Entrevista a Jean-Raphaël Notton, Gran Maestro de la Gran Logia de Francia, la influencia esotérica en el R.E.A.A., la Dama de la Justicia y el camino del Iniciado.
Con la aparición del número 3 de la revista ¡Luz!, renovamos el compromiso de sostener un proyecto editorial al servicio del conocimiento del Rito Escocés Antiguo y Aceptado en el mundo de habla hispana.
En tiempos de ruido, prisa y dispersión, seguir publicando la revista es afirmar que la búsqueda interior y el trabajo fraterno merecen un espacio, una pausa y un rigor.
Con la aparición del número 3 de la revista ¡Luz!, renovamos el compromiso de sostener un proyecto editorial al servicio del conocimiento del Rito Escocés Antiguo y Aceptado en el mundo de habla hispana.
En tiempos de ruido, prisa y dispersión, seguir publicando la revista es afirmar que la búsqueda interior y el trabajo fraterno merecen un espacio, una pausa y un rigor.
Este número incluye, en la sección Luz, más Luz, una entrevista a Jean-Raphaël Notton, recientemente elegido Gran Maestro de la Gran Logia de Francia. En ella se perfila una mirada que conjuga tradición iniciática y desafíos contemporáneos: la apertura de la Orden sin renunciar a la exigencia del Rito, el diálogo con las nuevas generaciones, la relación cultural con la sociedad y, como eje de fondo, la libertad de conciencia. La conversación aborda también la vida de las logias, la comunicación exterior, la proyección internacional y la necesidad de una unidad serena en tiempos de polarización.
El cuerpo central del sumario recorre distintos niveles de profundidad del trabajo masónico. En la sección del Venerable Maestro se proponen dos claves de lectura: la influencia esotérica en la Masonería del R.E.A.A. y la meditación sobre la Belleza, esa dimensión a menudo olvidada que, sin embargo, ordena el espíritu y eleva el ánimo. El Primer Vigilante continúa el itinerario con la búsqueda del Arte Real y con una aproximación a la herencia del Convento de Lausana, referente doctrinal ineludible cuando se trata de comprender el lugar de la libertad de conciencia en la tradición escocesa.
En la Cámara de Reflexión, la Justicia y el Trabajo -dos palabras mayores en nuestro lenguaje simbólico- se despliegan con concreción y exigencia: la figura de la Dama de la Justicia y la pregunta por el sentido del trabajo en Masonería invitan a revisar hábitos, a medir nuestras acciones y a recordar que la edificación del Templo empieza siempre por la propia piedra.
Poemas entre columnas aporta, a su modo, el contrapeso necesario: un himno masónico traducido, una selección de versos de Rubén Darío, y un «Recuerdo de un aprendiz» que devuelve al lector a la experiencia vivida, a la emoción primera y al aprendizaje paciente.
El Templo de Salomón retoma la dimensión interior con una reflexión sobre virtudes y necesidad del silencio, y con «El camino del Iniciado», texto que recuerda que la iniciación no es un acontecimiento, sino un proceso: disciplina del tiempo, de la palabra y de la escucha. El Segundo Vigilante prolonga esa línea al abordar el secreto y el silencio masónicos y, al mismo tiempo, el desafío de una práctica ritual con frecuencia desconocida o mal interpretada fuera de nuestras Columnas.
Las secciones de Arte y Cultura, y de Filosofía y Humanidades, amplían el horizonte y evitan que la reflexión se encierre en sí misma. Encontramos una aproximación a Fernando Sor, una nueva mirada a Rubén Darío en su relación con la masonería y una crítica bibliográfica que ayuda a situar lecturas y debates. Desde la filosofía, los textos sobre eternidad y duración en la ética de la inmanencia y sobre la educación como tarea fraterna recuerdan que pensar también es trabajar: ordenar conceptos, precisar palabras y afinar el juicio.
Finalmente, la dimensión universal y la vida de la Obediencia se expresan en Masonería Universal y en Asuntos de Familia: el Valle de México como cuna del escocismo, el aniversario de una logia, la rememoración del Convento de Lausana en el marco de la AIME, las Jornadas Iniciáticas Latinoamericanas del R.E.A.A. y la restauración del Templo masónico de la calle San Lucas de Santa Cruz de Tenerife. Y, como cierre abierto, el Saco de Proposiciones invita a mantener viva la conversación: esta revista crece cuando se vuelve diálogo.
Gracias, querido lector, por acompañarnos. Que estas páginas —diversas en registros, unidas en intención— sean una ayuda para el trabajo interior, un estímulo para la reflexión y, sobre todo, una invitación a seguir buscando, con serenidad y firmeza, más Luz.
Luz, más Luz
Entrevista a Jean-Raphäel Notton (GLDF)
Don Jean-Raphaël Notton fue elegido Gran Maestro de la Gran Logia de Francia (GLDF) durante el convento de esta obediencia el 21 de junio de 2025.
Representa una visión que combina la tradición iniciática con la apertura a los desafíos contemporáneos. Con 69 años, iniciado en 1986 en la logia «Jean Jaurès» de París, este médico, oficial de reserva y actor del sector social asume la dirección de una obediencia histórica con 32.000 miembros y 940 logias, fiel al Rito Escocés Antiguo y Aceptado.
Jean-Raphaël Notton Gran Maestro de la Gran Logia de Francia (GLDF)
Su programa, esbozado en el momento de su elección, será sin duda objeto de desarrollos en su mandato, y no cabe duda de que pondrá el acento en la accesibilidad, la modernidad y la expansión internacional de la GLDF, portadora de una tradición espiritual útil para los tiempos presentes.
Se abordan en la entrevista 10 bloques de reflexión que van a permitir permiten explorar el programa del nuevo Gran Maestro para los tres próximos años (2025-2028).
Las preguntas se inspiran en su trayectoria, en sus declaraciones y en el contexto masónico en el que está inmerso.
1.Una visión de apertura: ¿Cómo hacer la francmasonería más accesible?
Pregunta: En los últimos años, en varias ocasiones, usted ha expresado el deseo de hacer la GLDF accesible a un público más amplio, en particular a las jóvenes generaciones. Esta ambición no es nueva en la GLDF: basta mencionar a su predecesor, Thierry Zaveroni, y antes que él a otros como Philippe Charuel, que insistían en la necesidad de atraer a los jóvenes adultos hacia el camino iniciático.
En términos generales, ¿qué iniciativas concretas prevé para suscitar el interés de nuevos candidatos, preservando al mismo tiempo la rigurosidad iniciática del Rito Escocés Antiguo y Aceptado y, de manera más amplia, para mejorar en el público la comprensión de una francmasonería que conjuga humanismo y espiritualidad?
Respuesta (JRN): Tiene usted razón al subrayar que la apertura es una antigua orientación de la Gran Logia de Francia y que también ha sido obra de varios de mis predecesores.
Estoy convencido de que es posible conjugar Tradición y modernidad, iniciación y secularización. Al responder hoy a sus preguntas, es exactamente esta convicción la que deseo poner en práctica. En mi discurso de candidatura insistí en varios aspectos que, a mi juicio, son determinantes: •Tener la preocupación de estar lo más cerca posible de la vida de las logias; •Estar abiertos al mundo; • Explicar hasta qué punto la iniciación escocesa puede constituir un viático para quienes se buscan a sí mismos en esta época a menudo vacía de sentido.
Asimismo, nuestro inicio de curso estará marcado por varios acontecimientos relevantes. Vamos a saludar y a defender «la libertad de conciencia»: •En primer lugar, celebrando el aniversario del Convento de Lausana, cuyo mensaje fundador es precisamente la libertad de conciencia; •Luego, conmemorando la ley de 1905i, también portadora de este mensaje universal. No es indiferente señalar que fue en la Gran Logia de Francia donde el Presidente de la República decidió iniciar la conmemoración de esta ley republicana esencial; •Finalmente, con ocasión de las Jornadas del Patrimonio, decenas de sedes de la Gran Logia de Francia estarán abiertas al público, tanto en la metrópoli como en los territorios de ultramar.
Son estos mensajes y estas acciones los que intenté resumir en el título de mi conferencia pública del 26 de agosto en París: «¡Atrévanse a empujar las puertas!».
Esta conferencia, con un tema tan innovador, ha tenido tal éxito que ya está completa y, con gran pesar, tuvimos que cerrar las inscripciones.
Pero sin arrepentimiento: pedí de inmediato que se organizara una nueva conferencia sobre el mismo tema, a realizarse en septiembre.
2.La juventud: ¿Cómo atraer a las nuevas generaciones?
Pregunta: Más específicamente, ¿qué estrategias piensa implementar para hacer que la GLDF resulte atractiva para los jóvenes, respondiendo al mismo tiempo a sus expectativas en un mundo en rápida transformación, donde el uso de las tecnologías modifica profundamente las prácticas sociales y las relaciones entre las personas?
Respuesta (JRN): No creo que exista un mensaje específicamente diseñado para dirigirse a aquellos que usted agrupa bajo el término de «jóvenes». Creo más bien en la expresión y en la explicación, allí donde sea posible, del carácter extraordinario de la búsqueda personal y del compromiso que supone la iniciación al Rito Escocés, que reúne a los hermanos y a las logias de la Gran Logia de Francia.
Reconozcamos que, en este mundo excesivamente materialista, que vive en la inmediatez y en la superficialidad, decir que uno puede detenerse, intercambiar sin miedo a ser juzgado, hablar sin ser señalado, dudar sin ser ridiculizado, reflexionar sobre sí mismo, redescubrir el gusto por el tiempo prolongado, por la perseverancia, abrir su espíritu al Otro, a todos los Otros, es un mensaje nada común. Estoy convencido de que el descubrimiento de este mensaje por parte de todos aquellos que se buscan a sí mismos —jóvenes o menos jóvenes— puede ser un poderoso factor de atracción hacia las logias de la Gran Logia de Francia.
Por eso, esforzarse, como deseo, en comunicar en todas partes, aquí, en todo tipo de medios y en todas las ocasiones nacionales olocales, es la primera y mejor manera de ofrecer al mayor número la oportunidad de lanzarse, cada uno a su turno, en esta maravillosa aventura de la iniciación.
3.Compromiso humanitario y social: ¿Qué papel tendrá la GLDF frente a los retos contemporáneos?
Pregunta: En la perspectiva que usted ha descrito, la GLDF se ha distinguido por acciones de solidaridad, como la ayuda a los más necesitados a través del fondo «Fraternidad y Humanismo» o las operaciones humanitarias en Ucrania.
¿Qué nuevas acciones sociales prevé para responder a las crisis actuales, ya se trate de desafíos sociales, ecológicos o tecnológicos?
Respuesta (JRN): Permítame recordar, en primer lugar, el «espíritu» del Rito Escocés que guía la singular trayectoria de los Hermanos de la Gran Logia de Francia.
Consideramos que la búsqueda personal es el primum movens de nuestro camino, y que corresponde después a cada uno de nosotros luchar por nuestros valores allí donde se ejercen nuestras responsabilidades públicas o profesionales, desde las más humildes hasta las más eminentes.
Jean-Raphaël Notton Gran Maestro de la Gran Logia de Francia (GLDF)
La magnífica singularidad espiritualista de nuestra vía nos impulsa a protegernos de los juicios profanos obnubilados por el corto plazo, de los arrebatos precipitados, de las posturas partidistas que dividen en lugar de buscar reunir.
¿Significa esto que nos desinteresamos del mundo que nos rodea? En absoluto; de hecho, esto es imposible para cualquier conciencia que perciba las realidades actuales.
Pero, por una parte, privilegiamos la acción individual en lugar de las peticiones colectivas. Puede decirse, en este sentido, que, en registros diferentes, personalidades como Pierre Simonii o Arnaud Beltrameiii son ilustres testimonios de nuestra singular vía. Por otra parte, preferimos expresarnos sobre los valores inalienables que defendemos.
Así, aprovechando la formidable coincidencia —¿pero es realmente una coincidencia, si se considera el movimiento histórico al que todo esto corresponde?— que representan los aniversarios contemporáneos de la libertad de conciencia del Convento de Lausana de 1875 y de la ley de 1905, invitaré a los Hermanos de la Gran Logia de Francia a reflexionar sobre: «la libertad de conciencia como fundamento de un diálogo privado y público sereno». Las contribuciones de los Hermanos de nuestras logias sobre este tema central serán publicadas y no dudo de que podrán sostener, al más alto nivel, las reflexiones de los responsables públicos nacionales y europeos. Es con esta materia como mejor podremos dejar huella en nuestro siglo, como antes lo hicieron nuestros hermanos de los siglos XVIII, XIX y XX.
Alain Graesel resumió así el espíritu de nuestra búsqueda: «un camino de Tradición en el corazón de los retos contemporáneos».
Modernidad y Tradición: ¿Cómo conciliar estos dos imperativos?
Pregunta: Como presidente de la Comisión del «Futuro de nuestras Logias», usted formuló propuestas audaces para modernizar la GLDF. ¿Cómo piensa equilibrar estas evoluciones con el respeto a las tradiciones masónicas, en particular la dimensión espiritual sin dogma que caracteriza a la obediencia y que estaría llamada, de una u otra manera, a desplegarse en enfoques renovados?
Respuesta (JRN): Una vez más, debo recordar, a modo de preámbulo, la génesis de esta increíble aventura colectiva que fue: «el futuro de nuestras Logias».
Nos encontrábamos en un periodo de dudas como nunca antes en la historia de la francmasonería, con descensos más o menos espectaculares en el número de «miembros» en todas las obediencias del mundo, incluidas, por supuesto, todas las obediencias francesas. Tuvimos este formidable valor colectivo de pedir a los Hermanos y a las Logias que se expresaran sin tabúes ni reservas sobre su situación, sus expectativas, sus decepciones en ocasiones, y sus iniciativas a menudo, llenas de imaginación, de energía y también de determinación.
Lo más interesante de esta dinámica, que tuve el honor de coordinar junto con otros Hermanos que aún me acompañan hoy, es que «fueron nuestros Hermanos y nuestras Logias quienes se expresaron».
Somos la única obediencia europea, e incluso quizá la única a nivel mundial, que ha sabido llevar adelante, con tanta libertad, semejante ejercicio de verdad. Es la prueba viva de nuestra vitalidad.
Un buen número de puntos esenciales de mi proyecto para la Gran Logia de Francia proceden directamente de esta libre expresión de los Hermanos y de las Logias.
Sin entrar demasiado en los detalles —pues aquí sería infinitamente largo—, analizamos en particular con respeto y lucidez lo que corresponde a lo intangible y a lo contingente. Lo intangible son los cimientos inalienables e inviolables de nuestra Tradición, con, en su corazón, el Rito Escocés Antiguo y Aceptado. Lo contingente es el vasto campo de imaginación que debemos y podemos desplegar para que la vida en logia de nuestros Hermanos sea viva y alegre.
La espiritualidad de nuestra práctica no solo forma parte de lo intangible: constituye su singularidad y, a mi juicio, el aspecto extraordinariamente atractivo de la Gran Logia de Francia.
Es decir, que estamos profundamente vinculados a ella.
5.Diálogo interobediencias: ¿Qué lugar para la GLDF en el panorama masónico francés?
Pregunta: La Gran Logia de Francia (GLDF) ocupa una posición central en el panorama masónico francés, entre el Gran Oriente de Francia (GODF) y la Gran Logia Nacional Francesa (GLNF). ¿Cómo prevé usted las relaciones con el conjunto de las obediencias, en particular dentro de la Confederación Masónica Francesa (CMF), y qué colaboraciones podrían desarrollarse?
Respuesta (JRN): Defender una forma de preeminencia de la Gran Logia de Francia con respecto a otras obediencias no es en absoluto mi prioridad. Dejo eso a otras obediencias, si es que les interesa. Nuestra historia y nuestra importancia nacional e internacional hablan por sí solas.
Deseo, en cambio, reforzar nuestros lazos con las demás obediencias de Tradición, que comparten con nosotros la primacía de la búsqueda espiritual.
Somos la más antigua de ellas, representamos el corriente importante de los Antiguos. Esta posición histórica nos confiere responsabilidades particulares.
Por otra parte, quiero aprovechar su pregunta para saludar nuestros vínculos especiales con la Gran Logia Femenina de Francia. Anunciaré, en mi conferencia pública, una iniciativa conjunta que emprenderemos con la Gran Maestra Liliane Mirville, en el marco del 80º aniversario de la independencia de esa obediencia, históricamente originada en la Gran Logia de Francia.
6.Expansión internacional: ¿Cuáles son sus objetivos más allá de las fronteras? Pregunta: Usted ha mencionado su intención de continuar la implantación de logias de la GLDF en todos los continentes. ¿Qué regiones opaíses prioriza para esta expansión y cómo puede la GLDF reforzar su presencia en el panorama masónico internacional?
Respuesta (JRN): Estamos presentes en toda la metrópoli, en los territorios de ultramar y en un gran número de países extranjeros. Por otra parte, la Confederación Internacional de Grandes Logias Unidas, de la cual la Gran Logia y el Rito Escocés son el corazón, constituye una red internacional sin muchos equivalentes en el mundo.
Por un lado, deseo proseguir la implantación de nuevas logias de la Gran Logia de Francia en cualquier lugar donde se exprese la oportunidad y la demanda. El Sudeste Asiático y el continente norteamericano verán así, en breve, la creación de nuevas logias.
Por otro lado, Europa constituye un pilar de presencia importante, en muchos sentidos. Queremos activamente permitir que nuestros valores influyan aún más en la construcción europea en curso. Tenemos el deber de estar presentes en todos los lugares donde los Hermanos necesiten ayuda, como sucede actualmente en el Este de Europa. Pero también tenemos la legítima ambición de hacer de la Confederación Internacional de Grandes Logias Unidas la primera red internacional masónica. En este inicio de curso estaré presente en Lomé, en Togo, para un encuentro excepcional de un gran número de obediencias africanas de Rito Escocés. Allí se pronunciarán palabras importantes y se establecerán o reforzarán vínculos sólidos.
7. Volvamos a los valores de la GLDF: Pregunta: ¿Cómo prevé reforzar la convergencia entre la Libertad de Conciencia y la Espiritualidad, a menudo percibidas como antinómicas o, al menos, como mantenedoras de una relación fuertemente dialéctica? ¿Cuál es el sentido y el alcance de la laicidad en este marco? En otras palabras, la GLDF se distingue por su defensa de la libertad de conciencia y su espiritualidad sin dogma. Frente a las divisiones filosóficas y religiosas en la sociedad, ¿cómo piensa promover estos valores dentro de las logias y en el debate público?
Respuesta (JRN): El año 2025 está marcado por dos aniversarios convergentes e importantes para nosotros: la ley de 1905 y la conmemoración del Convento de Lausana. En ambos casos, es la libertad de conciencia la que se pone en valor y se eleva al rango de virtud cardinal.
La riqueza singular de la Gran Logia de Francia encuentra sus raíces en estos dos acontecimientos, uno vinculado a la República, el otro al Rito Escocés. De ahí que nos sintamos tan implicados en ambos. Los saludaremos, a uno y otro, de manera solemne.
Nuestra singularidad «espiritualista» es, para todos los iniciados de la Gran Logia de Francia, una fuente de alegría compartida, de orgullo y también de Esperanza. Que en nuestras logias estén representados tantos corrientes espiritualistas diferentes es la consecuencia feliz y natural de esa alegría, de ese orgullo y de esa Esperanza.
Usted menciona una cierta «antinomia», en parte de la opinión pública, entre la libertad de conciencia y la espiritualidad: no comparto en absoluto esa apreciación. La Gran Logia, las logias de nuestra obediencia, son lugares raros donde pueden dialogar, con total libertad, Hermanos con opiniones y creencias personales a veces muy diferentes. En la época convulsionada y a menudo radicalizada que marca nuestras vidas, ¡qué formidable privilegio ofrece la Gran Logia de Francia a todos sus iniciados y a quienes desean unirse a nosotros!
En nuestras logias, se puede, con total libertad y en un respeto absoluto, ser iniciado y practicar fuera la religión de su elección; o bien ser iniciado y no tener ninguna religión; o finalmente, ser iniciado y seguir una búsqueda personal e íntima que nadie vendrá a cuestionar. ¡Qué felicidad!
Y, al mismo tiempo, qué tristeza que una cierta radicalidad anticlerical continúe alimentando a algunas obediencias, lo cual frena nuestra legítima esperanza de reconciliación con la Iglesia católica romana, una de las pocas instituciones religiosas en el mundo con la que persiste un malentendido histórico, sin fundamento dogmático real.
Transmisión cultural: ¿Qué papel otorga a los eventos públicos?
Pregunta: Su próxima y primera conferencia pública: «Atrévase a empujar las puertas», se inscribe en un ciclo estival de la GLDF destinado a intercalar las tenidas reservadas a los Hermanos con conferencias públicas abiertas a todas y todos en el Gran Templo. ¿Qué otros eventos culturales o educativos prevé para dar a conocer la francmasonería y sus valores, como lo hacen ya el Festival de las Horas Azules (en el Castillo Saint-Antoine, en Marsella) o el Salón del Libro y de la Cultura (en la sede de la calle Louis Puteaux, en París)?
Respuesta (JRN): Considero importante que estemos abiertos al mundo. ¿Cómo podría ser de otro modo, cuando nuestro deber primero, como iniciados, es transmitir nuestra Tradición y sus valores al mayor número posible de personas? Numerosas iniciativas ya se han puesto en marcha en un pasado reciente. Tengo la intención de proseguir este impulso de apertura, a través de la cultura, de la historia, pero también mediante eventos que permitan la expresión pública, siempre que los valores esenciales que representamos encuentren allí una tribuna.
Así, la obtención para nuestro museo de la etiqueta «museo de Francia» nos permitirá acoger a escolares. Este esfuerzo de apertura no será únicamente parisino, sino nacional e incluso podrá irradiar más allá. Por ejemplo, ya está en preparación un coloquio de gran envergadura en Ajaccio, que versará sobre el diálogo de las espiritualidades en el Mediterráneo. Pero este esfuerzo de apertura será también local, organizado por las Logias con el apoyo de la Obediencia. Como en Corbeil, en Lille, en Lyon, en Nancy, en Rochefort, en las Antillas, en Guyana e incluso en Bangkok, por citar solo algunos Orientes donde se manifestará esta voluntad de apertura desde el inicio del curso.
En estos momentos tan angustiantes de la vida del mundo, que invitan al repliegue sobre uno mismo, proponemos, por el contrario, atrevernos a abrir las puertas y compartir nuestros valores de tolerancia, fraternidad y solidaridad.
9. Herencia y Memoria: ¿Cómo perpetuar la historia de la GLDF?
Pregunta: Su conmovedor discurso, en 2018, durante la ceremonia fúnebre en homenaje a Arnaud Beltrame, miembro de la GLDF, dejó una profunda huella. ¿Cómo prevé preservar y transmitir la herencia masónica, en particular a través de figuras heroicas o de eventos como la ceremonia anual del deber de memoria? En este sentido, y más globalmente, la reciente inauguración del museo masónico en un espacio dedicado más amplio permitirá poner en valor las ricas colecciones de la GLDF. La apertura simultánea de una librería que presenta a autores de la GLDF acrecentará, sin duda, este prestigio. Pero, ¿qué otras iniciativas contempla, que vayan más allá de la escala de la calle Louis-Puteaux?
Respuesta (JRN): Haber tenido el honor, en aquel momento, como Gran Orador, de pronunciar la oración fúnebre de Arnaud Beltrame, permanecerá para siempre como un instante excepcionalmente conmovedor en mi trayectoria de iniciado.
Arnaud Beltrame nos mostró, al precio de su vida, lo que significa verdaderamente el Compromiso y el respeto de nuestros juramentos.
La Gran Logia de Francia es la más antigua de las obediencias francesas de Tradición. Su historia es de una riqueza incomparable.
Yno es solo de su historia antigua de lo que la Gran Logia puede enorgullecerse, sino también de su historia reciente e incluso contemporánea, como en el caso de Arnaud Beltrame.
¿Cómo no citar al Gran Maestre Pierre Simon, quien fue un eminente colaborador de las leyes Veiliv? Tiene razón: defender la verdad histórica es una lucha permanente.
Por eso he decidido desarrollar de manera significativa la comunicación externa de la Gran Logia de Francia. Esta comunicación será a la vez nacional, pero también de proximidad, lo más cerca posible de los acontecimientos generados por nuestras Logias y nuestros Orientes.
Tengo la ambición, muy natural, de querer integrar mejor, en nuestras realidades cotidianas, la dimensión histórica de nuestra Obediencia, su importancia como portadora de nuestros valores republicanos compartidos, y de aumentar así su notoriedad global y su atractivo personal.
10. Desafíos Internos: ¿Cómo reforzar la unidad de la Obediencia?
Pregunta: Su elección, con un 51,1 % de los sufragios —lo cual no tiene nada de único, ya que en el pasado se han dado muchos otros casos con estrechas diferencias entre candidatos en la segunda vuelta—, da testimonio de una democracia viva y de una votación competitiva. Sin embargo, tras esos episodios, es preciso, como se dice, «recomponer los pedazos» y rehacer la unidad. Aunque, por su disciplina, los francmasones deberían lograrlo sin dificultad, se trata de recuperar una dinámica que implique al mayor número, federando las energías de todas las regiones y de todos los Hermanos. ¿Cómo piensa desactivar las eventuales reticencias y las tensiones subsistentes?
Respuesta (JRN): La Gran Logia es una institución viva, con una democracia madura y serena. No creo ni por un instante en la existencia de lo que usted llama «reticencias y tensiones subsistentes», y menos aún cuando he inscrito claramente mi mandato en un espíritu de continuidad.
i Ley de 1905 en Francia: su importancia • Contexto: Francia buscaba reducir la influencia de la Iglesia católica y afirmar el poder del Estado republicano.
• Principios clave: • Libertad de conciencia y de culto (art. 1), • Separación del Estado y las Iglesias: no reconocimiento, no financiamiento (art. 2).
• Consecuencias: • Fin del Concordato de 1801, • Administración laica de los bienes eclesiásticos, • El clero deja de recibir sueldo estatal, • Estado neutral en temas religiosos.
• Importancia: • Base de la laicidad francesa, • Referencia internacional, • Vigente en debates actuales (símbolos religiosos, inmigración, libertad de expresión).
Usted me brinda así la ocasión de rendir homenaje a la Gran Maestría de mi predecesor, Thierry Zaveroni. No dudo de que la historia conservará la memoria de una obra densa y lograda, que es también la de todos los Hermanos que lo acompañaron en su acción, como sucede con cada Gran Maestre que nunca actúa en soledad (es, por cierto, el espíritu mismo de la francmasonería).
Por lo demás, voy a cumplir ese papel indispensable de impulso y de movilización de las energías que debe desempeñar, en mi opinión, todo Gran Maestre. La historia, la soberanía, la dimensión nacional e internacional de la Gran Logia de Francia nos otorgan colectivamente esa motivación, esa ambición y, en cualquier caso, ese deber.
Con el objetivo primordial de transmitir al mayor número una Tradición iniciática que nutre nuestras vidas de iniciados y que constituye un mensaje de Esperanza en un mundo convulsionado. Voy a hacer todo lo posible para asumir este deber de la mejor manera, en nombre de todos los Hermanos de la Gran Logia de Francia.
En síntesis: la Ley de 1905 garantiza la libertad religiosa y asegura la neutralidad del Estado, consolidando el carácter laico de la República francesa.
ii Pierre Simon fue un médico, humanista y Hermano de la Gran Logia de Francia. Eminente ginecólogo, participó de manera activa como colaborador en la elaboración de las leyes impulsadas por Simone Veil en la década de 1970, que legalizaron la interrupción voluntaria del embarazo en Francia. Como masón, Pierre Simon supo trasladar los valores de la tradición a los retos de su tiempo. Hoy, su nombre evoca no solo al médico comprometido, sino también al Hermano que supo poner la luz de la tradición masónica en el corazón de los desafíos contemporáneos. iii Arnaud Beltrame fue un oficial de la Gendarmería Nacional y Hermano de la Gran Logia de Francia. El 23 de marzo de 2018, durante el atentado terrorista en un supermercado de Trèbes, en el sur de Francia, se ofreció voluntariamente para ocupar el lugar de una rehén. Consciente del riesgo, asumió aquel gesto heroico que le costó la vida y que, al mismo tiempo, salvó a una inocente. La Gran Logia de Francia lo honra como un testimonio vivo de los valores masónicos: libertad de conciencia, fraternidad, compromiso y servicio.
iv La Ley Veil en Francia: importancia: 1. Contexto histórico • Décadas de 1960–1970: el aborto estaba prohibido y penalizado en Francia.
• Miles de mujeres recurrían a prácticas clandestinas con graves riesgos.
• Movimientos feministas y sectores sociales presionaban por un cambio legal.
2. Contenido de la ley • Defendida por Simone Veil, ministra de Sanidad.
• Autorizaba la interrupción voluntaria del embarazo (IVE) bajo condiciones: • Plazo máximo de 10 semanas de gestación (luego ampliado en reformas posteriores).
• Requisito: situación de "angustia" declarada por la mujer. • Procedimiento en hospitales y con garantías médicas. • Aprobada inicialmente de forma experimental por 5 años; definitiva desde 1979.
3. Importancia • Supuso un gran avance en los derechos de las mujeres.
• Simone Veil se convirtió en símbolo de la emancipación femenina y del humanismo republicano.
• En 2024, Francia inscribió el derecho al aborto en su Constitución, reforzando el legado de la Ley Veil. El Oriente (del latín, orĭens, participio de orīri: «aparecer», «nacer») es el nombre que se da desde tiempo inmemorial a la dirección donde sale el Sol. En masonería el Oriente tiene un significado simbólico: es el lugar de dónde viene la Luz, entendida como sabiduría y búsqueda del conocimiento. Ahí es donde se sitúa el Venerable Maestro.
Venerable Maestro
Influencia esotérica en la Masonería del R.E.A.A.
Por Cándido Corujo
Con este trabajo pretendo revisar la evolución de la masonería desde sus orígenes operativos hasta la configuración especulativa avanzada del Rito Escocés Antiguo y Aceptado (REAA), detallando la presencia y la influencia de las principales corrientes esotéricas en sus rituales, símbolos y doctrinas. La masonería operativa y la protomasonería anterior a 1717 no muestran, según las evidencias académicas actuales, una influencia directa o sistemática de esoterismos como la cábala, la gnosis o el orientalismo en su organización, ritos o simbolismo.
La masonería operativa (siglos XIII-XVI) era una estructura gremial de constructores, especialmente de catedrales, que incorporaba rituales simbólicos y ceremonias de iniciación, signos y contraseñas, Cándido Corujo con una marcada transmisión de técnicas y un manejo de saberes relacionados con la geometría sagrada y la arquitectura sacra. Estos gremios mantenían tradiciones de tipo hermético, propias del simbolismo medieval, como el uso de geometría pitagórica o simbolismo cristiano en la concepción del templo y trabajo. Que después, en la masonería especulativa, se reinterpretaron y amplificaron con claves esotéricas y orientales en el contexto de la Ilustración y el Romanticismo. Pero no hay evidencia documentada de influencia directa de doctrinas cabalísticas, gnósticas o propiamente orientales en su corpus interno antes de 1717, más allá del trasfondo simbólco-hermético general propio del medievo europeo.
“La masonería operativa (siglos XIII-XVI) era una estructura gremial de constructores, especialmente de catedrales, que incorporaba rituales simbólicos y ceremonias de iniciación, signos y contraseñas”
El desarrollo de la cábala judía y de distintas formas de gnosis se dio en paralelo, especialmente en el sur de Europa durante los siglos XII-XIV, pero su incorporación al mundo gremial es más difusa y posterior, incrementándose solo con la llegada de la masonería especulativa del siglo XVIII, cuando los masones “aceptados” reinterpretan y apropian elementos de la tradición esotérica, ya de manera intelectual y no gremial-operativa.
El uso extensivo de referencias al Egipto, Oriente y misterios antiguos es en gran medida una construcción intelectual de la masonería especulativa (post-1717), que adopta símbolos y relatos del “Oriente” como modelos de sabiduría o iniciación, pero esto es una invención cultural retrospectiva, no un legado directo.
La masonería especulativa surge a finales del siglo XVII y se formaliza con la creación de la Gran Logia de Londres en 1717. De las antiguas logias de constructores se heredó un lenguaje simbólico (herramientas, columnas, geometría sagrada), pero la masonería moderna se orientó hacia la filosofía, la ética y la espiritualidad. La crisis y transformación de los gremios (por factores sociales, técnicos y políticos) propició la admisión de miembros no operativos (“aceptados”), dando paso a la masonería especulativa. Desde finales del siglo XVII, las logias incorporan personas ajenas al oficio, generalmente burgueses cultos y miembros de la nobleza, que aportan referencias intelectuales, filosóficas y esotéricas.
Aparecen los primeros rituales de iniciación simbólica, las lecturas alegóricas de los grados y las referencias a la construcción espiritual, como proceso de perfección. Es en este contexto que comienzan a aparecer influencias de doctrinas como la cábala y el hermetismo; aunque aún de modo marginal, algunos registros de logias francesas y alemanas mencionan el uso de símbolos de origen cabalístico (columnas, letras hebreas, referencias al “Templo Interior”).
En Inglaterra y Francia, la circulación de tratados alquímicos y herméticos entre miembros ilustrados contribuye a la integración de alegorías esotéricas en los rituales masónicos. Entre finales del siglo XVII y la fundación de la Gran Logia de Londres en 1717, se produce una confluencia inédita de saberes esotéricos con la naciente masonería especulativa.
En este contexto aparece, a mediados del siglo XVIII, el comerciante y aventurero francés de origen judío, Étienne Morin, quien viaja al Caribe llevando el Rito a América, en donde solo conocían los tres grados de la Masonería simbólica. Llevó una patente que le autorizaba a difundir los llamados “Altos Grados”. Su trabajo cristalizó en la Orden del Real Secreto (también llamada a veces el “Consejo de Príncipes del Real Secreto” o “Príncipes del Real Secreto”) un sistema de 25 grados que constituye el núcleo inicial del REAA. “A finales del siglo XVII aparecen los primeros rituales de iniciación simbólica, las lecturas alegóricas de los grados y las referencias a la construcción espiritual, como proceso de perfección”
El llamado “Rito de Perfección” surgió en París en 1758 bajo el nombre de Consejo de Emperadores de Oriente y Occidente, compuesto por 25 grados. Este sistema, derivado de prácticas masónicas francesas (especialmente del Capítulo de Clermont) se expandió en el Caribe y en América, estableciéndose en lugares como Jamaica y Charleston (Carolina del Sur).
Tras la revuelta de esclavos en Saint-Domingue (Haití), los masones franceses emigrados llevaron consigo el Rito de Perfección a Charleston, Carolina del Sur, donde fundan el primer Supremo Consejo en 1801. Es aquí donde se agregan ocho nuevos grados, creando la estructura de 33 grados que conocemos hoy. Los ocho nuevos grados añadidos tenían como objetivo ampliar el contenido iniciático, abarcando temas morales, filosóficos y administrativos inéditos en los anteriores sistemas, consolidando así el ciclo completo de perfección masónica.
