamericanas suelen practicar diversos Ritos, sin embargo, las Obediencias tradicionales vinculadas a la Gran Logia de Francia solo practican el REAA.
Todos los Supremos Consejos tradicionales, angloamericanos o no, solo trabajan en el REAA.
Pablo Bahíllo Fundamentales de la Tradición. Se trata de una serie de reglas, conocidas como Landmarks o Antiguos Límites, que se caracterizan por: respetar las Constituciones de Anderson; hacer los trabajos masónicos a la gloria del Gran Arquitecto del Universo3, y colocar sobre el altar de los juramentos las Tres Grandes Luces de la Masonería: la Biblia (Libro de la Ley Sagrada)4, la escuadra y el compás5. Otra regla fundamental es no hablar durante las Tenidas masónicas sobre política o religión.
“En la masonería tradicional, podemos distinguir dos concepciones distintas en la interpretación del Gran Arquitecto del Universo: una angloamericana y la otra, francesa”
En este gran grupo de masonería tradicional, podemos distinguir dos concepciones distintas en la interpretación del Gran Arquitecto del Universo: una angloamericana y la otra, francesa.
3 Es el símbolo principal de la Masonería.
4 Que debe de estar abierta durante los trabajos, por el capítulo que señale el ritual.
5 La escuadra y el compás se colocan sobre la Biblia según el grado en el que se desarrollen los trabajos.
Masonería de corte angloamericano: La masonería de corte angloamericano tiene una clara orientación teísta y está formada6 por todas las Obediencias que trabajan en los Ritos de Emulación7, York8, Arco Real y REAA9. Están integrados también en este grupo todos los Supremos Consejos angloamericanos del REAA10. Aquí, la fuente de tradición en esta rama masónica se encuentra en las Constituciones de Anderson, publicadas por primera vez en 172311.
“El teísmo afirma que Dios posee una naturaleza personal y ejerce soberanía sobre el mundo. Esta perspectiva implica aceptar tanto la providencia divina como la posibilidad de una revelación”
Engarzando con lo anterior, el teísmo afirma que Dios posee una naturaleza personal y ejerce soberanía sobre el mundo. Esta perspectiva implica aceptar tanto la providencia divina como la posibilidad de una revelación. Para los teístas, la verdad revelada trasciende el ámbito de la razón humana, y no puede ser comprendida plenamente como una 6 Incluimos en este grupo a todas las Obediencias y Supremos Consejos, de diversos países, vinculados a la masonería tradicional angloamericana.
7 Al Rito de Emulación se le conoce también como Rito de Reconciliación, se creó en 1816 (quince años después del REAA). En este Rito trabaja normalmente la Gran Logia Unida de Inglaterra y numerosas Obediencias vinculadas a esta Gran Logia. Uno de los oficiales de este Rito es el capellán.
verdad accesible universalmente por todos. (Ferrater, 2001).
La Gran Logia Unida de Inglaterra está considerada como la Obediencia tradicional teísta por antonomasia y esa es una de sus principales señas de identidad. Basa su tradición en las Constituciones de Anderson de 1723, cuyo primer punto, que lleva por título De Dios y de la Religión, reza así: “El masón está obligado por su carácter a obedecer la ley moral, y si debidamente comprende el Arte, no será jamás un estúpido ateo ni un libertino irreligioso”. Sin embargo, después de la anterior afirmación, claramente teísta, el texto continúa del siguiente modo: Pero aunque en tiempos antiguos los masones estaban obligados a pertenecer a 8 Uno de los oficiales de este Rito es el Maestro de Plegarias.
9 El REAA se creó en la ciudad estadounidense de Charlestón (Carolina del Sur) el 31 de mayo de 1801. 10 El primer Supremo Consejo se fundó en Charlestón tras la creación del REAA (31 de mayo de 1801).
11 Fueron redactadas por el Pastor James Anderson y por Jean Thèophile Desaguliers. Se aprobaron en 1723 cuando el Duque de Warton presidía la Gran Logia de Londres y Westminster.
la religión dominante en su país, cualquiera que fuere, se considera hoy mucho más conveniente obligarlos tan solo a profesar aquella religión que todo hombre acepta, dejando a cada uno libre en sus individuales opiniones; es decir, que han de ser hombres probos y rectos, de honor y honradez, cualquiera que sea el credo o denominación que los distinga. José Antonio Ferrer Benimeli (sacerdote jesuita español, licenciado en Filosofía y Letras e Historia (Universidad de Zaragoza) y uno de los mayores conocedores de la historia de la masonería española.)
De esta suerte, la masonería es el Centro de Unión y el medio de conciliar verdadera fraternidad entre personas que hubieran permanecido perpetuamente distanciadas. El historiador y estudioso de la masonería Ferrer Benimelli expone con gran claridad que la Gran Logia Unida de Inglaterra ha mantenido, hasta la actualidad, una orientación teísta, y no deísta. La masonería tradicional anglosajona no solo reconoce la existencia de un dios, sino que se adhiere al teísmo. Así, el Dios al que se hace referencia y se invoca en logia es un Dios creador y personal. No se trata, por tanto, de una entidad abstracta o impersonal, como proponen corrientes filosóficas como el inmanentismo o el panteísmo. No cabe ambigüedad alguna sobre este punto (Ferrer, 1996, pp. 4955). En consecuencia, la masonería tradicional angloamericana identifica el símbolo del Gran Arquitecto del Universo con Dios y su voluntad revelada, e impone esta concepción hermenéutica a todos los masones adscritos a esta corriente y a todos los profanos que deseen ingresar en ella. Este modelo iniciático no solo condiciona los trabajos masónicos, sino que los orienta hacia la rememoración, la celebración y la conmemoración. El fuerte compromiso de búsqueda espiritual que caracteriza al REAA, tal y como se practica en la masonería tradicional francesa, se encuentra mucho más atenuado en la masonería tradicional angloamericana.
“El historiador y estudioso de la masonería Ferrer Benimelli expone con gran claridad que la Gran Logia Unida de Inglaterra ha mantenido, hasta la actualidad, una orientación teísta, y no deísta”
En el año 1929, la Gran Logia Unida de Inglaterra hizo una de declaración afirmando que la creencia en el Gran Arquitecto del Universo y en su voluntad revelada son condiciones esenciales para que se admitan sus miembros. En este mismo sentido, cuando la Gran Logia Unida de Inglaterra rompió relaciones de amistad y reconocimiento con la Gran Logia de Uruguay, el 18 de octubre de 1950, endureció más aún su postura teísta. Y en el anterior contexto, declaró que todo aspirante a ingresar en la masonería debe creer en un Ser Supremo, un Dios invisible y todopoderoso, sin que se admitan excepciones en este aspecto. La masonería no es simplemente una corriente filosófica abierta a cualquier pensamiento u orientación ideológica. En su esencia, representa una forma de culto destinada a preservar y promover la creencia en la existencia de Dios, entendida esta como parte de una fe monoteísta. Por ello, y para evitar ser asociados con el deísmo, la Gran Logia de Inglaterra, junto con las de Escocia e Irlanda, establecieron como requisito la fe en un único Dios para sus miembros y para quienes se inician en logias vinculadas a ellas (Ferrer, 1996).
Masonería tradicional francesa En contraposición a la anterior concepción está la masonería tradicional francesa, representada por la Gran Logia de Francia y por el Supremo Consejo de Francia. Y a ella están vinculadas todas las Obediencias y Supremos Consejos relacionados con estas dos organizaciones masónicas. Esta corriente tradicional está formada por francmasones que trabajan exclusivamente en el REAA. Son masones que, mientras recorren su camino iniciático de un modo lento y progresivo, estudian y aprenden las enseñanzas simbólicas que transmiten los rituales de cada grado. La masonería tradicional francesa tiene una singularidad primordial: se caracteriza por tener un planteamiento masónico con una clara orientación deísta. Sus fuentes de tradicionalidad son “Las Constituciones de Anderson” de 1723, junto con “El Manifiesto” y la “Declaración de Principios del Rito” que, por unanimidad, fueron aprobados en el Convento Universal que se celebró en la ciudad suiza de Lausana en 1875, que fue convocado por iniciativa del Supremo Consejo de Francia.
En la Declaración de Principios de este Convento se proclamó que la Masonería afirmaba, como lo había hecho siempre, la existencia de un Principio creador bajo el nombre de Gran Arquitecto del Universo. Sin embargo, los once Supremos Consejos participantes decidieron no identificarlo con el concepto del “Dios” de las religiones y para ello propusieron otras denominaciones que tuvieran una proyección más universal.
Creador Superior, Principio Creador o Fuerza Superior. Todas estas formulaciones, planteadas y entendidas en un sentido amplio, lo que pretendían era conciliar la afirmación de un Principio Creador (fundamento espiritual del Universo) con el respeto a la libertad de conciencia de cada masón.
“El término deísmo suele referirse a la creencia en un Dios cuya existencia se afirma independientemente de cualquier tipo de revelación. Este Dios es visto, ante todo, como el origen y causa del universo, una idea que coincide con la sugerida por la llamada “religión natural” o “religión racional”, en la medida en que se equiparan razón y naturaleza”
La definición del Gran Arquitecto del Universo, aprobada por unanimidad en el Convento de Lausana, tiene una clara intención integradora y se encuentra dentro de lo que podemos entender como “deísmo filosófico”.
Actualmente, el término deísmo suele referirse a la creencia en un Dios cuya existencia se afirma independientemente de cualquier tipo de revelación. Este Dios es visto, ante todo, como el origen y causa del universo, una idea que coincide con la sugerida por la llamada “religión natural” o “religión racional”, en la medida en que se equiparan razón y naturaleza. Por tanto, el Dios del deísmo está desvinculado de nociones como la Providencia y completamente alejado del concepto de gracia. Es una figura racional que puede llegar a identificarse con la ley entendida en términos natural-racionales. Ideas como pecado, mal o redención son rechazadas por los deístas, al considerarlas contrarias a la razón. Además, los deístas suelen afirmar que ese Dios es, en esencia, común a todas las religiones, una vez que estas han sido despojadas de sus elementos históricos y doctrinales particulares (Ferrater,1964). No obstante, el pensamiento de Kant presenta una singularidad: en la Crítica de la razón pura rechaza tanto el teísmo como el deísmo, al considerarlos formas de conocimiento especulativo. Sin embargo, en la Crítica de la razón práctica elabora una noción de Dios que combina elementos propios tanto del teísmo como del deísmo. Más adelante, en La religión dentro de los límites de la mera razón, Kant adopta una visión de Dios que se aproxima considerablemente a la sostenida por numerosos deístas. (Ferrater, 1964).
El Supremo Consejo de Francia ha mantenido de forma constante su adhesión a la visión espiritualista y universalista establecida en Lausana. Al no equiparar al Gran Arquitecto del Universo con el “Dios” específico de las religiones tradicionales, adopta una postura espiritual más abierta y tolerante, que no circunscribe la noción de Espíritu únicamente al marco de las religiones abrahámicas. Esta interpretación no entra en conflicto con la opción más restringida de los Supremos Consejos de orientación teísta, ya que la abarca dentro de una perspectiva más inclusiva. (Greven, 2004). Debemos recordar que algunos Supremos Consejos, sobre todo anglosajones, que no estaban afectados por las condenas pontificias y a los que les preocupaba menos la laicidad, rehusaron ratificar lo que habían acordado y aprobado en el Convento de Lausana. La definición arreligiosa del Gran Arquitecto del Universo desagradó a los Supremos Consejos anglosajones que se habían quedado aferrados a su concepción estrechamente teísta y personalista.