El proceso de expansión internacional, la necesidad de unificar los sistemas masónicos dispersos y las rivalidades entre logias y capítulos impulsaron a los creadores del Supremo Consejo de Charleston (especialmente Étienne Morin y François Auguste de Grasse-Tilly) a reorganizar el rito. Se argumentó la existencia de “constituciones secretas” transmitidas desde Europa y la necesidad de dotar a la masonería de una estructura más desarrollada y adecuada para la gestión global.
Apartir de 1801, los nuevos 33 grados se difundieron rápidamente por América y Europa, adoptados por numerosos Supremos Consejos y logias nacionales. El sistema de 33 grados dotó al REAA de identidad propia y lo convirtió en uno de los ritos más extensos y practicados del mundo masónico moderno. Poco después, gracias a Alexandre de Grasse-Tilly, el rito se introduce en Francia (1804), desde donde se expande a Europa y América Latina.
“A partir de 1801, los nuevos 33 grados se difundieron rápidamente por América y Europa, adoptados por numerosos Supremos Consejos y logias nacionales”
El Rito Escocés Antiguo y Aceptado (s. XVIIIXIX): El Rito Escocés Antiguo y Aceptado (REAA) mantiene una compleja estructura ritual dividida en 33 grados, en los cuales las influencias esotéricas son especialmente evidentes en los grados filosóficos (del 4º al 33º), agrupando recursos de la cábala, el rosacrucismo, la alquimia y el hermetismo, con un desarrollo doctrinal y simbólico refinado.
Es importante aclarar: pese a llamarse “escocés”, el rito no nació en Escocia, sino en un contexto cultural franco-americano. El nombre evocaba el prestigio que la tradición masónica atribuía a Escocia, vinculándola con antiguos misterios y templarios, aunque más como mito que como realidad histórica.
El desarrollo intelectual masónico en Francia y Alemania favorece la asimilación del pensamiento cabalístico, especialmente a través de la literatura y los círculos judíos conversos o liberales del norte europeo. La simbología del “Árbol de la Vida”, la interpretación numerológica de los grados, y la visión de la iniciación como un ascenso de las sefirot, empiezan a ser recogidas en documentos rituales y planchas masónicas de logias ilustradas. La cábala hebrea, surgida en la Edad Media con obras como el Zohar o el Sefer Yetzirah, influyó profundamente en la espiritualidad cristiana del Renacimiento (la llamada cábala cristiana) gracias a figuras como Pico della Mirandola o Reuchlin. Cuando la masonería especulativa se expande en Europa, los masones ilustrados comienzan a integrar estas nociones.
En el REAA, la cábala aporta: La estructura de los sefirot como modelo del progreso espiritual del iniciado. El uso del Nombre divino y la búsqueda de la “palabra perdida”. El recurso a la gematría y las letras hebreas como llaves de interpretación simbólica. Los rituales del REAA incorporan estructuras y símbolos cabalísticos en los grados filosóficos: interpretación geométrica, símbolos hebreos, escenificaciones del Templo de Salomón como representación del microcosmos y la progresión espiritual.
El itinerario iniciático de las Logias de Perfección y los Grados Capitulares muestran referencias explícitas a la herencia cabalística, según documentos históricos y análisis rituales de logias francesas y alemanas.
Las Logias de Perfección, que abarcan los grados comprendidos entre el 4º y el 14º, conocidos como los Grados Inefables, denso en significado y rico en alegorías, lleno de instrucciones consagrada a la edificación del Templo interior del iniciado. Todo el proceso se enmarca en un drama iniciático fruto de la alquimia espiritual del iniciado, que lo lleva de la oscuridad de la ignorancia, a la luz velada de la sabiduría recobrada.
El rosacrucismo irrumpe en Europa con los manifiestos publicados en Alemania a comienzos del siglo XVII (Fama Fraternitatis, Confessio Fraternitatis, Bodas alquímicas de Christian Rosenkreutz). El rosacrucismo llega a la masonería europea entre 1614 y 1616, especialmente por medio de logias alemanas y francesas. Proponía una reforma espiritual y científica de la humanidad, uniendo alquimia, hermetismo y cristianismo esotérico. La figura de y la alquimia espiritual son asumidas en los rituales de grados altos de la masonería, fundamentando la idea de perfección y regeneración espiritual a través de mitos de muerte y resurrección.
Varios masones del siglo XVIII se reconocieron herederos de esta tradición.
Figuras como Johann Valentin Andreae o LouisClaude de Saint-Martin representan esa fusión entre masonería y rosacrucismo, que encontró en el REAA un terreno fértil.
En los Grados Capitulares, del 15º a 18º (“Caballero Rosacruz”), la influencia rosacruz es determinante: uso del mito de la cruz y la rosa, alegorías de la alquimia interior, y referencia al conocimiento secreto y la medicina universal. Las ceremonias incluyen gestos, signos y enseñanzas extraídas de los manifiestos rosacruces y la literatura hermética, tal como demuestran los manuales rituales y las lecturas para el grado 18º, siguiendo la mitología de Christian Rosenkreutz y los textos emblemáticos publicados en Alemania y Francia desde 1614.
La alquimia, el hermetismo y el gnosticismo ocupan un lugar destacado en los grados superiores, asociados al proceso de muerte y regeneración espiritual, en paralelo con la transmisión secreta de saberes de Egipto, Oriente y el Templo Salomónico. El Hermetismo y el Gnosticismo aparecen en la referencia a los misterios egipcios, la reinterpretación de los orígenes bíblicos y la visión dualista de la luz y las tinieblas, reflejados en la simbología, lexicografía y enseñanzas de los rituales superiores.
Christian Rosenkreutz La alquimia, heredera de la tradición hermética, tiene una fuerte presencia simbólica en los rituales de perfección: el proceso de purificación, la transmutación moral y la obtención del “oro espiritual” son analogías recurrentes en la literatura ritualística y doctrinal masónica. La alquimia, entendida no solo como protoquímica sino como metáfora de la transformación espiritual, se refleja en el REAA a través de símbolos como la obra en negro, en blanco y en rojo. Estos colores, ligados a los procesos de putrefacción, purificación e iluminación, se aplican al itinerario moral del masón.
Elias Ashmole, uno de los primeros masones especulativos ingleses, fue también alquimista. Más tarde, Albert Pike, gran sistematizador del rito en el siglo XIX, amplió la presencia herméticoalquímica en sus célebres Morals and Dogma.
El hermetismo, presente en las referencias al “Corpus Hermeticum”, la geometría sagrada y la doctrina de la correspondencia (“como es arriba, es abajo”), impregna el discurso escocés y aparece en la instrucción filosófica de altos grados. El hermetismo, atribuido a Hermes Trismegisto, constituye uno de los pilares de la tradición esotérica occidental. Sus principios —“lo que está arriba es como lo que está abajo”— son eco constante en los rituales masónicos.
El gnosticismo y la noción de conocimiento salvador se encuentran en el simbolismo dual, la ascensión espiritual y la búsqueda de la “luz oculta”, muy presentes en las enseñanzas doctrinales masónicas sobre la sabiduría y el secreto iniciático.
“La alquimia, el hermetismo y el gnosticismo ocupan un lugar destacado en los grados superiores, asociados al proceso de muerte y regeneración espiritual, en paralelo con la transmisión secreta de saberes de Egipto, Oriente y el Templo Salomónico”
En los grados más elevados (19º a 33º), el REAA fusiona doctrina cabalística, rosacruz y hermética, proponiendo el perfeccionamiento del “Templo místico” y la consecución de la “piedra filosofal” como analogía del maestro construido espiritualmente.
El corpus doctrinal del REAA contemporáneo es estudiado por especialistas en historia de las religiones, filosofía esotérica y antropología cultural, quienes destacan la capacidad de síntesis y adaptación de la masonería en la recepción crítica de influencias esotéricas.
Autores como José Ignacio Carmona y JJG Arranz destacan la naturaleza inclusiva y evolutiva de la masonería escocesa, capaz de integrar doctrinas diversas (cristiana, judía, hermética) en su proceso iniciático, y promueven la investigación interdisciplinaria entre filología, ritualística e historia intelectual.
Conclusión La masonería (desde sus orígenes operativos, pasando por la protomasonería, hasta la institucionalización del REAA) se configura como un crisol de influencias culturales, filosóficas y esotéricas. El orden cronológico evidencia cómo la cábala, el rosacrucismo, la alquimia, el hermetismo y otros sistemas de pensamiento han encontrado su expresión, reinterpretación y síntesis en las estructuras rituales, doctrinales y simbólicas del rito escocés antiguo y aceptado, esotérica, abierta e integradora.
Venerable Maestro
La belleza salvará al mundo
Por Pablo Bahillo
En el corazón de la logia del Rito Escocés Antiguo y Aceptado se alzan tres columnas simbólicas: la Belleza, la Fuerza y la Sabiduría. La columna de la Belleza, ubicada en el ángulo sudoeste, se relaciona con el segundo vigilante y forma parte de las llamadas «tres pequeñas estrellas», emblemas de la construcción del Templo. Durante la apertura de los trabajos, el segundo vigilante pronuncia las palabras: «Que la belleza lo adorne». En ese instante, al iluminarse el mediodía, el Templo entero queda colmado de luz.
El sentido de esta expresión puede entenderse como una invitación a que el Templo, edificado colectivamente, se engalane con las virtudes más elevadas que la Orden propone cultivar. En este marco, la Belleza, junto a la Sabiduría y la Fuerza, aparece como la manifestación externa de la Pablo Bahillo armonía y del orden interior que sostienen la obra. Es “la cara visible de lo sagrado” y, al mismo tiempo, un reflejo del bien, pues en Masonería el amor y la aspiración al bien se consideran fuentes inagotables de perfección y serenidad interior.
“La columna de la Belleza, ubicada en el ángulo sudoeste, se relaciona con el segundo vigilante y forma parte de las llamadas «tres pequeñas estrellas», emblemas de la construcción del Templo.
Durante la apertura de los trabajos, el segundo vigilante pronuncia las palabras: «Que la belleza lo adorne». En ese instante, al iluminarse el mediodía, el Templo entero queda colmado de luz”
La dificultad de definir la Belleza La noción de «Belleza» no resulta sencilla ni unívoca. Su complejidad se refleja en el interés constante que ha despertado entre filósofos de distintas épocas. Desde Platón hasta nuestros días, el concepto ha sido abordado desde múltiples perspectivas.
• Platón: en El Banquete plantea que la contemplación de la belleza corporal conduce a la belleza del alma, entendida como belleza moral que se expresa en la conducta y las leyes. Introduce así la metáfora de la «escalera de la belleza», mediante la cual lo bello se convierte en camino hacia el Ser. En El gran Hipias advierte que «que algo parezca hermoso no quiere decir que lo sea» y define lo bello como «aquello que hace que haya cosas bellas», situándolo en un plano semejante al del Ser, la Verdad y la Bondad. En el Fedro afirma que, aunque en la tierra no existen imágenes visibles de la Sabiduría, sí las hay de la Belleza.
•Santo Tomás de Aquino: en la Summa Theologica, define la belleza como aquello que deleita a la vista.
“La noción de «Belleza» no resulta sencilla ni unívoca. Su complejidad se refleja en el interés constante que ha despertado entre filósofos de distintas épocas”
• Kant: en la Crítica del Juicio sostiene que lo bello es aquello que, sin concepto, se presenta como objeto de un placer universal. Distingue entre una «belleza libre», que se justifica en sí misma y suele asociarse con la naturaleza, y una «belleza adherente», vinculada a una finalidad concreta.
•Gadamer: filósofo de la hermenéutica, discrepa de Kant. Para él, lo bello es lo auténtico en una obra de arte, aquello que se comprende, ya que no existe percepción estética sin interpretación. Considera que lo bello artístico se subordina a lo bello natural y atribuye a la Belleza una función ontológica. En La actualización de lo bello. El arte como juego, símbolo y fiesta busca tender un puente entre el arte moderno y el clásico.
• Derrida: el filósofo de la deconstrucción describe la belleza como un movimiento indefinido, un vagabundeo sin límites ni destino.
Esta indeterminación constituye, para él, la única posibilidad de hablar de una belleza pura.
•Croce: en su Estética define la Belleza como «la expresión lograda» y afirma que el arte trasciende la lógica y sus conceptualizaciones.
•Heidegger: concibe la Belleza como una de las formas esenciales en que la verdad se manifiesta y se pone en acción.
Otros pensadores —como Diderot, Burke, Hartmann, Schopenhauer, Tatarkiewicz y Cousin— también dedicaron reflexiones a este tema. Este último sostenía que lo bello constituye «uno de los principios espirituales superiores».
Belleza y trascendencia espiritual En tiempos recientes, la tradición cristiana ha ofrecido también valiosas perspectivas. Juan Pablo II, en su Carta a los artistas, exaltó el esplendor de la belleza y evocó la célebre frase de Dostoievski: «La belleza salvará al mundo», como anuncio de esperanza para el nuevo milenio.
Posteriormente, Joseph Ratzinger —entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe— publicó en 2007 La verdad de la belleza y la belleza de la verdad. Allí sostuvo que para crecer en la fe es indispensable entrar en contacto con la belleza. Añadió que la auténtica belleza no se encuentra en ignorar el sufrimiento, sino en aceptarlo y atravesarlo. La describió como un dardo que hiere el alma y, al hacerlo, recuerda al hombre su destino último y le abre los ojos al conocimiento verdadero.
Belleza y ética La Belleza no es solo apariencia ni adorno pasajero; es un reflejo de la armonía que sostiene al universo y de la plenitud que anhela el alma. Desde tiempos antiguos se ha reconocido que lo bello conduce al bien y a la verdad, como si en su fulgor se revelara una chispa de lo eterno. Contemplar la belleza es, por tanto, un camino de elevación: nos recuerda que la vida no se agota en lo visible y nos abre a la dimensión más honda del ser.
“Desde tiempos antiguos se ha reconocido que lo bello conduce al bien y a la verdad”
En la Masonería, la Belleza es la expresión visible de la obra interior. No se trata de un ornamento externo, sino de la manifestación luminosa de las virtudes cultivadas en silencio. Junto a la Sabiduría y la Fuerza, se convierte en un pilar que sostiene la construcción del Templo interior, donde cada piedra colocada con rectitud se adorna con la gracia de lo bello.
La verdadera belleza conmueve, hiere y transforma. Despierta en nosotros el deseo de bondad, nos llama a la justicia y nos invita a vivir en armonía con lo divino. Por eso Dostoievski pudo afirmar con fuerza profética que «la belleza salvará al mundo». No se trata de una belleza superficial, sino de aquella que encarna la verdad y el bien, la que ilumina incluso en medio del dolor, la que revela sentido allí donde parece haber vacío.
Esa belleza es fuente de ética viva: enseña que el bien no es solo deber, sino también esplendor, y que la rectitud puede y debe ser luminosa. Una vida bella es aquella en la que la intención y la acción, lo interior y lo exterior, laten en armonía. En este sentido, la unión entre belleza y ética no es accesoria, sino esencial. La belleza es la huella del bien en el mundo, y la ética es la forma en que esa huella se encarna en nuestras obras. Solo una belleza que refleje el bien y la verdad podrá sanar los corazones y sostener la esperanza de la humanidad. Y será entonces, como anunciaba Dostoievski, cuando la belleza —la verdadera— será capaz de salvar al mundo.
Para conservar perennes los eslabones de nuestra cadena fraternal es importante dedicar un tiempo a pulir el conocimiento desde nuestra columna del Mediodía.
Primer Vigilante
Buscando el Arte Real
Por Ricardo Flores Sánchez-Pastor
Hay quien dice que “la ignorancia es la madre del atrevimiento”, y tal vez por eso me he atrevido a reflexionar sobre el presente y el futuro de nuestra hermandad. El pasado ya está vivido y escrito; por tanto, permanece inmutable.
En el ahora de cada uno de los hermanos que formamos la sociedad masónica se alza, por encima de todo, la búsqueda de la luz interior. Esa tarea no concluye sino cuando alcanzamos el Gran Oriente Eterno y nos fundimos en la luz del G.A.D.U.
Sentadas las bases de que el instante presente se convierte de inmediato en pasado, podemos pensar que la hermandad es un medio de transformación hacia el futuro. Es el espacio donde se estudian y se reflexiona sobre los fundamentos, ideales y utopías que, durante siglos, han unido a Ricardo Flores Sánchez-Pastor miles de hombres en la aspiración de una humanidad más libre, fraterna e igualitaria. Ideales por los que corrió sangre de hermanos que no renunciaron a su defensa.
Cuando en el siglo VIII se construyó la catedral de Aquisgrán, patrocinada por Carlomagno, comenzaba a gestarse una sociedad de canteros y maestros de la construcción: los masones. Aunque nunca fueron un grupo secreto, mantenían una discreción necesaria para proteger sus conocimientos y transmitirlos solo a quienes se habían ganado el honor de ser maestros, tras años de aprendizaje. El Gran Maestro, al presentir su fin, cedía su saber al elegido como guardián de los secretos. En toda obra existía una estancia reservada donde realizaba sus cálculos y compartía enseñanzas con otros maestros de paso.
“La hermandad es un medio de transformación hacia el futuro.
Es el espacio donde se estudian y se reflexiona sobre los fundamentos, ideales y utopías que, durante siglos, han unido a miles de hombres en la aspiración de una humanidad más libre, fraterna e igualitaria” A finales del siglo XI se añadió al término “masón” el prefijo “franc” (libre), y así nacieron los francmasones. La proliferación de construcciones y la escasez de maestros hizo necesario que pudieran desplazarse libremente por los reinos cristianos, siempre que portaran sus herramientas e identificaciones. Eran los primeros trabajadores con libertad de movimiento en Europa, cuando los reinos apenas comenzaban a consolidarse y el catolicismo imponía su autoridad sobre el cristianismo primitivo.
En los siglos XII y XIII, con la construcción de Chartres y otras catedrales, los francmasones alcanzaron su mayor esplendor. Sin embargo, desde el siglo XIV, la crisis económica de monarquías e Iglesia, agravada por guerras y cruzadas, paralizó las grandes obras.
Los francmasones pasaron entonces a trabajar para señores feudales en construcciones menores, perdiendo parte del rango alcanzado. Aun así, conservaron el espíritu de su arte, que lentamente se transformó en filosofía.
Durante los siglos siguientes la masonería operativa cayó en un silencio discreto, hasta que en la Inglaterra del siglo XVIII un grupo de hombres retomó su esencia, dotándola de un nuevo sentido filosófico y simbólico. Surgió así la masonería especulativa, basada en las antiguas herramientas de construcción convertidas en emblemas morales.
Las Constituciones de Anderson le dieron forma y la hicieron visible. Si antes levantaba catedrales de piedra, ahora ayudaba a construir seres humanos libres, fraternos e iguales en espíritu.
Los párrafos anteriores sirven de contexto al presente de nuestra masonería, pero mi propósito no es mirar al pasado, sino pensar en el futuro de los ideales que nos inspiran: la libertad, la fraternidad y la igualdad.
“En el siglo XVIII un grupo de hombres retomó su esencia, dotándola de un nuevo sentido filosófico y simbólico. Surgió así la masonería especulativa, basada en las antiguas herramientas de construcción convertidas en emblemas morales. Las Constituciones de Anderson le dieron forma y la hicieron visible”
¿Por qué hablar de utopía? La RAE define el término como “representación imaginativa de una sociedad futura favorecedora del bien humano”. Si nos atenemos a ello, podría decirse que nuestros fines son sueños de románticos empeñados en mejorar la condición humana. Pero esos sueños son los que dan sentido a nuestra búsqueda.
La iniciación nos revela que existe un camino hacia la luz. En ese instante, el cerebro se reinicia para comprender que el conocimiento de uno mismo es la verdadera senda. Comenzamos entonces la búsqueda del Arte Real: un viaje interior que no tiene retorno.
Cada masón tiene la obligación de buscar su propia luz y de proyectar los tres valores cardinales en el mundo. Libertad, Fraternidad e Igualdad no son imposibles; si lo fueran, carecería de sentido intentarlo. Ser libre implica la valentía de enfrentarse a las propias sombras, de pulir la piedra bruta que somos. Solo así podemos ofrecer fraternidad y libertad colectiva. Un sueño tan hermoso no puede ser una utopía inalcanzable, porque hay millones de personas deseando hacerlo realidad.
Si esos ideales llegaran a cumplirse, ¿debería desaparecer la masonería? Creo que no. Su misión es promover esos fines, pero también mantenerse viva como escuela de pensamiento, ayudando a que el ser humano sea cada vez más humano. El Arte Real enseña que el perfeccionamiento interior no surge de lecciones, sino del ejemplo. No busco la perfección, sino la bondad, porque al intentar ser bueno transmito los valores esenciales de la masonería.
Desde el 2 de junio de 2018 sigo un camino que me ha llevado a pensar menos en el yo y más en el nosotros. Avanzo despacio, con humildad, aprendiendo que la sabiduría comienza cuando reconocemos lo poco que sabemos. He llegado al lugar que mi destino marcó, rodeado de guías y hermanos que iluminan mi senda.
La madre de Sócrates, que era partera, transmitió a su hijo la mayéutica: el arte de ayudar a parir conocimientos. Esa ciencia del preguntar y del pensar inspiró a su vez a Platón, quien la transformó en método filosófico. En mi humilde entender, la mayéutica es sinónimo del Arte Real: un proceso de descubrimiento que nos conduce a la verdad interior.
El método no es el camino, pero nos dispone a trabajar la piedra interna. La fuerza que emana de los símbolos y las liturgias permite al masón crear conscientemente su propio cambio. Sería un error medir el valor de un hermano por sus grados o condecoraciones. Lo importante no es la cantidad de obra realizada, sino la calidad de lo construido. El Arte Real se manifiesta en la experiencia, no en los títulos.
“La mayéutica es sinónimo del Arte Real: un proceso de descubrimiento que nos conduce a la verdad interior”
La masonería da sentido filosófico a sus símbolos y, a través de la acción consciente, nos invita a tomar las riendas de nuestra existencia. Medir nuestro progreso sin ese criterio de excelencia reduce la iniciación a un acto mecánico. El masón verdaderamente adiestrado comprende que su valor no está en acumular grados, sino en construir su propio ser.
Cada masón debe verse como una obra en construcción. El que mide su camino con la regla de la excelencia prefiere la serenidad a la prisa. No quiero competir por grados, sino avanzar en el silencio del trabajo interior. El camino del Arte Real comienza en uno mismo: en la conciencia del cambio, en la voluntad de buscar la verdad que habita dentro.
Aunque no siempre seamos conscientes, el beneficio del Arte Real nos acompaña desde el momento en que conocemos su existencia. No se ve con los ojos, pero se siente en el corazón.
Primer Vigilante
La herencia del Convento de Lausana
Por Pablo Bahillo
Los días 13 y 14 de septiembre de 2025 se celebró en París la XXIV Reunión Internacional de los Supremos Consejos del Rito Escocés Antiguo y Aceptado. La cita fue convocada por el Muy Poderoso Hermano Jacques Rozen, Soberano Gran Comendador del Supremo Consejo de Francia y presidente de la Asociación Internacional Masónica Escocesa (AIME). Esta organización reúne a todos los Supremos Consejos que mantienen su adhesión a los acuerdos alcanzados en el histórico Convento Universal de Lausana de 1875.
“El encuentro de los días 13 y 14 de 2025 en París tuvo un único punto en su orden del día: conmemorar el 150 aniversario de aquel Convento masónico”
El encuentro parisino tuvo un único punto en su orden del día: conmemorar el 150 aniversario de aquel Convento masónico. En un ambiente de fraternidad, las numerosas delegaciones reflexionaron sobre la célebre Declaración de Principios adoptada en Lausana en 1875, además de repasar las resoluciones posteriores aprobadas en distintas reuniones internacionales desde entonces. El clima de solemnidad y hermandad convirtió la reunión en un ejercicio de memoria y de proyección hacia el futuro.
Para los hermanos del Rito Escocés Antiguo y Aceptado, conocer la Declaración de Principios de Lausana es un deber esencial. También lo es recordar que aquel Convento fue convocado por el Muy Poderoso Hermano Adolphe Crémieux, quien, Pablo Bahillo en calidad de Soberano Gran Comendador, presidía en ese momento el Supremo Consejo de Francia. Su figura no solo fue relevante en la política francesa del siglo XIX, sino también en la historia del liberalismo europeo y en el desarrollo del pensamiento masónico.
La figura de Crémieux Isaac Moïse Crémieux, más conocido como Adolphe Crémieux, nació en Nîmes el 30 de abril de 1796, en el seno de una familia judía. Estudió Derecho en su ciudad natal y, a los veintidós años, fue iniciado en la logia “El Favor Anónimo”, en el Oriente de Nîmes. Desde temprano mostró un temperamento combativo, un profundo sentido de justicia y un ideal de libertad que lo acompañaría toda su vida.
Isaac Moïse Crémieux Su carrera política despegó tras la Revolución de Julio de 1830, que puso fin al reinado de Carlos X. Crémieux se distinguió como un firme defensor del liberalismo político y, en su faceta de abogado, asumió la defensa de protestantes, israelitas y liberales perseguidos durante el llamado Terror Blanco. Ese mismo año se instaló en París, donde se hizo cargo del despacho de Odilon Barrot, líder de los monárquicos constitucionales liberales. En 1831 pronunció un célebre elogio fúnebre en homenaje a su amigo, el abate Grégoire, figura clave del catolicismo progresista y del movimiento por la emancipación de los judíos. Tres años más tarde, en 1834, fue nombrado vicepresidente del Consistorio Central de los Israelitas de Francia.
Crémieux alcanzó gran notoriedad política como miembro del Gobierno Provisional de 1848, año de la revolución que instauró la Segunda República. Fue ministro de Justicia y promovió reformas que ampliaron las libertades civiles, aunque su fama quedaría especialmente vinculada a su defensa de la igualdad de derechos para los judíos. Su nombre pasó definitivamente a la historia con el Decreto nº 136 de 24 de octubre de 1870, más conocido como Decreto Crémieux, que otorgó la nacionalidad francesa a los judíos de Argelia, abriendo el camino a su plena integración en la vida pública del país. Apoyó la política de Thiers e hizo todo lo posible por evitar una restauración monárquica en Francia tras la caída del Segundo Imperio. Sin embargo, el 14 de febrero de 1871, ante la imposibilidad de organizar una defensa militar eficaz frente a las tropas prusianas que invadían el territorio, presentó su dimisión como ministro. Pese a ello, su carrera política continuó: ocho meses después fue elegido diputado y, en 1875, tras el advenimiento de la Tercera República, fue nombrado senador vitalicio. Su compromiso con la causa republicana y liberal nunca flaqueó.
Crémieux y la masonería En el terreno masónico, Crémieux desempeñó un papel fundamental en un momento de tensiones internas. Gracias a su espíritu abierto y liberal, logró calmar las disputas que agitaban a las logias simbólicas del Supremo Consejo. Autorizó a la conflictiva logia San Vicente de Paul nº 133 a adoptar el título de “La Justicia”, facilitó la reintegración de logias previamente excluidas, promovió una relativa democratización de las logias azules y sometió a estudio una reforma de los Reglamentos Generales. No obstante, defendió con firmeza la necesidad de mantener la invocación A la Gloria del Gran Arquitecto del Universo, que consideraba un pilar de la tradición masónica.
“Crémieux desempeñó un papel fundamental en un momento de tensiones internas. Gracias a su espíritu abierto y liberal, logró calmar las disputas que agitaban a las logias simbólicas del Supremo Consejo”
En 1875, con 79 años de edad y una vida plena de experiencias políticas y masónicas, Crémieux convocó el Convento Universal de Lausana. En septiembre de ese año acudió a la ciudad suiza presidiendo la delegación francesa. Su prestigio y capacidad de diálogo permitieron que, por unanimidad de los once Supremos Consejos allí representados, se adoptara un Manifiesto redactado por él mismo. El texto incluía una Declaración de Principios en la que se conciliaba la afirmación de un Principio creador con el respeto a la libertad de conciencia. De este modo, se ratificaba la divisa universal de los Supremos Consejos: Deus Meumque Ius (Dios y mi Derecho). El Convento de Lausana de 1875 supuso un momento de madurez institucional para la masonería escocista. Allí se consolidó una visión universalista, abierta y respetuosa con la pluralidad de creencias, pero al mismo tiempo firme en la defensa de la espiritualidad. Esa síntesis de tradición y modernidad convirtió a Lausana en un referente, cuyos ecos aún resuenan siglo y medio después.
“El Convento de Lausana de 1875 supuso un momento de madurez institucional para la masonería escocista. Allí se consolidó una visión universalista, abierta y respetuosa con la pluralidad de creencias, pero al mismo tiempo firme en la defensa de la espiritualidad”
El legado de Lausana No podemos olvidar que, desde 1804, Alexandre François Auguste, conde de Grasse y marqués de Tilly fundó el Supremo Consejo de Francia, esta institución ha mantenido la regularidad masónica gracias a su fidelidad escrupulosa a los principios tutelares de la Orden, a las Constituciones de Burdeos de 1762 y a las Grandes Constituciones de Berlín de 1786, revisadas en el Convento de Lausana. Esa continuidad histórica ha permitido que la masonería francesa conserve un papel influyente en el escenario internacional.
La última actuación política de Adolphe Crémieux fue su protesta contra el movimiento del Dieciséis de Mayo en 1877, que puso fin al ministerio de Jules Simon. Falleció en París el 10 de febrero de 1880, a los 83 años, y fue enterrado en el cementerio de Montparnasse. Su tumba se ha convertido en un lugar de memoria para quienes reconocen en él a un símbolo de la lucha por la libertad, la igualdad y la justicia.
Lausana 2025: memoria y futuro El recuerdo de Crémieux y del Convento de Lausana no es una mera evocación del pasado. La XXIV Reunión Internacional celebrada en París en 2025 reafirma la vigencia de los ideales proclamados hace 150 años. La Declaración de Principios de 1875 continúa siendo una brújula espiritual y moral para los Supremos Consejos del Rito Escocés Antiguo y Aceptado. En un mundo globalizado, sometido a tensiones sociales, ecológicas y tecnológicas, las enseñanzas de Lausana adquieren una renovada actualidad.
Tumba de Adolphe Cremieux (Cementerio de Montparnasse)
El aniversario no solo sirvió para rendir homenaje a la memoria de Crémieux y de sus contemporáneos, sino también para proyectar la masonería escocista hacia el futuro. Las reflexiones compartidas en París pusieron de relieve la necesidad de mantener viva la fraternidad, la defensa de la dignidad humana y el compromiso con una sociedad más justa.
De este modo, el eco de Lausana de 1875 resonó en París en 2025, recordando a los masones de todo el mundo que el camino iniciado por Crémieux sigue siendo un faro de luz en tiempos de incertidumbre. Su legado, a la vez político y espiritual, permanece vivo y continúa inspirando a quienes creen en la fuerza transformadora de la libertad y la fraternidad.
Es propia de los seres humanos la capacidad para entrar en sí mismos. En esta sección de la La palabra reflexión etimológicamente viene del del latín tardío, reflexio, -ōnis , acción de volver atrás.
En todas las iniciaciones masónicas está la prueba donde la persona cavila sobre el mundo viejo que va a dejar atrás.
Cámara de Reflexión
La Dama de la Justicia
Por Leandro R. Guerrero
La Dama de la Justicia no es meramente una figura escultórica sobre los tribunales, sino un arquetipo viviente que resuena en el corazón del Templo Masónico. Ella en sí misma, encarna la sabiduría que equilibra lo divino y lo humano, lo interior y lo exterior. En el Rito Escocés Antiguo y Aceptado, ella es el espejo de nuestra propia búsqueda: juzgar con imparcialidad, actuar con coraje y ver más allá de las apariencias. Su presencia nos recuerda que la verdadera justicia nace del autoconocimiento, no de la ley externa. Como enseñó Albert Pike: “La justicia es la primera virtud de la Masonería”. Ella no solo representa el ideal; invita a vivirlo, día a día, en cada paso del camino iniciático.
Desde los albores de la civilización, la humanidad ha buscado siempre un principio rector, una fuerza suprema que ordene el caos y establezca un equilibrio entre lo justo y lo injusto, lo correcto y lo incorrecto.
“En el Rito Escocés Antiguo y Aceptado, la Dama de la Justicia es el espejo de nuestra propia búsqueda: juzgar con imparcialidad, actuar con coraje y ver más allá de las apariencias” Desde la penumbra de los templos hasta el vértice radiante del Oriente, los símbolos francmasónicos nos hablan, nos interpelan, Leandro R. Guerrero nos convocan y nos llaman a la reflexión. Este anhelo milenario ha cristalizado en uno de los símbolos más poderosos —aunque no siempre explícito en nuestros rituales—: la figura icónica de la Dama de la Justicia, un arquetipo atemporal que trasciende culturas y credos, y que nos invita a una profunda reflexión sobre la naturaleza de la moralidad, la equidad y la verdad. Estos son elementos esenciales para sustentar la justicia, encarnados en una figura ancestral que ha atravesado tiempos inmemoriales y que representa un ideal elevado y permanente, reconocido por la francmasonería como piedra angular en la edificación moral del iniciado.
Para todos nosotros, buscadores de la Luz que nos dedicamos a la construcción de nuestro templo interior y exterior, esta figura es más que un simple símbolo legal: constituye un compendio de lecciones, una brújula moral que nos desafía a mirar más allá de lo superficial y a confrontar las complejidades de nuestra propia conciencia.
Este artículo propone un viaje simbólico, histórico y filosófico a través de la imagen y el espíritu de la Dama de la Justicia, entendida no solo como símbolo judicial profano, sino también como un arquetipo del alma que busca la Luz, la Verdad y, sobre todo, la Equidad. Asimismo, veremos cómo su figura se entrelaza con los grados del REAA y qué enseñanzas puede ofrecer en el camino de perfección.
Su simbología desafía al francmasón a convertirse en un homo symbolicus, capaz de equilibrar lo estricto y rígido de la Ley con la misericordia del corazón.
Su iconografía clásica refleja: •La balanza: símbolo del equilibrio entre los derechos y las responsabilidades, la verdad y la falsedad, el mérito y la culpa.
•La espada: representa el poder de la justicia para sancionar, proteger o castigar, siempre con rectitud.
• Los ojos vendados: simbolizan la imparcialidad, indicando que la justicia no distingue entre ricos y pobres, poderosos y humildes, evitando toda forma de discriminación.
En sus manos y sobre sus ojos lleva las herramientas de una disciplina que no es solo un código legal del mundo profano, sino, por el contrario, una búsqueda incesante de la armonía social y personal, convirtiéndose en un eco del Gran Arquitecto del Universo.
“En sus manos y sobre sus ojos lleva las herramientas de una disciplina que no es solo un código legal del mundo profano, sino, por el contrario, una búsqueda incesante de la armonía social y personal, convirtiéndose en un eco del Gran Arquitecto del Universo”
Desde la perspectiva del Rito Escocés Antiguo y Aceptado, que establece un sistema que abarca desde los grados simbólicos hasta los grados filosóficos, la justicia se presenta como un tema recurrente. A lo largo de este recorrido se enfatiza que la justicia no es un fin en sí mismo, sino un medio para alcanzar la armonía social y la perfección individual. En este sentido, la Dama de la Justicia se convierte en una alegoría viva que invita a todo francmasón a internalizar la equidad como un principio recto de vida.
La Dama de la Justicia. De Maat a la Maestría. El rito egipcio. Más allá del juicio de Osiris La justicia no es una invención moderna, sino una aspiración ancestral. Así, en el antiguo Egipto —cuna de misterios que aún hoy deslumbran al mundo— encontramos en la diosa Maat el primer paradigma de justicia cósmica. Ella pesaba el corazón de los difuntos para medir la pureza de su alma. Aquí aparece ya la balanza, pero también un principio clave para la francmasonería: el Juicio Interior.
En el REAA se establece un paralelismo. Esto nos conduce a las siguientes reflexiones: ¿hemos purificado nuestras intenciones?
¿Nuestras acciones reflejan la rectitud que exige la balanza de Maat? En logia hallamos un espacio donde el francmasón confronta sus sombras para renacer en la luz de la verdad.
silencios. “En el REAA los símbolos no están para ser venerados, sino para vivirlos: la Dama de la Justicia no es solo una imagen externa, sino una presencia constante que guía al iniciado en su examen de conciencia y en su búsqueda del equilibrio entre la fuerza y la misericordia”
Alo largo del tiempo —Maat, Themis, Dike, Justitia— diversos nombres han designado un mismo arquetipo que encarna la energía del equilibrio, la igualdad y la armonía. En el REAA los símbolos no están para ser venerados, sino para vivirlos: la Dama de la Justicia no es solo una imagen externa, sino una presencia constante que guía al iniciado en su examen de conciencia y en su búsqueda del equilibrio entre la fuerza y la misericordia.
El simbolismo de los tres atributos y su resonancia en el templo Cada uno de los elementos que porta la Dama de la Justicia constituye una pieza de un rompecabezas filosófico que revela una profunda lección sobre la búsqueda de la equidad. Por ello, encuentra un eco poderoso en las herramientas y principios del trabajo francmasónico.
La balanza. El equilibrio de la verdad y la rectitud En su mano izquierda, la Dama de la Justicia sostiene una balanza de platillos, símbolo milenario que evoca la imperiosa necesidad de pesar la evidencia sin prejuicios. La balanza es el instrumento con el que se sopesa el alma, pero también con el que el francmasón debe pesar sus palabras, sus acciones y sus La balanza de la Dama de la Justicia se interpreta como el equilibrio entre los impulsos internos y las acciones externas. Como señala el maestro francmasón Ramón FernándezParedes: La Conciencia, que es su guía por intuición, le permite distinguir lo bueno de lo malo, lo justo de lo injusto. Por ello, el francmasón debe sopesar sus pensamientos y acciones con la misma imparcialidad con que la Dama de la Justicia pesa en su balanza, en el entendido de que, a nivel social, este símbolo representa la necesidad de equidad en las relaciones humanas.
“Cada platillo de la balanza representa una polaridad — justicia y misericordia, rigor y ternura, deber y libertad, entre otras—, de modo que vivir con justicia no consiste en aplicar una fórmula matemática, sino en mantener un equilibrio dinámico entre los opuestos”
Cada platillo de la balanza representa una polaridad —justicia y misericordia, rigor y ternura, deber y libertad, entre otras—, de modo que vivir con justicia no consiste en aplicar una fórmula matemática, sino en mantener un equilibrio dinámico entre los opuestos.
El equilibrio, por tanto, es una lucha constante y continua: la balanza enseña que toda decisión tiene un precio y todo juicio una consecuencia.
El francmasón que no reflexiona ni sopesa cae en el dogmatismo; pero aquel que nunca decide, que teme inclinar la balanza, se vuelve cómplice del desorden y el caos.
En los talleres, la balanza imaginaria no está para pesar a los demás, sino para que cada hermano pese su propia conciencia: ¿He sido justo? ¿He sido leal? ¿He actuado desde el amor o desde el orgullo?
Estas preguntas son el centro de la vida francmasónica.
La balanza no solo compara el peso de los argumentos: también representa la importancia de la deliberación, de tomarse el tiempo necesario para escuchar a ambas partes de un conflicto. Los platillos en perfecta horizontalidad simbolizan la imparcialidad y la igualdad ante la ley. No hay un platillo más importante que el otro, pues todos los hechos y argumentos deben ser examinados con el mismo rigor.
“Para un francmasón, la balanza es un recordatorio constante de la necesidad de ser un hombre justo y honrado”
Para un francmasón, la balanza es un recordatorio constante de la necesidad de ser un hombre justo y honrado. La balanza nos enseña que el equilibrio es fundamental para la armonía, no solo en la sociedad, sino también en nuestro propio ser. Como dijo el político alemán Willy Brandt: Permitir una injusticia significa abrir el camino a todas las que siguen. Por ello, la balanza nos exhorta a no inclinar nuestra conciencia por capricho o conveniencia, sino, muy por el contrario, a buscar ese punto medio donde reside y se asienta la verdadera sabiduría.
La espada. El poder de la voluntad y la defensa de la verdad En su mano derecha, la Dama de la Justicia porta una espada. No es un símbolo de agresión o violencia; por el contrario, representa poder, autoridad, capacidad de tomar decisiones firmes. La espada simboliza, además, la fuerza de la verdad para cortar de plano la ignorancia y el engaño.
En este contexto, la espada no puede interpretarse como un arma de violencia, sino como un instrumento por excelencia de discernimiento, que defiende la libertad de conciencia y la tolerancia. Su doble filo simboliza que la justicia puede castigar al culpable y defender al inocente. La justicia, aunque ciega, no es débil: posee el poder de actuar y de hacer cumplir sus veredictos, es decir, sus decisiones.
En el simbolismo francmasónico, la espada flamígera es un recordatorio del poder de la voluntad y de la rectitud moral. No se utiliza para el combate físico, sino para defender los principios de la Orden y cortar las ataduras de la ignorancia y el fanatismo. Implícita, la espada de la Dama de la Justicia nos habla de la necesidad de la acción: no basta con deliberar y sopesar, en algún momento la verdad debe ser defendida y la injusticia confrontada.
La espada nos recuerda imperiosamente que la equidad no es un concepto estático y pasivo, sino una fuerza activa que exige valentía y determinación; se convierte, así, en la herramienta para proteger a los oprimidos y castigar a quienes transgreden el orden social y moral. Sin la espada, la balanza sería inútil, pues se reduciría a una simple deliberación sin consecuencias.
“En el simbolismo francmasónico, la espada flamígera es un recordatorio del poder de la voluntad y de la rectitud moral”
El maestro Albert Pike subrayaba en sus escritos que la justicia debe ser administrada con firmeza, pero también con compasión. En su obra Morals and Dogma escribió: La justicia no es venganza, es la restauración del orden moral mediante la aplicación de la verdad.
La espada, al igual que la palabra, puede edificar o destruir; por ello, en manos del francmasón debe ser el filo que separa la sombra de la ley del error de la verdad. En el REAA la espada aparece en múltiples grados como símbolo de poder espiritual. Ese poder solo se justifica cuando nace de la conciencia, por lo que debe concluirse que el francmasón no se impone, ilumina; no castiga, corrige con amor; no domina, sirve con nobleza.
La venda. La imparcialidad y la sabiduría del desapego. ¿Ceguera o clarividencia? El atributo más enigmático y debatido de la Dama de la Justicia es, sin duda, la venda que cubre sus ojos, una de las imágenes más relevantes y provocadoras. A menudo se malinterpreta como ceguera o ignorancia, pero su verdadero significado es mucho más profundo: la imparcialidad.
La venda en los ojos representa la necesidad de juzgar los hechos y no a las personas, pues la justicia no debe atender al estatus social, la riqueza, la raza, el género ni las creencias religiosas. Debe ser ciega a todo lo que no sea la evidencia en el mundo profano.
Para los francmasones, esta venda en los ojos tiene otro sentido: es la señal de que la verdad no se contempla con los ojos profanos, sino con la Luz interior. La justicia vendada simboliza la necesidad de elevar el juicio más allá de las apariencias, de los prejuicios y de lo evidente, pues se trata del juicio del alma, no de los sentidos.
En el REAA, donde la simplicidad es la escuela del alma, la venda en los ojos recuerda que la justicia auténtica es iluminación interior, no cálculos externos. Todo francmasón aprende que no basta con aplicar la ley: lo esencial es comprender el espíritu que la anima, ya que no se trata solo de ver, sino de discernir.
“La justicia en el REAA no es ciega por ignorancia, sino por elección, para garantizar que las decisiones se tomen basadas en la razón y no en prejuicios”
Pablo Bahillo Redondo El maestro francmasón Pablo Bahillo Redondo, en un artículo publicado en Cultura Masónica (2020), destaca: “La justicia en el REAA no es ciega por ignorancia, sino por elección, para garantizar que las decisiones se tomen basadas en la razón y no en prejuicios”. Esta interpretación resalta la importancia de la introspección y de la eliminación consciente de los sesgos personales en el camino francmasónico.
La justicia como virtud humana y camino de autoconocimiento La Dama de la Justicia no solo adorna los tribunales, sino que también habita en el santuario de nuestra propia conciencia. Es un símbolo de la Justicia como virtud cardinal, pues forma parte de las cuatro virtudes principales que guían nuestra vida moral, junto a la Prudencia, la Fortaleza y la Templanza.
La justicia personal es, en esencia, un acto de honestidad con uno mismo. En este contexto significa dar a cada uno lo que le corresponde, incluyéndonos a nosotros mismos. Implica la capacidad de ser justos en nuestras relaciones, en nuestras decisiones y en la manera en que tratamos a los demás, bajo el entendido de que la injusticia hacia los otros es, en última instancia, una injusticia hacia nosotros mismos, pues corrompe nuestra integridad y nos aparta del equilibrio que siempre debe preservarse.
En el ámbito masónico, el iniciado que asciende en los grados aprende a ser juez de sí mismo.
No necesita castigo, sino comprensión; no requiere absolución externa, sino conversión interna. Esta es la justicia que transforma, que libera y eleva. Es el símbolo de que todo iniciado, tarde o temprano, deberá enfrentarse a su verdad interior; y solo aquel que ha sido justo consigo mismo podrá ser justo con el mundo que lo rodea.
El camino de autoconocimiento guiado por la virtud de la justicia conduce a un examen constante de la conciencia y de las motivaciones, obligándonos a preguntarnos si nuestras acciones están alineadas con la verdad y la equidad, o si, por el contrario, se hallan impulsadas por el egoísmo, la codicia o la envidia. Por ello, la Dama de la Justicia nos exhorta siempre a ser jueces de nuestro propio carácter, a sopesar nuestras intenciones con la balanza de la conciencia y a blandir la espada de la voluntad para cortar los vicios que nos alejan de la virtud. Este es el trabajo interno de pulir la piedra en bruto, un proceso que exige que el francmasón sea su propio maestro y su propio juez.
La Dama de la Justicia como eje del progreso social y de la fraternidad La presencia de la Dama de la Justicia es un testimonio vivo de un ideal que ha guiado a la civilización durante milenios. Su figura es un recordatorio de que la justicia constituye el pilar sobre el cual se edifican las sociedades estables y prósperas. Se establece como axioma que: sin justicia no hay orden; sin orden no hay paz; sin paz no hay progreso; y sin progreso sobreviene lo que se conoce como caos.
“La Dama de la Justicia es la guardiana de la civilización, el faro que ilumina el camino hacia un mundo más justo y equitativo Ella es la guardiana de la civilización, el faro que ilumina el camino hacia un mundo más justo y equitativo. Su imagen inspira a ser arquitectos de una sociedad en la que se respeten los derechos de todos, donde prevalezca la verdad y la balanza de la justicia permanezca en equilibrio. Para el francmasón, este ideal se traduce en el compromiso con los valores de libertad, igualdad y fraternidad, bajo el entendido de que la justicia es la herramienta que hace posible la fraternidad, pues no puede existir hermandad genuina sin un compromiso con la equidad.
Conclusión La Dama de la Justicia es mucho más que un símbolo en el REAA: es una guía espiritual y ética que acompaña al francmasón en su largo viaje iniciático. La justicia se presenta como un principio dinámico que evoluciona con el iniciado, desafiándolo a buscar la verdad, practicar la equidad y combatir la ignorancia. Las alegorías de la balanza, la espada y los ojos vendados resuenan en los rituales y enseñanzas del REAA, recordando al francmasón que su labor no se limita a la logia, sino que se extiende al mundo profano.
La justicia en el REAA no es un concepto estático, sino un compromiso vivo que exige introspección, acción y tolerancia. En un mundo que enfrenta desafíos éticos y sociales sin precedentes, la Dama de la Justicia permanece como un faro que guía al francmasón hacia la verdad y el bienestar común.
La Dama de la Justicia personifica la búsqueda eterna de la humanidad por la armonía: un ideal que exige ser mejores, más sabios y más justos, no solo en la vida pública, sino también en el santuario de nuestro propio corazón. En su figura hallamos la promesa de que la verdad y la equidad, aunque invisibles la mayor parte del tiempo, prevalecerán siempre. Ella enseña que la construcción de un mundo justo es una labor cotidiana que comienza en el templo de la propia conciencia. Y cada vez que entremos en el Templo, recordemos que la Dama de la Justicia nos espera, no para juzgarnos, sino para preguntarnos: —¿Has sido justo?
Nota del autor: Un llamado a la acción. Que este artículo no se quede en un mero ejercicio intelectual, Invito a todos y cada uno de los hermanos a reflexionar: ¿Cómo aplicamos la justicia en nuestras logias? ¿Somos capaces de equilibrar tradición y progreso? ¿Y, cómo llevamos este principio a un mundo sediento de verdad?
Recordemos las palabras de Albert Pike: “La masonería no es un club social, es un ejército de constructores, y su arma más poderosa es la justicia”.
Cámara de Reflexión
¿Qué es el Trabajo en la Masonería?
Por Eduardo Montagut
El trabajo es un concepto profundamente masónico. En principio, es cualquier labor o ejercicio que se realiza por parte de los masones en una tenida, incluyendo los escritos, planchas y discursos que se realizan en tenida y también podría ser extensible a lo que se realizan fuera de la misma, pero en relación con la Masonería.
Pero, sobre todo, el trabajo es casi un dogma, si se nos permite el término en Masonería. Por eso los masones son obreros. Y los obreros trabajan y reciben un salario a cambio. Los masones perciben su salario en la tenida, esto es, la recompensa simbólica. Pero son, además, obreros permanentes, porque no aspiran al descanso, que un masón entiende como necesario para no desfallecer, pero no como un fin en sí mismo, un aspecto que creemos interesante en un mundo donde el ocio está casi considerado como un objetivo Eduardo Montagut sagrado en esta vida, seguramente porque el trabajo se ha concebido casi como una esclavitud y porque no existe satisfacción entre muchas personas por lo que hacen, aunque no se pueda descartar tampoco que exista una porción de personas que no tienen interés en trabajar, aunque nos inclinamos más por la lacra anterior. En Masonería el trabajo es arduo, pero muy satisfactorio, siempre y cuando entendamos los masones qué es el trabajo y, sobre todo, porque se trabaja.
“En Masonería el trabajo es arduo, pero muy satisfactorio, siempre y cuando entendamos los masones qué es el trabajo y, sobre todo, porque se trabaja”
Muchos de los símbolos masónicos son instrumentos de la construcción, escuadra, compás, mazo, cincel, nivel, plomada, etc.. Tienen significados comunes en la Orden pero que deben ser interpretados personalmente según el sagrado principio del libre albedrío que guía, precisamente, el trabajo del masón. Pero hay más símbolos relacionados con el trabajo y fuera del ámbito constructivo.
Seguramente, el principal es la abeja, emblema de la actividad y de la constancia. Además, como la abeja tampoco descansa, el masón siempre estaría trabajando por su perfeccionamiento personal, es decir, por su templo interior, pero también por el progreso de la Humanidad.
El trabajo es parte fundamental de cada Rito masónico y, dentro del mismo, del ritual, donde vemos su presencia constante como un deber supremo que deben seguir las tres clases de obreros, los aprendices, los compañeros y los maestros, y todos los oficios de la logia, con sus tareas perfectamente regladas. Los símbolos que se “trabajan” en la logia aluden, precisamente, al trabajo y señalan que es el deber principal de la vida. Como es sabido, los trabajos se abren, es decir, es el momento en que el Venerable Maestro declara abierta la sesión masónica. Y del mismo modo se cierran los trabajos al terminar. Las horas del trabajo señalan la duración de la tenida. Las dos acciones, las de abrir y cerrar los trabajos son simbólicas y varían en función del Rito y el grado en el que se “trabaje”. Forman parte de la parte fundamental del reconocimiento masónico y del grado al que se pertenece. Recordemos que se puede hacer la pregunta siguiente: ¿Dónde trabajáis?, y la respuesta es en una “Logia justa y perfecta”, o en la “Cámara del Medio (Centro)”, o en la “Corte del Sinaí”
En el Diccionario Enciclopédico de la Masonería de Lorenzo Frau Abrines y Rosendo Arús i Arderiu (La Habana, 1883), después de señalar que el Gran Arquitecto del Universo es un concepto basado en el trabajo porque es la alegoría del principio creador, se establece la siguiente recomendación: “Trabaja, le dice, trabaja con las manos y el corazón, que el cielo trabaja incesantemente y la naturaleza enseña el trabajo del arte. Todo Francmasón debe ser trabajador; no hay culto más elevado que el trabajo”
Un aspecto fundamental de la Masonería en la cuestión del trabajo no sólo se refiere al que realizan los masones como ejercicio introspectivo y en la tenida con otros hermanos sino en su dimensión exterior. Ahí estaría el trabajo para luchar con la palabra, la persuasión, el ejemplo y la instrucción (un término hoy en desuso) para el desarrollo o progreso de la razón y la confraternización.
“Trabaja, le dice, trabaja con las manos y el corazón, que el cielo trabaja incesantemente y la naturaleza enseña el trabajo del arte. Todo Francmasón debe ser trabajador; no hay culto más elevado que el trabajo”
La idea del trabajo en Masonería puede parecer de raigambre calvinista, es decir, propia de la ética protestante. El trabajo duro, la disciplina y la frugalidad serían señales de que se es un buen cristiano. Pero somos más partidarios de asociar el trabajo al espíritu ilustrado en el sentido transformador que el mismo intentó establecer como nuevo paradigma en la crisis del Antiguo Régimen. La Ilustración consideraba la importancia del progreso, partiendo del conocimiento de la realidad y poniéndose a trabajar para transformarla. En realidad, la Masonería se basaría en eso: en conocerse uno mismo y en conocer la realidad para luego trabajar con el fin de realizar una transformación personal y del entorno. Y al igual que la Ilustración con métodos pacíficos y no violentos.
En fin, ¿qué es una iniciación sino un trabajo, un duro trabajo voluntario que inicia libremente un profano para abandonar las tinieblas y alcanzar la luz?, y ¿cómo una vez iniciado adquiere el compromiso de seguir trabajando con los instrumentos del trabajo de la construcción a lo largo de toda su vida?
El trabajo no sería como una esclavitud, como castigo del pecado original, ni tampoco como señal de que nos salvaremos en la teoría calvinista de la predestinación, sino, insistimos, como empeño transformador, huyendo de la indolencia, la molicie y la pereza, para cambiar lo que no es noble en nosotros y no parece noble en el exterior. ¿Y qué es lo noble? Eso cada uno y cada una tendrá que “trabajarlo”.
Hay tres columnas alegóricas en la masonería: sabiduría, fuerza y belleza, tres ideas en su divisa: libertad, igualdad y fraternidad, tres grados simbólicos: aprendiz, compañero y maestro.
Las columnas de este espacio contienen esos elementos para ofrecerlos envueltos en el exquisito arte de la Poesía a todos los Hermanos que se acerquen a estas páginas.
Si quieres formar parte de este espacio, puedes mandar tus inquietudes poéticas a: La poesía, con su forma tan especial de transmitir sentimientos y emociones, a menudo arroja luz sobre espíritus afines, estableciendo vínculos entre los autores y los lectores.
buzon_revista_luz@granlogiadecanarias.es El autor: colección de tipos y cuadros de costumbres peculiares de España, Portugal y América en dos volúmenes. era el autor del Quijote de Avellaneda.
HIMNO MASÓNICO… (de una Logia de Baltimore)
“Al hacer Dios por su mano Los cimientos de la Tierra, Con divina perfección Nuestras Leyes fueron hechas.
Coro: ¡Salve misteriosa, gloriosa Masonería!
Buscando el hombre su abrigo Errante anduvo con penas, Hasta que aprendió del Cielo A labrar su residencia.
Coro: ¡Salve misteriosa, gloriosa Masonería!
Entonces nació nuestro Arte Que hoy luce en formas bellas Y pregona por el mundo Nuestro valor y grandeza.
Coro: ¡Salve misteriosa, gloriosa Masonería!
También nos honran los lazos Que forman nuestra potencia.
Amor, Verdad y Amistad Mano y corazón estrechan.
Coro: ¡Salve misteriosa, gloriosa Masonería.
Por la Virtud sublimadas Nuestras acciones e ideas, Sigamos nuestro camino En busca de Luz y Ciencia Coro: ¡Salve misteriosa, gloriosa Masonería!”
Nicolás Díaz de Benjumea (1828-1884) fue un destacado periodista y cervantista sevillano. Dirigió en Madrid el diario democrático La Unión (1864) y también estuvo en El Programa (1868-1869). Fundó el periódico satírico Fígaro y dirigió El Museo Universal. Estuvo en Londres dirigiendo El Eco de Ambos Mundos. Cuando falleció en Barcelona se encontraba al frente de La Ilustración de la Mujer. Con Luis Ricardo Fors codirigió una colección de cuadros de costumbres, Los hombres españoles, americanos y lusitanos pintados por sí mismos: Díaz de Benjumea fue masón, y realizó una curiosa interpretación esotérica del Quijote, pero fue muy atacada por los críticos literarios del momento. En todo caso escribió en 1861, La estafeta de Urganda, o Aviso de Cid Asam Ouzad Bene Jelí sobre el desencanto del Quijote, obra que sería comentada por Juan Valera. También publicó La verdad sobre El Quijote. Novísima historia crítica de la vida de Cervantes (Madrid: Imprenta de Gaspar Editores, 1878). En este texto defendió que el dominico Juan Blanco de Paz, un enemigo de Cervantes, Nota editorial: la elevación moral y la iluminación interior.
perfeccionamiento humano que caracterizan nuestra tradición simbólica. RUBÉN DARÍO Y LA LUZ INTERIOR (Ecos Simbólicos de la Masonería)
(Selección de versos del poema “Yo soy aquel que ayer no más decía” del libro Cantos de vida y esperanza, los cisnes y otros poemas (Madrid, 1905))
Yo soy aquel que ayer no más decía el verso azul y la canción profana, en cuya noche un ruiseñor había que era alondra de luz por la mañana.
El dueño fui de mi jardín de sueño, lleno de rosas y de cisnes vagos; el dueño de las tórtolas, el dueño de góndolas y liras en los lagos.
Mas, por gracia de Dios, en mi conciencia el Bien supo elegir la mejor parte; y si hubo áspera hiel en mi existencia, melificó toda acritud el Arte.
Mi intelecto libré de pensar bajo, bañó el agua castalia el alma mía, peregrinó mi corazón y trajo de la sagrada selva la armonía.
¡Oh, la selva sagrada! ¡Oh, la profunda emanación del corazón divino de la sagrada selva! ¡Oh, la fecunda fuente cuya virtud vence al destino!
Vida, luz y verdad: tal triple llama produce la interior revelación; y arde en mi corazón, y me reclama y me eleva en su tríplice oración.
¡Mas no importa! Seguid, sombra divina, espíritu inmortal de la Belleza, y sobre la montaña que ilumina encended la inextinguible fortaleza.
En estos versos, Rubén Darío expresa una visión espiritual que trasciende el mero esteticismo. La “triple llama” de vida, luz y verdad, la purificación del alma a través del arte y la evocación de la selva sagrada como fuente de armonía universal, resuenan con ideales próximos al pensamiento masónico: la búsqueda del conocimiento, Aunque no existen pruebas documentales de una afiliación masónica formal, su poesía —particularmente en Cantos de vida y esperanza— muestra una clara afinidad con los valores de libertad espiritual y RECUERDOS DE UN APRENDIZ Deletreaba con tres años de edad, aunque no sabía leer ni escribir.
Sin embargo, pronto aprendí a convivir, con otros hermanos en fraternidad.
En septentrión, junto a la alegre hermandad, emprendí una nueva forma de vivir.
En sagrado silencio pude intuir simbólicas vías hacia la Verdad.
La espiritualidad laica descubrí, y con la filosofía deísta traté de acercarme a lo trascendente.
Pablo Bahíllo Redondo “Conocer el pasado para entender el presente y construir el futuro”, verdad que se hace patente en el corazón de la sociedad masónica, el Templo de Salomón, faro de sabiduría y conocimiento sobre el Rito Escocés Antiguo y Aceptado renovándose con el devenir humano. Conocer para crecer: razón del Templo desplegado en estas páginas.
Templo de Salomón
Virtudes y necesidades del silencio
Por Daniel Froville
Más allá de la palabra, el silencio es una apertura hacia el otro. En la soledad, invita al viaje interior. Convertirse en silencio es comenzar un proceso de ordenamiento interior. Para el francmasón, se trata de trabajar, en un silencio luminoso y constructivo, en cultivar «aquello que en nosotros nos sobrepasa». Una búsqueda de sentido cuya exigencia conduce a volverse más acogedor, más comprensivo, más altruista...
“Un tiempo para callar y un tiempo para hablar”
El mundo actual impone al ser humano una sobreabundancia de imágenes y sonidos, así como la exigencia de vivir con urgencia para rendir culto al resultado. Debido a la aceleración de los intercambios técnicos y humanos, a la incrustación de su persona en el instante presente, pero también a su proyección permanente hacia el futuro, el ser humano experimenta con frecuencia un sentimiento de inanidad o vacío y de pérdida de sentido en su propia existencia.
El silencio, aunque raro, no es ya más que una interrupción de los ruidos y murmullos superficiales de los hombres. El lenguaje de la palabra está en descanso respecto al silencio y ha perdido, además, su función de intercambio y de vínculo. Su vocabulario se infla de calificativos o adverbios hiperbólicos, como si esa inflación fuera necesaria para expresar o significar mejor.
Este engrosamiento de los rasgos del lenguaje viene acompañado, por cierto, de una paleta reducida de Daniel Froville palabras, lo que resulta en un poder de evocación más desdibujado. El lenguaje ya no está al servicio del sentido, se ha vuelto totalmente artificial, aplicado y desviado. Pero más grave aún es su carácter unívoco, es decir, sin una verdadera escucha del interlocutor al que se dirige. (Albert Camus puso en evidencia el diálogo que se convierte en monólogo en La Caída.)
“Id tranquilamente entre el bullicio y la prisa, y recordad la paz que puede existir en el silencio”
Los valores a los que se refiere la sociedad moderna —la civilización de las máquinas— se han vuelto, según el filósofo Cornelius Castoriadis, «degradados».
Para reconstruir el vínculo, extraerse de este torbellino, de esta celebración de la velocidad, y poner fin a la disolución del ser sometido a lo superficial y a la apariencia, el regreso al silencio proporcionará una pausa necesaria, un refugio sedentario de distanciamiento crítico, e impulsará al ser humano a un retorno a sí mismo y a lo esencial.
El silencio en el ser humano se manifiesta de múltiples formas: puede ser impuesto, como en las pausas de puntuación durante la lectura de un texto, o buscado, para responder a una necesidad de interioridad. También puede imponerse por sí solo, de manera inconsciente o instintiva. Un silencio puede oprimir o cargarse de inquietud o angustia, a causa de una soledad impuesta, de un rechazo, de una falta de comunicación, de un encierro o simplemente por una falta de confianza en uno mismo.
Por el contrario, un silencio, más allá del lenguaje habitual, puede expresar con mucha más fuerza la vida, el amor y la amistad, en una comunión o en una presencia compartida.
Antes que nada, el ser humano se caracteriza por el lenguaje, único espécimen de la naturaleza animal con la capacidad de usar palabras articuladas para expresar ideas y hacerse comprender por sus semejantes. La palabra, por lo demás, precedió a la escritura en la historia de la humanidad. Pero el silencio también es propio del ser humano. Porque no es simplemente una interrupción de la palabra: es inseparable de ella. La palabra cobra fuerza e importancia cuando le sigue el silencio, como ocurre en la música, donde las notas adquieren su color y su impulso en el silencio que las puntúa. La intensidad del silencio, de hecho, nunca se siente tan fuertemente como después del último acorde.
Si parece fácil definir el silencio como una ausencia de ruido o una interrupción de la palabra, resulta más delicado captar su esencia, ya que el silencio es vivido y percibido por cada persona de manera íntima y personal. Si Babel y su orgullo fueron derrotados por la multiplicidad de lenguas, el silencio permanece único, como un estado que se impone de inmediato en su totalidad y que constituye la matriz de una palabra por venir o de una reflexión más profunda, que pone en suspensión o en gestación esa palabra futura. Así, toda manifestación de silencio es un comienzo o una puesta a cero. El silencio es más que una nopalabra: se sitúa más allá de la palabra y, al mismo tiempo, la integra. En ese verdadero estado interior, sobre el cual el tiempo parece no tener ningún dominio, todo se funde en una especie de unidad matricial.
“Un tiempo para callar y un tiempo para hablar”
La palabra surge del silencio. El escritor lo sabe bien, cuando deposita sobre su hoja de papel o en la pantalla de su ordenador las frases y palabras que extrae de su propio silencio. La escritura, como la lectura, solo son silenciosas para el mundo exterior, pues en realidad son vividas como palabras interiorizadas, moduladas, inspiradas y espiradas por el escritor o el lector. El ser humano habita el lenguaje, pero también está habitado por el silencio. La expresión de su palabra —es decir, su pensamiento que emana de su silencio interior— revela su existencia como un acto profundamente creador, ya que el silencio en sí mismo no enseña nada; genera conocimiento y permite su enriquecimiento. Sócrates lo reconocía así: «Habla, para que yo vea quién eres».
Silencio y observación El silencio puede imponerse por sí mismo, pero el ser humano también puede imponérselo voluntariamente, como sucede en el camino masónico, donde una de las reglas fundamentales se apoya en él. A lo largo del aprendizaje inicial, el aprendiz francmasón está obligado, durante los trabajos en Logia, a no tomar la palabra y a escuchar a los conferencistas o intervinientes sin poder formular preguntas, emitir opiniones complementarias o divergentes, argumentar o aportar. Esta conducta, asumida libremente, se convertirá posteriormente —más allá de los años de aprendizaje— en una referencia constante dentro del trabajo masónico.
Liberado de la posibilidad de tomar la palabra, el aprendiz agudiza su sentido de la vista al observar e impregnarse de todos los decorados simbólicos que adornan el Templo en el que se desarrollan los trabajos, y también su sentido del oído, mediante la escucha atenta de los rituales igualmente simbólicos que marcan el ritmo de dichos trabajos.
Liberado de la palabra y abierto en ese silencio, el aprendiz se sumergirá en ese espacio-tiempo sagrado.
Pronto se dará cuenta, además, de que la palabra que le habría gustado tomar resultará, tras reflexión, vana, fuera de lugar o inmadura, y que la distancia y el desapego impuestos por el silencio habrán permitido que su pensamiento se desarrolle y supere sus primeras reacciones de escucha. «Los segundos pensamientos son los más sabios», ya lo señalaba Eurípides.
Silencio y dominio corporal El silencio impone, además y de hecho, el dominio del cuerpo y de los gestos que suelen estar ligados a la expresión verbal: impaciencia, rechazo, negación, o aprobación y connivencia. El lenguaje de la palabra y el lenguaje del cuerpo forman un todo en movimiento sincrónico, siendo la palabra con frecuencia portadora de sentimientos, deseos o pasiones que encadenan a quien habla, halagando su ego. En cambio, la suspensión de la palabra en el aprendiz elimina estos gestos y le permite insertarse humildemente en el seno de la comunidad fraternal, evitándole así toda dispersión.
La ascesis del silencio perturba y desconcierta al iniciado, al principio, en sus automatismos sociales, pero pronto descubre sus defectos y virtudes. Iluminado sobre los límites del lenguaje habitual de la razón —que se revela incapaz de expresar la percepción metafísica de las cosas—, recurrirá, desde lo más profundo de su silencio interior, a la intuición para apropiarse del mundo de los símbolos y captar el lenguaje simbólico.
De la observación a la escucha “El silencio impone, además y de hecho, el dominio del cuerpo y de los gestos que suelen estar ligados a la expresión verbal”
El aprendizaje del silencio se convierte, además, en un aprendizaje de la escucha activa y “participativa”. Al no verse contaminada por la atención que se presta a la propia respuesta, a la pregunta o al comentario —lo cual ya implica dejar de oír lo que se está diciendo—, esta escucha activa, intensa y disponible conduce a la aceptación y al respeto del pensamiento del otro.
Hacer silencio (callarse) es favorecer la expresión de quien habla y también desarrollar la propia reflexión en sintonía con el pensamiento ajeno, dominando esa tendencia natural de muchos: impaciencia, argumentaciones tajantes, certezas, confrontaciones. El silencio lleva en sí la aceptación de una opinión diferente, de un posible desacuerdo pero, sobre todo, su acogida dentro de uno mismo con vistas a un enriquecimiento mutuo.
El silencio es, además, portador de una notable medida, en el doble sentido del término: medir y apreciar la palabra que se desarrolla y mantenerse mesurado en los propios comentarios, lejos de los extremos. Gracias a esta cualidad de escucha, las palabras adquieren su sentido o exigen ser precisadas para iluminar mejor la comprensión del otro. Esta escucha también permite observar el lenguaje no verbal del interlocutor, integrar lo que no se dice, pero puede estar sugerido. La escucha se vuelve entonces global y empática.
Podríamos sentirnos tentados a asimilar este tipo de silencio con el mutismo, pero sería un error, porque el mutismo se asemeja más bien a un cierre, a un rechazo de comunicarse, de intercambiar, de compartir o de recibir. Por el contrario, este silencio es una apertura hacia el otro y un acto de acogida. Hacer silencio es convertirse en receptáculo de la palabra del otro, incorporarla en uno mismo y liberarse para simplemente ser uno mismo, en verdad.
De la escucha a la introspección Sin embargo, el silencio es más que la interrupción osuspensión de la palabra que permite acoger y comprender mejor al otro: es un estado en el que uno mismo se convierte en silencio; un llamado o un medio para escucharse a sí mismo y para ir a lo más profundo del ser. Los romanos tenían dos verbos para expresar estas diferencias: tacere y silere, callarse y ser silencio.
«La boca guarda silencio para escuchar el corazón»
Si bien el silencio obliga a dominar la reflexión, a volverla más distanciada, más “secundaria” y mejor decantada, lo esencial es que hace surgir el despertar de la conciencia para una comunicación verdadera y un intercambio constructivo consigo mismo. El silencio desempeñará su papel en la apertura a la realidad interior del ser: el templo interior del francmasón. Este trabajará según la imagen del símbolo del hilo a plomo: descender a lo más profundo de su ser íntimo y elevarse, siguiendo esa perpendicular, hacia las esferas de la espiritualidad.