Resulta especialmente llamativo que la Iglesia católica haya adoptado una posición específica interpretando de manera peculiar la figura del Gran Arquitecto del Universo en la masonería. El cardenal Ratzinger, entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (anteriormente Santo Oficio), basándose únicamente en la postura expresada por los obispos alemanes en 1981, ofreció su visión sobre el significado de esta figura para los masones.
Según su interpretación, el Gran Arquitecto del Universo ocupa un lugar destacado en los rituales masónicos y, pese a una aparente apertura hacia lo religioso, representa una visión claramente influida por el deísmo. Desde esta perspectiva, se niega la posibilidad de un conocimiento objetivo de Dios, como lo propone el teísmo con su noción de Dios personal. (Ferrer, 1996). “Para la masonería tradicional francesa, el concepto de Gran Arquitecto del Universo se presenta como una noción neutra, indefinida y abierta a múltiples interpretaciones. Cada persona puede proyectar en ella su propia imagen de lo divino, ya sea cristiano, musulmán, seguidor de Confucio, animista o adepto de cualquier otra creencia”
Para la masonería tradicional francesa, el concepto de Gran Arquitecto del Universo se presenta como una noción neutra, indefinida y abierta a múltiples interpretaciones. Cada persona puede proyectar en ella su propia imagen de lo divino, ya sea cristiano, musulmán, seguidor de Confucio, animista o adepto de cualquier otra creencia. Para el francmasón, esta figura no representa un ser en el sentido de un Dios personal, por lo que no se exige más que una profunda sensibilidad espiritual para reconocerla.
Referencias bibliográficas: Esta idea, que sitúa al Gran Arquitecto en una lejanía propia del deísmo, entra en conflicto con la visión católica de un Dios cercano, al que se invoca como Padre y Señor, debilitando así sus fundamentos teológicos. (Ferrer, 1996).
Ferrater Mora, J. (1964) Diccionario de Filosofía. Tomo I (A-K). Editorial Sudamericana. Buenos Aires. Quinta Edición.
Ferrer Benimeli, J. A. (1996). Masonería y religión: convergencias ,oposición, ¿incompatibilidad? Ed. Complutense.
Ferrater Mora, J. (2001) Diccionario de Filosofía; Barcelona, Nueva edición actualizada por la Cátedra Ferrater Mora bajo la dirección de Josep-María Terricabras.
Greven, H. (2004) Del Rito de Perfección al Rito Escocés Antiguo y Aceptado. El Supremo Consejo de Francia en el concierto masónico francés. Discurso pronunciado el 23 de octubre de 2004 en París.
Desde el suroccidente, y apoyado en la Plomada, el Segundo Vigilante conduce al aprendiz hacia su grado de Compañero, desencriptando para él los mensajes de rectitud y verdad que atesora la Logia. Con estos conocimientos, el aprendiz caminará por un sendero de ley, orden y justicia hacia su siguiente grado.
Arte y Cultura
El Séptimo Sello de Ingmar Bergman, una alegoría francmasónica en busca de la Luz
Por Leandro Guerrero
En el amplio abanico del arte cinematográfico, pocas obras abordan con tanta pasión y profundidad los misterios de la existencia humana, como “El Séptimo Sello” (1957), la célebre película dirigida por Ingmar Bergman. Una de las obras más emblemáticas del cine europeo y una referencia clave del cine existencialista.
Ambientada en la Suecia medieval durante la peste negra, la película sigue a un caballero cruzado, Antonius Block, que regresa de Tierra Santa y se encuentra con la Muerte que ha venido a buscarlo. El Caballero, para ganar tiempo y encontrar sentido a su existencia, propone a la Muerte una partida de ajedrez.
Mientras juegan, el caballero y su escudero viajan por una tierra asolada por la enfermedad, la desesperanza y el fanatismo religioso.
El Séptimo Sello (en sueco: Det Sjunde Inseglet) es una película sueca de 1957 del género dramático-fantástico escrita y dirigida por Ingmar Bergman Leandro Guerrero La icónica película no solo trasciende las barreras del cine como arte, sino también es un profundo tratado sobre la existencia humana, la búsqueda de significado y la confrontación con lo divino. Un universo simbólico que retumba o resuena profundamente con la cosmovisión francmasónica.
Es una obra maestra, ambientada en la Europa medieval, que narra la devastación por la peste y trasciende su contexto histórico para convertirse en una reflexión atemporal sobre la muerte, la fe, la duda; y sobre todo la búsqueda del significado de la vida.
“El Séptimo Sello no es solo una obra cinematográfica, sino un inmenso templo de imágenes y símbolos que invita a una reflexión apasionada y profunda” La película no solo plantea una meditación sobre la existencia, sino también un viaje iniciático perfectamente interpretable a la Luz del Rito Escocés Antiguo y Aceptado (REAA). De esta manera, se convierte en una alegoría de la búsqueda del conocimiento, el enfrentamiento con la duda y la trascendencia del miedo a lo desconocido. En tal virtud, se revela como un símbolo de la lucha del iniciado por quitarse el velo de la ignorancia, hallar la verdad esencial y por ende la búsqueda de la Luz.