«La boca guarda silencio para escuchar el corazón», dice el poeta en La Noche de mayo de Alfred de Musset.
Convertirse en silencio será evitar la dispersión mental y comenzar un proceso de ordenamiento de uno mismo y de su ser profundo hacia una mayor autenticidad; será convertir la mirada interior hacia la verdad, la lucidez y el discernimiento; sopesar y medir sus contradicciones, sus pasiones, su dispersión en lo superficial; aspirar a la armonía de su vida interior, requisito exigente, sin duda, pero necesario para estar en armonía con los demás y con el mundo.
Ser silencio es haber abandonado el mundo de las apariencias, haberse reunificado en la unidad del ser y haber liberado así la propia chispa de luz que uno porta.
Ser silencio es haber ido al encuentro de uno mismo para eliminar, con esfuerzo y constancia, las escorias de las mentiras, de las evasiones y de las apariencias engañosas que el ego acumula para sostener al personaje público que uno es, portador de su habitual máscara teatral.
Ser silencio es precisamente abandonar al personaje para reencontrar a la persona, aceptar sus sombras, mirarlas de frente, examinarlas y analizarlas con cuidado. ¿Se trata de un abandono de uno mismo? Sí, quizás, pero del yo superficial, para una conversión voluntaria, una regeneración del ser, una coherencia y unidad del en-sí, condiciones previas para una auténtica liberación y libertad.
«Ser silencio es abandonar al personaje para reencontrar a la persona, aceptar sus sombras, mirarlas de frente, examinarlas y analizarlas con cuidado”
Principio del formulario Si el ego, en definitiva, fragiliza a cada ser humano volviéndolo precario y dependiente de los vientos, el estado de silencio lo reafirmará en su lucha perpetua por perfeccionarse. Porque liberarse de los adornos del ego será solo momentáneo, dado que la autoridad de este es absorbente y su tiranía, dispersiva. La armonía buscada no será más que un equilibrio precario que habrá que reafirmar o restablecer sin descanso.
Ser silencio exige perseverancia en el esfuerzo. El verbo “ser” se convertirá entonces en un verbo activo: ser para llegar a ser lo que uno es.
Ser silencio en la soledad es propicio, e incluso primordial, para construir o reconstruir su templo interior, ese “castillo interior”, como lo llamaba Teresa de Ávila.
Ser silencio no es detenerse en el camino, sino más bien detenerse sobre el camino para hacer balance y orientarse.
Ser silencio colocará así al francmasón nuevamente dentro de un modelo de vida, de verdad y de exigencia, así como de responsabilidad.
La soledad evocada es una necesidad tan importante como la inmersión fraternal de las tenidas en la logia. Según un vaivén constante, la búsqueda de la verdad hará alternar esa singularidad que caracteriza muy bien el trabajo del francmasón: un tiempo de trabajo con y entre sus hermanos, y un tiempo de trabajo solitario, en sí mismo y sobre sí mismo. Esa soledad no se asemeja en absoluto a una separación, una ruptura oun cierre, sino que —al igual que el silencio— permite anclar mejor la “relación” y enriquecer la fraternidad iniciática y cómplice, al unísono del compartir. El repliegue hacia la interioridad, el “retiro”, debe ir de la mano con el compromiso en el mundo, hacia los hermanos y hacia los demás. El silencio y la soledad invitan al viaje interior, ese viaje que convierte al buscador que es el francmasón en un ser siempre naciente o renaciente en el camino de su búsqueda. En el silencio puede producirse la metamorfosis del ser, su conversión, que toca los “misterios de sí mismo, del otro y del mundo”, como escribe Marcel Gauchet en El desencantamiento del mundo, abriendo hacia los vastos espacios de la espiritualidad, más allá de lo decible, lo visible, lo sensible y lo cognoscible.
Silencio y espiritualidad Solo el estado de silencio permite introducir la primacía de lo espiritual en el seno del propio hogar íntimo, o su reactivación. Hablar del silencio es, en primer lugar, querer significar lo que acaba de ser abordado: una exigencia en la búsqueda del ser humano, de sí mismo y del otro. En segundo lugar, evocar el silencio es precisar el ámbito de acogida de una búsqueda espiritual o religiosa.
Conviene, a este respecto, señalar que la Gran Logia de Francia, que trabaja en el Rito Escocés Antiguo y Aceptado y a la gloria del Gran Arquitecto del Universo —Principio Superior creador y organizador del mundo y del cosmos— recuerda que: «La búsqueda de la verdad no puede estar sometida a ningún límite ni a ninguna imposición dogmática, lo que implica el derecho y el deber, para cada miembro del Rito, de interpretar el concepto de Gran Arquitecto del Universo y los símbolos según su conciencia.»
«La búsqueda de la verdad no puede estar sometida a ningún límite ni a ninguna imposición dogmática, lo que implica el derecho y el deber, para cada miembro del Rito, de interpretar el concepto de Gran Arquitecto del Universo y los símbolos según su conciencia”.
La búsqueda se centrará en la humanidad del ser humano, englobando su dimensión espiritual: una búsqueda de sentido en una civilización separada del cosmos.
La búsqueda espiritual encontrará en el silencio el alimento necesario y vital para ejercerse: «Un hombre en quien está activa la sustancia silenciosa», escribe el filósofo Max Picard.
El silencio será, por tanto, el campo de acción donde se desplegarán la búsqueda y la meditación, y quizá el desvelamiento espiritual.
Pero para todos los francmasones, agnósticos o creyentes, el deber consiste en trabajar por liberar al ser humano de su servidumbre, en federar una sinergia íntima para cultivar y hacer fructificar «aquello que le sobrepasa».
Lo que se acaba de evocar es el aspecto luminoso y constructivo del silencio.
El cineasta sueco Ingmar Bergman había abierto los ojos del espectador hacia la otra cara, oscura y desesperada, del silencio de los hombres y del silencio de Dios: vacío absoluto, noche moral, tormentos, angustia, drama de la incomunicabilidad entre los seres.
Albert Camus, por su parte, marcado por el mutismo de su madre y de su infancia, siguió la pendiente natural del silencio y mostró, a lo largo de sus escritos (El extranjero, La peste, La caída, La muerte feliz, etc.), las múltiples facetas del silencio: tenebrosas, como el silencio de la resignación, del vacío, del absurdo; luminosas y felices, como el silencio de la liberación de sí mismo hacia la libertad, de la conexión con los otros y de la unión con el mundo.
Yes que la esencia del silencio está en estrecha simbiosis con la intimidad del ser humano, con la que cohabita.
El francmasón, que tiene una fe inquebrantable en el ser humano y en su capacidad para perfeccionar su propia humanidad, para iluminarla con un amor fraterno —incluso y especialmente si conoce y comprende bien aquello que lo encadena— no cesará de trabajar en la luz de ese silencio y no en su oscuridad.
Es cierto que, según la célebre frase de Hegel, «El búho de Minerva solo emprende su vuelo al caer la noche», tiempo propicio para la meditación y la reflexión.
Conclusión El autor latino Cicerón precisa en los Diálogos Tusculanos: «La filosofía es también un cultivo del espíritu (o del alma)».
El francmasón lo imitará añadiendo: el silencio es una cultura autem animi.
En el seno de su silencio, el ser humano pacificará su ser, luchará contra aquello que lo desgasta y dispersa, y apaciguará su hostilidad hacia sí mismo. El silencio será el estado en el que el ser se transformará: •Permitiendo la unión incluso en el desacuerdo • Cultivando la armonía incluso en las contradicciones o las oposiciones •Enriqueciendo su propia verdad gracias a las verdades ajenas •Revelando a su vez su luz interior.
El francmasón no hará enteramente suya esta queja melancólica de Alfred de Vigny en La muerte del lobo: «Al ver lo que uno fue en la tierra y lo que deja «Solo el silencio es grande, todo lo demás es debilidad.»
Porque habrá considerado que las virtudes del silencio son necesarias —aunque exigentes—, pero que, gracias a ellas, saldrá fortalecido en su lucha interior, más abierto a la acogida y a la comprensión del otro, más enriquecido en su búsqueda espiritual de sentido, y llevará una vida más auténtica y más fraterna, al servicio del ser humano y de la humanidad.
Pero ante todo, escuchando Las Voces del Silencio, porque habrá compartido con certeza esta reflexión de André Malraux, pronunciada durante la primera emisión televisiva de La Leyenda del Siglo, El Pueblo de la Noche: «Una de las cosas de la grandeza humana es, sin duda, probablemente, el silencio.»
Templo de Salomón
El camino del iniciado
Por Julio C. Vásquez Simoza
Hay caminos que no se recorren con los pies, sino con el Alma. Senderos que no se anuncian con señales visibles ni están marcados en los mapas, porque se trazan desde adentro. El camino del iniciado no comienza cuando se abren las puertas del Templo; comienza mucho antes, en ese temblor íntimo del que presiente que algo debe cambiar. Y continúa mucho después, en cada piedra pulida, en cada silencio fecundo, en cada esfuerzo por ser mejor. Este mensaje nace desde ese lugar. Desde el eco todavía fresco de mis primeros pasos como Aprendiz Masón. Es una invitación íntima a transitar conmigo las etapas simbólicas, emocionales y espirituales que marcaron el inicio de mi travesía iniciática. Aquí recojo fragmentos esenciales de esa vivencia, tejida con los hilos del asombro, la incertidumbre y el deseo sincero de construir un templo interior.
“Un tiempo para callar y un tiempo para hablar”
Prólogo de una transformación El Q.·.H.·. Humberto Camejo Arias, quien escribió el prólogo de mi libro “Desde los ojos de un Aprendiz”, lo dijo con precisión: hay libros que nacen para inspirar, otros para enseñar, y unos pocos —como este testimonio que compartí— para recordar a cada masón lo esencial del sendero. Él lo llamó “una mano extendida al que viene detrás”. Yo lo veo como una antorcha encendida en la oscuridad, no para alumbrar el camino de otros Julio César Vásquez Simoza desde la altivez, sino para recordar que todos fuimos, somos y seremos eternos aprendices.
Lo que escribí entonces no fue una teoría ni una exposición doctrinaria. Fue una confesión honesta de lo vivido, de lo sentido, de lo llorado incluso. Porque iniciarse no es sólo un rito: es morir y renacer. Es dejar atrás seguridades y comenzar a ver con otros ojos.
Mis primeros instantes Si tuviera que escoger un fragmento de toda mi experiencia que me definiera como iniciado, sin duda serían los primeros instantes. No hay mayor belleza que ese momento en que el velo cae, en que el corazón late con fuerza desbordada porque algo profundo está ocurriendo sin que uno logre comprender del todo.
Recuerdo la atmósfera cargada de misterio, la sensación de desnudez no solo física sino espiritual. Recuerdo que cada paso, cada pregunta, cada símbolo me hablaba sin palabras. Sentía que el mundo se había detenido y que todo mi ser estaba siendo observado, medido, pesado… y al mismo tiempo acogido.
En ese instante uno no actúa: uno es. Y lo que uno es se pone a prueba.
Comprendí que no estaba allí por azar. Que ese momento era el fruto de mis búsquedas, de mis quiebres, de mis preguntas sin respuesta. Y que, por fin, alguien me ofrecía no la respuesta… sino el derecho a buscarla con dignidad.
Mis primeros instantes fueron un espejo. Me vi sin máscaras. Y lo que vi me comprometió para siempre con el trabajo interior.
El Cuarto de Reflexiones Y antes de que todo comenzara, hubo un umbral silencioso y oscuro: el Cuarto de Reflexiones. Aquel recinto pequeño, cerrado, húmedo de símbolos y frases lapidarias, fue mi verdadero primer maestro. Allí, frente a las preguntas esenciales de la vida, de la muerte, del deber, de la virtud, no hubo escapatoria. No había dónde esconderse. No había excusas. Solo estaba yo, solo… conmigo mismo. Recuerdo la tinta temblorosa con la que respondí, sin saber si lo hacía bien o mal, pero con la certeza de que estaba siendo honesto. Y ese gesto, esa autenticidad desnuda, fue el primer ladrillo del templo interior que desde entonces intento construir.
El Cuarto de Reflexiones me mostró que el camino del iniciado comienza con una renuncia: la renuncia a la superficialidad, a la apariencia, al ruido de afuera. Sólo quien se atreve a mirar adentro con valentía puede entrar realmente al Templo.
Penumbras en el Norte Mi lugar como Aprendiz, al norte del Templo, bajo las penumbras, fue otro símbolo que se volvió carne. Allí aprendí el valor del silencio. No como castigo, sino como método. Como pedagogía del alma.
“Entendí que el norte no es un castigo, es una oportunidad: la de observar sin ser observado, de aprender sin la presión de responder, de guardar sin necesidad de brillar”
El silencio del Aprendiz es un silencio fértil. No es ausencia de palabra: es presencia de escucha. Desde ese rincón templado por las sombras, vi y sentí todo con intensidad. Me obligó a mirar más, a juzgar menos, a recibir sin reaccionar.
Entendí que el norte no es un castigo, es una oportunidad: la de observar sin ser observado, de aprender sin la presión de responder, de guardar sin necesidad de brillar. Allí descubrí que la verdadera sabiduría no hace ruido.
Ymás aún, ese norte me enseñó que todo masón que olvida sus sombras, pierde su luz. Porque en la penumbra también habita lo sagrado. Allí germina la semilla del verdadero iniciado.
El tallado de mi conciencia (La Piedra Bruta) No hay símbolo que me haya tocado más profundamente que el de la piedra bruta. Me vi reflejado en ella, con mis aristas, mis asperezas, mis imperfecciones.
Ycomprendí que no se trata de volverse perfecto, sino de trabajar incansablemente para acercarse a la forma noble que uno lleva dentro. Cada pensamiento noble, cada acto de humildad, cada verdad asumida, es un golpe que me talla.
Pero ese tallado no es rápido. Es trabajo diario, silencioso, muchas veces ingrato. Me duele, sí. Pero también me revela. Y en ese proceso, la conciencia se vuelve más aguda, más compasiva, más firme.
Aprendí que el camino del iniciado es un llamado permanente a pulirse, incluso cuando ya nadie parece mirarlo a uno. Porque lo hacemos ante la mirada silenciosa del Gran Arquitecto del Universo, que todo lo ve… y todo espera.
Mi Martillo, mi Regla y mi Cincel Tres herramientas me fueron entregadas simbólicamente, y desde entonces intento hacerlas vida: el Martillo, la Regla y el Cincel.
El martillo, para golpear con firmeza aquello que debe ser eliminado. No con rabia, sino con determinación. Con conciencia de que hay cosas que ya no pueden seguir formando parte de mi estructura.
La regla, para medir mis acciones, mis palabras, mis pensamientos. Para recordarme que no todo lo que siento debo decir, ni todo lo que deseo debo hacer. Que hay una ley superior que guía, que orienta, que disciplina.
Yel cincel, para esculpir con delicadeza. Porque no basta con quitar lo que sobra: hay que modelar lo que queda. Con paciencia, con amor, con método. “Y comprendí que no se trata de volverse perfecto, sino de trabajar incansablemente para acercarse a la forma noble que uno lleva dentro”
Estas herramientas no están colgadas en un taller: están dentro de mí. Y el desafío es usarlas cada día. Sin alardes. Sin descanso.
Ruth: la Iniciada sin mandil Si hay una figura que pueda representar el alma del Aprendiz en el plano bíblico, esa es Ruth. Una mujer extranjera, sin rango ni linaje, que decidió caminar hacia lo desconocido movida por la fidelidad, el amor y la voluntad de servir.
Cuando dijo a Noemí: “A donde tú vayas, yo iré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios será mi Dios”, Ruth no estaba simplemente haciendo una declaración de afecto: estaba aceptando una iniciación. Renunciaba a su pasado para abrazar un futuro incierto, guiada por una fe interior que no requería títulos, solo entrega.
Su encuentro con Booz, el dueño del campo, no fue fortuito. Fue el premio a su constancia, a su humildad y a su disposición para obedecer sin dobleces. Booz representa la fuerza, la estabilidad, la columna firme —esa misma que lleva su nombre en el Templo de Salomón. Y ella, sin vestidura ritual ni palabra secreta, fue recibida.
Ruth no golpeó a las puertas de un templo. Ruth golpeó la realidad con su conducta. Y por eso fue elevada.
Como Aprendices, deberíamos mirarla con ojos simbólicos. Su silencio respetuoso, su capacidad de seguir instrucciones, su decisión de dejarlo todo por un camino más alto, la hacen merecedora de un mandil espiritual que trasciende toda ceremonia.
A Ruth se le abrió el Libro. Y nosotros también abrimos ese libro cuando decidimos caminar, como ella, con entrega total.
Mi Sentir: la voz que nace del alma En mi corazón, aún resuena ese instante de apertura, esa invitación silenciosa a ser más que palabras, más que símbolos. Mi sentir es la conjunción de la emoción y la convicción, del asombro y la humildad, del compromiso y la esperanza.
No fue solo una ceremonia, ni un acto aislado en el tiempo. Fue un renacer. Un encuentro íntimo conmigo mismo, donde la vulnerabilidad se convirtió en fortaleza y la duda en un impulso para avanzar sin miedo.
Siento la responsabilidad de honrar ese llamado con cada gesto, con cada pensamiento, con cada silencio. Porque iniciarse no es un punto final, sino el comienzo de un camino que me exige ser mejor sin pausa, ser luz en la sombra, ser puente entre lo visible y lo invisible.
Mi sentir me dice que este sendero no es solitario, aunque a veces lo parezca. Hay hermanos que caminan a mi lado, y otros que ya marcharon antes, dejando huellas que yo intento seguir sin perder mi esencia.
“Mi sentir es la conjunción de la emoción y la convicción, del asombro y la humildad, del compromiso y la esperanza.”
En esta ruta, he aprendido que el verdadero poder no está en las herramientas, ni en los símbolos, sino en la transformación que ellos suscitan en el alma. En ese trabajo diario, callado, invisible, donde la voluntad se convierte en obra.
Por eso, mi sentir es también agradecimiento. A la vida, al Gran Arquitecto, a mis maestros, y a mis hermanos que me han tendido la mano. Y es también desafío: el de ser digno de este camino, el de no defraudar lo que representa ser Aprendiz. Así, con el alma encendida y los pies firmes, sigo avanzando. Porque sé que el verdadero templo está dentro, y que mi labor es tallar cada día la piedra bruta de mi conciencia con martillo, regla y cincel.
Epílogo: El compromiso de seguir caminando Este Mensaje no pretende enseñar, ni mucho menos pontificar. Es simplemente el testimonio de un hombre que un día fue llamado a las puertas del Templo y decidió entrar, no por curiosidad, sino por necesidad del alma.
El camino del iniciado es largo, sinuoso, a veces silencioso, a veces luminoso. Pero siempre fértil. Porque quien camina hacia la luz, aunque tropiece, nunca retrocede del todo.
Hoy, al mirar hacia atrás, no veo un ritual: veo un renacer. Y al mirar hacia adelante, no veo un trono: veo una senda. Una senda que seguiré transitando mientras me quede aliento y voluntad.
Desde el suroccidente, y apoyado en la Plomada, el Segundo Vigilante conduce al aprendiz hacia su grado de Compañero, desencriptando para él los mensajes de rectitud y verdad que atesora la Logia. Con estos conocimientos, el aprendiz caminará por un sendero de ley, orden y justicia hacia su siguiente grado.
Segundo Vigilante
El secreto y el silencio masónicos
Por Manuel Según
Mucho se ha hablado de la masonería como sociedad secreta y por ende de su poder en la sombra como una organización paralela al poder político, social, económico y religioso. Si esto fuera así, difícilmente se podría haber visto en Internet y en multitud de libros y artículos de revistas sus principios, el nombre y la historia de las obediencias y logias que la forman, las diferencias entre ellas e incluso sus rituales. Tampoco a lo largo de su historia se hubiera podido saber dónde estaban sus templos, hubieran podido formar escuelas de educación como ocurrió en el siglo XIX y principio del siglo XX; y mucho menos, que algunos de sus miembros pudieran hacer pública su pertenencia a la Orden y, muchos otros, pudieran haber salido de la misma sin ningún problema.
Siguiendo a Fernando Lozano (1844-1935) se podría decir que la masonería “no es una sociedad secreta, sino que las prohibiciones legales la han obligado a actuar clandestinamente …. [y que]… el secreto que ocultaba la masonería no es otro que Manuel Según Alonso unos lemas próximos al cristianismo, es decir, respeto a Dios, fraternidad, caridad, limosna”.
“La masonería no es una sociedad secreta, sino que las prohibiciones legales la han obligado a actuar clandestinamente …. [y que]… el secreto que ocultaba la masonería no es otro que unos lemas próximos al cristianismo, es decir, respeto a Dios, fraternidad, caridad, limosna”
Por otro lado, la iglesia católica, como máximo exponente, junto a las fuerzas ultraconservadoras de la sociedad, ha perseguido a la Orden a lo largo de su historia e incluso ha condenado a sus miembros con la excomunión. A la vez, ha apoyado al poder político, en muchos países, en leyes que han llevado a sus miembros a la cárcel e incluso a su ejecución, como ocurrió en tiempos de Fernando VII en España. Por ejemplo, en la encíclica Humanum Genus de León XIII de 20 de abril de 1884, se da una clara contradicción cuando se declara que a la masonería no se la anatematiza por ser una sociedad secreta, ya que se indica que “maquina abiertamente y en público” y al mismo tiempo, se la tilda de secreta, ya que sus fines son solo conocidos, según ella, por “los jefes de cada fracción”, ocultándolos incluso al resto de los masones. Así el papa cree saber el fin de la masonería que no es otro, según él, que “destruir hasta los fundamentos todo el orden civil establecido por el cristianismo, levantando a su manera otro nuevo con fundamentos y leyes sacadas de las entrañas del Naturalismo”. Este papa, al igual que los posteriores, desconocía los fines que la masonería perseguía o conociéndolos le interesaba dar una imagen distorsionada de su propósito.
“La masonería “prohíbe terminantemente en su seno toda discusión acerca de los dogmas de las distintas religiones, así como de los ideales, conducta y fines de los partidos políticos” y que “todo masón habrá de ser un ciudadano pacífico, de honrada y moral conducta, que acate los poderes públicos que se hallen legalmente constituidos”
La realidad, es que la masonería “prohíbe terminantemente en su seno toda discusión acerca de los dogmas de las distintas religiones, así como de los ideales, conducta y fines de los partidos políticos” y que “todo masón habrá de ser un ciudadano pacífico, de honrada y moral conducta, que acate los poderes públicos que se hallen legalmente constituidos”.
Además, cualquier persona puede iniciarse, lo único que se le pide es “ser libre y de buenas costumbres” y para pedir la iniciación, no tiene que acudir a lugares tenebrosos, sino que simplemente debe conocer a un miembro de la Orden o ponerse en contacto con una logia u obediencia, lo mismo que lo haría a cualquier otro tipo de asociación. Tampoco se puede olvidar que un miembro puede abandonar la Orden en cualquier momento.
El error consiste en que muchos confunden una sociedad secreta con una sociedad iniciática. El verdadero secreto está en la interpretación alegórica de nuestras ceremonias rituales, de nuestros símbolos, de nuestras palabras de paso, de nuestros toques y de nuestros rituales. Para conocer el secreto de la masonería es preciso iniciarse, pues, aunque sus símbolos, sus palabras de paso, sus toques, etc.… están publicados en libros y páginas Web, solo el iniciado puede conocer su sentido verdadero. Como digo muchas veces, se puede leer mucho sobre el amor, pero sino lo has sentido difícilmente se consigue entenderlo. Decía Cantón: “Y el secreto de la masonería? No está ni cubierto por un velo, como dicen sus enemigos, ni dentro de la logia, sino que se halla en todas las partes; pero sólo el que estudia, medita y observa, como el masón, puede llegar a penetrarlo.
Divulgarlo sería empequeñecerlo, equivaldría a mostrar a un hombre que acompaña a una procesión los santos que van en ella”.
Permítame hacer un pequeño inciso, en mi opinión, si la publicación de nuestros símbolos, nuestras palabras de paso, nuestros secretos…, del que acabo de hablar, se produce por un masón, aunque haya abandonado la orden, es una grave violación a los juramentos que todos los masones hacemos el día de nuestra iniciación.
La masonería no conserva un secreto institucional, sino que lo que guarda es una creencia y un conocimiento personal que dan significado al simbolismo masónico y que solo se adquiere a través del estudio, la observación, la meditación y el amor al conocimiento transcendente.
El secreto es una forma de interiorizar el silencio. Probablemente esta afirmación sea difícil de entender, especialmente en un mundo como el actual, donde el ruido lo envuelve todo. Como inteligentemente afirma Josep Lluís Domènech Gómez: “Vivimos en un mundo repleto de ruido, de palabras insignificantes, vacuas y vacías de contenido, retóricamente intempestivas y vanas, en donde la verbalización es la regla y el silencio la excepción que nos invita, velada y subliminalmente, al ejercicio de moderar el verbo aun sin proponérnoslo. En una época en que cualquier indocumentado puede imaginarse que es un sabio, sin apenas pensar en lo que está diciendo y desde las múltiples plataformas que la moderna sociedad nos brinda y pone a nuestro alcance, aparece de manera sutil ante nuestros sentidos, la opción del arte de callar y de guardar un discreto silencio”.
Muchas veces somos actores activos de esta sociedad donde el barullo de hablar por hablar domina las relaciones y, por tanto, entrar en un espacio de silencio, donde sólo se debe hablar cuando se tiene algo importante que decir, parece extraño y ajeno. Solo cuando se puede acallar el ruido podemos encontrar la paz. El silencio se debe conquistar y dominar y aplicarlo como lo que es, el don de los sabios que se alcanza por el perfeccionamiento interior, por su búsqueda y con su aplicación diaria. No olvidemos que “el silencio es siempre más elocuente que el lenguaje”.
“El silencio es un símbolo que acompaña al masón desde el inicio de su andadura iniciática y es el medio que le permite integrarse en la Masonería. Saber callar y escuchar es muy importante en el mundo profano, pero mucho más en la vida masónica”
Así, el miembro de la Orden, y su búsqueda y amor al silencio, aparece como un ser atemporal y muchas veces extraño. Probablemente, incluso para muchos miembros de la Orden recién iniciado o, tal vez, con años de maestría, este símbolo fundamental de la masonería aparezca como un elemento extraño y poco cultivado; y no sea entendido en su plenitud hasta la entrada en los grados filosóficos del Rito.
El silencio es un símbolo que acompaña al masón desde el inicio de su andadura iniciática y es el medio que le permite integrarse en la Masonería. Saber callar y escuchar es muy importante en el mundo profano, pero mucho más en la vida masónica. La virtud del silencio va estrechamente unido al secreto, siendo esencial y condición que le asegura un progreso real masónico puesto que el secreto no puede comprenderse y realizarse sino es en el místico silencio de la búsqueda interior. Pero mucho más, el silencio en masonería es un proceso iniciático y con él, se aprende moderación, discreción, prudencia y diligencia.
De hecho, es conocido y creo que, aceptado por todos, o al menos por la mayoría de los miembros de la Orden que cualquier agrupación masónica estará siempre en razón directa del místico silencio y del secreto que guarda sobre sus tenidas y labores. Todo verdadero miembro de la Orden se reconocerá por las cualidades del silencio y de la discreción que guarde sobre sus relaciones y conocimientos, así como sobre todo lo que se refiere a las actividades y proyectos de la masonería. Saber callar marca su calidad. Por ello, es un elemento fundamental de la regularidad masónica. Se podría decir, que es uno de nuestros landmark en el sentido de que es uno de los principios fundamentales que rige el trabajo masónico y la propia organización masónica. Convirtiéndose la disciplina del silencio en una de las mayores enseñanzas masónicas que busca pensadores y no habladores, puesto que “quien habla mucho piensa poco, ligera y superficialmente”.
El silencio limpia el alma, ayuda a calmar las emociones, acentúa el entendimiento, permite la observación, predispone a captar sensaciones y emociones y permite dominar la introspección. Por todo ello, guardando secretos y trabajando en y el silencio llegamos al descubrimiento de la luz interior.
El signo de grado es una dualidad, signo y contrasigno a manera de pregunta y respuesta, siempre desde la prudencia. Gesto que reúne los tres atributos humanos más significativos: el pensamiento, la palabra y la acción. Se hace voluntariamente y cuando se realiza, se establece nuestra pertenencia a la Orden, y que esta, está por encima de la palabra. Recordamos nuestros juramentos y especialmente que preferimos ser degollados a revelar los secretos jurados.
El silencio y el secreto es una necesidad para la masonería y por ello, cada uno de sus miembros deben comprometerse a sellar los labios “como prueba de su lealtad al silencio”.
“Se tardan dos años para aprender a hablar y toda una vida para aprender a callar”.
En definitiva, el secreto es la cumbre del silencio masónico y, por tanto, es una disciplina interior, que sugiere y favorece la meditación. La potencia y la fuerza de este confiere al que lo cumple y observa una calidad de recepción, de disponibilidad y de receptividad acentuadas, llenas de potencia masónica.
Segundo Vigilante
La masonería, una institución desconocida
Por José Carrasco y Ferrando
Así como la Masonería, entendida como asociación universal, es respetada y reconocida por la mayoría de los países, también ha tenido en todas las épocas detractores y partidarios. En muchos casos, ha sido descrita de manera contradictoria o errónea, ya sea por ignorancia o con intención deliberada.
En la actualidad, la masonería comienza a despertar mayor interés y a dejar atrás ese halo misterioso, incluso tenebroso, que la envolvía en un profundo ocultismo.
“La masonería especulativa tradicional, desde las Constituciones de Anderson de 1717, prohíbe discutir o criticar temas de política o religión dentro de la institución”
La masonería especulativa tradicional, desde las Constituciones de Anderson de 1717, prohíbe discutir o criticar temas de política o religión dentro de la institución. Sin embargo, es preciso reconocer que una minoría de obediencias, en el pasado y también en el presente, han infringido tales normas, lo que ha provocado confusión y conflictos en la sociedad en detrimento de la propia Orden.
En épocas difíciles, los gobiernos de distintos sistemas políticos, así como la Iglesia han utilizado a la masonería como chivo expiatorio para abolirla, perseguirla o condenarla. Ejemplos claros se encuentran en regímenes totalitarios como los del general Franco en España, el presidente Oliveira Salazar en Portugal, el mariscal Pétain en Francia o Hitler en Alemania, que dejaron en la memoria colectiva secuelas nefastas.
Corresponde a los investigadores la responsabilidad histórica de dar a conocer la masonería tal como es, con sus luces y sombras, pues aún conserva una razón de ser y una misión que cumplir: trabajar por la paz de la humanidad y sancionar los conflictos bélicos espurios entre las naciones.
Desde dentro de la institución se evidencian los frutos que la formación masónica produce en sus miembros, quienes trabajan sobre sí mismos en la tarea de “desbastar la piedra bruta”, puliéndola para despojarla de sus asperezas y transformarla en una forma acorde con su destino.
La masonería se concibe como una actitud ante la vida y el universo, que otorga a quien la practica una personalidad definida y una ética de comportamiento. Esta se manifiesta a través de la conducta cívica en la vida ciudadana, siempre desde la individualidad de cada miembro, y nunca en nombre de la asociación, que no es política ni religiosa, ni sostiene ninguna ideología determinada.
Sus orígenes y evolución No resulta fácil describir ni el inicio ni el concepto de la francmasonería, ya que abarca áreas de muy variada naturaleza.
Por ello, para poder comprenderla, resulta inevitable remitirnos, aunque sea sucintamente, a sus orígenes y a su posterior evolución.
Autores como C. W. Leadbeater, en su obra La Masonería, Historia Secreta, aluden —sin acreditarlo— a que los inicios esotéricos de la Orden se remontan a la tradición de los misterios egipcios y caldeos. Otros historiadores, en cambio, consideran al abad Wilhem von Hirsschan (10001091), maestro de la logia de San Emmoran en Regensburg, como fundador de las primeras logias.
Sin embargo, si situamos la masonería como manifestación exotérica, organizada como una hermandad colectiva, la referencia histórica constatada más inmediata se encuentra en la Edad Media, entre los canteros alemanes conocidos como stonemasons. Esta cofradía de masones dominaba el arte y la ingeniería de construir catedrales y edificios colosales de la época.
Según el historiador Gould, en Alemania coexistieron dos corrientes de tradición: una procedente de Inglaterra a través de los monjes celtas y otra llegada de Italia por mediación de san Bonifacio. En el siglo XII, los constructores de monasterios fusionaron arte y técnica con los canteros de distintos poblados, formando así la sociedad que más tarde se conoció en toda Alemania como Steinmetzen.
Ya en el siglo XIII se conocen logias autónomas de canteros, emancipadas de los conventos, que se asociaron con otras logias para constituir corporaciones del oficio. En estas logias, los afiliados comenzaron a utilizar signos característicos de los maestros que trabajaban la piedra, dejando su estampa en ella como testimonio de simbolismo. Dicho simbolismo se manifestaba de muy diversas maneras: las dos columnas con las letras J y B, un delta con un ojo en su centro, el sol, la luna, un cordón de doce nudos, el nivel, la plomada, el compás, la escuadra, entre otros. Estos símbolos, referentes a la corporación secreta, se combinaban con formas arquetípicas que servían de modelos primarios en el arte, y muchos de ellos siguen vigentes en la Masonería actual.
Afinales del siglo XIII y principios del XIV se produjeron movimientos migratorios de canteros alemanes, lo que propició un intercambio de obreros y artesanos en la construcción de grandiosos edificios entre Alemania, Inglaterra y Escocia. No resulta extraño que en esta época comenzaran a surgir las cofradías de canteros y artesanos que originaron la masonería inglesa.
El Museo Británico de Londres conserva el pergamino manuscrito más importante de la masonería operativa, los Old Charges o viejos deberes, conocido como Regius y fechado en 1388.
Este documento establece una serie de normas que regulaban la actividad de maestros y obreros dentro de las cofradías. Puede afirmarse, por tanto, que los canteros masones ingleses y los alemanes se constituyeron en una misma corporación, con estatutos o textos reguladores que compartían conocimientos y principios fundamentales.
Museo Británico de Londres En 1459, los stonemasons de Alemania se unificaron para formar una Gran Unión denominada Steinmetzen, gobernada por cuatro logias ejecutivas, de las cuales Estrasburgo era la principal.
Tan estrechas son las similitudes entre la antigua masonería operativa y la posterior masonería especulativa moderna, que muchos historiadores alemanes sostienen que los Steinmetzen fueron quienes crearon el sistema especulativo de la nueva masonería. Sin embargo, la afirmación de una verdadera unión entre ambas corporaciones no ha podido ser acreditada, por lo que se considera que la francmasonería especulativa alemana procede, sin lugar a dudas, de Inglaterra. Las Constituciones de Estrasburgo de 1459 contienen una devota invocación a los nombres del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo; de nuestra Madre María, llena de gracia, y de sus servidores, así como de los Cuatro Santos Mártires de eterna memoria. Según las Ordenanzas de Torgau de 1462, los constructores en piedra (stonemasons) veneraban a los Cuatro Mártires Coronados como sus santos patronos. Hoy, en la Masonería especulativa o filosófica tradicional, se celebra como patronos a san Juan Evangelista, el 27 de diciembre, coincidiendo con el solsticio de invierno, y a san Juan Bautista, el 24 de junio, en el solsticio de verano.
“Hoy, en la Masonería especulativa o filosófica tradicional, se celebra como patronos a san Juan Evangelista, el 27 de diciembre, coincidiendo con el solsticio de invierno, y a san Juan Bautista, el 24 de junio, en el solsticio de verano”
Un códice del año 1475, escrito durante el reinado de Eduardo IV, de la dinastía normanda, relata que este monarca “construyó grandiosas obras y estimuló a los muchos masones venidos de Francia, a quienes nombró sobrestantes, maestros de obra, que trajeron consigo las Obligaciones y Reglas de las logias conservadas desde los tiempos de Roma. Asimismo, lograron del rey la reforma de la Constitución de las logias inglesas según el modelo extranjero, así como el aumento de salario de los masones operativos”.
El Arte Real de la arquitectura exigía conocimientos que los maestros transmitían en el seno de sus corporaciones: ordenación artística, matemáticas, talla de la piedra, entre otros.
El sentido de unidad, armonía y creatividad de estas corporaciones de canteros-masones dejó una huella espléndida en la arquitectura, la escultura, la pintura y en las artes en general. Entre los numerosos ejemplos dispersos por toda Europa, puede mencionarse la iglesia de Döbernitz, en Mecklemburgo, donde se conserva un tallado de la Última Cena en el que los apóstoles aparecen en posturas reconocidamente masónicas. También en la catedral de Estrasburgo se encuentra tallada en piedra la leyenda de Hiram Abiff; en la catedral de Wurzburgo hay dos pilares que llevan inscritas las palabras Jakin y Boaz; y en un convento de Schaffhausen puede contemplarse un grabado en el que una figura realiza el signo de un Maestro Instalado.
Steinmetz Las corporaciones, ya consolidadas como auténticas colectividades masónicas, fueron reconocidas jurídicamente por los Estados y continuaron con la enseñanza secreta de su arte.
Al mismo tiempo, mantenían ceremonias ritualísticas en las que transmitían a los postulantes sus signos, palabras de pase, toques y los secretos del Arte Real.
“El Arte Real de la arquitectura exigía conocimientos que los maestros transmitían en el seno de sus corporaciones: ordenación artística, matemáticas, talla de la piedra, entre otros”
El amanecer de una nueva época fue anunciado por el Renacimiento del conocimiento y de la cultura clásica durante el siglo XV. Se trató de un tiempo de gran actividad creadora, de quebrantamiento de ataduras y de liberación de un espíritu vital de libertad, cuyo resultado directo fue lo que se denominó la Reforma. La causa de aquel cambio y reconstrucción fue, en esencia, una reacción general contra el espíritu de la Edad Media.
Nacimiento de la masonería especulativa Tras la Reforma, tanto en Inglaterra como en el continente, la arquitectura eclesiástica prácticamente cesó como una de las actividades de las uniones de canteros. Las logias operativas entraron en disolución porque su labor ya no era necesaria. Así, mientras la Reforma socavaba los cimientos de la masonería operativa, brindaba a Europa las condiciones de seguridad para que resurgiera la masonería especulativa de manera abierta.
Algunos autores han negado la existencia de la masonería especulativa antes de su aparición oficial. Sin embargo, debe señalarse que el movimiento filosófico o especulativo —es decir, la aceptación de masones teóricos en el seno de las cofradías operativas— era más la regla que la excepción, no solo en las asociaciones masónicas, sino también en otras uniones de la época.
Apartir del segundo tercio del siglo XVII surge el concepto de “Masón Aceptado”. Los canteros operativos comenzaron a admitir en sus logias a profesionales ajenos a la construcción: juristas, médicos, físicos, profesores, astrólogos, alquimistas, hombres ilustrados, aristócratas y representantes de otras profesiones liberales.
Entre el período de esplendor de la masonería operativa y el surgimiento de la masonería especulativa, a comienzos del siglo XVIII, hubo un lapso sombrío durante el cual la luz de la francmasonería, tanto operativa como especulativa, parecía casi extinguida. Fue en este tiempo de posreforma cuando encontramos minutas —apuntes y notas— de reuniones de logias, así como las primeras referencias públicas a los secretos de los masones libres en la literatura de la época. Como ejemplo de estas minutas se pueden mencionar las siguientes: • La minuta escocesa más antigua conservada de una logia, fechada en 1598, se custodia en la Logia de Edimburgo, Capilla de María, número 1 del registro de la Gran Logia de Escocia. En este documento se deja constancia, por primera vez, de una costumbre ya adoptada: la aceptación en logias operativas de hermanos no operativos.
• Otra referencia aparece en una minuta inglesa de 1620, correspondiente a la Logia de la Aceptación, anexa a la Compañía de Masones de Londres. En ella consta documentalmente que personas ajenas a la logia también eran admitidas como “masones aceptados”.
• En cuanto a las minutas irlandesas, los investigadores se han enfrentado a mayores dificultades para hallar evidencias, ya que en el siglo XVIII era costumbre entre los masones destruir minutas, documentos, certificaciones, registros y actas de logias, a fin de evitar que cayeran en manos profanas. Un dato significativo lo ofrece la logia especulativa de Doneraile: en una minuta de 1710 consta la iniciación de la señora Elizabeth St. Legar.
Esta etapa de transición constituye el eslabón que une la antigua masonería operativa medieval con la nueva masonería especulativa, tal como la conocemos hoy. Las logias ya no necesitaban mantener un secretismo impuesto por el temor a la muerte o a la tortura, como en tiempos de oscurantismo. La libertad de pensamiento, de expresión y de acción había triunfado.
“El único registro existente de la primera Gran Logia aparece en la segunda edición de las Constituciones de Anderson, publicada en 1738”
El único registro existente de la primera Gran Logia aparece en la segunda edición de las Constituciones de Anderson, publicada en 1738. En él se afirma que debía ser una confraternidad universal y moral que uniera a los hombres de bien de todas las naciones, lenguas, razas y posiciones sociales, más allá de las ideologías políticas o credos religiosos que los dividieran. Con ello se consolidó la masonería especulativa, impulsada por tres masones significativos: el pastor presbiteriano James Anderson, autor del Libro de las Constituciones y organizador de la masonería especulativa; el pastor Jean Théophile Desaguliers, su principal propagador; y el caballero Andrew Michael Ramsay, cuya influencia fue decisiva en la renovación de la masonería francesa.
Quizá lo más importante y característico de estas Constituciones fue la derogación definitiva de todo impedimento religioso para el ingreso de futuros miembros en la Orden. Los antiguos hermanos operativos habían sido protestantes y católicos; a partir de entonces se eliminó toda limitación sectaria, dejando a cada masón en libertad de profesar cualquier fe, bajo el principio de que todas son manifestaciones de la verdad.
Sin pretender realizar un estudio detallado de la Constitución de Anderson de 1723 —considerada el “texto por excelencia” de la masonería—, conviene reseñar, por su importancia, un pasaje fundamental relativo a los “Deberes de un francmasón”. Este fragmento, entresacado de antiguos documentos de logias de Inglaterra, Escocia, Irlanda y del continente europeo, aparece bajo el título De Dios y la Religión y dice: El masón está obligado, por su carácter, a obedecer la ley moral, y, si comprende debidamente el Arte, no será jamás un estúpido ateo ni un libertino irreligioso. Pero, aunque en tiempos antiguos los masones estaban obligados a pertenecer a la religión dominante de su país, cualquiera que esta fuere, se considera hoy mucho más conveniente obligarlos tan solo a profesar aquella religión que todo hombre acepta, dejando a cada uno libre en sus opiniones individuales. Es decir, han de ser hombres probos y rectos en honor y honradez, cualquiera que sea el credo o denominación que los distinga. De esta suerte, la masonería es el centro de unión y el medio de conciliar verdadera fraternidad entre personas que, de otro modo, hubieran permanecido perpetuamente distanciadas.”
“Lo más importante y característico de las Constituciones de Anderson fue la derogación definitiva de todo impedimento religioso para el ingreso de futuros miembros en la Orden”
Este texto ensalza la libertad, la independencia y la autonomía de la persona en lo referente a creencias, conocimientos y conducta, sustentadas en la fraternidad humana y su forma de actuar.
Ciertamente, el propósito de las Constituciones consistía en ordenar las reglas masónicas y recoger la tradición.
Sobre los grados Con el surgimiento de la masonería especulativa se definió un proyecto que marcaría su carácter y estructura. En la masonería operativa antigua solo existían dos grados de francmasones: Aprendiz y Compañero. El maestro se mencionaba únicamente en relación con funciones de dirección de las obras.
Fue en la masonería especulativa cuando, según el Reglamento XIII de las Constituciones de 1723, se creó el tercer grado de Maestro como culminación de la jerarquía iniciática.
Apartir de entonces, la enseñanza masónica quedó dividida en tres niveles correlativos, impartidos en el lugar denominado Taller o Logia de San Juan: el primer grado, de Aprendiz; y la Cámara, destinada al segundo y tercer grado, de Compañero y Maestro, respectivamente. Estos tres grados iniciáticos simbólicos constituyen la enseñanza básica de la masonería, llamada simbólica o azul.
Referente a los rituales Otro aspecto que surge en la masonería especulativa es la recomposición de los rituales.
Sobre este tema ha existido mucha controversia entre los historiadores masonólogos en torno al origen de los modernos rituales especulativos, de los cuales no se conserva rastro documental previo a la restauración de 1717.
“Consideraban que el Templo de Salomón fue la cuna de la Orden y, por tanto, la referencia fundamental de la masonería operativa”
La decadencia de las logias operativas tuvo un efecto desastroso sobre el antiguo ritual, transmitido únicamente de manera oral de logia en logia y de maestro en maestro desde los tiempos de los colegios romanos. Era costumbre que ninguna palabra del ritual fuese escrita; debía ser aprendida de memoria por los maestros y oficiales de las logias. Al llegar la restauración, esta tradición oral se hallaba muy deteriorada: aunque aún se recordaban las acciones ritualísticas antiguas, las palabras que las acompañaban habían degenerado en un lenguaje que ni los propios masones comprendían.
Ante esta situación, los autores de las Constituciones —Anderson, Desaguliers y Ramsay— reunieron y revisaron todos los trabajos de los que tenían conocimiento, con el fin de estructurar un ritual adaptado al idioma del siglo XVIII, que ha llegado hasta nuestros días. Establecieron así una norma en la marca de la Orden, afirmando que “instituyen una ciencia especulativa sobre un arte operativo, y el uso simbólico de lo que representa”
mediante enseñanzas morales. Consideraban que el Templo de Salomón fue la cuna de la Orden y, por tanto, la referencia fundamental de la masonería operativa. De ahí que los modernos ritos masónicos, por mucho que difieran entre sí, mantengan la historia de dicho Templo y de sus elementos operativos como sustrato común de todas las modificaciones introducidas en el sistema masónico.
En este proceso, la masonería especulativa comenzó a desarrollar ceremoniales simbólicos inspirados en las ceremonias iniciáticas de antiguas tradiciones que asimiló. Surgieron así distintos ritos que debieron ser clasificados e identificados. De esta evolución nacieron los altos grados en diversos ritos. Y en la libertad de ordenación y práctica ceremonial apareció una voluntad unificadora que desembocó en múltiples ritos iniciáticos.
En conclusión, puede afirmarse que la masonería especulativa es multiritual y practica principalmente los ritos Escocés Antiguo y Aceptado, Emulación, Escocés Rectificado, Escandinavo y de York, entre otros cultivados por las Grandes Logias de la Amistad. Entre todos ellos, el rito escocés llegó a convertirse en uno de los más bellos, esotéricos, profundos y difundidos en todo el mundo.
Definición de masonería Una vez expuestos los diferentes aspectos de la variada naturaleza de la masonería, cabe preguntarse: ¿qué es la masonería?
Existen numerosas definiciones sobre lo que la masonería es o no es. Para explicarla, muchos investigadores y escritores han recurrido a fórmulas de excepción, señalando que no es una religión, no es un partido político, no es una secta, no es un club social, etc. Con ello se intenta delimitar el mundo masónico fuera de las normas tradicionales recogidas en las llamadas “Antiguas Marcas”.
Este término, empleado por corporaciones, tribunales, jurados o comisiones de jurisprudencia masónica, designa los usos, costumbres, leyes y reglas considerados principios fundamentales de la honorable fraternidad de masones aceptados. Sin embargo, los tratadistas nunca han coincidido en su definición, clasificación o enumeración.
Las mencionadas antiguas marcas, conocidas en inglés como Landmarks, aluden a lindes, señales o hitos que integran la primera Constitución de Anderson de 1723. Solo lo que se encuentra dentro de esos límites pertenece al orbe masónico, lo que permite su conceptuación y estudio.
La Gran Logia de Inglaterra nunca intentó definir formalmente dichas marcas, por lo que desconocemos cómo las entendían los masones del siglo XVIII. Sí se conserva, en cambio, la opinión de eruditos del siglo XIX. Entre las definiciones más destacadas se encuentra la adoptada por el Congreso Masónico de Chicago en 1893: Las antiguas marcas son aquellos principios fundamentales que caracterizan a la masonería, según lo definen los Deberes del francmasón, y sin los cuales ninguna institución puede identificarse como tal masonería, combinados con las esencias del lenguaje no escrito, por el cual se distinguen entre sí los masones.
El pastor Anderson recopiló su obra a partir de antiguos manuscritos en uso antes de 1717, que también sirvieron como fuente de autoridad para otros tratadistas. Su Libro de las Constituciones fue aprobado por la Gran Logia de Inglaterra en 1723 y en él los Deberes se consideran la ley básica escrita de la masonería.
“El pastor Anderson recopiló su obra a partir de antiguos manuscritos en uso antes de 1717, que también sirvieron como fuente de autoridad para otros tratadistas”
Por el contrario, fuera de ese marco constitucional se encuentran definiciones antimasónicas diversas, cuyos argumentos oscilan entre la ignorancia supina, el desconcierto y la perversión. Desde hace siglos, en nombre de la masonería se han dado tanto conductas individuales como asociaciones que se le atribuyen, pero que con frecuencia presentan orientaciones opuestas o confusas.
Por lo tanto, ante estos planteamientos, lo más aconsejable es ceñirse a lo imparcial, es decir, a la esencia de lo que es o representa la francmasonería. En este sentido resulta oportuno recordar el aforismo que dice: “no hay que confundir el objeto con el dedo que lo señala”. Para saber lo que es la masonería será preciso, primero, experimentarla y comprenderla, y después tratar de describirla, cuidando siempre de no confundir “el dedo con el objeto”.
Partiremos, para ello, de la mano de un prestigioso historiador: el eminente profesor emérito de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza, José Antonio Ferrer Benimeli, fundador y presidente emérito del Centro de Estudios Históricos de la masonería Española. En el epílogo de su libro La Masonería (Alianza Editorial, Madrid, 2001) afirma lo siguiente: José Antonio Ferrer Benimeli (1934- )
Si la masonería no es satánica, ni tiene nada que ver con los judíos y sus Protocolos, ni con los comunistas, ni con la pretendida conjura universal secreta, la pregunta que puede surgir espontáneamente, después de oír durante tantos años lo contrario, es: entonces, ¿qué es la masonería? O si se prefiere: ¿qué tiene esa asociación para que haya sido perseguida con tanta dureza y crueldad por comunistas, fascistas, nazis y, en general, por todos los regímenes totalitarios, y para que siga siendo atacada en nuestros días? Y concluye definiendo a la masonería como: …una escuela de formación humana que, abandonando las enseñanzas técnicas de la construcción, se transforma en una asociación cosmopolita que acoge en su seno a hombres de diferentes lenguas, razas y religiones, pero que coinciden en el deseo común de perfeccionarse por medio de una simbología mística y racional… Otra definición la encontramos en una institución masónica: el Gran Oriente Español, que en Madrid, en 1934, declaró lo siguiente: La francmasonería es un movimiento del espíritu, dentro del cual tienen cabida todas las tendencias y convicciones favorables al mejoramiento moral y material del género humano. La francmasonería no se hace órgano de ninguna tendencia política o social determinada. Su misión es la de estudiar desinteresadamente todos los problemas que conciernen a la vida de la humanidad para hacer su vida fraternal.
Con este ideal de fraternidad y ayuda mutua, los masones trabajan unidos por un mundo más armonioso y equitativo, dejando a un lado sus diferencias, esforzándose por el mejoramiento y por alcanzar la paz y la prosperidad social de los pueblos.
La masonería tiene como principios la tolerancia mutua, el respeto a los demás y a sí mismo, y la absoluta libertad de conciencia. Por ello, aunque es única en su espíritu al buscar la verdad, la fraternidad y la libertad en un plano de igualdad, no es uniforme en todas partes. Sería un signo de estrechez de juicio pretender erigirse en juez del resto de las masonerías existentes. Así lo declaró el Congreso Masónico de Chicago en 1893.
Existen diversas obediencias u órdenes masónicas en todo el mundo, dignas de respeto e independientes entre sí. En el siglo XIX ya se consolidaba, por un lado, la masonería anglosajona, tutelada por la Gran Logia de Inglaterra, que reconocía y mantenía relaciones con otras obediencias mediante lazos de amistad en Europa, América, Asia y Oceanía.
Esta masonería tradicional, fiel a la Constitución de Anderson de 1723, no es un movimiento estrictamente filosófico, como algunos autores erróneamente sostienen o como afirman ciertas instituciones masónicas. En su seno no se admite toda orientación u opinión, ya que la Orden está circunscrita a reglas determinadas por los Landmarks. Uno de ellos, la norma 19, establece la creencia en un Dios como Gran Arquitecto del Universo, condición considerada esencial para la iniciación de un candidato. Por tanto, al ser teísta, solo admite en su seno a creyentes de diferentes religiones —cristianos, judíos, musulmanes, hindúes, etc.—.
En cuanto a la Biblia, aunque las antiguas marcas no la mencionan, era costumbre en las logias, antes y después de la promulgación de las normas de 1723, utilizarla en los juramentos de los candidatos, como ocurría con los testigos en los tribunales de justicia, para conferir compromiso y solemnidad a la ceremonia. A partir de 1760 se le otorgó la categoría de “Luz de la Logia”. Desde entonces quedó expuesta en las logias inglesas y en muchas de otros países, aunque su uso nunca ha sido universal.
Por ello, aunque la Biblia u otro Libro de la Ley Sagrada representa una guía de la fe de cada uno, debe considerarse en un sentido simbólico, al igual que las otras dos grandes luces: la escuadra y el compás.
“La Biblia u otro Libro de la Ley Sagrada representa una guía de la fe de cada uno, debe considerarse en un sentido simbólico, al igual que las otras dos grandes luces: la escuadra y el compás”
Como en todas las asociaciones masónicas, al igual que en otras organizaciones, se producen cismas, diferencias de gran calado y conflictos internos que derivan en rupturas. Los miembros que se separan, por razones ideológicas u otras, suelen formar una nueva asociación. Esto sucedió con la Gran Logia de Inglaterra cuando, en 1877, el Gran Oriente de Francia —considerado hasta entonces regular por la G.L.I.— suprimió de sus reglamentos el compromiso exigido para ser aceptado como masón: el reconocimiento de un Ser Supremo, la creencia en la inmortalidad del alma y el juramento sobre la Biblia.
Este acontecimiento provocó la ruptura de relaciones con el G.O.F. por parte de las obediencias de Inglaterra, Estados Unidos y de otros países que adoptaron la misma postura.
Hubo, como señala el profesor Benimeli en su manual La Masonería, situaciones intermedias entre los dos extremos, como el caso de la Gran Logia de Francia, que admite la creencia en el Gran Arquitecto del Universo como poder tutelar.
Todas estas Grandes Logias o Grandes Orientes se vinculan a diversas confederaciones, entre ellas: la Confederación Masónica Interamericana (CMI), constituida en 1947; la Confederación Internacional de las Grandes Logias Unidas (CIGLU), fundada en 2000; y la Confederación de Grandes Logias (GLU), entre otras.
De aquí surge, en el siglo XIX, una masonería latina independiente, particularmente en Francia, Bélgica, España, Italia y Portugal.
Estas obediencias, de inspiración liberal y extendidas por todo el mundo, no fueron reconocidas por la Gran Logia Inglesa. Se basan en una doctrina filosófica abierta que admite toda orientación o sensibilidad, ya que sus miembros iniciados no están sujetos a juramento alguno sobre un libro sagrado ni obligados a reconocer un Ser Supremo.
“A partir de 1823, muchas Grandes Logias rompieron sus vínculos con el del Gran Oriente de Francia, principalmente por las siguientes razones: su orientación agnóstica; la ausencia de la Biblia en el altar; la introducción de posiciones de partido en su política interna; y el estricto laicismo ejercido en el seno de la institución”
El caso más significativo es el del Gran Oriente de Francia. Esta institución, la más antigua de la masonería francesa, mantuvo hasta 1869 la Constitución de Anderson de 1723 y relaciones fraternales con todas las masonerías del mundo.
Sin embargo, a partir de esa fecha, muchas Grandes Logias rompieron sus vínculos con ella, principalmente por las siguientes razones: su orientación agnóstica; la ausencia de la Biblia en el altar; la introducción de posiciones de partido en su política interna; y el estricto laicismo ejercido en el seno de la institución.
Pese a estas diferencias, tanto las masonerías tradicionales como las liberales forman parte de una confraternidad universal y moral que busca unir a las personas de bien de todas las naciones, lenguas, razas y posiciones sociales, más allá de ideologías políticas o credos religiosos. Todas prestan ayuda a los demás mediante la fraternidad, la beneficencia y la enseñanza.
El carácter confidencial de la Orden constituye otra marca de gran importancia. La masonería no es una sociedad secreta en el sentido estricto del término, pues está legalmente inscrita como una asociación cultural sin fines de lucro, y sus propósitos y finalidades son de dominio público. Ahora bien, si se entiende la masonería como una sociedad que posee un conjunto de conocimientos, un método para que sus miembros se reconozcan entre sí y diversas enseñanzas que solo se transmiten a los adeptos mediante la iniciación, entonces sí puede decirse que, en ese ámbito, es discreta, como lo son también otras instituciones civiles y militares.
Conclusión Como hemos visto, la francmasonería es una organización muy distinta de las demás. Su singularidad es tal que resulta difícil encontrar otra institución con la cual pueda compararse. Podría decirse que se asemeja a una universidad de la vida.
La masonería no es algo evidente ni familiar que el iniciado pueda comprender plenamente en el momento de ingresar en ella; es, más bien, un camino que debe ser aprendido y asimilado con el paso del tiempo.
Una de las peculiaridades de la masonería es el lugar que ocupa en la historia universal. Pocas organizaciones poseen una historia tan viva, constantemente presente y necesaria para comprender sus enseñanzas.
La tradición constituye una parte activa de su labor: no es una realidad pasada, muerta y olvidada, sino trascendente y cercana al masón. El eslabón con el pasado mantiene unidos a los miembros y determina en gran medida sus actividades.
La masonería especulativa nació como resultado de un desarrollo gradual a partir de la masonería operativa. A través de un camino continuo puede trazarse su linaje hasta los hermanos constructores de la Edad Media. Los miembros actuales también son masones; solo que, mientras los antiguos erigieron bellos edificios, los modernos trabajan por construir un centro de unión universal entre las personas, cuya finalidad principal sea conciliar antagonismos y promover la fraternidad y la ayuda mutua entre todas las naciones.
Para ello, la masonería desempeña un papel fundamental en la concienciación educativa, ámbito en proceso de transformación espectacular y proyectado hacia un futuro inmediato. Como prueba, están emergiendo nuevos modelos de transmisión del conocimiento y de creación de capacidades más allá de la tradicional formación reglada.
Las nuevas generaciones afrontan, por tanto, el reto de prepararse para competir con los mejores del mundo. Y esto no significa acumular títulos sin valor, sino situarse en la vanguardia en sus respectivas actividades personales, profesionales y como ciudadanos del mundo.
Junto a la educación y la innovación —factores que marcarán el futuro de la vida humana—, será necesaria además la sana ambición de superarse cada día para que las naciones superen las limitaciones que las estancan y puedan avanzar hacia un futuro mejor.
La labor del masón, como ciudadano, en la formación y la creación en los ámbitos social y económico, cimentará una meritocracia que permita alcanzar un mundo más abierto, gracias a la hiperconectividad y a la aceleración tecnológica, pero sin olvidar nunca el factor humanístico que lo sustenta; de lo contrario, todo esfuerzo fracasará. Puede parecer, desde el mundo profano, que se trata de principios ilusorios. Sin embargo, esta visión del siglo XVIII, que perdura en la memoria colectiva, pese a los errores propios de toda asociación, continúa orientada a lograr esa “utopía alcanzable”. Se opone decididamente, junto con otras instituciones filantrópicas, a los fraccionamientos, la ignorancia y las beligerancias políticas, económicas y religiosas que aquejan a nuestro mundo.
Concluyo con una frase de Henry D. Thoreau: “Ser filósofo no consiste en el mero hecho de formular pensamientos sutiles ni en fundar una escuela. Consiste en resolver algunos problemas de la vida, no en el ámbito teórico, sino en el práctico.”
Apoyada en el bagaje cultural y artístico acumulado durante siglos, la masonería sigue construyendo su propio edificio del saber y la ilustración para alcanzar la verdad y la justicia.
Arte y Cultura
Fernando Sor (1778-1839)
Por Pompeyo Pérez
Fernando Sor fue uno de los artistas españoles, en cualquier ámbito, con mayor carrera internacional durante la primera mitad del siglo XIX, alcanzando notable reconocimiento no solo como virtuoso de la guitarra sino como compositor de éxito de música para su instrumento, por supuesto, pero también de obras vocales y orquestales de diferentes géneros. Cabría preguntarse entonces por qué los melómanos, en su inmensa mayoría, lo desconocen, por qué su presencia en programas de concierto se circunscribe, con ocasionales excepciones, al ámbito de la guitarra, y por qué hasta hace unas dos décadas, a lo sumo, la Musicología española no mostraba el menor interés por su figura.
La explicación, en gran medida, tiene un origen político. Sor mantuvo desde muy joven una fuerte vinculación con las ideas de la Ilustración que llegaban de Francia y con el liberalismo político del momento. Posteriormente y pese a entrar en combate en al menos dos ocasiones, con grado de capitán de las tropas españolas, contra fuerzas napoleónicas durante la Guerra de la Independencia, acabó, como explicaremos más adelante, siendo uno más de los intelectuales y liberales considerados afrancesados por el absolutismo, marchando así al exilio en 1813. El texto dedicado a Fernando VII que escribió para una de sus canciones políticas, ¿A dónde vas Fernando incauto?, editada por él mismo en París en español y en francés, sin duda no ayudó a aminorar la animadversión que la España reaccionaria sentía por personas como él. Significativo resulta leer artículos periodísticos publicados en España durante la tristemente célebre Década ominosa (1823-1833), en los que se afirmaba que Sor, y otros liberales como él, vivían en la pobreza y amargados allí donde se encontraban (normalmente en ciudades francesas o en Londres), cuando a menudo tal cosa no era real y, con toda certeza, absolutamente falsa en el caso de Sor. La posterior utilización política de la guerra napoleónica, durante el siglo XIX, a modo de génesis de España como Estado Nación, convertía en incómoda la figura y la mera existencia de los afrancesados, pese a encontrarse entre ellos una parte muy valiosa de la ciudadanía.
Frisos con símbolos masónicos de la antigua Academia Militar de Matemáticas en Barcelona.
Por ello, podríamos considerar, en consonancia con la musicología actual, que la condición de liberal sin fisuras de Sor marcó no solo una parte importante de su carrera y su vida personal, sino la negativa recepción posterior en su país de origen (con la excepción de los círculos estrictamente guitarrísticos, aunque progresivamente también fueron dejando de estar familiarizados con su obra). La propuesta de este trabajo es que no solo el liberalismo, sino la pertenencia de Sor a la masonería (de la cual existen pruebas irrefutables como sus firmas manuscritas que incluyen signos masónicos, así como una alusión directa a su condición de masón en al menos una carta personal) constituye una de las líneas maestras de su carrera, evidenciándose en un rastro masónico que puede seguirse a lo largo 1 La partida manuscrita de bautismo del guitarrista, con una caligrafía confusa, ha hecho creer a algunos autores que el apellido se escribía como “Sors”, pero decenas de otros documentos demuestran que la grafía correcta del apellido familiar es Sor. En Francia, Cataluña y Aragón existían tres variantes del apellido: Sor, Sors y Sort, lo cual facilitaba la posible confusión. En cuanto a su nombre, lo más de sus años en España, París, Londres, Moscú y, de nuevo, París.
Nacido en Barcelona, hijo de Joan Sor1 e Isabel Montadas, el futuro músico creció en el seno de una familia más bien acomodada, donde encontramos comerciantes, miembros de la Administración y algún militar, así como una clara influencia de la cultura francesa debida a una parte de los orígenes familiares. Huérfano de padre a los doce años, fue ingresado en la Escolanía de Monserrat, donde su educación se vio reforzada con un fuerte aprendizaje de los principios musicales del contrapunto y la armonía, adquiriendo un sólido conocimiento de las reglas de la música polifónica, algo que se verá reflejado a menudo en sus creaciones posteriores. A los dieciocho años ingresó en la Real Academia Militar de Matemáticas en Barcelona, donde se graduó como teniente de artillería tras formarse entre 1796 y 1800. Se ha especulado con la posibilidad de que fuese precisamente ahí donde entró en contacto con miembros de la masonería (al fin y al cabo, incluso actualmente pueden verse algunos símbolos masónicos en el edificio que fue sede de la Academia, con frisos donde aparecen la escuadra, el compás y la acacia, entre otros), aunque resulta más probable que su ingreso no ocurriera hasta algún tiempo después, mientras estuvo destinado en cargos de la adecuado parece ser referirse a él como Fernando Sor (Fernando o Ferdinand son los nombres que usó, según los países), pues nunca usó el Ferrán con el que a veces se le denomina actualmente, y ello pese a que existe la evidencia de que usó el catalán con sus allegados catalanes durante toda la vida.
Administración primero en Madrid y posteriormente en Málaga. Durante esos años de juventud en Barcelona ya destacó también como guitarrista, compositor de obras como la ópera Telemaco nell´isola di Calipso (que se conserva incompleta) o un concierto para violín y orquesta (perdido), así como un experto bailarín (no profesional), cantante y elegante seguidor de la moda francesa2.
Duque de Sussex Gran maestre de la Gran Logia Unida de Inglaterra y destinatario del segundo cuaderno de ariettas de Sor.
También cabría añadir, para afinar su perfil de personalidad, que parece haber estado dotado de habilidades sociales para el trato con personas de toda condición, haber poseído un afilado sentido del humor, haber sido obviamente decidido a la hora de tener que afrontar cambios vitales drásticos, y que a lo largo de su vida llegó a hablar con fluidez en 2 A estos jóvenes la prensa los denominaba, no sin cierta sorna, como petimetres, deformación de término francés petit maître, o currutacos, en cuatro idiomas (español, catalán, francés e inglés). Sabemos que mantuvo el uso del catalán con su familia y amigos de Barcelona hasta el final de su vida, pero siempre se consideró a sí mismo un liberal español (si bien es cierto que en esos años no existía un nacionalismo catalán propiamente dicho).
Durante los años previos a la guerra, Sor combinó sus labores administrativas con una intensa dedicación a la composición para guitarra (en sus sonatas se aprecia la influencia de Haydn, idolatrado por los ilustrados españoles como demuestra el poema La Música del tinerfeño Tomás de Iriarte), canciones con voz y guitarra o piano (en las que recoge la tradición popular de la seguidilla bolera), obras orquestales y algunas piezas de música religiosa.
En Madrid trabó amistad con el embajador de Rusia, Gregory Stroganov, masón y cuyo tío había estado presente en la iniciación de Voltaire. En 1803 a Sor le fue abierto un expediente por la Inquisición, tras ser denunciado por tener libros en francés y haber pronunciado algunos comentarios contra el clero. Afortunadamente para él, varios testigos declararon en su favor y oficialmente se atribuyeron los comentarios al efecto del vino de una cena en un hombre joven. Entre 1804 y 1808, estuvo destinado en Málaga, donde asimismo trabó amistad con algunos músicos franceses y con el cónsul estadounidense William Kirpatrick, nombrado por el presidente Jefferson (ambos masones).
Muy oposición a majos/as y manolos/as, “genuinamente” españoles.
probablemente, con un Sor ya asentado profesionalmente y por tanto “libre y de buenas costumbres”, serían estas amistades entre el cuerpo diplomático, y quizá la de los músicos franceses, las que propiciaron su entrada en logia.
Con el inicio de la guerra, fue ascendido a capitán y destinado a la milicia Voluntarios de Córdoba, con la que participó en combate en al menos dos ocasiones, en abril y en agosto de 1809. Aniquilada la mayor parte de la misma por las tropas francesas, en 1810 Sor aceptó la propuesta de jurar fidelidad a José I, siendo nombrado comisario de asuntos culturales en Jaén, manteniendo su grado de capitán (en tiempo de guerra la Administración quedó militarizada), pero esta vez del ejército napoleónico. El conflicto entre la obligación de defender a la patria, y el convencimiento íntimo de que las ideas provenientes de Francia ayudarían a España a modernizarse y a liberarse de una nobleza y una Iglesia en general profundamente reaccionarias, quedó plasmado en el largo poema que constituye la letra de la ya mencionada canción ¿A dónde vas Fernando incauto? Paradójicamente, las al menos cuatro canciones patrióticas de carácter bélico que había también compuesto alcanzaron gran popularidad, y los vencedores de Bailén entraron en Madrid cantando una de ellas: Venid, vencedores. En el verano de 1812, Sor se casaría en Granada con la bailarina Joaquina Aviñón.
Tras abandonar España junto a las tropas francesas, a los españoles que marcharon al exilio se les prohibió ir más al norte del río Garona. Sin embargo, debido a su condición de capitán del ejército imperial, Sor y su esposa pudieron seguir hasta París. En la capital francesa, donde ahora era embajador su viejo amigo ruso Gregory Stroganov, Sor entró en contacto con importantes personalidades musicales adscritas a la masonería como Luigi Cherubini, Étienne Méhul (de quien transcribió con éxito para guitarra algunas obras) e Ignace Pleyel, que editó su ambiciosa Fantasía op. 7, que Sor le dedicó, en un formato tan novedoso y experimental (similar a la escritura pianística, con dos pentagramas y dos claves) que desconcertó a los aficionados y provocó una edición posterior al estilo convencional. En esos años comenzaba a desarrollarse en varias capitales europeas cierto fervor por la nueva guitarra de seis cuerdas sencillas, instrumento que de algún modo quedó asociado al cambio de época y a la emergente burguesía liberal, un fenómeno que en Francia recibiría, durante la década siguiente, el nombre de Guitaromanie3.
Firmas de Sor con tres puntos formando triángulo.