El protagonista de la película regresa de las Cruzadas con su mundo interior en ruinas. En un acto simbólico, el Caballero desafía a La Muerte a una partida de ajedrez buscando ganar tiempo al tiempo para encontrar respuestas a sus preguntas existenciales. ¿Existe Dios? ¿Qué sentido tiene la vida? Lo que a mi modo de ver representa al iniciado en busca de la Verdad. Su duelo con la Muerte es un enfrentamiento entre lo material y lo espiritual, una pugna entre la duda y la fe, entre la ignorancia y el conocimiento. En nuestro mundo, esta lucha es constante. El Caballero muestra que su verdadera batalla no es contra la enfermedad ni el caos exterior, sino contra sus propias dudas, su incertidumbre sobre la existencia de Dios y el verdadero sentido de su vida. Este conflicto existencial se puede comparar con el viaje iniciático de todo francmasón que, desde su ingreso a la Orden, se enfrenta a las sombras de su propia ignorancia y debe esforzarse para buscar la Luz.
“La partida de ajedrez que se juega a lo largo de la película entre el Caballero y la Muerte proyecta una situación de gran fuerza simbólica”
Si tomamos la partida mortal entre el Caballero Antonius Block y La Muerte como eje central, se percibe una de las enseñanzas que Platón transmitió en sus diálogos: “cada movimiento representa un grado de conocimiento adquirido, donde la verdadera victoria no está en evitar la muerte, sino en vivir conscientemente”. El encuentro del Caballero con la Muerte no es solo un preludio o anticipo de su fin físico, sino una alegoría del memento mori. Enfatizar la fugacidad de la vida y la necesidad de obrar con conciencia y sabiduría.
Aceptar que las respuestas definitivas son inalcanzables. Tenemos que saber convivir en todo momento con las preguntas. Es preciso sobrevivir entre la ignorancia y la Luz. Hay que aceptar una existencia entre el temor y la trascendencia.
El Caballero que ha luchado en nombre de Dios durante años regresa a su hogar lleno de dudas sobre la existencia divina y el verdadero propósito de su sacrificio. Este conflicto profundamente humano encuentra eco en el proceso francmasónico de indagación filosófica y espiritual. En el REAA el iniciado busca más allá de las apariencias superficiales. No se adhiere a dogmas o creencias preestablecidas, sino que cuestiona, reflexiona y experimenta el significado de la existencia. Igualmente, el Caballero debe enfrentarse a sus sombras y temores para alcanzar la claridad interior. Recuerda a Platón cuando dice que la mayor victoria que uno puede alcanzar es vencerse a sí mismo.
La partida de ajedrez que se juega a lo largo de la película entre el Caballero y la Muerte proyecta una situación de gran fuerza simbólica. Igualmente en las logias, el mosaico ajedrezado es recordatorio de la dualidad del mundo y la necesidad de moverse con sabiduría en el tablero de la vida. Cada movimiento representa las elecciones y los sacrificios del iniciado. La Muerte, por razones obvias, es implacable. El Caballero Antonius Block juega con inteligencia para ganar tiempo no para sí mismo, sino para aquellos a quienes cree que debe proteger.
El iniciado, como el Caballero, comienza su viaje en la oscuridad de la ignorancia. Pronto descubre que la francmasonería no le entrega una respuesta, sino un conjunto de herramientas simbólicas para tallar su propia piedra bruta. En esencia, la partida contra la muerte es una metáfora de nuestra propia batalla o combate interior. Aunque no podemos evitar a la muerte, sí podemos elegir cómo jugamos nuestra partida del ajedrez de la vida. En El Séptimo Sello, el Caballero medieval representa la fe que se cuestiona y tambalea en la búsqueda de lo trascendental, mientras que su Escudero Jöns simboliza el realismo y la mirada crítica ante la superstición. Este dúo recuerda la necesidad del equilibrio entre lo espiritual y lo racional. La razón sin espiritualidad es inerte o estéril, pero la espiritualidad sin la razón es invidente o ciega. Lograr este equilibrio permite avanzar en el camino iniciático. René Guénon dice que el verdadero iniciado no rechaza ni la razón ni el misterio, sino que trasciende ambos en la comprensión de que lo sagrado y lo profano son dos caras de una misma moneda.
“El iniciado, como el Caballero, comienza su viaje en la oscuridad de la ignorancia. Pronto descubre que la francmasonería no le entrega una respuesta, sino un conjunto de herramientas simbólicas para tallar su propia piedra bruta”
Otra de las secuencias claves de la película ocurre cuando el Caballero confiesa, en la iglesia, “Quiero conocimiento, no fe. Quiero que Dios me tienda la mano, que me revele su rostro”. Se aprecia como Bergman, hijo de un pastor luterano, explora en esta escena la crisis espiritual que todo buscador experimenta. Bergman transmite que ni la fe ciega ni el escepticismo radical salvan al hombre, muy al contrario, solo la acción ética y el servicio al prójimo. El Caballero salva a la familia de titiriteros y esta acción, le otorga sentido a su viaje vital.
El título de la película El Séptimo Sello alude al Apocalipsis, donde precisamente el séptimo sello marca el silencio en el cielo antes del juicio final En nuestro rito la muerte es un paso hacia el renacimiento espiritual. En la película, mientras que el Caballero Block se enfoca en su lucha personal contra la Muerte, la pareja de titiriteros formada por Jof y Mia junto a su Jof y Mia junto a su pequeño hijo pequeño hijo reflejan en todo momento la sencillez.