En París también desarrolló amistad con el príncipe ruso Nikita Volkonsky y su esposa Zenaida, a quienes volveremos más adelante al abordar la etapa moscovita de Sor.
3 En la bibliografía sobre la música para guitarra de la primera mitad del siglo XIX, este término se ha ido generalizando, y cuando se hacen referencias al periodo de La Guitaromanie, el concepto puede abarcar todo el repertorio del momento, no solo el publicado en Francia. Los focos principales de este auge de la guitarra fueron París y Viena, con el añadido de Londres algunos años más tarde.
4 A menudo se ha mencionado al general Antonio Quiroga, liberal que apoyó a Riego y masón, como amigo de Sor, puesto que el músico le dedicó una obra para banda militar. Lo cierto es que cuando La restauración borbónica, con la llegada de Luis XVIII, empeoró social y económicamente la situación del matrimonio, pues entre otras cosas hizo que Sor perdiera su pensión de oficial del ejército napoleónico regresado de zona de guerra. De este modo, y dados sus contactos con los liberales españoles que formaban una nutrida colonia en Londres, decidieron desplazarse a la capital británica.
La comunidad de exiliados liberales españoles afincados en la ciudad ascendía a algo más de cien familias, y es de suponer que Sor y su esposa tuvieron algún contacto con estas personas4, aunque están mejor documentadas sus amistades dentro de la propia sociedad británica. Su domicilio se estableció en el número 26 de Pulteney Street5, y al poco de llegar nació la única hija del matrimonio, Caroline Sor Aviñón (1815-1837). La pianista Camille Pleyel, hija de Ignace y asimismo masona6, contó en una carta a sus padres que había realizado una visita al matrimonio evidenciando la amistad entre ambas familias. Posiblemente Joaquina falleció poco tiempo después del parto (que tuvo lugar el 19 de agosto), en algún momento entre el final del Quiroga se exilió en Londres, Sor ya había partido hacia Rusia, así que si llegaron a conocerse en persona en algún momento, no fue allí.
5 Como dato anecdótico, en el número 39 de la misma calle vivía por entonces John Polidori (17951821), médico y secretario personal de Lord Byron, además de escritor y creador del arquetipo del vampiro como personaje de la literatura romántica. 6 En esos años, la presencia femenina en las logias debemos entenderla encuadrada en el marco de la Masonería de adopción.
verano o durante el otoño de 1815, pues desde entonces desaparece su rastro documental en la vida de Sor y de su hija. En diciembre de ese año, el Kentish Weekly Post recogió la noticia de que el niño William Wood había forzado la puerta y robado en el domicilio de Sor. El ser declarado culpable de ambos delitos hubiera supuesto la horca, pese a ser un niño. El músico declaró que la cerradura de la puerta ya estaba rota y que solo se había producido el robo, librándolo así de una muerte segura. Resulta un buen indicador de sus convicciones humanitarias.
Musical y profesionalmente hablando, el periodo londinense de Sor puede considerarse extremadamente exitoso. El fenómeno de La Guitaromanie aún no había llegado a la capital británica, si bien las obras para guitarra que editó allí tuvieron muy buena acogida, entre ellas unas variaciones sobre una melodía de La Flauta Mágica de Mozart (ópera de fuerte impronta masónica), así como la transcripción para el instrumento de varios fragmentos de ésta. También destacó como profesor de canto7, autor de música bailable para piano y de música vocal. Sus cuadernos de ariettas en italiano para voz y piano (once en total, más otros dos para dos voces y piano), y que contienen, por cierto, una música magnífica que en la actualidad no se interpreta casi nunca, alcanzaron tal éxito que la prensa mencionó las colas para comprar cada nueva entrega, resaltando que tal expectación solo 7 Él mismo cantó en alguna ocasión, y existe un curioso testimonio de una velada en la que imitó al castrato Girolamo Crescentini (1762-1846), amigo suyo y miembro de la misma logia que Cherubini en era superada por la aparición de alguna nueva novela de Walter Scott.
Fernando Sor El primer cuaderno de ariettas está dedicado al Duque de Kent, Gran Maestre de la Gran Logia Unida de Inglaterra, mientras que el segundo lo está al Duque de Sussex, sucesor del anterior en dicho cargo. Por si quedaran dudas de los contactos masónicos de Sor entre lo más granado de la sociedad británica, en al menos dos ocasiones ofreció conciertos de guitarra en el palacio del Regente, futuro Jorge IV, miembro asimismo de la logia, y fue invitado a formar parte de la Sociedad Filarmónica de Londres y del Patronazgo de la Royal Academy of Music, sociedades ambas en cuyas directivas se encontraban numerosos masones.
París. Esto implica que era capaz de usar el registro de contratenor, que ya tenía arraigo en Inglaterra como sustitutivo de los castrati.
Muy posiblemente Sor se hubiese asentado definitivamente en Londres, reconocido profesional y socialmente, si no se hubiera convertido también en compositor de éxito de otro género: el ballet8. Aunque en España ya se había acercado en alguna ocasión a la música escénica (la ópera juvenil que mencionamos, música incidental para teatro, probablemente un ballet…), la popularidad de la danza en Londres lo animó a explorar en profundidad ese terreno. Con la tercera de sus propuestas, Cendrillon (La Cenicienta), estrenada en el King´s Theatre el 26 de marzo de 1822, llegó el éxito. En el papel protagonista actuó la gaditana María Mercandotti, una estrella conocida como La Venus Andaluza, y la acogida no pudo ser mejor. La obra fue llevada a París, donde alcanzó las 104 representaciones (un récord solo superado en la capital francesa por El barbero de Sevilla de Rossini) y en Bruselas, donde sería reprogramada periódicamente a lo largo de las dos décadas siguientes. Esta relación con el mundo del ballet provocó el encuentro de Sor con la bailarina Félicité Hullin9, quien al cabo se convertiría en su segunda esposa. Precisamente estando en París debido al éxito de Cendrillon, las importantes amistades rusas que había 8 En esos años, el género consistía en lo que hoy denominamos ballet-pantomima, una propuesta escénica que combinaba la actuación mediante la mímica con las partes estrictamente de danza (ambas llevadas a cabo por los mismos intérpretes), y que caería en desuso cuando se impuso el nuevo ballet romántico.
9 Félicité Hullin formaba parte de una familia de profesionales de la danza cuyo verdadero apellido era Vichard, pero que desde al menos una generación anterior habían adoptado Hullin como apellido artístico. Fue una de las pioneras en la evolución del estilo hacia lo que hoy conocemos cultivado en el pasado le cursaron una invitación para que el matrimonio se pusiera al frente del ballet del nuevo Teatro Bolshoi que se pensaba inaugurar en Moscú (el edificio antiguo, del siglo XVIII, había sido incendiado por las tropas de Napoleón).
Un músico y su familia (posiblemente Fernando Sor)
Tras un periplo por Alemania y Polonia que incluyó varios conciertos de Sor, llegaron a Moscú el matrimonio, la pequeña Caroline y el bailarín francés Joseph Richard. La idea era organizar una compañía que pudiera competir con el Ballet Mariinski de San Petersburgo, con Félicité como Prima ballerina y Sor como director musical. La inauguración del nuevo Bolshoi, con un montaje de Cendrillon, no como ballet romántico (“ballet clásico” para el gran público), de gran exigencia física y con el uso de las zapatillas de punta. Su figura resultó fundamental para divulgar la escuela francesa de danza en Rusia, y se convirtió en la primera mujer coreógrafa de la historia. Aunque en un documento suyo se menciona 1804 como fecha de nacimiento, es muy posible que naciera algunos años antes (en Rusia obligaban a abandonar los ballets imperiales a los 30 años y era más fácil falsificar ese tipo de datos que hoy en día), salvo que debutara como bailarina profesional siendo una niña, algo no del todo verosímil. Lo que es seguro es que murió en Francia en 1876.
tendría lugar hasta el 6 de enero de 1825, la víspera de la Navidad ortodoxa. Sin embargo, eso no quiere decir que no hubieran aparecido ante el público ruso antes de esa fecha. Se programaron ballets en algunos teatros, con música de Sor y de otros autores, así como diversos conciertos de guitarra.
Año europeo de la música - 1985 Fernando Sor En Rusia recibió un decidido apoyo del príncipe Volkonsky y su esposa Zenaida, a quienes había conocido en París, así como de dos antiguos embajadores rusos en España: Gregory Stroganov (como ya hemos dicho, amigo y Hermano masón) y su predecesor Ivan Muravyov-Apóstol, que habiendo estado en el cargo hasta 1803 es posible que también hubiera conocido personalmente a Sor. Entre todos solicitaron, en 1825, y obtuvieron que el español fuera nombrado Caballero de la Orden de la Espuela de Oro del Vaticano (distinción que en su momento el Papa le había otorgado al joven Mozart, por ejemplo). Desde ese momento podía usar el título de Cavaliere Fernando Sor.
El príncipe Volkonsky estaba en muy buenos términos con el zar Alejandro I, quien era de talante liberal y tolerante con las logias masónicas e incluso con la homosexualidad (el propio zar fue iniciado en logia y probablemente era homosexual). El círculo en el que se movió Sor en ese tiempo tenía, pues, un carácter predominantemente liberal y abierto a Occidente, y en él no escaseaban los masones. Estos liberales y masones formaban lo que se conoció como Sociedades decembristas.
El zar murió a finales de 1825, siendo Sor el autor de la marcha que acompañó el cortejo fúnebre por las calles. Al ser nombrado como sucesor Nicolás, unos de sus hermanos, en lugar de Constantino (a quien le hubiera correspondido por edad, pero que renunció), y dado el carácter marcadamente conservador del nuevo Zar Nicolás I, se produjo una revuelta de los decembristas, que fracasó y fue objeto de una dura represión. Por ello, y pese a que Sor gozaba de alta estima en la familia imperial y que se le encargó un nuevo ballet para la coronación, Hercule et Omphale, el músico consideró que era el momento de cambiar de aires. Antes de su partida la zarina madre le regaló una valiosa joya (según algunas versiones un collar de perlas negras, pero no existe evidencia suficiente), y, aunque Félicité lo acompañó a París, esta decisión de Sor fue probablemente lo que provocó la ruptura de la pareja, volviendo ella a Moscú al poco tiempo, donde continuó una exitosa carrera como bailarina, coreógrafa y Maestra de danza.
La última etapa de Sor en París resultó, de nuevo, profesionalmente exitosa. Conciertos, publicación de sus partituras siendo su propio editor, clases y reposiciones de algunas de sus obras más celebradas (como la de Cendrillon en Bruselas). En la capital francesa vivía desde 1826 otro afamado guitarrista español, Dionisio Aguado (1784-1849), con quien desarrollaría una gran amistad, dedicándole su dúo Les deux amis y actuando juntos a menudo. En 1830 publicó su famoso Méthode compléte pour la guitare, absolutamente referencial en la literatura didáctica para guitarra, que poco después se editó en Londres traducido al inglés. Asombrosamente no se editó en español hasta 200810, y de ello se encargó una editorial portuguesa. El hecho se comenta por sí solo.
Tumba de Fernando Sor en el cementerio de Montmartre (París)
El lenguaje musical de Sor había evolucionado con los años siguiendo el curso de los tiempos, demostrando que estaba muy al tanto de las novedades en ese terreno. Su estilo inicial basado en la tradición española y en la influencia de Haydn, asimiló progresivamente las aportaciones de Mozart y Beethoven, tanto armónica como estructuralmente, y acabó incorporando un uso del cromatismo que más 10 Anteriormente, en la década de los noventa del pasado siglo, circularon versiones en español y catalán, pero se trataba de traducciones no de una vez remite al mundo armónico de Schubert, aunque es improbable que Sor conociera su música. En 1828 editó la canción Le Dernier Cri des Grecs, apoyando la lucha de los griegos por su independencia del Imperio otomano, y en 1832 Appel des négres aux Français, a favor de la abolición de la esclavitud restaurada por Napoleón en 1802 para los territorios de ultramar. La campaña contra la esclavitud la comenzó en 1830 el periodista Victor Scholener, miembro de la logia Les amis de la vérité, que estuvo muy implicada en esta lucha. Es posible que Sor perteneciera a esta logia o bien a otra parisina, La Candeur, a la que dedicó una pieza homónima para guitarra. En 1833 colaboró con varios artículos, entre ellos su propia autobiografía y otro sobre el bolero español, en la Encyclopédie pittoresque de la musique, editada por los masones Adolphe Leduy y Henri Bertini. Asimismo, su extraordinaria Fantaisie élégiaque op. 59 de 1835, dedicada a Charlotte Beslay (de soltera Levavasseur), parece indicar otro vínculo masónico. Ella, fallecida de parto a los 22 años, estaba casada con Charles Beslay, masón y que décadas después sería uno de los líderes de la Comuna de París. Las sentidas palabras, ¡Charlotte adieu!, que aparecen sobre los compases finales de la partitura en la edición original podrían indicar un vínculo de Sor con la joven (apenas dos años mayor que su hija Caroline) que iba más allá de las ocasionales lecciones de piano que le impartió, siendo posible que Charlotte y su marido fueran Hermanos de logia de Sor.
profesionales hechas por los propios guitarristas y encuadernadas de manera artesanal.
Anivel político existe otro dato interesante: aunque Sor recibía periódicas visitas de su hermano Carlos y de algunos conocidos de Barcelona, varios documentos indican que le hubiera gustado poder entrar libremente en España pese a seguir afincado en París. En 1828 envió una carta a Fernando VII solicitando el indulto, con la obertura orquestal de Hercule et Omphale a modo de presente.
Dado que Sor siempre mostró un agudo olfato para detectar el peligro a lo largo de toda su vida, cuesta creer que fuera tan ingenuo como para pensar en que este indulto se le iba a otorgar, o incluso que no le fuera concedido falsamente para apresarlo y ejecutarlo una vez en España (de Fernando VII cabía esperar cualquier cosa). Más razonable es entender que se trataba de crear un precedente para volver a pedir el indulto en un momento más favorable. Así, en 1834 envió una carta en el mismo sentido a la Regente María Cristina, esta vez acompañada de un himno para voces y orquesta compuesto especialmente para su cumpleaños, y no una obra ya dedicada con anterioridad a otro monarca como hizo con la obertura del ballet. Nunca obtuvo respuesta a su petición.
La apacible vida parisina de Sor se vio truncada cuando la epidemia de gripe que asoló la capital a partir de la primavera de 1837 acabó en junio con la vida de Caroline, menos de dos meses antes de cumplir los 22 años. Sabemos de ella que tocaba el arpa y que había iniciado una carrera de actriz, existiendo reseñas muy favorables en la prensa del momento. Sor cayó en depresión, si bien hizo alguna apareció pública más, por ejemplo, estrenando el dúo Souvenir de Russie op. 63 con su discípulo Napoléon Coste. En 1838 se le diagnosticó un cáncer de garganta, falleciendo a causa de éste en julio de 1839 y siendo enterrado en el cementerio de Montmartre en la misma tumba que Caroline. En 1978, bicentenario de su nacimiento, la tumba fue restaurada con una recogida de fondos impulsada por el guitarrista y compositor canario, además de masón, Blas Sánchez (1935), por entonces profesor en un conservatorio parisino. La escultura colocada sobre la lápida es obra de un escultor asimismo canario y afincado en París, ÁngelPeres (1929-2019).
Jeffery, Brian (2012): “Sor in trouble with the Spanish Inquisition, 1803 to 1806”.
-(2017): España de la guerra. Londres, Tecla Editions.
-(2020, 3ª ed.): Fernando Sor Composer and Guitarist. Londres, Tecla Editions.
Mangado Artigas, Josep Mª (2018-2020): Fernando Sor Vol. I, II y III. Barcelona, edición del autor.
Olcina, Emili (1993): Apuntes sobre Ferrán Sors y la creación romántica en la España de Goya. Barcelona, Laertes.
Pérez Díaz, Pompeyo (1997): “Una aportación al estudio de la obra religiosa de Fernando Sor”- Revista de Musicología Vol. XX nº1. Pp. 579-587.
-(2001). “Los tratados de Dionisio Aguado y Fernando Sor como fuentes para la interpretación del repertorio clásicoromántico” en Lolo, Begoña (ed.), Campos interdisciplinares de la Musicología. Madrid, Sociedad Española de Musicología.
-(2003): Dionisio Aguado y la guitarra clásicoromántica.
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Piris, Bernard (1989): Fernando Sor. Une guitare a L´orée du Romantisme. París, Aubier.
Torres Mulas, Jacinto (1998): “Recóndita armonía. Las relaciones entre masonería y música en España”. Revista de Musicología Vol. XXI nº 1.
Arte y Cultura
Rubén Darío y la Masonería
Por Ricardo Flores Sánchez-Pastor
Rubén Darío, el gran renovador de la poesía hispanoamericana, transformó la sensibilidad de toda una época. Su obra, puente entre el siglo XIX y el XX, unió la musicalidad del verso con la profundidad del pensamiento.
Pero detrás del poeta modernista, del creador de Azul... y Cantos de vida y esperanza, se adivina otra dimensión más secreta: su posible vínculo con la masonería. Esta relación, situada entre la conjetura histórica y la intuición crítica, abre una puerta sugerente para comprender la espiritualidad y el simbolismo que recorren su escritura.
La masonería y el espíritu modernista La masonería (esa fraternidad filosófica y ética que desde el siglo XVIII promueve la libertad, la fraternidad y el perfeccionamiento humano)
ha ejercido una influencia duradera sobre las artes y el pensamiento occidental. Sus rituales, símbolos y alegorías han inspirado a músicos como Mozart -cuya Flauta mágica encierra un rito iniciático- y a escritores como Julio Verne, que poblaron sus novelas de enigmas y sociedades discretas.
El modernismo, movimiento que Darío llevó a su plenitud, compartió con la masonería esa vocación de trascendencia. El modernismo fue un espacio abierto a las corrientes espirituales y esotéricas del fin de siglo: el simbolismo, el ocultismo, la teosofía y la idea de que el arte podía revelar verdades ocultas. En esa atmósfera de búsqueda interior, la poesía de Darío encontró un cauce natural.
Una posible iniciación Diversos testimonios sostienen que Rubén Darío fue iniciado en una logia madrileña en 1898. No existen, sin embargo, actas ni documentos que confirmen de manera definitiva su pertenencia. En consecuencia, se trata de una hipótesis más que de un hecho probado.
Pero aun sin pruebas formales, la afinidad del poeta con los ideales masónicos resulta innegable: la libertad del espíritu, la fraternidad intelectual y la justicia como horizonte moral laten en muchos de sus versos. Su poesía incorpora la simbología de la iniciación, el ascenso y la iluminación. En Prosas profanas (1896) y Cantos de vida y esperanza (1905) abundan las imágenes de luz, columnas, templos y ángeles: emblemas de un itinerario espiritual. Esa espiritualidad dariana, revela una sensibilidad muy próxima a la masónica.
El símbolo como camino interior El simbolismo, rasgo central de la tradición masónica, encuentran en Darío una traducción poética exquisita. Su palabra se vuelve un instrumento para acceder a lo invisible. El poeta trabaja con el verbo como el masón con su piedra: puliendo, elevando, buscando la armonía entre forma y espíritu. Cada poema se convierte así en un acto de construcción interior, en una búsqueda de la belleza que también es búsqueda de la verdad.
Para Darío, el arte fue un templo donde lo humano y lo divino se tocan. En ese espacio simbólico, la palabra es rito y la imaginación, herramienta iniciática. Su estética del símbolo no es mero ornamento, sino un método de conocimiento: una forma de ascender hacia la luz.
Más allá de la hipótesis Hablar de Rubén Darío y la masonería no implica reconocer una afinidad espiritual y estética. Lo masónico se manifiesta en su obra no como doctrina, sino como atmósfera, como una manera de concebir el arte y la existencia. El poeta nicaragüense encarna, en este sentido, la figura del iniciado que busca en la palabra un sendero hacia lo absoluto.
El modernismo y la masonería coinciden en una misma aspiración: la del perfeccionamiento del ser humano a través del conocimiento, la belleza y la libertad. En Darío, esa aspiración se tradujo en una poesía que es, al mismo tiempo, canto, revelación y búsqueda de sentido.
Conclusión Aunque la posible iniciación masónica de Rubén Darío siga siendo materia de conjetura, el estudio de su obra desde esta perspectiva permite reconocer la profunda sintonía entre su pensamiento y los ideales masónicos. En sus versos resuena la vieja consigna masónica de trabajar por la luz.
Rubén Darío fue, ante todo, un poeta que entendió la palabra como herramienta de transformación. Su modernismo no fue solo una revolución estética, sino también una empresa espiritual: el intento de reconciliar el misterio del mundo con la claridad del alma humana, de edificar con la poesía el templo invisible del espíritu.
Arte y Cultura
La construcción de una influencia silenciosa
Reseña del libro Masones de Mauricio Javier Campos.
El investigador e historiador argentino Mauricio Javier Campos nos invita a mirar el pasado reciente desde la discreta pero constante acción de la masonería. En su obra Masones, el autor reconstruye, con tono sereno y mirada analítica, la presencia de la Orden en la historia política, cultural e intelectual de la Argentina y América Latina.
El libro parte de una idea fundamental: la masonería no es un fenómeno marginal sino una fuerza modeladora del pensamiento moderno.
Campos lo demuestra recorriendo tres siglos de historia, desde los talleres operativos de los constructores medievales hasta las logias especulativas que impulsaron los procesos emancipadores en el continente americano.
Un enfoque documental y pedagógico Masones combina el rigor de la investigación con una vocación divulgativa que lo hace accesible a un público amplio. El autor utiliza fuentes masónicas, correspondencias, boletines y revistas especializadas —como Verbum o La Acacia— para tejer una narrativa coherente sobre el papel que la Orden desempeñó en la consolidación del laicismo, la educación pública y las instituciones republicanas.
Campos evita el tono conspirativo que a menudo empaña los estudios sobre masonería. En su lugar, ofrece una lectura equilibrada que rescata el ideal humanista de la fraternidad y la libertad de conciencia, valores que vinculan a la masonería con los movimientos liberales del siglo XIX.
Las logias y la independencia Uno de los capítulos más atractivos del libro analiza el rol de la Logia Lautaro y su conexión con el proyecto continental de emancipación. Campos revisa testimonios y memorias de protagonistas como Tomás de Iriarte y San Martín, mostrando cómo las logias actuaron como redes de conspiración política y centros de formación cívica. A través de este enfoque, el autor consigue restituir a la masonería su dimensión histórica: la de una escuela de pensamiento que articuló ideales ilustrados con prácticas de acción concreta.
Entre la tradición y la diversidad El libro no elude los conflictos internos de la masonería argentina.
Campos describe con claridad las tensiones entre obediencias, desde los debates teístas de la Gran Logia Unida de Inglaterra hasta la creación del Gran Oriente Federal Argentino (GOFA), de tendencia liberal y laicista. Estas páginas reflejan la vitalidad del pensamiento masónico y su capacidad de adaptación a los desafíos ideológicos de cada época.
Valoración final Masones es una obra que combina solvencia historiográfica con sensibilidad cultural. Su autor — ganador en dos ocasiones de la Faja de Honor de la Sociedad de Escritores de la Provincia de Buenos Aires— ofrece un testimonio maduro de su trayectoria investigadora.
Más que una historia de ritos y símbolos, el libro propone una reflexión sobre la influencia silenciosa de una fraternidad que, lejos de las sombras, ha acompañado el desarrollo de la modernidad en el mundo hispanoamericano.
• Género: Ensayo histórico y divulgativo En esta sección, exploramos las grandes preguntas que han guiado a la humanidad desde tiempos inmemoriales: ¿Quiénes somos? ¿Qué es el bien? ¿Cuál es el propósito de nuestra existencia? A través del estudio de la filosofía, la historia, la ética, la literatura y las artes, buscamos iluminar el sendero del conocimiento interior y exterior, en armonía con los principios de la Masonería. Cada artículo es una invitación a la contemplación, al diálogo profundo y al cultivo de la sabiduría.
Filosofía y Humanidades
Eternidad y duración en la ética de la inmanencia
Por Vicente Hernández Pedrero
Una versión original de este artículo fue publicada en 2018, en el número 16 de Hermeneutic. Revista Digital de la Universidad de la Patagonia Austral de Argentina. Se trató de un número monográfico sobre el significado del “tercer género de conocimiento” de la Parte V de la Etica demostrada según el orden geométrico, de Baruj Spinoza. Agradezco a la Revista Luz su amable invitación a participar en este número.
1 Los textos de la Ética demostrada según el orden geométrico y de la Correspondencia, básicos en este artículo, son utilizados según las traducciones al castellano de Atilano Domínguez; pero con una salvedad importante: por razones que resultarán bastantes evidentes desde la propia lectura de este artículo, el original latino de mens empleado por Spinoza a lo largo de toda la Ética será traducido por mente y no por alma, dejando a esta última como la traducción de anima, noción que utiliza Spinoza en la Parte Quinta para referirse críticamente a la obra de Descartes. Volveremos sobre ello más adelante, cf., infra, nota 30. Cf., Spinoza, Ética demostrada según el orden geométrico, Ed. Trotta, Madrid, 2000; Correspondencia, Alianza Ed., Madrid, 1988.
2 Como fue la “visión política” de Antonio Negri respecto al Tercer Género de Conocimiento en La anomalía salvaje.
Ensayo sobre poder y potencia en Baruch Spinoza (1981)
I La formulación del Tercer Género de Conocimiento de la Parte Quinta de la Ética1 obedece a un plan trazado por Spinoza desde un principio. Dicho plan tiene un último propósito práctico de emancipación de la subjetividad, y el Tercer Género, de forma indudable, juega un papel crucial y necesario en la consecución de ese objetivo. Supone la culminación misma del plan spinoziano. Ni es prescindible desde una lectura “política”2, ni se aviene con ninguna otra lectura trascendente de carácter místico o contemplativo3. Cosa distinta es la extrañeza que causa en el ámbito de una filosofía de la razón ilustrada el planteamiento de un tercer género de conocimiento situado más allá de un segundo género de conocimiento racional. Pero esto ya forma parte de la originalidad, “rareza” y “anomalía”
Anthropos, Barcelona, 1993; visión corregida por el autor años más tarde en “Democracia y eternidad en Spinoza.
Metamorfosis de los cuerpos y de la multitudo” (1994), Spinoza subversivo, Akal, Madrid, 2000.
3 Para unas lecturas “místicas”, cf., B. Orio de Miguel, “Resonancias kabbalísticas del tercer género de conocimiento”, E. Fernández y Mª L. de la Cámara (eds.) El gobierno de los afectos en Baruj Spinoza, Trotta, Madrid, 2007; cf., Lourdes Rensoli, La polémica sobre la Kabbalah y Spinoza: Moses Germanus y Leibniz, Comares, Madrid, 2011.
4 Quizás esta sea, realmente, la verdadera “anomalía” del pensamiento de Spinoza, no tanto la perspectiva política democrática, sino la sucesión inmanente de tres géneros de conocimiento en que aquella se sitúa.
En la Primera Parte de la Ética, bajo el epígrafe dedicado a Dios, Spinoza deja establecidas las premisas ontológicas de su obra. La noción de Dios se entiende como una sustancia “absolutamente infinita e indivisible” (E I, 13), que se genera a sí misma como su propia causa, causa sui (E I, def. 1) dando lugar necesariamente desde su “infinita naturaleza [a] infinitas cosas de infinitos modos” (E I, 16; E I, 17, esc.) Dios, como idea, pasa finalmente a ser “causa inmanente, pero no transitiva, de todas las cosas” (E I, 18).
Luminosamente, en el Apéndice de esta Primera Parte se narra una breve historia no creacionista de la humanidad, una auténtica síntesis materialista de filosofía de la historia al comienzo de una construcción analítica de orden geométrico.
Pues [los hombres] después de haber considerado las cosas como medios, no pudieron creer que ellas se hicieron a sí mismas, sino que a partir de los medios que ellos mismos suelen preparar, debieron concluir que se da algún o algunos rectores de la Naturaleza, dotados de la libertad humana, que les proporcionaron todas las cosas y las hicieron todas para su uso. Y como nunca habían oído hablar del ingenio de tales rectores, también debieron juzgar de él por el suyo propio; y, en consecuencia, afirmaron que los dioses lo dirigen todo a la utilidad de los hombres, a fin de cautivarlos y ser tenidos por ellos en el máximo honor. De donde ha resultado que cada uno, de acuerdo con su ingenio, haya excogitado diversas formas de 5 E I, Ap. (En esta y en sucesivas citas textuales, las negritas son nuestras).
rendir culto a Dios, para que Dios les amara más que a los otros y dirigiera toda la Naturaleza a la utilidad de su ciego deseo y de su insaciable avaricia. Y así, este prejuicio derivó en superstición y echó hondas raíces en las mentes, lo cual fue motivo de que cada uno pusiera todo su empeño en comprender las causas finales de todas las cosas y en explicarlas. Pero, mientras pretendían mostrar que la Naturaleza no hace nada en vano (esto es, que no sea de utilidad para los hombres), no parecen haber mostrado otra cosa sino que la Naturaleza y los Dioses deliran lo mismo que los hombres.5 Spinoza había sido expulsado de la Sinagoga, entre otros motivos, por oponerse radicalmente a la idea de la inmortalidad del alma, de un alma separada del cuerpo6. No era una opinión baladí. Se trataba de una toma 6 Cf., S. Nadler, Spinoza, (1999), Acento Editorial, Madrid, 2004, p. 187.
de posición fundamental desde la que construir en adelante, para las futuras generaciones, una nueva filosofía “desprejuiciada”, no “delirante”, ajena a la “superstición”, cuyo principal adversario teórico por aquel entonces no podía ser otro que el dualismo cartesiano, en cuanto filosofía moderna de la razón todavía hipotecada por la creencia de un alma inmortal. No hay Dios transitivo, creador, al que acudir a su encuentro después de la muerte. Se trata de una falsa salvación producto de un primer género de conocimiento imaginario por parte de la humanidad. La nueva filosofía va a perseguir la auténtica salvación desde la mayor potencia en vida de la conexión mentecuerpo procurada por un segundo y tercer géneros verdaderos de conocimiento.7 La ciencia y la filosofía modernas proporcionan las claves ontológicas para ello: de un lado, la Sustancia o Naturaleza eterna e infinita, cuya existencia es necesaria, natura naturans; de otro lado, los modos finitos, sometidos a la duración, de existencia sólo contingente, natura naturata (E I, 29, esc.)
Por aquellos primeros años de preparación de la Ética, durante su estancia en Rijnsburg, Spinoza escribe a su amigo Lodowijk Meyer: Expondré brevemente estos cuatro conceptos: la sustancia, el modo, la eternidad y la duración. Respecto a la sustancia quisiera indicar lo siguiente: 1º) A la esencia de la sustancia pertenece la existencia, es decir, que de su sola esencia o definición se sigue que 7 “El conocimiento del primer género es la única causa de la falsedad; en cambio, el del segundo y del tercero es necesariamente verdadero” (E II, 41.)
existe; lo cual, si no me falla la memoria, lo he demostrado antes, de viva voz y sin acudir a otras proposiciones. 2º) Del primer punto se sique que la sustancia no es múltiple, sino que solo existe una de la misma naturaleza. 3º) Ninguna sustancia puede ser entendida sino como infinita. A las afecciones de la sustancia las llamo modos, y su definición, por cuanto no es la misma definición de la sustancia, no puede implicar existencia alguna. De ahí que, aun cuando existan, podemos concebirlos como no existentes; de donde se sigue, además, que, mientras nos atengamos a la esencia de los modos y no prestemos atención al orden de toda la naturaleza, del hecho de que los modos ya existan no podemos concluir que existirán o no después ni que existieron antes o no. De donde se desprende claramente que nosotros concebimos la existencia de la sustancia como totalmente diversa de la existencia de los modos. De aquí se deriva la diferencia entre la eternidad y la duración. Pues por la duración solo podemos explicar la existencia de los modos, mientras que la existencia de la sustancia se explica por la fruición infinita de existir o, forzando el latín, de ser”.8 Spinoza, como nadie antes en la filosofía occidental, subvierte y clausura definitivamente la visión antropocéntrica del universo. La humanidad, como modo, tiene una existencia contingente sometida a la duración, totalmente indiferente en relación con la existencia necesaria y eterna de la 8 Spinoza, Correspondencia, B.d.S. a Lodowijk Meyer, Rijnsburg, 20 de abril de 1663. Carta 12, Alianza Editorial, Madrid, 1988.
sustancia. Somos un modo de estar o ser de la sustancia, pero la sustancia es eterna, mientras que nosotros, la especie, somos o estamos, duramos, pero podemos dejar de durar y nuestra propia duración ha sido contingente y azarosa9. A partir de ese momento, toda la reflexión de Spinoza se dirige a la inmanencia en la duración del modo humano, o lo que es igual, a las condiciones materiales, antropológicas, de progreso inmanente de un modo finito que debe su existencia y participa de la eternidad e infinitud de la sustancia. Una vez establecidas las premisas ontológicas, este y no otro será el objetivo práctico de su Ética. En el breve y conciso Prólogo de la Segunda Parte, Spinoza no concede la menor duda sobre ello.
Paso ya a explicar las cosas que debieron seguirse necesariamente de la esencia de Dios, o sea, del ser eterno e infinito. No todas, sin duda, ya que en 1/16 hemos demostrado que de ella debieron seguirse infinitas cosas en infinitos modos, sino tan sólo aquellas que nos pueden llevar como de la mano al conocimiento de la mente humana y de su felicidad suprema”.10 Este objetivo, el conocimiento (último) de la mente humana y su felicidad suprema, sólo se alcanzará plenamente con el Tercer Género de Conocimiento formulado en la Parte Quinta de la Ética. Aunque ya en la Segunda Parte, 9 Dentro de las especies “homo”, la misma aleatoriedad e imprecisión que constatamos en el paso de los “neandertales” a los “sapiens” da idea de esa contingencia del modo humano. Todavía a un nivel ontológico predarwiniano, Spinoza se sitúa en una perspectiva que anticipa la “duración evolutiva” de la especie. Además, para referirse al modo, hace mención explícita en la Ética de la noción de especie en el Apéndice de la Cuarta Parte: “Nada Spinoza venía anunciando su máxima excelencia y utilidad: Como todas las cosas son en Dios y son concebidas por Dios, se sigue que de este conocimiento podemos deducir muchísimas cosas que conozcamos adecuadamente y formar así aquel tercer género de conocimiento, […] de cuya excelencia y utilidad nos corresponde hablar en la quinta parte.11 Desde la Segunda Parte, la Ética sigue el cauce inmanente que conduce al modo humano a la transición de un primer género de conocimiento falso e imaginario, provocado por “ideas inadecuadas”, hacia un segundo género de conocimiento verdadero y racional basado en “ideas adecuadas” ligadas a unas “nociones comunes”. Para cualquier otra ética ofilosofía que sólo persiga una racionalidad deontológica (Kant) o histórica (Hegel), este paso de esclarecimiento hacia la razón resultaría más que suficiente. Sin embargo, para el objetivo antropológico de la “felicidad puede concordar más con la naturaleza de una cosa que los demás individuos de la misma especie. Y por tanto […] no se da nada que sea más útil al hombre que […] el hombre […]”, cf., E IV, Ap. Cap. 9.
suprema” el cauce inmanente no se agota hasta alcanzar la mayor potencia del modo, el mayor recorrido en vida del conatus singular de cada ser humano, o lo que es igual, la mejor conexión entre su mente y su cuerpo. De ahí, la necesidad de un Tercer Género de Conocimiento situado más allá de lo universal oabstracto, que se sustancie en la propia experiencia biográfica e individual. A este género Spinoza lo denomina Ciencia Intuitiva. Tenemos nociones comunes e ideas adecuadas de las propiedades de las cosas (ver 2/38c, 2/39c, 2/40); y a éste le llamaré razón y conocimiento de segundo género. Además […] existe, como mostraré a continuación, un tercero al que llamaremos ciencia intuitiva.” 12 Pero será con la redacción de la Parte Quinta, algunos años más tarde, cuando el Tercer Género de Conocimiento, siguiendo el desarrollo geométrico por el que discurre el cauce ético de la inmanencia, alcance su más acabada definición como conocimiento de lo 12 E II, 40, esc.
singular contrapuesto a lo universal y abstracto.
[He querido] mostrar […] cuánto valor tiene el conocimiento de las cosas singulares, que he llamado intuitivo o de tercer género […] y cuánto más valioso es que el conocimiento universal que he llamado de segundo género. Pues, aunque en la primera parte he demostrado, de forma general que todas las cosas (y por tanto también la mente humana) dependen de Dios en cuanto a la esencia y a la existencia, aquella demostración, aunque sea legítima y fuera de toda duda, no afecta, sin embargo, a nuestra mente de la misma manera que cuando eso mismo es deducido de la esencia misma de cualquier cosa singular, que decimos depender de Dios.” 13 En la Parte Quinta, aquella “felicidad suprema” del Prólogo a la Segunda Parte acabará por concretarse en la mayor potencia o mejor equilibrio entre la mente y el cuerpo, en una suerte de “tranquilidad de ánimo”
acquiescentia- consistente en el máximo ejercicio de salvación o libertad del modo humano ligado a la propia experiencia de las “cosas singulares” del universo.
El género de la razón permite entender lo adecuado de unas ideas relativas a las “propiedades de las cosas” y a unas “nociones comunes”, es decir, todo aquello que acaba demostrando la ciencia en relación con el mundo objetivo, o la política democrática en relación con la vida en común de los miembros 13 E V, 36, esc.
de la especie14. Es sin duda un género “verdadero” de conocimiento, pero todavía abstracto y universal por cuanto no afecta a la mente de forma singular, personalizada, podría decirse. De ahí que “el conocimiento de las cosas singulares”, propio de “un tercer género intuitivo”, imposible de separar de la misma experiencia biográfica y subjetiva, guarde una relación “aún más valiosa” con la mente humana. El modo humano comparte su finitud con otros modos. Una vez alcanzado el tercer género de conocimiento cobrará un valor extraordinario el re-conocimiento de las cosas singulares que “acompañan”, natura naturata, una existencia modal y finita que “intuye” sub specie aeternitatis nuestra pertenencia a la sustancia eterna e infinita, natura naturans.
II Spinoza, redactor de la Ética, pero también fabricante de lentes de aumento y teórico de la óptica. El conocimiento científico y la técnica “van como de la mano” en la búsqueda inmanente de la suprema felicidad de la mente humana. Por definición ontológica, lo infinito nunca estará al alcance cognitivo de un modo finito. Pero el modo humano, en su finitud, puede avanzar hasta un límite todavía no determinado en el conocimiento científico de aquellos segmentos o partes de lo infinito que puedan ser observados y/o manipulados técnicamente.
La ciencia y la técnica modernas al servicio del conocimiento 14 En este artículo no tratamos de la política democrática que plantea Spinoza, primero en el Tratado Teológico Político (1670) y por último en el Tratado Político (póstumo), sino de la vía inmanente de conocimiento general que se desarrolla en tres géneros, siendo el segundo género, como género de las nociones comunes, el que corresponde al estado democrático.
verdadero de las propiedades de las cosas. Este conocimiento epistemológico del modo siempre será limitado al respecto de la infinitud de la sustancia, pero impedirá la confusión y el extravío del modo. La “ciencia intuitiva” del Tercer Género encontrará su fundamento en las demostraciones objetivas y universales de la ciencia epistemológica del Segundo Género. La mente humana, en su duración como modo, podrá “intuir” la eternidad de la sustancia sólo una vez superada la falsa explicación mítica y antropocéntrica del universo.15 Esta “intuición” del modo acerca de la sustancia eterna será resultado de la máxima potencia y libertad del conatus o esfuerzo cualitativo del propio ser en el tiempo finito de su duración.
La física actual, en virtud, paradójicamente, de su espectacular avance científico y tecnológico, reconoce con absoluta humildad que “nuestro límite observable es limitado”.16 Ahora mismo, todo aquel segmento del universo natura naturata que podemos observar directamente mediante los más potentes telescopios y las más sofisticadas tecnologías sólo alcanza el 5% de lo que consideramos susceptible de ser conocido epistemológicamente, el resto, un 95% del universo está formado por materia oscura, una cuarta parte, y por energía oscura, dos tercios. De un lado, materia visible, extensa, directamente reconocible, una pequeña parte del universo conocido; de otro lado, materia y 15 “El esfuerzo o deseo de conocer las cosas con el tercer género de conocimiento no puede surgir del primero, pero sí del segundo género de conocimiento” (E V, 28).
16 Cf., Guido Tonelli, El nacimiento imperfecto de las cosas, Ed. Los libros del lince, Barcelona, 2017, p.32 energía oscura, la mayor parte de un universo por conocer; esos son los conceptos y objetivos básicos con los que se maneja la investigación física y la física teórica en la actualidad.
El 15 de julio de 1676, cuando le quedaban tan sólo unos meses de vida, Spinoza escribe a E. W.von Tschirnhaus, diciendo: En cuanto a lo que usted me pide, si del solo concepto de la extensión se puede demostrar a priori la diversidad de las cosas, creo haber demostrado ya con suficiente claridad que eso es imposible, y que, por lo mismo, la materia es mal definida por Descartes por medio de la extensión, y que, por el contrario, debe ser explicada necesariamente por medio de un atributo que exprese la esencia eterna e infinita. Pero quizá un día, si tengo vida suficiente, trate con usted más claramente de estas cosas, ya que hasta el momento no he tenido la oportunidad de ordenar nada al respecto. 17 Por esas fechas, Spinoza ya había terminado la redacción de la Ética y formulado el Tercer Género de Conocimiento de la Parte Quinta, que implica una facultad intuitiva de la mente humana. Esta facultad en ningún caso puede ser considerada como trascendente o emanada de ningún poder superior, sino ligada al progreso material e inmanente de conocimiento de la mente como modo finito, pero no extenso, de la sustancia infinita expresada en el atributo del Pensamiento. Spinoza era consciente del problema: dar con 17 Spinoza, Correspondencia, B. d. S. a E. Walther von Tschirnhaus, La Haya, 15 de julio de 1676, Carta 83, Alianza Editorial, Madrid, 1988.
un concepto de materia no extensa del modo, que explique una mente (mens) que participa de la materialidad global de la sustancia, dejando atrás, como idea inadecuada, la espiritualidad trascendente del alma (anima). Obviamente, Spinoza no disponía en su época de los medios tecnológicos necesarios para emprender una búsqueda semejante. Pero su solo propósito anticipa la tarea actual de repensar la noción de metafísica desde unas coordenadas inclusivas de una materialidad no extensa que recorre natura naturata la complejidad de nuestro universo.
Conocer nuestro universo complejo propicia la conjetura sobre otros universos posibles, aquello que se ha dado en llamar multiverso. Nuestro mayor conocimiento natura naturata nos sitúa ante la paradoja de pensar lo universalmente infinito, y por tanto incognoscible, desde la finitud del universo conocido. “Todo el universo que nosotros podemos observar es finito, y comenzó con el Big Bang hace unos catorce mil millones de años.”18 Es decir, que sólo está a nuestro alcance la observación de objetos a menos de catorce mil millones de años luz; ese es nuestro “horizonte cósmico”, la finitud cognoscible natura naturata respecto a la infinitud natura naturans de la sustancia.
Spinoza fabricaba con sus manos lentes de aumento para telescopios y microscopios, instrumentos de observación científica del macrocosmos y del microcosmos. Es el comienzo mismo de la ciencia moderna por la vía tecnológica. Sin embargo, la totalidad del cosmos sólo podía ser objeto de especulación científica a partir de unas observaciones elementales e inconexas. Y así hasta llegar a nuestra época más reciente, cuando instrumentos tan sofisticados como las nuevas generaciones de super-telescopios o el acelerador de partículas LHC posibilitan una visión integrada de ese conjunto natura naturata que podemos llegar a conocer.19 Ahora mismo, la astrofísica y la física cuántica se complementan en el conocimiento global de nuestro universo. Particularmente, el reciente descubrimiento de la partícula conocida como Bosón de Higgs nos puede conducir en dirección a posibles descubrimientos ulteriores, como el porqué de la prevalencia de la materia sobre la antimateria en el inicio del Big Bang, el origen inflacionario de la 18 Margherita Hack, Mi infinito. Dios, la vida y el universo: reflexiones de una científica atea, RBA, Barcelona, 2012, p.149; Guido Tonelli, op. cit.
19 G. Tonelli, ibid., pp.285 y ss. “Durante las próximas décadas, si combinamos la investigación directa y la indirecta en los aceleradores, los laboratorios subterráneos y los satélites, no quedará un lugar en el universo donde la materia oscura pueda esconderse a nuestras observaciones; no es difícil conjeturar que antes de la primera mitad del siglo alguien encontrará una explicación convincente a este misterio, uno de los más intrigantes de la naturaleza” (p. 288).
expansión cósmica o la explicación de la energía oscura.20 Pero, sobre todo, nos sitúa ante la posibilidad de otros universos originados igualmente “desde la nada”, entrañando en sí mismos sus propias causas.21 Estas causas natura naturata son, además, susceptibles de “sutiles imperfecciones” como demuestra la “leve preferencia del Bosón de Higgs por acoplarse con la materia en lugar de con la antimateria para que se constituyera el universo tal y como lo conocemos". 22 En definitiva, puede decirse que hoy en día estamos actualizando la perspectiva metafísica del spinozismo en cuanto aspiramos a conocer como modo humano aquello que nos es dado natura naturata en toda su complejidad material, extensa y visible, pero también invisible y oscura; que obedece a leyes conocidas, pero también a otras leyes que ignoramos; un “principio de incertidumbre”23 20 Ibid., pp. 277 y ss.
23 En este contexto, el “principio de incertidumbre” de Heisenberg se menciona en un sentido general, no sólo relativo a la sorprendente materia subatómica que aborda la física cuántica desde finales del siglo XIX, sino también a las “futuras sorpresas” que nos tiene reservada la materia en su conjunto. Cf., Heisenberg, El principio de incertidumbre, RBA, Barcelona, 2012.
en ningún caso resultado de algún misterio sobrenatural sólo asumible desde la fe religiosa, sino consecuencia natural del “hiato metafísico”
que nos separa epistemológicamente de lo infinito natura naturans de la sustancia.24 III En medio de la “natural incertidumbre” por lo desconocido natura naturans y de una certeza sólo relativa y limitada natura naturata, el objetivo práctico al que se dirige la Ética desde el principio, la felicidad suprema de la mente humana se plantea finalmente en la Quinta Parte desde tres condiciones antropológicas que han venido caracterizando al modo. Primera, la mente viene ligada al cuerpo, de forma que el cuerpo es en realidad “el objeto de la idea que constituye la mente humana”, y de esa manera “la existencia presente de nuestra mente sólo depende de que la mente implica la existencia actual de 24 Con absoluta “naturalidad” asumía Spinoza todo aquello que parecía misterioso y sobrenatural; en una de sus cartas a Hugo Boxel, declara: “Dificilísimamente se colige de una experiencia que existan espectros, sino que se infiere que existe algo que nadie sabe lo que es. Y si los filósofos quieren llamar espectros a las cosas que ignoramos, no los negaré, pues hay infinitas cosas que se me ocultan”. Y en la siguiente carta: “Cuando usted dice que los espectros y duendes de aquí abajo (sigo su forma de hablar, aunque ignoro que la materia de aquí abajo sea de menor valor que la de arriba) constan de una sustancia tenuísima, rarísima y sutilísima, parece hablar de telas de araña, de aire o de vapores. Decir que son invisibles equivale a decir, a mi juicio, qué no son, no qué son […]”. B. d. S. a Hugo Boxel, La Haya, octubre-noviembre 1674. En otra de sus cartas Spinoza se dirige al joven Albert Burgh, recién convertido al catolicismo, diciéndole: “Deje de llamar misterios a los errores absurdos ni confunda torpemente las cosas que nos son desconocidas o que aún no hemos descubierto con aquellas que se demuestra que son absurdas”. B. d. S. a Albert Burg, La Haya, hacia final de 1675 o principio de 1676. Cf., Spinoza, Correspondencia, Cartas 52, 56 y 76, Alianza Editorial, Madrid, 1988, (negritas, mías).
25 Cf., E II, 13; E II, 13, esc.; E II, 8; esc.; E III, 11, esc.
26 A lo largo de la Ética, Spinoza se refirió en cuatro ocasiones al cerebro humano como órgano rector de la conducta (EIAP; EII40ESC; EII48ESC., EVPROL). Y en su mencionada carta a Robert Burgh dice: “Me pregunta usted nuestro cuerpo”.25 Segunda, la mente y el cuerpo efectúan su determinación mutua en el interior del cerebro. Y tercera, lo anterior se sustancia en el seno de una especie social por naturaleza, como es el modo humano, donde la relación de una mente con su cuerpo se lleva a cabo en conexión necesaria con otros cuerpos y otras mentes de la misma especie. Mientras redactaba la Ética, Spinoza era plenamente consciente de la importancia del cerebro como depositario de la mente y de la conexión de esta última con el propio cuerpo26; hasta el punto de dar por cierta, pero aún no explicada, una intrincada materia cerebral no reductible a la incongruente simplificación dualista de Descartes, que conducía a la “oscura” y extravagante hipótesis de la “glándula pineal” como sede del “alma” (anima), una hipótesis nada “clara y distinta” sobre la que ironiza Spinoza en el Prólogo a la Quinta Parte27. Por aquel cómo sé eso, le contestaré que del mismo modo que sabe usted que los tres ángulos de un triángulo son iguales a dos rectos; y que con esto basta, no lo negará nadie que tenga el cerebro sano y no sueñe en espíritus inmundos”.
27 “Descartes […] afirma que el alma (anima) está principalmente unida a cierta parte del cerebro, a saber, a la llamada glándula pineal, con cuya ayuda el alma siente todos los movimientos excitados en el cuerpo, así como los objetos externos, y que el alma, con sólo querer, puede moverla de diversas maneras […] No puedo, en efecto, admirar bastante que: un varón filósofo, que había establecido firmemente no deducir nada sino de principios evidentes por sí mismos, y no afirmar nada, a menos que lo percibiera clara y distintamente; y que habría reprochado tantas veces a los escolásticos haber querido explicar las cosas oscuras por cualidades ocultas; haga suya una hipótesis más oculta que toda cualidad oculta. ¿Qué entiende, pregunto, por unión del alma (anima) y del cuerpo?”. Hoy sabemos que la glándula pineal, una glándula de unos 5 mm de diámetro, atribuida erróneamente por Descartes en exclusividad al cerebro humano, segrega una hormona, la melatonina, que cumple la entonces, Spinoza no podía siquiera imaginar la complejidad del sistema neuronal del cerebro humano, pero, a diferencia de Descartes, no se deja llevar por ningún tipo de prejuicio, ni pretenciosamente epistemológico, ni religioso-espiritualista: lo que aún no era conocido debía aceptarse, de manera natural, como una materia todavía por conocer. Concretamente, quedaba pendiente de mayor conocimiento todo aquello referido a una mente que, ligada al cuerpo, forma parte del atributo universal del pensamiento, pero a sabiendas de que es en el cerebro donde reside la facultad humana de la razón.
En el Apéndice de la Cuarta Parte, Spinoza concluye acerca de la condición social de la especie humana y los vínculos de mayor potencia, razón y amistad que de ello se deriva: “No puede suceder que el hombre no sea una parte de la naturaleza y que no siga función de regular los ciclos de vigilia y sueño. Esa es, lisa y llanamente, su función fisiológica. Ahora bien, en esta falsa hipótesis se pone de manifiesto un doble prejuicio cartesiano o síndrome epistémico-espiritualista: ¿Por qué o para qué necesitaba el alma, espiritual por definición, un soporte fisiológico en el cuerpo humano? Descarte pretendía encontrar a Dios localizando la sede de su mayor creación, el alma humana, y, a la vez, conseguir explicar su orden común. Pero, si se mueve entre aquellos individuos que concuerdan con su naturaleza, la potencia del hombre será por ello mismo ayudada y fomentada […]” Pues: “Nada puede concordar más con la naturaleza de una cosa que los demás individuos de la misma especie. Y por tanto […] no se da nada que sea más útil al hombre para conservar su ser y gozar de una vida racional, que el hombre que se guía por la razón […]” De esta forma: “A los hombres les es útil, antes que nada, establecer relaciones entre ellos y ligarse con los vínculos más aptos para que de todos ellos se hagan uno; y, en general, hacer cuanto les sirva para afianzar las amistades”.28 Ya en unas proposiciones anteriores, Spinoza ha dejado establecidas las bases antropológicas del concepto de lo bueno y de la virtud ligadas a la propia naturaleza del individuo: “En cuanto que una cosa concuerda con nuestra naturaleza, es necesariamente buena” […] Nada, pues, puede ser bueno sino en cuanto que concuerda con nuestra naturaleza; y por tanto, cuanto más concuerda una cosa con nuestra naturaleza, más útil es […]” La razón forma parte de nuestra naturaleza. Por ello, “sólo en cuanto que los hombres viven bajo la guía de la razón concuerdan siempre y necesariamente en naturaleza […] De ese modo, “Cuanto más busca cada uno de los hombres lo que a él le es útil, tanto más útiles son los unos para cuanto antes y por todos los medios todo aquello que aún resultase desconocido epistemológicamente.
Por el contrario, Spinoza, sin precipitación ni prejuicios, aceptaba, en cambio, una complejidad no resuelta del cerebro humano, donde debían confluir la mente (pensamiento) y el cuerpo (extensión).
28 Cf., E IV, Ap. Cap.7; E IV, Ap. Cap. 9; E IV, Ap. Cap. 12. los otros; pues, cuanto más busca cada uno lo que le es útil y se esfuerza en conservarse, más dotado está de virtud […] Se dan fuera de nosotros muchas cosas que nos son útiles y que, por tanto, deben ser apetecidas. Ninguna de ellas puede ser considerada más digna que aquellas que concuerdan totalmente con nuestra naturaleza […] Nada hay, pues, más útil para el hombre que el hombre […] De donde se sigue que los hombres que se rigen por la razón [...] no apetecen nada para sí mismos que no lo deseen también para los demás, y que, por tanto, son justos, fieles y honestos”.
Lo bueno y la virtud coinciden de esta forma con la utilidad antropológica de la cooperación entre miembros de la misma especie. No hay mandato “externo” que cumplir para la práctica ética de lo bueno y la virtud, sino conveniencia mutua dada la común 29 Cf., sucesión de citas anteriores: E IV, 18, esc.; E IV, 31; E IV, 31, cor; E IV, 35; E IV, 35, cor. 2; E IV, 35, esc.; E IV, 36; E IV, 36, dem.; E IV, 36, esc.
pertenencia a la especie, de una especie en busca de su particular auto-conservación. El hombre es un animal social [y] con la ayuda mutua […] pueden procurarse mucho más fácilmente las cosas que necesitan y que sólo uniendo sus fuerzas pueden evitar los peligros que por todas partes les acechan […] El sumo bien de quienes persiguen la virtud es común a todos, y todos pueden gozar igualmente de él [porque] puede ser igualmente poseído por todos los hombres, en cuanto que son de la misma naturaleza […] Ciertamente, la historia de la humanidad, todavía hoy, parece apuntar a lo contrario de esta unión de la especie en torno a un bien común aprobado por la razón. Sin embargo, este objetivo se basa en una certeza ontológica, necesariamente verdadera. No de un accidente, sino de la misma naturaleza de la razón procede que el sumo bien del hombre sea común a todos, a saber, porque se deduce de la misma esencia humana, en cuanto que se define por la razón; y porque el hombre no podría ni ser ni ser concebido, si no tuviera la potestad de gozar de este sumo bien […] 29 De cara al futuro, esta verdad ontológica sostiene todo el curso inmanente de la ética. Como miembro de una especie social por naturaleza, cada individuo singular “suma potencia” en la cooperación con otros miembros de la misma especie. La “alegría” que le une con los demás siempre se impondrá, ontológicamente, a la “tristeza” que separa y divide, que resta, disminuye potencia. 30 Aunque aún no disponía de los medios para demostrarlo, Spinoza ya contaba con que este proceso de conexión positiva entre el propio cuerpo y la propia mente vinculado a otros cuerpos y mentes, debe suceder en el interior de un “cerebro sano”, un cerebro que requiere de un necesario equilibrio psico-somático. Confirmando la perspectiva spinozista, la ética del futuro seguirá unas pautas adecuadas a la condición natural y social del ser humano; pautas relativas a las conexiones entre capacidad de razón, emociones y sentimientos; la necesaria información cultural y simbólica de que se nutre el cerebro desde el exterior social: un exocerebro; o el conocimiento científico y neurológico del fenómeno moral que inaugura una nueva disciplina como la neuroética.31 En definitiva, todo un programa futuro de “naturalización” de la teoría ética, que revalida el principio de que la razón forma parte de nuestra naturaleza.
IV La ética sigue un cauce inmanente y natural. En términos actuales, la creencia en la existencia de un Dios creador, sobrenatural y 30 “El deseo que surge de la alegría, en igualdad de circunstancias, es más fuerte que el deseo que surge de la tristeza” (E IV, 18.)
31 Aludimos a unas actuales líneas de investigación. Cf., Antonio Damasio, En busca de Spinoza. Neurobiología de la emoción y los sentimientos, Crítica, Barcelona, 2005; Roger Bartra, Antropología del cerebro. Conciencia, cultura y libre albedrío, Pre-Textos, Valencia, 2014; Katherine Evers, Neuroética. Cuando la materia se despierta, Katz, Barcelona, 2011.
32 Frente a la visión kantiana de que “sólo la existencia de Dios da sentido último a la ética”, pero también a su contraria, la deriva nietzschiana de que “si Dios ha muerto, todo está permitido”, Spinoza funda su ética en la naturaleza positiva y necesaria de lo bueno. El Dios creador, trascendente hace tiempo que dejó de ser necesaria para la ética. El fundamento de “lo bueno” se encuentra en la propia naturaleza del modo humano.32 Nosotros no nos esforzamos, queremos, apetecemos ni deseamos algo porque juzgamos que es bueno, sino que, por el contrario, juzgamos que algo es bueno, porque nos esforzamos por ello, lo queremos, apetecemos y deseamos.33 Pero no vale que lo bueno sea aquello que deseamos indiscriminadamente, sino aquello que deseamos porque nos proporciona una “alegría” que aumenta nuestra potencia.
El bien se relaciona con la alegría y la suma de potencia con los demás seres de la misma especie, todo lo contrario de la “tristeza”.
Por bien entiendo aquí todo género de alegría, y […] cuanto conduce a ella […] Por mal, en cambio, todo género de tristeza.34 El deseo de lo bueno es producto de la toma de conciencia inmanente que experimentamos tras ser afectados en la práctica positiva de la alegría.
así como el alma inmortal que va en su busca, nada significa para la ética de la inmanencia: “La felicidad no es el premio de la virtud, sino la virtud misma” (E V, 42). No carecemos, sin embargo, de una norma: es la propia utilidad de la vida. Se evita así el absurdo de que “si uno, por no creer que pueda nutrir por siempre su cuerpo con buenos alimentos, prefiera saciarse con venenos y sustancia letales; o si por ver que el alma no es eterna, o sea, inmortal, prefiere ser demente o vivir sin razón. Todo lo cual es tan absurdo que apenas merece ser mencionado” (EV41ESC.)
El conocimiento del bien y del mal no es otra cosa que el afecto de alegría o de tristeza, en cuanto que somos conscientes de él.35 La naturaleza del modo humano, el conatus que busca su auto-conservación como especie desde un falso primer género de conocimiento hasta alcanzar un segundo y un tercer géneros verdaderos, no está determinada de antemano, será resultado de un proceso de menor a mayor potencia. Se trata, por tanto, de una naturaleza abierta cuya potencia última está siempre por alcanzar en el tiempo de duración de la especie, en general, y de sus miembros, en particular. El bien a perseguir, a diferencia del mal, coincidirá entonces con la mejor naturaleza del modo, que viene dada por su propia experiencia inmanente.
Por bien entenderé, pues, en lo que sigue, aquello que sabemos con certeza que es un medio para acercarnos cada vez más al modelo de naturaleza humana que nos proponemos. Por mal, en cambio, aquello que sabemos con certeza que [lo] impide.36 Dentro de la especie, las pasiones “tristes” que nos separan de los demás nunca pueden ser buenas porque disminuyen nuestra potencia. El mal no es incumplimiento de ningún mandato externo, sino menoscabo de la propia utilidad inmanente cuya máxima expresión es el otro miembro de la especie. 35 Cf., E IV, 8.
38 Ya desde la Segunda Parte, Spinoza anunciaba: “Digo expresamente que la mente no tiene un conocimiento adecuado de sí misma, ni de su cuerpo, ni de los cuerpos Por eso, “el odio nunca puede ser bueno”, y cuando nos esforzamos en destruir al otro ser humano “nos esforzamos en algo que es malo”, y lo es en cuanto participamos de la misma naturaleza específica: “Adviértase que aquí, y en lo que sigue, sólo entiendo por odio el que se dirige a los hombres”. Y por extensión, todas aquellas pasiones tristes que nos separan de los demás miembros de la especie, “la envidia, la irrisión, el desprecio, la ira, la venganza y los demás afectos que se refieren al odio o surgen de él, son malos […]”37 En cambio, las pasiones “alegres” que nos unen a los demás son siempre buenas porque desde el inicio aumentan nuestra potencia. Si bien, dada nuestra potencia específica todavía no cerrada, el curso inmanente de la “alegría” no se agota en afectos que son pasiones, producto del “choque fortuito (y externo) de las cosas”38, y permite emprender “internamente” la búsqueda consciente y exteriores […] siempre que es determinada externamente por el choque fortuito de las cosas [y no ocurre así] siempre que es determinada internamente, a saber, porque contempla muchas cosas a la vez, a entender sus concordancias, diferencias y oposiciones. Pues siempre que es dispuesta internamente de una u otra manera, contempla las cosas clara y distintamente, como mostraré más adelante”, cf., EII 29, esc.
voluntaria hacia una mayor potencia lograda mediante la “acción racional”. Así, a nivel de las pasiones y del choque fortuito de las cosas, “el deseo que surge de la alegría […] se refiere a una o a varias partes del cuerpo, pero no a todas, no tiene en cuenta la utilidad de todo el hombre”39.
Frente a la parcialidad e inmediatez de las pasiones alegres, las acciones racionales se dirigen al “futuro” y persiguen el objetivo de una “salud total”.
Dado, pues, que la alegría se refiere casi siempre […] a una parte del cuerpo, es frecuente que deseemos conservar nuestro ser, sin que tengamos para nada en cuenta nuestra salud total. A lo cual se añade que los deseos que más nos dominan sólo tienen en cuenta el tiempo presente y no el futuro.40 La razón forma parte esencial de nuestra naturaleza. Por ello, “el deseo que surge de la razón […] que se genera en nosotros en cuanto que actuamos, es la misma esencia del hombre”. Cuando actuamos conscientemente, nuestros afectos no se detienen en la inmediatez del presente, sino que se abren al futuro y se ligan con el pasado. “En cuanto la mente concibe las cosas según el dictamen de la razón, es igualmente afectada por la idea de una cosa futura o pasada que por la de una presente”.41 Acción racional, tiempo presente abierto al futuro, pero ligado al pasado, demanda de 39 Cf., E IV, 60.
salud total, equilibrio psicosomático del cuerpo y de la mente, todo ello constituye un proceso interno del cerebro humano, cuyas bases antropológicas relativas al modo y su duración se encuentran planteadas en esta ética de la inmanencia.
V Propiamente, Spinoza expone el contenido del Tercer Género de Conocimiento a partir de la Proposición 21 de la Quinta Parte. “Ya es, pues, tiempo de pasar a las cosas que pertenecen a la duración de la mente sin relación con el cuerpo”, se anuncia al final del Escolio de la Proposición 20. La expresión “duración de la mente” hubiera debido servir para alejar toda duda respecto al significado material e inmanente, no espiritualista, de este Tercer Género de Conocimiento puesto al alcance del modo finito. Significado que se hace inmediatamente explícito en la misma Proposición 21: “La mente no puede imaginar nada ni recordar las cosas pasadas sino mientras dura el cuerpo”; que viene antecedida por aquellas otras afirmaciones de la Tercera Parte: “la existencia presente de nuestra mente sólo depende de que la mente implica la existencia actual de nuestro cuerpo […] De lo cual se sigue que la existencia presente de la mente y su potencia de imaginar se suprime tan pronto como la mente deja de afirmar la existencia presente del cuerpo”.42 Sin embargo, es la Proposición 23, con su mención a la “eternidad” (ya no sólo a la “duración”)
la que, en su aparente 41 Cf., E IV, 61, dem.; E IV, 62.
contradicción semántica, ha venido provocando hasta fecha reciente algunas interpretaciones infundadas.
“La mente humana (dice ahí Spinoza) no puede ser totalmente destruida con el cuerpo, sino que permanece algo de ella que es eterno”.43 Para un lector poco avisado, la contradicción parece evidente. Se trata, en cambio, de un déficit interpretativo totalmente descontextualizado que nunca debió llegar a mayores y requiere ser aclarado hermenéuticamente. Pues lo cierto es que Spinoza nunca quiso defender, algo absurdo por definición, aquello que denunció radicalmente durante su vida y que da sentido a toda su reflexión ética, a saber, la falsa existencia futura de un “alma inmortal”. Muy al contrario, se propuso dar con unos recursos “autosuficientes” de la mente humana para librar a esta de los efectos “de-potenciadores” de aquella idea inadecuada de inmortalidad del alma, con el objetivo práctico de lograr, sin menoscabo alguno, la mayor potencia “en vida” del cuerpo y de la mente. ¿De dónde entonces el origen de esa confusión entre visiones antagónicas? Quizás deba buscarse en la “excesiva proximidad” de la expresión con lo eterno que comporta la propia idea de la muerte, que veremos al final.
En todo caso, en el contexto de la Ética, la clave explicativa de la perspectiva inmanente de lo eterno se encuentra en la materia sensible del cuerpo humano, cuerpo del que Spinoza ya había reconocido su potencia abierta, todavía no clausurada: “Nadie, en 43 Cf., E V, 23.
efecto, ha determinado por ahora qué puede el cuerpo”.44 Porque lo cierto es que el cuerpo suma potencia necesaria con la mente: Digo esto en general: cuanto más apto es un cuerpo para hacer o padecer más cosas a la vez, más apta que las demás es su mente para percibir a la vez más cosas.45 Aclarado esto, el contenido del Tercer Género es el resultado final de esa mayor posibilidad del cuerpo de acuerdo con su mente: Puesto que los cuerpos humanos son aptos para muchísimas cosas, no hay duda que pueden ser de tal naturaleza que se refieran a mentes que tienen un gran conocimiento de sí mismas […] y cuya parte mayor o principal es eterna, y que por tanto, apenas temen a la muerte.46 No hay un alma inmortal que recuerde la existencia anterior del cuerpo, sino una mente que en virtud del mayor desarrollo sensitivo del cuerpo es capaz de concebir la “esencia” del cuerpo fuera de su tiempo o de su duración concreta.
Aunque no recordemos que hemos existido antes del cuerpo, sentimos, no obstante, que nuestra mente, en cuanto que implica la esencia del cuerpo bajo una especie de eternidad, es eterna y que esta existencia suya no se puede definir por el tiempo o explicar por la duración […] 45 Cf., E II, 13, esc.
Todo lo que la mente entiende bajo una especie de eternidad no lo entiende porque concibe la existencia actual y presente del cuerpo, sino porque concibe la esencia del cuerpo bajo una especie de eternidad.47 En vida del cuerpo, de un cuerpo “apto para muchísimas cosas”, la mente formula la idea sub specie aeternitatis. No es que la mente se separe en un punto de la materia que es el cuerpo, sino que la materia abierta que compone el cuerpo más la mente hace posible a esta última acceder a una idea de lo eterno que “emancipa al modo” de su propia duración mediante un conocimiento superior capaz de “intuir la sustancia”. El modo humano no requiere de ninguna idea inadecuada como la inmortalidad del alma para hacer frente al final de la duración. El Tercer Género de Conocimiento, o “Ciencia Intuitiva”, precisamente por responder a la superior idea adecuada de la pertenencia del modo en su duración finita y contingente a la sustancia necesaria, infinita y eterna, supone la 47 Cf., E V, 23, esc.; E V, 29.
48 Cf., E V, 27, dem. La acquiescentia spinoziana implica un deseable estado de salud psicosomática en el cerebro humano, motivo de investigación neurológica en la actualidad, que guarda relación con nuestra sorprendente capacidad para la representación en la mente de una cierta verdadera salvación de la mente, su “felicidad suprema”, que queda formulada ahora, tras un recorrido inmanente de mayor alegría y potencia desde la experiencia de un cuerpo apto para muchísimas cosas, como acquiescentia, que es una suerte de superior “quietud” o “tranquilidad” de la mente humana.
De este tercer género de conocimiento nace la mayor tranquilidad de la mente que pueda darse […] quien conoce las cosas con este género de conocimiento pasa a la suprema perfección humana y, por tanto […] es afectado por la suma alegría, acompañada, además […] por la idea de sí mismo y de su virtud.48 Venimos de un segundo género “racional” de conocimiento, género de las nociones comunes universales. Objetivo de casi toda filosofía en términos de bienes generales logrados por la razón humana. Para Spinoza, sin embargo, queda aún por recorrer un tramo final, un tercer acto de potencia en vida del cuerpo y de la mente. Un último esfuerzo “biográfico” que supere toda idea inadecuada de salvación tras la muerte y asuma la salvación en vida desde el conocimiento sub specie aeternitatis. Se trata de superar toda interrupción o delegación de potencia posible desde el temor a la muerte o final de la duración. La razón, en términos universales e ideas adecuadas de progreso del modo, es, en “realidad virtual” satisfactoria. Sobre ello, nuestro trabajo “Intuición de la sustancia - antropología del modo”, Congreso Internacional Spinoza y la Antropología en la Modernidad, celebrado en Ciudad Real, septiembre-octubre 2015, Ed. OLMS, Hildensheim-Zürich, en prensa.
efecto, condición necesaria: “El esfuerzo o deseo de conocer las cosas con el tercer género de conocimiento no puede surgir del primero, aunque sí del segundo género de conocimiento” (E V, 28). Pero sucede que la muerte es momento final de la propia duración en vida del cuerpo y de la mente. Por tanto corresponde al ser propio asumir su superación en vida desde el recorrido biográfico de un cuerpo apto para muchísimas cosas y de una mente que, en consecuencia, puede acceder a la superior idea sub specie aeternitatis.