Una contraposición totalmente esperanzadora. Ellos son actores ambulantes que viven con absoluta humildad y alegría. Disfrutan la belleza momentos cotidianos. A través de estos personajes, Bergman sugiere que la felicidad no radica en grandiosas búsquedas metafísicas. Mientras la Muerte lleva consigo a los protagonistas en la danza de la muerte, el joven comediante Jof y su familia logran escapar. Es el simbolismo de la esperanza y la continuidad de la luz en el mundo. El Caballero, a lo largo de la película, no encuentra todas las respuestas que buscaba, pero al salvar a la familia de titiriteros, logra darle sentido a su existencia. Aunque no logra vencer a la muerte, en su derrota también hay un triunfo. Una victoria que justifica claramente que ha vivido con un propósito, ha logrado proteger la inocencia (el niño que escapa) y logra enfrentar sus miedos con paciencia y sabiduría. El desenlace de la película muestra la icónica danza de la Muerte, una procesión de almas que se dirigen a lo desconocido. Una danza, más que aterradora; liberadora. Es la aceptación de que la vida es efímera, pero que nuestro legado y nuestras acciones perduran en el tiempo “La pareja de titiriteros formada por Jof y Mia junto a su pequeño hijo reflejan en todo momento la sencillez”
El Séptimo Sello no es solo una obra cinematográfica, sino un inmenso templo de imágenes y símbolos que invita a una reflexión apasionada y profunda. En un concierto coral de posibles preguntas que podemos hacer, deja una muy poderosa en el aire: ¿estamos viviendo de acuerdo con nuestros ideales? Bergman, quizás sin pretenderlo, creó una obra maestra que nos traslada a nuestros principios francmasónico, dentro de los cuales, entre muchos, tenemos la lucha contra la ignorancia, la aceptación de los límites que tenemos como humanos que somos y, finalmente, la fraternidad que nos debemos como si fuera un verdadero refugio ante lo inevitable e inefable. Así tenemos que, la partida de ajedrez contra La Muerte no se trata ni de ganar o perder, sino de jugar (en el buen sentido de la palabra) con dignidad, de hacer cada movimiento en el tablero de la vida con absoluta conciencia y poder contribuir con nuestro granito de arena a que el mundo que vamos a dejar sea un poco mejor.
Arte y Cultura
Cinco principios del Convento de Lausana de 1875
Por Eduardo Montagut
Cuando intentamos definir qué es la masonería, y especialmente, desde el Rito Escocés Antiguo y Aceptado, se repiten una serie de máximas o principios que parece, en muchas ocasiones, una simple retahíla o un listado que se memoriza como si se fuera un alumno de una vieja escuela donde solo interesaba, precisamente, lo mnemotécnico. Esos principios se expresan sin pararnos a reflexionar sobre su inmensa importancia, a nuestro entender, y no solo para el ámbito estrictamente masónico. Los masones abogamos mucho por la importancia de la palabra, pero no parece que reflexionemos tanto sobre su sentido. Por eso, creemos que debemos recordar esos principios y promover la reflexión sobre los mismos.
“La francmasonería está abierta a los hombres de todas las nacionalidades, razas y creencias”
Precisamente, el Convento de Lausana de 1875 del Rito Escocés Antiguo y Aceptado nos dejó cinco principios sobre lo qué es y pretende la masonería.
Son los siguientes: 1.La francmasonería proclama, como lo ha hecho siempre, desde su origen, la existencia Eduardo Montagut de un Principio Creador bajo el nombre de Gran Arquitecto del Universo.
2.No impone ningún límite a la investigación de la verdad y exige a todos la tolerancia, a fin de garantizar esa libertad.
La francmasonería está abierta a los hombres de todas las nacionalidades, razas y creencias.
4.Prohíbe en sus talleres toda discusión política y religiosa, acogiendo a todo profano cualesquiera que sean sus opiniones políticas y religiosas, siempre que sea hombre libre y de buenas costumbres.
5.La Francmasonería tiene como fin luchar contra la ignorancia bajo todas sus formas, siendo una escuela mutua cuyo programa se resume así: obedecer las leyes del país de cada uno; vivir honradamente; practicar la justicia; amar a sus semejantes; trabajar sin flaqueza por el bien de la humanidad y en pro de su emancipación progresiva y pacífica.
En primer lugar, el Rito Escocés no es una religión, ni adora a ningún Dios concreto, dejando a los masones plena libertad a la hora de adoptar una creencia u otra, muy en consonancia con el mismo espíritu de libertad que aparece en el segundo principio. Esta declaración abierta, muy abierta, nos atreveríamos a decir, fue un ejercicio en sí muy masónico, si se nos permite, la expresión. Pretendió establecer equilibrio y respeto, huyendo del dogmatismo y la imposición de un criterio único. Y no se hizo esto último, precisamente, porque en el Convento se pensó que la masonería debía sustentarse en el intenso respeto a los demás, fueran o no masones, en la autonomía personal de cada ser humano.
Pero también es cierto que fue un ejercicio práctico de diplomacia para impedir conflictos y enfrentamientos, algo que, lamentablemente, era y es más habitual de lo deseado en masonería. En ese momento era evidente, tanto en relación con esa cuestión como sobre las relaciones y reconocimientos entre los distintos cuerpos masónicos en el ámbito internacional en los inicios del último tercio del siglo XIX. Los masones allí presentes hicieron gala de un espíritu que, en cierta medida, podemos vincularlo al ejercicio que muchos diplomáticos que fueron masones plasmaron en todos los intentos para construir el derecho internacional, así como, instituciones supranacionales con el fin de organizar el complejo mundo de las relaciones internacionales.
Este principio es el primer ejemplo que la masonería escocesa aporta al mundo profano. Partiendo del hecho de que existe un principio creador o regenerador, se es libre para interpretarlo religiosa o filosóficamente. Si antes aludíamos al espíritu masónico y su influencia en la búsqueda de acuerdos entre antagonistas en el plano diplomático, ahora podemos pensar en la lección masónica especialmente hacia los sectores fundamentalistas e integristas de las grandes confesiones monoteístas, que, hoy en día, son tan fuertes.
“El Rito Escocés no es una religión, ni adora a ningún Dios concreto, dejando a los masones plena libertad a la hora de adoptar una creencia u otra, muy en consonancia con el mismo espíritu de libertad”
La búsqueda de la verdad es un principio que todo masón conoce, pero se puede generar un problema porque se podría interpretar como un ejercicio dogmático. ¿Qué sería la verdad? Pero en ese mismo principio se nos da una pista, ya que se habla de tolerancia porque, en realidad, la búsqueda de la verdad tiene que ver no con la imposición de principios, ideas o planteamientos de todo tipo, sino con el hecho objetivo de la búsqueda de lo cierto en contra de lo falso o de la mentira. Y eso lo interpretamos así porque sabemos que en la definición múltiple de la masonería se escriben con letras de oro el respeto y la tolerancia hacia los demás, especialmente en lo religioso y político. Pero también con el inicio del último principio, que es la lucha contra la ignorancia, demostrando la masonería un acusado principio pedagógico, muy vinculado con su origen o hermanamiento con el espíritu ilustrado.
“La prohibición de las discusiones en relación con la política y la religión no debe entenderse como una cortapisa al libre desarrollo del pensamiento y de las opiniones”
Por eso, el tercer principio habla de la apertura de la masonería a todo tipo de personas, en un verdadero ejercicio cosmopolita.
La prohibición de las discusiones en relación con la política y la religión no debe entenderse como una cortapisa al libre desarrollo del pensamiento y de las opiniones en una tenida, en las logias. No se buscó impedir que se hablase en el plano teórico, lo que sí se pretendía evitar era la controversia que generarían estas dos cuestiones, algo que, por otro lado, no se puede dar en una tenida masónica, donde no se discute, o no como se entiende en el mundo profano.
Esta “prohibición” se entiende bien en el contexto del siglo XIX, pero es válida tanto para el XX como para el XXI.
Un asunto que hoy llamaría la atención tiene que ver con ser libre, pero, sobre todo, con el enunciado de las “buenas costumbres”. Puede que sintamos que estamos hablando de un principio caduco porque nos sonaría a llevar una vida tradicional como se entendía en el principio o con un marcado carácter conservador. No creemos que eso sea así y mucho menos en la actualidad. Creemos que debemos interpretar este principio con el hecho de que un masón no debe ni puede cometer delitos ni tener comportamientos que hoy estarían en contra de la igualdad de la mujer o en favor de la discriminación de cualquier minoría del tipo que sea. Las “buenas costumbres” tendrían que ver, precisamente, con la verdadera tolerancia, no con la condescendencia, como algunos entienden aquella, con la igualdad y con el respeto a otras formas de entender y practicar la vida.
Por fin, se reúnen una serie de objetivos en el principio final que tiene que ver, en primer lugar, con el hecho de que un masón debe ser un buen ciudadano en su país, pero, la pregunta que se nos ocurre es, ¿y si el régimen político del país es una dictadura o una tiranía?, ¿se pueden obedecer las leyes en ese caso siendo masón? La formulación de este principio tendría que ver con el hecho de que la masonería pretendió durante mucho tiempo, dado el intenso antimasonismo desarrollado en muchos países, demostrar que no era una organización formada por supuestos elementos subversivos. Eso tendría que ver, además, con las otras obligaciones formuladas en este principio, y que se coronarían con la emancipación progresiva y pacífica de la humanidad. Así pues, la masonería sí buscaría cambios, pero de forma evolutiva y sin violencia, sin enfrentamientos, algo que le generó conflictos con ideologías emancipadoras que se fueron formulando, precisamente en el siglo XIX, especialmente en relación con la existencia y enfrentamiento de las clases sociales. En todo caso, en nuestro mundo actual esas misiones sobre el respeto, la justicia y la emancipación pacífica siguen siendo más que relevantes porque abunda el desprecio, la injusticia y la opresión violenta. Por fin, recordar todos estos principios sirve para reflexionar sobre lo que es realmente masonería, algo muy distinto a otras organizaciones que pudieran trabajar algunos de los objetivos que la orden manifiesta, pero con otros medios y en otros contextos. En muchas ocasiones, hay masones que intentan introducir en el rito y en los rituales aspectos que, desde nuestra opinión, no corresponden a lo que es la masonería. Hay otros ámbitos donde practicar ese tipo de trabajos e inquietudes.
Por eso, volver a reflexionar sobre el Convento de Lausana, ciento cincuenta años después, no es solamente un ejercicio historiográfico o sobre la memoria masónica, es recordarnos que la masonería y nuestro rito no son instituciones pasadas de moda, propias de otro tiempo y sin sentido en el presente. Parece un “lugar común” recordar estas cosas, pero “estas cosas” se refieren a problemas que siguen existiendo.
“Volver a reflexionar sobre el Convento de Lausana, ciento cincuenta años después, no es solamente un ejercicio historiográfico o sobre la memoria masónica, es recordarnos que la masonería y nuestro rito no son instituciones pasadas de moda, propias de otro tiempo y sin sentido en el presente”
Segundo Vigilante
Calendario masónico
era común, por lo que añaden 4000 al año gregoriano para obtener el año masónico.
Los años mejor compresión de los tiempos y las fechas.
por ejemplo, el año 2025 se corresponde con el año masónico 6.025 (4.000+2025=6.025)
febrero (o 29, si el año es bisiesto) del año siguiente.