Así, el Tercer Género de Conocimiento de la Quinta Parte significa el cumplimiento del objetivo final de aquella reflexión anunciada por Spinoza desde la Parte Cuarta: “El hombre libre en ninguna cosa piensa menos que en la muerte, y su sabiduría no es meditación de la muerte, sino de la vida”.49 Conocer las cosas sub specie aeternitatis implica una especie de “solidaridad” que asume el modo humano en su duración biográfica y particular con respecto a las otras “cosas singulares y próximas”, no ya sólo universales o abstractas, con las que comparte la experiencia inmanente de estar en el mundo.
La acquiescentia procura esa tranquilidad de ánimo en la mente precisamente por esa solidaridad última entre el sujeto y su propio mundo finito que le hace “sentirse” partícipe de lo infinito y eterno.
49 Cf., E IV, 67. Y, antes, en el último capítulo del Apéndice de esta Parte Cuarta: “Si entendemos [todo esto] clara y distintamente, aquella parte nuestra que se define por la inteligencia, esto es, nuestra mejor parte, descansará plenamente en ello y se esforzará en permanecer en esa quietud (acquiescentia). Pues, en cuanto que entendemos, no podemos apetecer sino lo que es necesario, ni descansar en absoluto sino en lo verdadero. Por consiguiente, en la El Tercer Género de Conocimiento es una superior apuesta inmanente del conatus individual, que culmina una obra expuesta según el orden geométrico acerca del modo humano y su duración relativa a la eternidad de la sustancia. Pero, como toda apuesta, a pesar de sus fundamentos, nada asegura su pleno resultado (de ahí la cautela de expresiones como: “apenas temen la muerte” o“menos teme a la muerte”).50 Y por eso, la prudencia de Spinoza al final de su último escolio.
El sabio […] consciente de sí mismo y de Dios y de las cosas con cierta necesidad eterna [...] goza siempre de la verdadera tranquilidad de ánimo. Y, si el camino que he demostrado que conduce aquí, parece sumamente difícil, puede, no obstante, ser hallado. Difícil sin duda tiene que ser lo que tan rara vez se halla. Pues, ¿cómo podría suceder que, si la salvación estuviera al alcance de la mano y pudiera ser encontrada sin gran esfuerzo, fuera por casi todos despreciada? Pero todo lo excelso es tan difícil como raro.51 Esta misma “rareza” de la apuesta ética contra el miedo a la muerte y la duración del modo humano es la que explica y da sentido finalmente a esa singularidad sub specie aeternitatis de la Parte Quinta con que culmina Spinoza su obra.
medida en que entendemos correctamente estas cosas, el conatus de la mejor parte de nuestro ser concuerda con el orden de toda la naturaleza” (E IV, Ap. Cap. 32).
Filosofía y Humanidades
Un masón por los árboles de la educación
Por Eduardo Montagut
En estos tiempos en los que vemos arder miles de árboles en los montes españoles y de otros países aportamos una reseña sobre lo que pensaba un masón español en los años treinta a favor de los árboles en la educación primaria.
Así es, Francisco de la Mata fue un destacado masón en el Madrid de la Segunda República, dedicado a la educación. En el Boletín del Grande Oriente Español, en dos números del otoño de 1932, dada la importancia que la República daba a la educación, exhortó a los masones a preocuparse de esta materia tan importante, y escribió un artículo al respecto, con el título “La educación del niño”. En el mismo hacía un canto a una nueva educación, más libre, más humana, donde el niño fuera el protagonista, y donde la naturaleza estuviera siempre presente. Y eso es lo que nos trae aquí, como indica el título de nuestro trabajo. Será solamente un breve apunte, pero, a buen seguro, intenso.
De la Mata reflexionaba sobre la educación recibida en su infancia. Educado en la ciudad su escuela estaba situada en un piso de una céntrica calle, algo muy común en la historia escolar urbana contemporánea española hasta hace relativamente poco en términos históricos. Confesaba que no había visto jamás un árbol. Se había criado en un mundo donde no existían. Pero, en contrapartida, él veía desde su despacho a sus alumnos en el jardín Eduardo Montagut opatio de la escuela, a los que consideraba maestros en el arte de utilizar un árbol para coger sus frutos, para reposar en él, para sus juegos, para ejercitar su destreza y, claro está, “para romper pantalones”.
Por eso defendía que un factor fundamental en la educación era conseguir que los árboles constituyesen un hecho fundamental en la escuela, y no solamente por su fundamental misión como “generadores de clorofila ni como agentes de absorción del carbono”, sino como lo que el denominó “árboles vivientes”.
El objetivo era armonizar la vida de los hombres con todo lo creado. Era el mejor homenaje que se podía rendir a la naturaleza. Podemos acercarnos al artículo en los números de septiembre y octubre de 1932 del Boletín del Grande Oriente Español.
La Masonería universal trasciende fronteras, idiomas y culturas.
Une a hombres comprometidos con el conocimiento, la fraternidad y el perfeccionamiento moral. En esta sección recorremos tradiciones, símbolos y enseñanzas compartidas por logias de distintos continentes. Veremos también cómo los principios masónicos se adaptan y florecen en contextos sociales y espirituales diversos.
Masonería Universal
Valle de México: cuna del Escocismo
Por Omar Contreras / Enrique Vasconcelos
En este artículo se encuentra plasmado el origen y la historia del escocismo, su llegada a la América continental y el nacimiento e historia de la Gran Logia “Valle de México” del Rito Escocés Antiguo y Aceptado. Explica como la Gran Logia Valle de México se convirtió en cuna del escocismo en México, la más grande de habla hispana y la que conserva su legitimidad, reconocimiento y regularidad desde el origen. En más de 163 años de existencia, la Gran Logia Valle de México se ha consolidado como una fuerza esencial en la historia de la masonería nacional. Hoy es reconocida como la logia escocista más grande de habla hispana en el mundo, con más de quince mil hermanos activos distribuidos en cuatrocientas treinta y cuatro logias a lo largo y ancho de la República Mexicana.
Origen del escocismo: ruptura con Inglaterra.
El Rito Escocés Antiguo y Aceptado, tan vasto como profundo, no nació en Escocia. Sin embargo, su nombre conserva la resonancia mítica de aquellas tierras, como un homenaje a los masones y pensadores escoceses que, con valentía, se levantaron contra la tiranía, desafiaron el absolutismo y defendieron con firmeza los principios de libertad e igualdad.
Hombres como William Wallace, que jamás se doblegaron ante la monarquía, resistieron desde los valles y las logias, y que aún hoy encarnan ese espíritu rebelde y fraterno que Omar Contreras Borbón Enrique Vasconcelos Jiménez define al Rito Escocés. En ellos germinó la semilla del pensamiento ilustrado del siglo XVIII.Podemos decir que el rito es hijo de Europa, pero también de las colonias americanas.
Uno de los personajes que marcaron su historia fue Philip Wharton, Duque de Wharton, cuya vida breve estuvo llena de controversias. Durante su exilio recorrió el continente europeo y las Trece Colonias británicas en América. Ese peregrinaje le otorgó una mirada crítica, radical y libre. No se distinguió por méritos masónicos convencionales, pero sí por ser un espíritu provocador: mujeriego, irreverente, jugador empedernido y rebelde tanto por instinto como por convicción.
Retrato de Philip Wharton Rosalba Carriera (Royal Collection)
El 24 de junio de 1722 fue elegido sexto Gran Maestro de la Gran Logia de Londres. Bajo su firma se promulgaron las célebres Constituciones de Anderson de 1723 y fundó la primera logia en suelo extranjero, la French Arms No. 50, además de establecer en Francia la logia Tres Flores de Lis. Muy pronto advirtió las contradicciones entre los ideales masónicos y la práctica de quienes los proclamaban, pues bajo el discurso de fraternidad prevalecía la sumisión a la corona y la obediencia ciega a un monarca considerado superior al resto de los hombres. Aquello no era fraternidad, era jerarquía. Indignado ante tal incoherencia, Wharton eligió la rebeldía como su forma de lucha.
Rompió con el Rito de Emulación y en 1727 llegó a Francia, donde fue reconocido por las logias locales como su Gran Maestro. Desde allí comenzó a forjar una masonería independiente de la matriz británica, abrazando una forma más libre, progresista y racional. De esa ruptura nacería, en 1728, la Gran Logia de Francia. Con el paso del tiempo, el Rito Escocés fue tomando forma gracias a otros personajes clave. Uno de ellos fue Étienne Morin, iniciado en 1740. En 1744 viajó a las Antillas y, aun como prisionero en colonias británicas, continuó practicando la masonería. En 1761 recibió en París una patente del Consejo de los Emperadores del Oriente y Occidente que lo autorizaba a organizar el llamado Rito de Perfección, antecedente directo de los actuales grados filosóficos del Rito Escocés. Dicho sistema estaba compuesto originalmente por 25 grados.
Conocido también como Rito de Heredom, este llegó a Charleston, donde Frederick Dalcho y John Mitchell lo reorganizaron y expandieron hasta estructurarlo en los 33 grados que hoy conocemos. Así, en 1801 nació el primer Supremo Consejo del Grado 33.
El propósito del Rito Escocés y su llegada a la América española.
Podemos decir que la audacia de Wharton, al separar el rito del trono, y la visión de Morin, con su patente para el grado de perfección, confluyeron en la construcción de la masonería moderna y universal. Allí se consolidó una obediencia iniciática que reconoce al Gran Arquitecto del Universo, entendido como un universo mental, mutable y perfectible, libre de subordinación a la corona. Un rito que parte de la creencia de que todo lo existente puede ser interpretado, comprendido y transformado a través de la conciencia. Un rito vivo, en constante evolución.
El verdadero secreto del Rito Escocés es que no hay secreto. La verdad no se esconde en palabras cifradas ni en misterios inaccesibles: se revela en la propia experiencia, a través de la conciencia y de la razón. Por eso su carácter es esotérico, pues solo los iniciados pueden vivirlo plenamente. La divinidad, en esta visión, no se busca fuera de nosotros, sino que se alcanza mediante el pensamiento y la filantropía.
“El verdadero secreto del Rito Escocés es que no hay secreto.
La verdad no se esconde en palabras cifradas ni en misterios inaccesibles”
Mientras tanto, en Europa, la figura de Napoleón Bonaparte ascendía con rapidez. Las logias de los suburbios franceses, que deseaban mayor voz y protagonismo, vieron en él una oportunidad. Se rebelaron contra la autoridad de la Gran Logia de Francia, y Napoleón no tardó en brindarles respaldo. De esa alianza nació el Gran Oriente de Francia, cuya carta patente, paradójicamente, había sido otorgada por la propia Gran Logia. Sin embargo, cuando Napoleón se coronó emperador, utilizó a la masonería como un instrumento de obediencia, y el Gran Oriente terminó subordinado al poder imperial.
Tras la caída del imperio napoleónico, la Gran Logia de Francia recuperó su autonomía y se alzó de nuevo. En 1824 quedó consagrada como la única autoridad legítima del Rito Escocés Antiguo y Aceptado, con la potestad de otorgar regularidad a las logias en todo el mundo.
En el siglo XIX, el Rito Escocés comenzó a germinar también en tierras americanas. En 1833, en pleno corazón comercial de la Nueva Granada, en Cartagena de Indias, surgió el Gran Oriente y Supremo Consejo Neogranadino, que obtuvo el reconocimiento del Gran Oriente de Francia el 14 de agosto de 1851.
México no permaneció al margen. Desde 1777, grupos de masones ya practicaban discretamente la masonería en reuniones y solsticios, siempre con el temor de ser perseguidos. Esa semilla tomó forma cuando, el 1 de septiembre de 1861, se fundó la Logia Unión Fraternal, integrada tanto por extranjeros como por nacionales. Buscando su regularidad, estos hermanos, guiados por Pedro Abat de Oro, abordaron un barco y cruzaron el Caribe para presentar su solicitud al Supremo Consejo Neogranadino.
El 25 de diciembre de 1861, los masones de la Nueva Granada recibieron su petición y, tras un análisis riguroso, reconocieron que en México no existía en ese momento una autoridad masónica legítima -pues la logia que antes había funcionado en el oriente de Veracruz había desaparecido-. Por ello, validaron retroactivamente la fundación de la Logia Unión Fraternal en la fecha del 1 de septiembre de 1861, y expidieron su Carta Patente el 6 de febrero de 1862, asignándole el número 20, como parte del consecutivo de sus logias.
Ese fue el acto fundacional que convirtió a la Unión Fraternal en la primera logia escocesa regular de territorio mexicano. Muy pronto, más de 200 maestros masones que ya practicaban en México respondieron al llamado de la regularidad. De ese impulso surgieron dos nuevas logias: la “Émulos de Hiram No. 2”, integrada principalmente por franceses, y la “Eintracht No. 3”, formada por hermanos de origen germánico. Tres logias, tres puntas de un triángulo perfecto.
Así nació la Muy Respetable Gran Logia Valle de México.
“La Muy Respetable Gran Logia “Valle de México” es, sin duda, la cuna de la masonería escocista en el país”
Alo largo de su historia, nuestra Gran Logia ha sido protagonista de hitos trascendentes: en 1934 impulsó la creación de la Confederación de Grandes Logias Regulares de los Estados Unidos Mexicanos; en 1947 participó en la fundación de la Confederación Masónica Interamericana (CMI); y en 1996 fue sede inaugural de la Conferencia Mundial de Grandes Logias Regulares, teniendo como marco incomparable al Palacio de Bellas Artes. La Muy Respetable Gran Logia “Valle de México” es, sin duda, la cuna de la masonería escocista en el país: un santuario vivo donde confluyen el crecimiento espiritual, la reflexión filosófica y la fraternidad perdurable. Entre sus columnas han transitado hombres ilustres que dejaron huella en la cultura y la vida pública. Figuras como Mario Moreno “Cantinflas”, genio del humor, defensor de los humildes y referente de la conciencia social mexicana; o Joaquín Pardavé, actor, compositor y dramaturgo cuya sensibilidad e inteligencia enriquecieron el escenario nacional. También pasaron por sus filas expresidentes como Emilio Portes Gil, quien llevó con dignidad los principios masónicos al ejercicio del poder, y Lázaro Cárdenas del Río, estadista visionario, símbolo de justicia social, soberanía y transformación. Todos ellos confirman que la luz del símbolo masónico puede proyectarse no solo en los templos, sino también en el arte, la política y el alma misma de un pueblo.
El Valor de la Gran Logia “Valle de México”.
En más de 163 años de existencia, la Gran Logia Valle de México se ha consolidado como una fuerza esencial en la historia de la masonería nacional. Hoy es reconocida como la logia escocista más grande de habla hispana en el mundo, con más de 15 mil hermanos activos distribuidos en 434 logias a lo largo y ancho de la República Mexicana.
Este crecimiento no es fruto de la casualidad, sino el resultado de una labor constante y sostenida en el tiempo, cimentada en principios inquebrantables y en un profundo compromiso con la formación del ser humano. El Valle de México ha sido semillero de líderes, pensadores y ciudadanos ejemplares, cuya acción ha transformado no solo el templo, sino también la sociedad. Sus logias han mantenido encendida la llama del Rito Escocés, ofreciendo espacios de reflexión, estudio filosófico y trabajo moral donde miles de hermanos han encontrado dirección, identidad y propósito en el camino del Arte Real.
El verdadero valor de la Gran Logia Valle de México no reside únicamente en los nombres ilustres que han formado parte de ella, ni en las obras que ha promovido. Su grandeza se mide en el número de conciencias que ha despertado, en los corazones que ha elevado y en las generaciones de hombres libres que ha forjado, piedra a piedra, a lo largo del tiempo.
“Entre sus columnas han transitado hombres ilustres tales como Mario Moreno “Cantinflas”, Joaquín Pardavé, actor, Emilio Portes Gil ó Lázaro Cárdenas del Río”
En tiempos recientes, la Gran Logia Nacional de Colombia, con sede en Bogotá, al remodelar su biblioteca, descubrió y entregó a la Gran Logia Valle de México un documento invaluable: la carta patente original otorgada en 1862. Dicho documento, certificado por la Serenísima Gran Logia Nacional de Colombia con sede en Cartagena de Indias —heredera del Gran Oriente y Supremo Consejo Neogranadino—, confirma a la Logia Unión Fraternal como la logia madre de todas las respetables logias jurisdiccionadas a nuestra obediencia.
En el año 2025, bajo el liderazgo de nuestro Muy Respetable Gran Maestro Jesús Ángel González Cruz, y tras el arduo trabajo realizado junto a la Gran Logia de Francia, vivimos un momento histórico. El pasado 21 de junio, en el Oriente de París, la Gran Logia de Francia, depositaria original del Rito Escocés Antiguo y Aceptado, reconociendo nuestra intensa vida masónica y honorable trayectoria, hizo entrega solemne de la Carta Patente otorgada a nombre de la Gran Logia Valle de México, ratificando para siempre nuestra regularidad absoluta dentro del Rito desde 1861.
Este reconocimiento nos reintegra a nuestras raíces: a la línea que enlaza a Morin con Wharton, a Francia con América, al símbolo con el pensamiento. Las grandes logias reconocidas en el escocismo conforman la Confederación Internacional de Grandes Logias Unidas del Rito Escocés Antiguo y Aceptado, organismo que mantiene a la Gran Logia de Francia en la secretaría general permanente. En ese marco, nuestro proceso de ingreso fue aprobado por unanimidad, permitiéndonos incorporarnos primero como observadores y posteriormente como miembros de pleno derecho.
Expresamos nuestra gratitud a todos aquellos que han trazado líneas firmes en esta obra colectiva: a las logias de nuestra obediencia y también a las que se encuentran fuera de ella; a nuestro Venerable Hermano Alain Gravian, Gran Canciller de la Gran Logia de Francia; a Dan Tartakovski; a los distinguidos miembros del alto cuerpo que se sumaron con empeño; y de manera especial al Gran Tesorero Abel Gabriel Badillo Bustamante, al Gran Canciller Rafael Oriol Salgado Sandoval, a nuestro Gran Orador y Fiscal Omar Contreras Borbón, y al Muy Respetable Gran Maestro Jesús Ángel González Cruz, cuya firmeza, serenidad y visión hicieron posible este triunfo.
La legitimidad no se impone: se construye, se trabaja, se merece. Y hoy, con orgullo y plenitud, podemos afirmar que la hemos conquistado. La Muy Respetable Gran Logia Valle de México es regular, es escocesa, es universal y continúa edificando, piedra sobre piedra, su prominente futuro.
la colaboración del Q∴H∴ Omar Contreras La Redacción de la Revista ¡LUZ! agradece Borbón y del Q∴H∴ Enrique Vasconcelos, autores de este artículo. Omar Contreras Borbón es Gran Orador y Fiscal de la Gran Logia Valle de México y pasado venerable de la Centenaria Logia Simbólica Castelar n.º 2. Enrique Vasconcelos es Segundo Vigilante de la misma logia.
Masonería Universal
201 años de la R.L. Unanimidad nº 3
Por Rolando J. García
Desde el oriente de La Guaira, les escribe un Maestro Masón de la Respetable Benemérita y Bicentenaria Logia Unanimidad N° 3, con la humildad de quien representa dos siglos de historia viva.
Nuestra Madre logia fue fundada en 1824, bajo carta patente de la Gran Logia de Maryland. Fue instalada por el General Carlos Soublette, en tiempos donde la masonería caminaba junto a la independencia. Desde entonces, no hemos cerrado nuestras puertas.
Ni en dictaduras, ni en guerras, ni en deslaves.
Desde nuestra génesis a la actualidad, siguen formándose generaciones de masones comprometidos con la libertad, la Igualdad y la fraternidad. Nuestra existencia como logia no es sólo longeva, es significativa. Representa una continuidad histórica, simbólica y legal, que ha Rolando J. García R.
atravesado guerras, dictaduras, plagios e intentos de usurpación, deslaves y transformaciones sociales. Nuestro nombre, Unanimidad, no es decorativo ni casual.
Es un principio; es la base que nos ha permitido sostener nuestro trabajo masónico durante 201 años, siempre unidos y leales, incluso en los tiempos más complejos, cuando muchas logias se fueron a sueño, nosotros seguimos trabajando, en silencio, y firmes en nuestras columnas.
La carta patente fue otorgada por la Gran Logia de Maryland, Estados Unidos, en noviembre de 1822, a solicitud del General Carlos Soublette.
La instalación formal ocurrió el 4 de abril de 1824. Desde entonces, nuestra madre logia ha estado activa sin interrupción en el oriente de La Guaira. Participó en la fundación de la Gran Logia de Colombia en 1824 y, tras la separación de Venezuela en 1830, fue reconocida por la recién creada Gran Logia de Venezuela, hoy Gran Logia de la República Bolivariana de Venezuela, conservando el número 3 desde sus orígenes.
Nuestra historia está entrelazada con la independencia venezolana. Figuras como José María Vargas, Carlos Soublette, José Félix Ribas y Simón Bolívar tuvieron contacto directo o indirecto con nuestros miembros. La masonería en La Guaira ya existía desde finales del siglo XVIII, con antecedentes como el movimiento Pre Independentista de Gual y España, donde participaron masones comprometidos con la libertad.
En 1853 se inauguró el primer templo masónico construido con ese fin en Venezuela, ubicado en el pasaje El Cardonal en La Guaira. Fue demolido en 1953 durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. La logia se trasladó a su sede actual en la Avenida Soublette, inaugurada en 1960. Este edificio fue declarado en 2007 Patrimonio Histórico Cultural del Municipio Vargas, hoy Estado de La Guaira. Desde allí nos mantenemos activos en la sede, con planta baja y cuatro pisos, siendo un centro de formación, reflexión y acción. Nuestra Madre Logia ha promovido sociedades benéficas como Mutuo Auxilio (1848) y Vínculo de Caridad (1851), dedicadas al socorro, la educación y la cultura.
También ha sido cuna del primer Capítulo Rosa Cruz en Venezuela, el Soberano Capítulo La Prudencia N° 1, constituido en 1823 bajo jurisdicción del Gran Consistorio de New York.
Durante dictaduras y crisis, Unanimidad Nro 3 ha preservado las tradiciones masónicas. Sobrevivió al decreto de Bolívar que prohibía sociedades secretas en 1828.
Resistió persecuciones políticas y desastres naturales. Nunca cerró sus puertas. Nunca abandonó sus principios, siempre firmes y unidos. Hoy seguimos más activos que nunca. Tenidas blancas, actividades filantrópicas, deportivas y culturales, siguen aportando a la formación de los actuales y nuevos miembros, con base en los ideales de libertad, igualdad y fraternidad. Nuestro archivo histórico es fuente de estudios académicos y testimonio de nuestra legitimidad.
Unanimidad N° 3 no es sólo una de las logias más antiguas en Venezuela, seguimos vigentes, y nuestra trayectoria habla por sí sola. El simbolismo está en nuestro nombre, nuestra legalidad/legitimidad está en los documentos. Pero más allá de eso, nuestra verdadera legitimidad está en nuestras obras. Su legado está vigente, es tangible y nuestra historia es parte de la identidad nacional. No es sólo somos una logia Bicentenaria, Dos siglos después, seguimos siendo un faro ético y masónico en Venezuela.
No buscamos reconocimiento. Solo queremos compartir lo que somos.
Una logia que ha vivido 201 años sin perder el rumbo. Una logia que cree en la unidad, en el trabajo constante, y en el valor de la tradición. Desde el Oriente de La Guaira, agosto-25, compartimos esta reseña con respeto y fraternidad. Que aporte como testimonio de lo que la masonería puede ser cuando se vive con coherencia.
La Redacción de la Revista ¡LUZ! agradece la colaboración del Q∴H∴ Rolando J. García R. de la R∴L∴Unanimidad n.º 3, confederada a la M∴R∴ Gran Logia de la República Bolivariana de Venezuela.
En el corazón de nuestra Orden, la familia ocupa un lugar sagrado. En esta sección, abrimos un espacio cálido y cercano para compartir los momentos que nos unen más allá del Templo.
"Asuntos de Familia" es un abrazo escrito, un rincón donde la voz de nuestros Hermanos y sus seres queridos cobra vida. Porque cada historia compartida fortalece nuestros lazos y nos inspira a seguir construyendo, juntos, el templo de la vida..
Asuntos de Familia
Rememoración del Convento de Lausana en la XXIV Reunión Internacional de la AIME
Por Pablo Bahillo
La Alianza Internacional Masónica Escocesa (AIME) celebró el pasado 13 de septiembre en París su XXIV Reunión Internacional de los Supremos Consejos del Rito Escocés Antiguo y Aceptado, un encuentro especialmente significativo por coincidir con el 150º aniversario del Convento de Lausana, hito decisivo en la configuración moderna del Rito. La jornada estuvo presidida por el Muy Poderoso Soberano Gran Comendador del Supremo Consejo de Francia, Jacques Rozen, que abrió los trabajos rituales a primera hora de la mañana.
Ala convocatoria asistieron Supremos Consejos de Europa, América, África y Asia, confirmando el carácter global de la organización. Durante la sesión matinal se procedió a verificar la presencia de las delegaciones y a registrar las excusas de aquellos Supremos Consejos que no pudieron desplazarse hasta París. Tras la apertura ritual, los trabajos se suspendieron para permitir la reunión de dos comisiones temáticas, cuyas conclusiones fueron presentadas por la tarde.
El debate más extenso se produjo en torno al alcance y las funciones del Rito Escocés Antiguo y Aceptado en el mundo contemporáneo.
La Declaración Final, aprobada al cierre de la reunión, fue la pieza más directamente vinculada a la conmemoración del Convento Pablo Bahillo Redondo de Lausana.
En ella, la AIME reafirmó su fidelidad a las Grandes Constituciones de 1786, revisadas en Lausana, consideradas el fundamento doctrinal del Rito. La declaración subraya que, en un mundo marcado por cambios acelerados e incertidumbres, el Rito debe seguir siendo un “punto fijo” que preserve la Tradición frente a modas efímeras o interpretaciones desviadas.
Jorge Gordillo, Pablo Bahillo, Jean Louis Hague y Werner Ulrich Asimismo, el texto reafirma los siete criterios de regularidad del Rito —incluida la presencia obligatoria de la Biblia en el Altar de los Juramentos, la invocación al Gran Arquitecto del Universo—, al tiempo que recuerda que las discusiones políticas o religiosas no tienen cabida en los talleres. Cada Supremo Consejo conserva plena soberanía para determinar sus relaciones con obediencias regulares y con otras jurisdicciones escocesas, siempre bajo el marco doctrinal fijado en 1875.
La rememoración del Convento de Lausana en París no solo evocó un acontecimiento histórico, sino que también sirvió para reafirmar la vigencia de sus principios en el siglo XXI. Conforme a la aspiración expresada en la Declaración Final, la AIME espera que esta reafirmación doctrinal contribuya a un mayor acercamiento entre los Supremos Consejos regulares del Rito Escocés Antiguo y Aceptado.
Asuntos de Familia
VIII Jornadas Iniciáticas Latinoamericanas del R.·.E.·.A.·.A.·. en Posadas (Argentina)
Por Carlos Hernáez
La ciudad de Posadas, en la provincia argentina de Misiones, fue sede entre los días 30 de octubre y 2 de noviembre de 2025 de las VIII Jornadas Iniciáticas Latinoamericanas del Rito Escocés Antiguo y Aceptado y de las V Jornadas de la Confederación Panamericana de las Grandes Logias Unidas.
El encuentro reunió a delegaciones de distintos países de América y de España, bajo el propósito común de fortalecer los vínculos fraternales y profundizar en el estudio de los principios del Rito Escocés Antiguo y Aceptado.
La Gran Logia Unida Federal Argentina (GLUFA) actuó como anfitriona del evento, ofreciendo una organización precisa y un clima de fraternidad que fue apreciado por todas las delegaciones asistentes. La presencia de representantes de la Gran Logia General de España y de la Gran Logia de Canarias reforzó el sentido de unidad espiritual e histórica entre la Masonería de ambos continentes.
Las jornadas se inauguraron en el templo de la GLUFA, un recinto de estilo colonial, sobrio y bien conservado, idóneo para los trabajos rituales y de reflexión. La apertura se realizó conforme al R.·.E.·.A.·.A.·., con la presencia del Presidente de la Confederación Internacional de Grandes Logias Unidas, quien participó activamente en los actos y conferencias, aportando una visión profunda Carlos Hernáez sobre la evolución contemporánea de la Masonería.
Alfonso Schiavino Olvera y Carlos Hernáez Durante las sesiones, se presentaron numerosas planchas de investigación y reflexión, centradas en los desafíos actuales del masón y en la vigencia del Rito como vía de perfeccionamiento interior. Entre los temas tratados destacaron la formación moral y simbólica, la relación entre el ego y el trabajo iniciático, la espiritualidad masónica, la libertad y la fraternidad como ejes del pensamiento escocés, y la prevención frente a los totalitarismos ideológicos y religiosos. Cada exposición dio lugar a un diálogo ordenado y participativo, que reflejó el compromiso de las Obediencias con la educación y la transmisión del conocimiento.
Las jornadas se desarrollaron con un alto nivel de asistencia y participación, sin interrupciones ni ausencias significativas, lo que evidenció el interés genuino de los Hermanos por el estudio y la práctica del Rito. El ambiente general combinó la seriedad del trabajo con la cordialidad del trato fraternal, cumpliendo plenamente los objetivos de encuentro y aprendizaje compartido.
Al finalizar las jornadas, las delegaciones fueron invitadas a trasladarse a la vecina República del Paraguay, donde la R.·.L.·.S.·. Nueva Alianza del Sur nº 101, de la Gran Logia del Paraguay, celebró la ceremonia de colocación de la Piedra Angular de su nuevo templo en la ciudad de Asunción. El acto, presidido por el Gran Maestro de la Obediencia, constituyó un momento de especial simbolismo y emotividad.
Su desarrollo ritual, preciso y sereno, expresó la continuidad del trabajo masónico como tarea colectiva y espiritual.
El encuentro concluyó con un ágape fraternal, ocasión propicia para el intercambio de reflexiones y el fortalecimiento de los lazos entre las Obediencias participantes. Las VIII Jornadas Iniciáticas de Posadas dejaron constancia del vigor del Rito Escocés Antiguo y Aceptado en el ámbito latinoamericano y de su permanente capacidad para reunir a los Hermanos en torno al ideal común de conocimiento, fraternidad y perfeccionamiento humano.
Asuntos de Familia
La restauración del Templo Masónico de la calle San Lucas
Por Víctor Berástegui
El27 de octubre de 2025 se celebró en Santa Cruz de Tenerife la reapertura del histórico Templo Masónico de la calle San Lucas, tras un proceso de rehabilitación integral financiado con fondos públicos. La ceremonia, de carácter institucional, reunió a representantes del Gobierno de España, del Gobierno de Canarias, del Cabildo de Tenerife y del Ayuntamiento de Santa Cruz, marcando un hito en la recuperación del patrimonio histórico de las Islas y en el reconocimiento de la huella masónica en la cultura canaria.
El acto estuvo presidido por el alcalde de Santa Cruz José Manuel Bermúdez, acompañado por Ángel Víctor Torres, ministro de Política Territorial y Memoria Democrática, Fernando Clavijo, presidente del Gobierno de Canarias; Rosa Dávila, presidenta del Cabildo de Tenerife. Las autoridades coincidieron en subrayar el doble valor de la restauración: por un lado, la recuperación arquitectónica de un edificio singular, y por otro, la reparación moral hacia quienes fueron perseguidos o silenciados por su pertenencia a la Masonería durante la dictadura franquista.
El edificio, proyectado en 1902 por el arquitecto Manuel de Cámara, constituye un ejemplo único de la arquitectura masónica en España. Su fachada neoclásica de inspiración egipcia —flanqueada por esfinges y presidida por el ojo solar— conserva un rico programa simbólico que remite a la tradición iniciática Víctor Berástegui universal.
Durante décadas, el templo permaneció cerrado, deteriorado y despojado de su función original. La intervención, que contó con una inversión superior a los tres millones de euros, ha devuelto al inmueble su dignidad y permitirá su apertura como Centro de Interpretación de la Masonería y de la Memoria Histórica.
Aunque el acto no tuvo carácter ritual ni supuso la reapertura del templo como espacio operativo de las Logias, su valor simbólico fue ampliamente reconocido por la comunidad masónica. El Gran Maestro de la Gran Logia de Canarias, Carlos Berástegui, presente entre los asistentes, destacó para nuestra revista que la restauración representa un gesto de respeto hacia la historia y un testimonio del diálogo posible entre las instituciones civiles y la tradición masónica. En sus palabras, “el edificio de San Lucas deja de ser una ruina del pasado para convertirse en un lugar de memoria y conocimiento”.
La reapertura permitirá la organización de visitas guiadas, exposiciones y actividades culturales que acerquen al público general al legado filosófico y simbólico de la Orden. De este modo, el templo se integrará en la vida cultural de Santa Cruz como espacio de encuentro entre la ciudadanía y un capítulo esencial de la historia intelectual del archipiélago.
Con esta restauración, el Templo Masónico de la calle San Lucas recupera su lugar en la memoria de la ciudad, como signo visible de una herencia espiritual que pertenece a todos.
Carlos Berástegui con José Manuel Bermúdez Carlos Berástegui con Angel Víctor Torres Carlos Berástegui condiversas autoridades En su piedra restaurada se reconoce el esfuerzo de generaciones de masones que, con discreción y constancia, contribuyeron a construir una sociedad más libre, más justa y más consciente de su propia historia.
IMAGENES DEL TEMPLO AUTORIDADES ASISTENTES AL ACTO Dirígenos tus cartas al siguiente correo electrónico: La revista ¡Luz! a través de la sección de cartas al director quiere establecer un canal de comunicación con sus lectores. Queremos que los usuarios de la revista nos enriquezcan con sus opiniones que nos servirán para mejorar la revista día a día y número a número.
Agradecemos a los hermanos que se dirigen a nosotros con sus puntos de vista. En nombre de ¡LUZ!, ¡muchas gracias!
Saco De Proposiciones
Sobre ¡Luz!
Queridos Hermanos: Felicidades por haber publicado el número 2 de vuestra, también nuestra, revista.
La he leído con sumo interés y solo espero que llegue el número 3 que tanto simbolismo tiene en la masonería.
El que colaboren QQHH de otros países me hace ampliar mis conocimientos y a la vez esperar que se produzcan mas colaboraciones de este tipo para seguir ampliándolos por que nunca dejaré de ser aprendiz y mis ganas de aprender siguen intactas.
Me ha encantado el número 2 de su revista.
Con esta revista espero tener la oportunidad de escribir algún tipo de contenido, hacérselo llegar para que estudien su posible publicación y de estar en contacto con el mundo masónico aprovechando las ventajas que nos ofrece el mundo digital. Todas sus secciones me han parecido muy interesantes. ¡Muchas gracias por la iniciativa!