Los días y los meses Tanto los días como los meses se denominan a través de su ordinal GREGORIANO MASÓNICO GREGORIANO MASÓNICO febrero decimosegundo duodécimo agosto sexto Ejemplos: decimocuarto día del tercer mes del 6025 de la VL Jesús M. González lRito Escocés Antiguo y Aceptado utiliza el calendario llamado de la verdadera luz (VL) en sus rituales y documentos, a diferencia del gregoriano, que es el que utilizan los profanos, Este calendario se basa en la creencia de que el mundo fue creado 4000 años antes del inicio de la Es importante tener en cuenta esta conversión de uno a otro y su correspondencia mutua para una En el calendario masónico, el año se obtiene añadiendo 4.000 al año en gregoriano en curso. Así, Es indispensable tener en cuenta que el año masónico comienza el 1 de marzo y finaliza el 28 de enero decimoprimero undécimo julio quinto marzo primero septiembre séptimo abril segundo octubre octavo mayo tercero noviembre noveno junio cuarto diciembre décimo El día 14 de enero de 2025 (EV) se corresponde con el decimocuarto día del decimoprimer mes del año 6024 de la VL, así como el 14 de mayo de 2025 (EV) es el equivalente al Apoyada en el bagaje cultural y artístico acumulado durante siglos, la masonería sigue construyendo su propio edificio del saber y la ilustración para alcanzar la verdad y la justicia.
Arte y Cultura
Masonería y política en España (1900-1939)
Por Manuel Según
Ellibro aborda la controvertida y compleja relación que acompañó a la masonería y a la política en España, especialmente entre 1900 y 1939. Esta conexión es paradójica, puesto que la Orden tiene como uno de sus límites, no tratar en sus reuniones los temas políticos y religiosos.
Pero, cabe preguntarse, si una organización que persigue cambiar el mundo y que declara tener profundos principios éticos, puede mantenerse al margen de los cambios sociales que sufre la sociedad en que se desarrolla.
Así, muchos de sus miembros e incluso las logias y las obediencias, en un momento en donde las libertades están comprometidas, se involucran con los elementos de oposición al régimen canovista y en sus templos se estudia, además de temas puramente simbólicos y ritualistas, la forma en que debe organizar la sociedad y como lograr su democratización. Afirmando que allí donde la tiranía está presente surge como contrapunto la masonería.
El siglo veinte se inicia con una fuerte y compleja crisis masónica que comienza en 1896 y se agudiza con la pérdida de las últimas provincias de ultramar. Momento en que dejan de trabajar la mayoría de las logias. La Orden se irá recuperando, a partir de 1903, lentamente.
Durante este periodo, la masonería se involucra en temas como el pacifismo, la cuestión religiosa, la pena de muerte, la cuestión educativa, el sufragio universal, etc. Habiendo dos niveles de influencia: la de carácter individual y la colectiva o institucional. También, se intenta dilucidar cuando sus miembros actúan como masones o cuando lo Manuel Según Alonso hacen como miembros de los diferentes partidos donde militan.
Finalmente, la masonería será destruida en 1939 con el final de la guerra de España de 1936-1939 y la implantación de la dictadura franquista en España. No volviendo a estar presente en España de forma legal hasta 1979.
SEGÚN ALONSO, Manuel Masonería y política en España (1900-1939).
Entre ser y no ser Oviedo, Masónica, 2024.
Saco de Proposiciones
¿Cambiar el mundo con los libros? ¿Es posible?
Por Víctor Berástegui
Svetlana Alexiévich, reconocida con el Premio Nobel de Literatura en 2015, nació el 31 de mayo de 1948. Hija de un padre bielorruso y una madre ucraniana, pasó su infancia en Bielorrusia, a pesar de haber nacido en la Ucrania soviética. Su formación y trayectoria se enmarcan en el contexto cultural del bloque socialista, lo que marca profundamente su obra literaria.
En La guerra no tiene rostro de mujer, Alexiévich rescata los testimonios de las mujeres soviéticas que participaron activamente en la Segunda Guerra Mundial como parte del Ejército Rojo. Más de un millón de ellas tomaron parte en el conflicto, desempeñando funciones como francotiradoras, enfermeras, conductoras de vehículos blindados o artilleras antiaéreas. Estuvieron en el frente, pero sus historias rara vez han sido reconocidas por la historia oficial.
Lejos de ensalzar logros bélicos o reproducir discursos triunfalistas, el libro presenta un retrato crudo e íntimo de la experiencia femenina en la guerra. Las voces recopiladas por Alexiévich no relatan hazañas heroicas, sino que exponen el proceso de adaptación al horror: cómo aprendieron a matar, a convivir con el miedo, la sangre y la muerte. Su relato es un descenso al abismo de la deshumanización.
La autora desafía el mito del héroe épico para colocar en el centro a mujeres olvidadas, que regresaron del frente marcadas por recuerdos que preferían olvidar. Con una prosa sobria y conmovedora, transforma vivencias individuales en una memoria colectiva.
Víctor Berástegui Cuatro décadas después del conflicto, Alexiévich recorrió aldeas, hospitales y escuelas para reunir estas voces silenciadas. No pretendía reescribir la historia oficial, sino revelar lo que se ocultó: la violencia cotidiana, los abusos, la devastación… pero también la fuerza con la que estas mujeres resistieron. Sus relatos están atravesados por el dolor, sí, pero también por la convicción de haber cumplido con un deber que iba más allá de ellas mismas. Así, la autora reconstruye un mosaico humano que da forma a una verdad incómoda, femenina y profundamente universal.
ALIEXIÉVICH, Svetlana La guerra no tiene rostro de mujer 2015 399 págs.
Saco de Proposiciones
¿Secta maléfica o trinchera de la razón? Nuevo libro de historia de la masonería
Por Eduardo Montagut
Elhistoriador Francisco Martínez Hoyos ha publicado en Cátedra (Historia. Serie menor) la obra ¿Secta maléfica o trinchera de la razón?: Una historia de la masonería en España.
Siempre hemos creído necesario realizar un esfuerzo divulgador cuando se trata de abordar la Historia con el fin de acercarnos al mayor número de lectores como un medio para combatir bulos, tergiversaciones y perjuicios, unos males que en España han resucitado y que creíamos enterrados con el fin del franquismo. El tema elegido es, precisamente, uno de los que más padecen este mal, como el de la colonización de América o la dictadura franquista, entre otros, y todo ello fruto de un revisionismo rancio que tiene objetivos más omenos explícitos, pero que nada tienen que ver con un análisis serio de la Historia. Francisco Martínez, por supuesto, es ajeno a esta enfermedad porque es un historiador y no un publicista al servicio de causas revisionistas, pero, sobre todo, y eso es lo que más queremos resaltar, porque emplea un lenguaje muy asequible, y además, muy brillante. Pero este libro no es solamente un ejercicio estilístico, sino que se ha construido con muchas lecturas, mucho conocimiento de fuentes, y muchas horas de trabajo y de reflexión.
Por otro lado, Francisco Martínez realiza un ejercicio que nos parece interesante, y que no es otro que el de formular preguntas, además de ofrecer respuestas, en ocasiones no determinantes, pero que llaman a la reflexión o al cuestionamiento de posibles ideas preconcebidas.
Eduardo Montagut Ya lo comprobamos en otro libro del autor sobre Kennedy. Este método puede tener un peligro, que es el de no definir una tesis final, pero creo que no estamos ante este caso porque nos parece que la idea de la obra siempre ha sido presentar la complejidad del fenómeno histórico masónico en España.
Francisco Martínez arrincona muchos de los prejuicios contra la masonería y los masones, y que se resisten a morir aún hoy en día. Pero tampoco estamos hablando de un libro que mitifique a la francmasonería. Una obra seria de historia debe combatir prejuicios, aunque hoy muchos que se meten al oficio, sin haberlo aprendido, intenten justificar lo injustificable. Pero tampoco queremos libros mitificadores, y algunos masones que escriben historia tienden a deslizarse por esta peligrosa pendiente como reacción.
La obra, además, plantea posiciones o visiones distintas en el seno del universo masónico español demostrando que la orden, como otras organizaciones, instituciones o procesos históricos, presenta facetas diversas y hasta contradictorias. En este caso, uno de los temas que más parece importar es saber si la masonería fue una organización que influyó como tal en la vida política, social, económica y cultural de nuestro país. El autor no sólo no elude el tema, sino que lo plantea desde el principio, moviéndose con la elegancia fluida de su lenguaje por este terreno espinoso. En este sentido, debemos reconocer que nos han parecido muy interesantes las reflexiones sobre Diego Martínez Barrio. Nunca dejaremos de insistir que la masonería fue una organización compleja, que en su seno se produjeron debates políticos en momentos claves de la Historia española, pero también verdadera alergia a tratar estos temas por parte de otros masones que consideraban que eso no era una tarea que debía emprender la orden. Del mismo modo, ¿los masones protagonistas de la vida política intervenían en la misma en función de su pertenencia a la orden o no? Ante esta pregunta siempre hemos respondido que un vistazo a las Cortes de la Segunda República nos permitirá comprobar el porcentaje alto de masones en la misma, pero en distintas formaciones políticas y defendiendo posturas en muchas ocasiones antagónicas, ¿o se nos olvida que un diputado radical que fuera masón no votaba siempre lo mismo que un diputado socialista masón y menos cuando fue pasando el tiempo y se radicalizaron las posturas de unos y de otros?, ¿no votaban en función de los programas de sus partidos y de las disciplinas de sus respectivos grupos parlamentarios?
Otra cuestión que también interesará al lector es la posición de la masonería en relación con el Estado. La masonería española siempre fue muy respetuosa con el mismo, siendo hasta muy reiterativa en sus manifestaciones de lealtad, a pesar de que siempre se nos ha hablado del antiespañolismo de la misma, pero ya sabemos que desde el siglo XIX ha habido en nuestro país monopolizadores del concepto del Estado y de España, disertando sobre lo que es tanto el uno como la otra, y anatemizando otras perspectivas. Y la masonería también fue diversa en su seno en esta cuestión porque hubo una francmasonería de signo catalanista, y que generó intensa polémica entre los masones. La realidad histórica, como la presente, es, insistimos, siempre diversa.
MARTÍNEZ HOYOS, Francisco Una historia de la masonería española 2025 240 págs.
Dirígenos tus cartas al siguiente correo electrónico: La revista ¡Luz! a través de la sección de cartas al director quiere establecer un canal de comunicación con sus lectores. Queremos que los usuarios de la revista nos enriquezcan con sus opiniones que nos servirán para mejorar la revista día a día y número a número.
Agradecemos a los hermanos que se dirigen a nosotros con sus puntos de vista. En nombre de ¡LUZ!, ¡muchas gracias!
Saco De Proposiciones
Sobre ¡Luz!
Queridos Hermanos: El tener una revista publicada en la otra orilla del Atlántico que hable sobre cuestiones comunes nos hace reflexionar sobre la inexorabilidad del acontecer masónico, que trasciende idiomas, fronteras y el paso del tiempo.
Mis felicitaciones por la revista; no cabe duda de que se trata de un puente de unión entre los continentes, y que revitaliza nuestro afán por contribuir al progreso de la humanidad en el camino de la excelencia hacia la consecución de nuestros valores más profundos.
Aprovecho para felicitarles por la pulcra edición de la misma y les animo a seguir adelante, en la seguridad de que este camino que ya se ha iniciado no debe tener vallas, sino ser confluencia de pensamientos.
¡Muchas gracias por el esfuerzo, queridos Hermanos!
Con esta revista tendremos la oportunidad de crear contenidos entre todos y estar en contacto aprovechando las ventajas de la comunicación online. La masonería se renueva tecnológicamente, pero mantiene sus principios reguladores, como bien habéis demostrado con la publicación. Todas las secciones son interesantes y nos hace sentir parte de un bien mayor, nos hace sentir la fraternidad con vosotros y con los Hermanos del resto de los continentes; esta revista, por tanto, viene a ser una Cadena de Unión entre todos, eliminando cualquier frontera física.